Si tu objetivo es obtener el certificado, te recomendamos registrarte o ingresar al comenzar. De lo contrario, el sistema no podrá registrar tu avance, y si te registras al final, tendrás que revisar nuevamente todos los temas y volver a realizar las evaluaciones, incluso si ya los completaste sin registrarte.

2. Los derechos de las mujeres son derechos humanos

El rol de las mujeres en una sociedad tan diversa como la nuestra es un reto, pues aun cuando se reconoce que mujeres y hombres somos iguales, las mujeres se enfrentan a situaciones históricas y estructurales, basadas en diferencias biológicas, que desfavorecen el goce pleno de sus derechos.

Por esto, consideramos que hacer valer los derechos de las mujeres requiere un cambio mental, cultural y comportamental que fomente un verdadero desarrollo igualitario; una de las mejores formas de lograrlo es a través del conocimiento de dichos derechos con una perspectiva histórica, para comprender que lo que hasta hoy se ha logrado es el resultado de la lucha de muchos años, teniendo la conciencia de que aún falta mucho más por avanzar.

Con ello se adquiere el poder de identificar situaciones que violenten tus derechos y prevenir que se sigan sumando casos de desigualdad y violencia en nuestra sociedad. 

Esta sección te brindará el conocimiento de los principios fundamentales de los derechos humanos y el impacto en los problemas de salud mental que genera en las mujeres y en sus familias, para que puedas orientar e intervenir como parte de tu aportación como promotora/o de salud.

Conozcamos, entonces, la trascendencia de los derechos de las mujeres como derechos Humanos y su articulación con la salud mental.

Si bien en estos tiempos el acceso a la información, al conocimiento, la educación y la salud ha tenido una apertura sin distinción de género, la batalla por una verdadera igualdad aún no se ha ganado. Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que todavía son muchas las mujeres que viven en contextos de violencia y discriminación, y que falta mucho para generar leyes que verdaderamente velen por su seguridad. 

Como vimos anteriormente, estas desigualdades, marginación y subordinación de las mujeres nace de esa enseñanza social, que asigna roles de acuerdo a las características físicas y que distribuye el poder de manera asimétrica en favor de los hombres. Estas conductas generan en muchos casos que se encasille a las mujeres al dejar de lado sus deseos, talentos y potencialidades. 

Esta relación de poder entre mujeres y hombres ha generado desafortunados escenarios cargados de violencia y agresiones, al provocar daños físicos, sexuales o psicológicos, por lo cual se han peleado cientos de batallas en términos de derechos humanos. Sin embargo, existe una cuestión, y es que la mayor parte de los sistemas y mecanismos nacionales, regionales e internacionales, se han desarrollado e implementado a partir de un modelo masculino (Facio, 2003). 

En México, diariamente cientos de niñas y mujeres son agredidas, violadas y asesinadas; los datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) demuestra que el 66% de las mujeres han sufrido algún incidente de agresión física, 34% emocional, 49% económica y 29% sexual. Estas cifras no contemplan aquellos casos que no son denunciados, muchas veces debido a que la agresión proviene de un conocido o familiar y genera sentimientos de culpa o vergüenza. También es importante señalar que muchas mujeres ni siquiera saben que están viviendo condiciones de violencia ni cuentan con información acerca de sus Derechos Humanos.

En el mundo, esta violencia de género afecta por lo menos al 30% de las mujeres, la discriminación social y económica se traduce en opciones vitales más reducidas y más pobres para las mujeres, lo que las hace más vulnerables a la trata de personas, negándoles también sus derechos a la salud sexual y reproductiva. Nuevamente, el endireh señala que al menos 947 mil mujeres han sido forzadas a casarse por causas que tiene que ver con intercambio de bienes o dinero o el tan conocido “robo”, la mayoría de los casos en menores de edad. Estos actos legitiman abuso sexual, secuestro y tráfico de personas.

De ello deriva nuevamente la importancia de comenzar a cuidar de ti en términos de salud mental, al construir el conocimiento con una visión amplia, al contemplar sus beneficios y sus consecuencias, de lo personal a lo social y viceversa, al tener siempre presente que todo comienza con una acción y una nueva perspectiva.

Es importante hacer conciencia que, al ser transgredidos tus derechos, se da pauta para desencadenar escenarios fatídicos. Todo comienza con un trato injusto o una agresión verbal y puede terminar en daños psicológicos crónicos o incluso con la vida.

Todo ello lleva como consecuencia una alteración en la salud mental, no sólo de las mujeres sino de sus familiares, por los grandes daños colaterales que se provocan. 

