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1.3 Planificando la familia: Métodos anticonceptivos compatibles con la lactancia materna

La anticoncepción es la prevención voluntaria del embarazo por medios naturales o artificiales, lo que permite a las personas tener el número de hijos que desean y establecer el tiempo entre cada uno (OMS, 2015). La asesoría o consejería en anticoncepción es un servicio básico de atención a la salud, que se ofrece desde que la persona planea el embarazo, durante el periodo de gestación o en el periodo posparto, ya sea de manera inmediata o durante los 12 meses siguientes, con la intención de prevenir embarazos no planificados y espaciarlos (OMS, 2014).

La planificación familiar y el acceso a métodos anticonceptivos son temas que corresponden a los derechos humanos, así como a los derechos sexuales y reproductivos. El derecho a la información y la educación sobre sexualidad basada en evidencia científica es necesario como parte del acceso a la salud sexual. Esto no se refiere solo a la ausencia de enfermedades o infecciones de transmisión sexual, sino también a la posibilidad de disfrutar plenamente de la propia sexualidad. Incluye el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva y a insumos para su protección, como condones y anticonceptivos, entre otros, y el derecho a decidir libremente sobre ejercer o no la reproducción.

Cuando se decide tener hijas o hijos, hay que considerar algunas situaciones con la intención de planificar la familia y decidir cuántos se desean y el tiempo que habrá entre ellos. Es ideal esperar al menos 24 meses entre embarazos, ya que cuando el espacio entre nacimientos es menor, la mortalidad infantil es un 45% mayor que cuando este espacio es de 2 a 3 años, y un 60% mayor que si es de cuatro años o más (The Alan Guttmacher Institute, 2002). Además, el riesgo de mortalidad materna puede aumentar hasta un 30% cuando los embarazos ocurren con espacios inferiores a 2 años (OMS, 2014).

La información sobre métodos anticonceptivos se puede y se debe tener en varios momentos de la vida. Sin embargo, si aún no se ha elegido alguno, el periodo postparto es ideal para hacerlo, ya que, en la mayoría de los casos, se cuenta con la atención del equipo de salud, que tiene experiencia y conocimiento científico adecuados sobre los métodos anticonceptivos. La elección de la mujer dependerá de diversos factores, como el tamaño de la familia que se desea, necesidades y preferencias, así como los antecedentes familiares de salud. El equipo de salud deberá incluir información sobre antecedentes de enfermedades previas de la madre, su edad, la disponibilidad del método elegido y la compatibilidad del mismo con la lactancia materna; también se deben considerar los antecedentes ginecológicos y obstétricos, métodos anticonceptivos anteriores, historia de los ciclos menstruales y de la actividad sexual (Sonalkar y Mody, 2021).

Es importante saber que la fertilidad de las mujeres que no amamantan a sus bebés se presenta entre los 45 y 94 días posteriores al nacimiento (Berens, 2021). Por lo tanto, la posibilidad de un nuevo embarazo al retomar su vida sexual está presente y se requiere un adecuado acompañamiento.

Métodos anticonceptivos y la lactancia materna

Los métodos anticonceptivos se clasifican como temporales y permanentes. Los primeros incluyen métodos mecánicos, naturales, de barrera y hormonales, que deben iniciarse entre las 6 a 8 semanas posteriores al parto. Sin embargo, algunos pueden iniciarse antes, como el Dispositivo Intrauterino (DIU), que se puede colocar posterior al parto o cesárea, o hasta un mes después del nacimiento. Los métodos permanentes o definitivos son la oclusión tubárica bilateral (OTB) para la mujer o la vasectomía para el hombre (De Brito et al., 2021). Ambos tienen una efectividad mayor al 99%.

Oclusión tubárica bilateral: Es un método quirúrgico en el cual se cortan y separan las trompas uterinas. Cuando se realiza después del parto vaginal, se lleva a cabo mediante una cirugía poco invasiva, preferentemente entre el primer y el sexto día posterior al parto (Sonalkar y Mody, 2021). Si se realiza durante una operación cesárea, se puede efectuar en el mismo proceso. Las mujeres que no desean embarazarse y que no se encuentran en el puerperio pueden acudir a consulta médica para programar la cirugía.

