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1. Las emociones

Todos y todas hemos experimentado en algún momento ira, alegría, tristeza, miedo, sorpresa, ansiedad, etcétera; esas sensaciones a las que conocemos como emociones, pero no todos nos hemos preguntado qué son exactamente y de dónde provienen. 

Ser promotor/a de salud requiere la habilidad y comprensión de estas emociones: ¿qué son? ¿De dónde vienen? ¿Cómo funcionan? ¿De qué maneras nos influyen? ¿Cómo inciden en nuestra vida personal, familiar, social y laboral? Este conocimiento nos permitirá abordar e intervenir con empatía y conocimiento. De esta manera, garantizamos un apoyo sustentado y eficiente.

El reto es comenzar a conocer nuestras propias emociones, identificarlas y gestionarlas, a partir de diversas herramientas que posteriormente podrán ser recomendadas y aplicadas con la seguridad que la propia experiencia nos brinda. 

Tenemos la seguridad de que la mejor ayuda comienza con la ayuda a uno/a mismo/a, por lo aquí te proporcionaremos tanto la información teórica, así como una serie de técnicas para que puedas aplicarlas en tu día a día y, a su vez, puedas replicarlas en las mujeres y familias que lo necesiten para el cuidado de su salud mental.

Veamos entonces en qué consisten las emociones y cuál es el impacto que tienen en nuestra vida cotidiana y en nuestras actividades y relaciones.
Solemos hablar de sentimientos cuando deseamos expresar lo que sentimos o al referirnos a un lazo afectivo que tenemos con alguien especial; sin embargo, los sentimientos son sólo una parte o aspecto de las emociones.

Las emociones son respuestas internas que involucran diferentes procesos, por lo que pueden ser complejas de definir; una vez comprendiendo su origen y funcionamiento, podemos categorizarlas para identificarlas de mejor manera y así puedan ser procesadas y elaboradas, de modo que siempre se encuentren de tu lado al momento de enfrentarte a algún desafío o simplemente para vivir una vida más plena y saludable, de modo que a su vez puedas apoyar a las mujeres a las que acompañas en el proceso del embarazo y a las personas que te rodean.

Las emociones son las respuestas más antiguas del ser humano, antes de utilizar los procesos intelectuales como la lectura o la escritura; nuestros antepasados guiaban sus vidas a partir de lo que su sabiduría interna les dictaba; por ello, las emociones han sido sujetas de estudio por diversos teóricos y gracias a ello hoy podemos compartir definiciones más claras. 

Una emoción es un proceso que se activa cuando el organismo (nuestro cuerpo y mente) detecta algún peligro, amenaza, oportunidad, reto o desequilibro, con el fin de poner en marcha los recursos para controlar y afrontar la situación. Esto no quiere decir que sean cuestiones adversas precisamente; se refiere a cualquier acontecimiento en general, ya sea favorable o desfavorable, pues las emociones nos ayudan a reaccionar con rapidez y de forma automática como impulsos para actuar. Por ejemplo, el miedo provoca un aumento de latido cardiaco, que hace que llegue más sangre a los músculos, al favorecer la respuesta de huida cuando nos encontramos en peligro. (Fernández-Abascal y Palmero, 1999). Del este modo, por ejemplo, la sorpresa nos permite orientarnos en una situación o un evento novedoso o interesante.

Ahora bien, cada persona experimenta las emociones de diferente manera, al depender de sus experiencias y aprendizajes anteriores, así como de la situación concreta.

De manera general, las emociones se manifiestan en cuatro dimensiones:

Un ejemplo de esto puede ser el siguiente: cuando una joven recibe la noticia de su embarazo, puede presentar diferentes manifestaciones, hay quienes lloran, otras ríen, otras simplemente enmudecen; aquí hablamos de la manifestación en el nivel conductual o expresivo; al mismo tiempo, las manos comienzan a sudar y el corazón late más fuerte o quizá la noticia no era esperada y la presión se reduce hasta provocar un desmayo; estas respuestas son automáticas, no hay forma de controlarlas y se dan de manera inmediata, a nivel fisiológico; es decir, la reacción del cuerpo ante la noticia. Al final, la joven quizá se encuentre en una situación poco favorable por su edad o por las condiciones familiares, de modo que los pensamientos rápidamente comienzan a surgir, lo cual le dará un significado al momento, ya sea positivo o no, al depender de sus propios esquemas mentales, derivados de su experiencia, creencias, cultura, aprendizajes, etcérera, al ser el tercer nivel, de lo cognitivo o subjetivo.