Lamentablemente, estos escenarios se han agudizado en los últimos meses como resultado del confinamiento al que nos ha orillado la pandemia que vivimos en la actualidad derivado de la COVID-19, al afectar en grados importantes la salud mental de las personas. 

Factores como el temor al contagio y la enfermedad, las precauciones que se deben tomar al salir, las pautas de higiene necesarias para la compra de alimentos o la realización de actividades, el distanciamiento social, el bombardeo de información, los cuidados especiales en las visitas médicas, las miles de pérdidas humanas, etc., pueden hacer sentir aisladas a las personas y aumentar el estrés y la ansiedad, además de generar sentimientos de impotencia ante la imposibilidad de despedir a sus familiares en las honras fúnebres como se acostumbraba.

Otros factores que agudizan esta situación son la disminución de ingresos a consecuencia del desempleo o de los negocios en quiebra, las largas horas de convivencia familiar a las que no se estaba acostumbrado y la reducción de actividades reforzantes o de esparcimiento fuera de casa.  Un caso especialmente destacado son las madres que se enfrentan al trabajo sin descanso, repartido entre labores del hogar, trabajo y la atención de los niños que las clases en línea demandan, pues ahora tienen que estar dedicadas al 100 % a liderar tareas y actividades escolares.

En ese sentido, el trabajo para ellas se ha triplicado y los casos de violencia intrafamiliar han aumentado.

El estrés es el protagonista en la mayoría de estos casos y, por ello, es importante que se tomen medidas de prevención para afrontarlo, pues detona muchas situaciones de conflicto, frustración, aburrimiento, agotamiento, ansiedad, depresión o desesperación.

Es importante que conozcas algunos de los síntomas que pueden producir estos altos niveles de estrés, para actuar de forma oportuna en la búsqueda de soluciones. De este modo estarás cuidando tu salud mental, pues te conviertes en usuaria/o de sus recursos teóricos, prácticos y personales. Al mismo tiempo, estarás promoviendo la salud mental de las mujeres y familias a las que atiendes u orientas y, por lo tanto, previniendo situaciones más problemáticas. 

El estrés genera síntomas muy variados, que se manifiestan en diversas áreas, tales como las emociones y estados de ánimo, el comportamiento, el pensamiento, la motivación, las reacciones corporales y los hábitos de consumo de sustancias. Algunos de los síntomas del estrés más relevantes son los siguientes:

Pueden presentarse uno o varios síntomas y, en caso del último punto, la combinación puede ser muy grave y conducir a situaciones trágicas.

Es natural sentir estrés, ansiedad, angustia y preocupación durante la pandemia de la COVID-19, sin embargo, debemos cuidar que esos niveles se encuentren dentro de un parámetro que no enferme el cuerpo y la mente, por lo que a continuación te enlistamos algunas formas de ayudarte a ti misma/o y a las personas que te rodean, así como a las personas a las que brindas tus servicios.

Cuidarte te prepara mejor para cuidar de otros. Puedes brindar apoyo a distancia a partir de tu propia experiencia y ayudar a otras personas y a tus seres queridos a sobrellevar el estrés.

Ten en cuenta que, si el estrés impide llevar una vida normal durante varios días seguidos, u observas que se presentan otro tipo de alteraciones como depresión, actos violentos, aislamiento total o pensamientos suicidas, se recomienda ponerse en contacto con un especialista. 

Para ello te sugerimos tener a la mano una lista de contactos de Instituciones y/o Especialistas de tu comunidad a donde puedas comunicarte o invitar a las personas a comunicarse en caso de presentar estas crisis. 

Recuerda que, en nuestra condición de seres humanos, nuestra salud y la de nuestros seres queridos es un asunto de preocupación cotidiana. Cualesquiera que sean nuestra edad, género o antecedentes étnicos y socioeconómicos, es nuestro bien más básico y no puede haber salud sin salud mental. 

Al hablar de los bienes más básicos, los principios fundamentales de los derechos humanos se basan en que todas las personas poseen una dignidad humana inherente y tienen igual derecho a disfrutarlos, sin importar su sexo, raza, color, idioma, nacionalidad de origen o clase, ni creencias religiosas y políticas; sin embargo, existe una gran problemática social pues continúa imperando la inseguridad y actos violentos y discriminatorios hacia las mujeres.

Quizá en este momento hayas recordado algún evento o a alguna persona que ha sido víctima de esta situación, especialmente en tu labor como partera, pues son muchas mujeres jóvenes las usuarias de estos servicios; lamentablemente una gran cantidad de ellas son víctimas de abusos, agresiones y violencia. 