Vasectomía: Es un método de planificación ambulatoria con riesgos mínimos que permite a los hombres decidir de manera definitiva sobre su paternidad. En este procedimiento, se corta los conductos deferentes para evitar el paso de los espermatozoides hacia el exterior (De Brito et al., 2021). Se debe considerar un periodo de 3 a 6 meses posteriores a la cirugía, durante los cuales se deben usar otros métodos anticonceptivos, ya que aún hay espermatozoides en los conductos, lo que puede derivar en un embarazo si no se toman las medidas adecuadas durante este tiempo.

DIU de cobre: Es un pequeño dispositivo de plástico, cubierto parcialmente de cobre, que se coloca dentro del útero tras el nacimiento. Se puede colocar desde 10 minutos después de la expulsión de la placenta o hasta 48 horas después; en el postparto tardío, se puede colocar hasta después de 4 semanas, sin importar si fue parto o cesárea. También es posible colocarlo durante la cesárea, posterior al retiro de la placenta. Los efectos secundarios que se pueden presentar incluyen dolor cólico, sangrado entre menstruaciones o irregularidad en los ciclos menstruales. Es necesario realizar revisiones periódicas, comenzando a las 3 y 6 semanas posteriores a su colocación. La duración del dispositivo es de entre 3 a 8 años, brindando una protección anticonceptiva del 95-99%.

DIU hormonal: Similar al anterior, pero este libera una hormona progestina, es completamente compatible con la lactancia y no tiene efectos adversos sobre el bebé. Tiene una eficacia del 99% y su duración es de aproximadamente 5 años, disminuyendo el flujo menstrual (Sonalkar y Mody, 2021). Este método anticonceptivo de acción prolongada se sugiere cuando se planea posponer el embarazo por periodos mayores a tres años. Se puede colocar después de un aborto o parto, y su efecto es inmediato, evitando la ovulación.

Implante subdérmico: Son pequeños dispositivos en forma de bastón que deben ser colocados por el personal de salud. Se colocan en la parte interna del brazo y liberan diariamente cantidades continuas de progestina. La duración de su protección depende de la marca, oscilando entre 4 y 5 años, con una eficacia del 99% (Capella et al., 2017).

Hormonales inyectables: El acetato de medroxiprogesterona se administra actualmente por dos vías: intramuscular o subcutánea, cada tres meses, ambas con alta efectividad, mayor al 99% (Capella et al., 2017). Algunas mujeres pueden experimentar dolor de cabeza, náuseas o mareos, manchas en la piel y cambios en la menstruación; sin embargo, estas molestias suelen ser pasajeras y disminuyen gradualmente. Para que funcione de forma adecuada, se debe administrar de manera regular.

Píldoras de progestina: Se toman vía oral, a la misma hora todos los días. La caja contiene 28 píldoras y, al terminar una, debe iniciarse la siguiente sin días de descanso entre una caja y otra. Ofrecen protección del 90 al 97%. Al tomarlas diariamente, se impide la ovulación y se espesa el moco del cuello uterino, dificultando el paso de espermatozoides.

Anillo vaginal de progestina: Es un anillo que se coloca dentro de la vagina y libera diariamente dosis bajas de progestina. Evita la ovulación y tiene una eficacia del 98%. Se cambia cada 3 meses (Capella et al., 2017).

Métodos de barrera y espermicidas: Pueden ser preservativos externos o internos, de diversos materiales, que pueden usarse con espermicidas en óvulos, espumas o cremas (algunos condones ya lo contienen). En condiciones habituales, su eficacia es de 85 a 97%. Existen también otros métodos como el diafragma, que se introduce vía vaginal algunas horas antes del acto sexual y se debe utilizar preferentemente con espermicidas. En este caso, debe usarse posterior a 6 semanas del parto si fue vaginal (De Brito et al., 2021).