Este complejo proceso se da de tal forma que las reacciones son inmediatas y relativamente automáticas. Lo sorprendente es que todo el tiempo nuestro organismo manifiesta emociones, de forma sutil y menos intensas, pero siempre nuestro cuerpo habla.

Cabe mencionar que algunas de estas manifestaciones pueden ser innatas, mientras que otras son adquiridas; es decir, que se aprendieron a partir de los que vivimos en nuestro entorno, quizá de cómo reaccionaba mamá o papá ante una situación o algún profesor o vecino, especialmente durante nuestro desarrollo, pero también como adultos, pues todo lo que vemos y escuchamos son estímulos que constantemente los hacemos nuestros de manera inconsciente. Por ello, es muy importante aprender a conocer nuestros propios procesos y emociones, desde cómo los expresamos hasta el significado que les damos, si genuinamente son nuestras o las aprendimos de alguien. 

Por lo anterior, todas las emociones son válidas, pues están cargadas de información sobre ti, de lo que sientes y necesitas; son la energía que puede dictarte las distintas rutas de lo que es mejor para tu salud mental, así como la comprensión y empatía de que cada quien vive las situaciones de acuerdo a su manera. 

Por ello, las emociones no son buenas ni malas, pero pueden clasificarse en positivas y negativas en función de su contribución al bienestar o al malestar que te proporcionen, aunque esto depende en parte de cómo se les valora socialmente.

Las emociones positivas son aquéllas que nos generan sensaciones de agrado, bienestar, satisfacción, equilibrio, calma, flujo, relajación, disfrute, elevación, conexión o placer. Las emociones negativas son aquéllas que nos generan sensaciones de desagrado, malestar, insatisfacción, desequilibrio, inquietud, bloqueo, tensión, irritabilidad, decaimiento, desconexión o sufrimiento. Pero todas ellas, tanto las de carácter positivo como las de carácter negativo, cumplen funciones importantes para la vida, por lo que no podemos desconectarlas o evitarlas, sino todo lo contrario, es necesario expresarlas para evitar energía estancada que pueda desencadenar problemas mayores como alguna enfermedad mental.

Ahora bien, sabemos que hay una gran diversidad de emociones; sin embargo, son las emociones básicas las que tienen una serie de características muy específicas, ya que a partir de ellas surge la diversidad de sensaciones que se pueden experimentar. Todos podemos aprender a conducirnos con nuestros estados emocionales y, para ello, vamos a comenzar por identificar cuáles son las emociones básicas; es decir, esas emociones que fomentan las manifestaciones que revisamos anteriormente. 

Con el siguiente recuadro podrás identificar las emociones básicas, nombrarlas y reconocer su función, así como algunos ejemplos de lo que pueden generarnos a nivel de pensamientos y sentimientos. 

Las emociones se interrelacionan entre sí, cumplen una función y son expresadas de acuerdo con la interpretación derivada de procesos internos, historia de vida y experiencia, todo esto activado por estímulos o sucesos internos o externos, presentes o pasados.

Como primer paso para afrontar las situaciones del día a día, de forma sana y constructiva, es necesario desarrollar el autoconocimiento. Identificar y saber nombrar tus propias emociones te llevará a desarrollar las habilidades necesarias para la autogestión.

En este sentido, la inteligencia emocional (EIE) aporta un nuevo marco para educar la capacidad de adaptación social y emocional personal, al desarrollar el conjunto de habilidades que sirven para expresar y manejar los sentimientos, de una manera más adecuada y que conlleve el bienestar en general, tanto personal como socialmente. 

De acuerdo con este enfoque, las cuatro habilidades para lograrlo son:

Es posible desarrollar estas habilidades mediante una serie de técnicas psicoemocionales que ayudan a la persona a trabajar y reforzar lo que necesitan mejorar para generar un cambio y llegar a su bienestar emocional, desde el ser consciente de la situación y su reacción ante ella.

Las técnicas que se presentan a continuación pueden ser aplicables en tu día a día y cada una cuenta con beneficios específicos; sin embargo, su generalidad es que te ayudarán a desarrollar la habilidad de autogestión para mantener tus emociones siempre de tu lado y saber identificar la función y finalidad de cada una de ellas.