Afortunadamente hay grupos e instituciones que cada vez ponen más atención a esta problemática y desarrollan programas y propuestas para brindarles atención psicológica, jurídica, educativa y recreativa, dentro del marco de los derechos humanos para las mujeres. 

Uno de los avances más representativos en este sentido es el reconocimiento de que los derechos de las mujeres son derechos humanos; sin embargo, este concepto es muy reciente; apenas en el 2003 que se popularizó y fue aceptado por las y los defensores de derechos humanos. 

Sin embargo, no ha sido nada fácil llegar a este punto; para que pudieran ser una realidad han pasado cientos de años de luchas. De acuerdo con la historia, el movimiento que le empezó a dar forma a esta realidad se dio en 1779, de modo que ha tomado más de doscientos años para que hoy las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Imagina lo complejo que debió haber sido incorporarlos, cuando las mismas leyes se los habían negado, los cambios que se tuvieron que generar en términos discursivos y que, aun con todo ese avance, no han sido suficientes para erradicar la violencia, desigualdad, discriminación y marginación de nuestras mujeres. 

En México, diariamente cientos de niñas y mujeres son agredidas, violadas y asesinadas; los datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) demuestra que el 66% de las mujeres han sufrido algún incidente de agresión física, 34% emocional, 49% económica y 29% sexual. Estas cifras no contemplan los casos que no son denunciados, muchas veces debido a que la agresión proviene de un conocido o familiar y genera sentimientos de culpa o vergüenza. También es importante señalar que muchas mujeres ni siquiera saben que viven condiciones de violencia ni cuentan con información acerca de sus derechos humanos.

En el mundo esta violencia de género afecta por lo menos al 30% de las mujeres; la discriminación social y económica se traduce en opciones vitales más reducidas y más pobres para las mujeres, lo que las hace más vulnerables a la trata de personas, al negarles también sus derechos a la salud sexual y reproductiva. Nuevamente, el ENDIREH señala que al menos 947 mil mujeres han sido forzadas a casarse por causas que tiene que ver con intercambio de bienes o dinero, o el tan conocido “robo”, la mayoría de los casos en menores de edad. Estos actos legitiman abuso sexual, secuestro y tráfico de personas.

Todo esto es clara muestra de esa cultura patriarcal, especialmente en muchas comunidades en donde aún relegan a la mujer al rol maternal y a las actividades correspondientes al hogar, al privarlas de sus derechos humanos y reproductivos, al exponerse a circunstancias graves como las muertes a causa de complicaciones relacionadas con embarazos, partos y puerperio, circunstancias que vives de cerca en tu día a día como partera. 

Gran parte de ello por la falta de información, acceso a la atención médica y presión del sistema para dejar en manos de los hombres la decisión acerca de su reproducción, al violar completamente sus derechos reproductivos.

Es importante conocer y comprender cuáles son esos derechos, ya que ayudará a prevenir cualquier acto que los violente y, así mismo, estarás preparada para orientar a las mujeres que lo necesiten, como parte de tus tareas como promotora de salud.

Un trato injusto es el comienzo de una violación de los derechos, pues así es como lo demuestran miles de casos de desigualdad y violencia sobre las mujeres en todo el mundo. Por todo esto, te invitamos a realizar las siguientes reflexiones:

¿Se pueden cambiar las situaciones de desigualdad y violencia a partir del conocimiento de tus derechos? ¿Cómo contribuye el conocimiento de tus derechos en tu salud mental?

Recuerda que cuidar de tu salud mental implica un proceso de autoconocimiento y autovaloración que te brinda la seguridad de salvaguardar tu integridad física, mental y psicológica ante cualquier escenario de riesgo y es por ello que estar informadas/os acerca de las garantías que posees como ser humano, te dará las herramientas necesarias para actuar, prevenir y fomentar una sociedad libre de violencia.  

¿De qué manera influye conocer tus derechos y el impacto que tienen en la salud mental, en tus actividades diarias?

Aún hay muchísimos lugares en donde el acceso a la información es muy limitado, por lo que se necesita la colaboración de mucha gente para hacer llegar a esos lugares el conocimiento. Además, existen casos al por mayor de mujeres que viven casos de violencia sin tener conocimiento de ello, por esto, las profesiones y actividades que están más vinculadas y/o en contacto con mujeres, suelen ser una vía conveniente para informar y orientarlas.

¿Cómo contribuye el conocimiento de tus derechos en tu entorno?
¿Consideras que estás preparada/o para ayudar a otras personas en casos de crisis de salud mental?

💬   Recuerda que la mejor manera de prepararse es empezar por ayudarte a ti misma/o. ¿Ya lo haces? Nunca es tarde para comenzar el cambio, en ti misma/o y en las demás personas.