Pastilla Anticonceptiva de Emergencia:

Tal como indica su nombre, es un método anticonceptivo que se recomienda solo para casos necesarios donde por alguna razón se tienen relaciones sexuales y no se tiene una prevención anticonceptiva adecuada. Es decir, se puede usar cuando:

  • Se interrumpió por alguna razón la toma de los anticonceptivos orales por más de tres días seguidos, sin uso de condón.
  • En caso de no aplicar el método anticonceptivo inyectable en los tiempos correspondientes, sin uso de condón.
  • Por rotura del condón durante la relación sexual o por expulsión del DIU
  • Al vivir una violación. Hay que priorizar como parte de la atención médica antes de que pasen las 72 horas posteriores a la agresión.
  • Por haber usado incorrectamente un método anticonceptivo, incluso los naturales.

Existen cuatro métodos de anticoncepción de emergencia (OMS, 2021):

Píldoras con levonorgestrel en una dosis única de 1.5 mg o dos dosis de 0.75 mg separadas por 12 horas. Deben tomarse preferentemente dentro de las primeras 12 horas y hasta 72 horas después de la relación sexual no protegida.

Píldoras anticonceptivas orales combinadas de etinilestradiol y levonorgestrel en dos tomas separadas por 12 horas (método Yuzpe).

Píldora con acetato de ulipristal en una sola dosis de 30 mg. Se debe tomar lo antes posible después de haber mantenido relaciones sexuales, y como máximo dentro de los 5 días (120 horas) siguientes. Puede requerir receta médica.

Dispositivo intrauterino de cobre (DIU de cobre), que es el método anticonceptivo de emergencia de más efectividad. Se coloca en los 5 días posteriores a la relación sexual sin protección. Es especialmente apropiado para quienes desean comenzar a usar un método anticonceptivo de larga duración, reversible y eficaz.

Contraoindicaciones

  • No se debe administrar si tienes un embarazo confirmado porque ya no surtirá efecto, sin embargo, no se ha demostrado complicaciones para la mamá o el bebé, si se llega a usar durante el embarazo.
  • Ni cuando existen problemas de salud de hígado, o sanguíneos.

Cabe mencionar que existen otros métodos llamados métodos de conocimiento de la fertilidad (naturales), los cuales consisten en detectar qué día es más probable que ocurra un embarazo (días fértiles). Esta información permite aumentar la probabilidad de que un embarazo ocurra o se evite. Estos métodos dependen de la abstinencia sexual durante los días fértiles; existen varios tipos, como el método del calendario (conocimiento del ciclo menstrual para evitar los días fértiles), el método del moco cervical (basado en la observación de las secreciones vaginales o moco cervical) y el método sintotérmico (una combinación de la observación de la temperatura corporal en reposo, el moco cervical y el calendario).

El porcentaje de embarazos que ocurren con el uso habitual de cualquiera de estos métodos es más elevado que el de los demás; por lo tanto, no se recomiendan para quienes desean evitarlo a toda costa (Casey, 2023).

Dentro de los métodos anticonceptivos naturales, la lactancia tiene una importancia muy especial, ya que durante este periodo se producen importantes cambios hormonales que permiten la producción de leche en el organismo. Esto requiere grandes cantidades de prolactina y oxitocina, mientras que los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona disminuyen, lo que resulta en la inhibición de la ovulación y, con ello, la posibilidad de un nuevo embarazo (Alba, 2020). Estos cambios se mantienen durante los primeros meses de lactancia, especialmente cuando esta es exclusiva.

De acuerdo con la OMS, este anticonceptivo se conoce como método de amenorrea de la lactancia (MELA) y tiene una eficacia del 98% cuando se cumplen las siguientes condiciones (Buitron et al., 2014):

  • Lactancia exclusiva hasta los 6 meses postparto.
  • Lactancia a tiempo completo sin uso de suplementos u otros alimentos.
  • Intervalos cortos entre las tomas: al menos cada 4 horas durante el día y cada 6 horas durante la noche.
  • Ausencia de sangrados menstruales (amenorrea) desde el parto.

Se debe considerar un método anticonceptivo complementario cuando:

  • Han transcurrido más de seis meses después del parto (aun cumpliendo los puntos anteriores).
  • La madre no puede amamantar a su hijo durante el día.
  • Se presentan sangrados menstruales.

En estos casos, las alternativas anticonceptivas y de lactancia incluyen los otros métodos mencionados anteriormente (Buitron y Santoyo, 2018).

Ahora que ya los conoces, habrás podido notar que no hay ningún método que sea infalible, y que solamente los métodos de barrera, como el condón interno y externo (femenino y masculino), brindan protección contra las infecciones de transmisión sexual.

Un aspecto adicional que se debe considerar es que durante el embarazo y la lactancia también se pueden adquirir infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, por lo que es necesario el uso del condón masculino (externo) o femenino (interno) como medio para evitar su contagio.

Mujeres, embarazo y VIH

Una de las vías por las que se puede transmitir el VIH es durante el embarazo y la lactancia. Afortunadamente, cada día son más las mujeres que pueden acceder a maternidades planeadas, con acceso a la salud y a embarazos de menor riesgo. Todavía hace algunos años era impensable que una mujer que vive con VIH o que tiene una pareja portadora de VIH pudiera considerar la idea de formar una familia, y mucho menos pensar en la maternidad. Afortunadamente, los avances médicos y el mayor acceso a servicios de salud han hecho posible en muchos casos el nacimiento de niños y niñas de madres y padres portadores de VIH, quienes gozan de buena salud.

Si bien actualmente se ha demostrado con claridad la posibilidad de transmitir el VIH durante el embarazo, el trabajo de parto, el parto y la alimentación a través de la leche materna de la madre a su hijo o hija, esto ocurre principalmente porque el niño está expuesto al virus en la sangre de la madre y a otros líquidos durante el parto, o por su presencia en la leche materna. En la mayoría de los casos, la transmisión del VIH de manera vertical (es decir, de madre a hijo) puede ser prevenido y su riesgo minimizado con la atención médica y el tratamiento antirretroviral adecuado para la madre, así como el seguimiento posterior al recién nacido.

El riesgo de transmisión durante la lactancia materna es acumulativo; cuanto más tiempo amamanta una madre infectada por el VIH sin tratamiento antiviral, mayor es el riesgo de transmisión a través de la lactancia (OMS, 2004). El riesgo de transmisión vertical de la infección por el VIH puede reducirse de un 15-20% sin intervenciones a menos del 2% con el uso de terapia antirretroviral durante el embarazo, el trabajo de parto y el período neonatal (ONUSIDA, 2015). Las intervenciones disponibles para disminuir la probabilidad de transmisión incluyen estar en tratamiento antirretroviral durante el embarazo, el trabajo de parto y el parto, o mediante cesárea, la administración de antirretrovirales al recién nacido, y evitar la lactancia materna o asegurar que esta se dé bajo condiciones que garanticen que la madre tenga cargas virales indetectables en su organismo.

Hoy en día, el tratamiento del VIH puede ser tan efectivo que lleve a las madres lactantes a cifras indetectables, disminuyendo en gran medida las posibilidades de contagio, aunque no se elimina por completo el riesgo. Por lo tanto, es necesaria más investigación sobre cómo el tratamiento del VIH afecta la lactancia materna. Si bien el riesgo se reduce, la lactancia solo se recomienda cuando los beneficios superan los riesgos, como en el caso de que la madre no tenga acceso a fórmulas artificiales o si el agua utilizada está contaminada. Lo ideal es brindar a la madre toda la información para que ella tome la mejor decisión en su situación (The Well Project, 2019).

Reflexiones finales

Como puedes ver, existen excelentes opciones anticonceptivas a las cuales puedes recurrir para lograr el espaciamiento de los embarazos y al mismo tiempo, tener una lactancia exitosa, conservando todos los beneficios que se obtienen tanto para la madre como para el desarrollo y nutrición del bebé; además de continuar con la posibilidad de tener una vida sexual satisfactoria y protegida.

Y tú, ¿Con qué te cuidas? ¿Has elegido de forma libre e informada como cuidarse? ¿Tienes una adecuada comunicación con tu pareja para elegir el método anticonceptivo más adecuado? ¿usan condón en todas sus relaciones sexuales?