Antes de aplicarlas, recuerda que en las emociones entran en juego cuatro aspectos: 

Una vez al tener claros estos aspectos, podrás elegir diferentes técnicas e integrarlas a tus actividades cotidianas, de acuerdo con el tiempo disponible y el objetivo que desees alcanzar. Antes de comenzar, te sugerimos tener en cuenta lo siguiente:

Técnica No. 1. Autorregulación

La autorregulación emocional es una técnica que requiere algo de práctica. Sin embargo, es muy eficaz. Para lograr autorregularnos, debemos seguir los siguientes pasos:

Esta técnica puede ser de mucha ayuda durante el periodo de embarazo y justo antes del parto, especialmente en madres jóvenes o madres primerizas, pues el miedo a lo desconocido suele exacerbar las emociones. 

Aprender y enseñar a autorregular las emociones permitirá mantener un estado de calma y, por ende, una mejor experiencia al momento de parir. 

En el caso de la partera, también puede ser utilizado ante situaciones de riesgo, conflictos personales que puedan afectar el proceso del parto o alguna situación que requiera tomar decisiones importantes. 
La finalidad de esta técnica es que se pueda desarrollar la habilidad de autogestión como un hábito que, si bien en un principio requiera el apoyarte de un cuaderno y un lápiz para anotar las circunstancias que te lleven a perder el control, llegue un momento en que se vuelva un proceso casi automático para que sea de ayuda en momentos críticos.

Como se mencionó anteriormente, se requiere de práctica, por lo que se sugiere realizar el ejercicio al menos una vez por semana al principio, e ir identificando los cambios que se logran como resultado de su uso cotidiano. 

Técnica No. 2. Detención del pensamiento

Esta técnica puede utilizarse antes, durante o después de la situación que nos causa problemas.
Esta estrategia se centra en el control del pensamiento. Para ponerla en práctica debes seguir los siguientes pasos:

Para apoyar esta técnica también puedes utilizar una libreta en donde anotarás el pensamiento negativo que tienes y a un lado el pensamiento positivo por el que puedes sustituirlo, por ejemplo:

“Siempre me pasan cosas malas a mi” ——- sustituye por ———-“Este reto me ayudará a fortalecerme”

De esta manera, cuando se presenten situaciones que te causen problemas, podrás sustituir los pensamientos más rápido. 

Está técnica también requiere de mucha práctica, pero poco a poco desarrollarás la habilidad de darle vuelta a esos pensamientos negativos y convertirlos en positivos. 

Algunos casos en los que puede ser de mucha ayuda la técnica son cuando estamos presentando pensamientos fatalistas, los cuales son algo comunes cuando se presenta el momento del parto o posterior a él.

Si se comienzan a realizar los ejercicios en el proceso del embarazo, se preparará a la futura madre y será un amortiguador emocional llegado el momento, lo cual no solo le permitirá una mejor experiencia a ella, sino que facilitará tu trabajo como partera/o. 

Técnica No. 3. Razonamiento lógico

Muy ligada a la técnica anterior, el razonamiento lógico consiste en analizar uno a uno los pensamientos que nos producen malestar, identificar las emociones que nos generan y razonarlos de manera lógica, por ejemplo:

Posterior al embarazo, muchas mujeres suelen entrar en periodos de desánimo, causados tal vez por el cansancio o como resultado de una readaptación del cuerpo, y suelen ser muy frecuentes los pensamientos negativos que provocan tristeza, llanto, inquietud, miedo, etcétera. 

Estas técnicas pueden prevenir alteraciones más profundas como depresión o ansiedad ya sea antes, durante o posterior al embarazo.

Así mismo, son de apoyo para las parteras y los parteros, puesto que se enfrentan a desafíos día con día que en algún momento pueden sobrepasarlas/os.

Técnica No. 4. Diario emocional

Llevar un diario emocional es una actividad que integra los diversos aspectos de la emoción, de modo que su utilización te ayudará a conocer e incrementar la conciencia de tus emociones.

Necesitarás un cuaderno destinado exclusivamente para esta actividad.

Dos o tres veces al día, o al final del día, escribe la última emoción, sentimiento o estado de ánimo que hayas sentido y describe tu experiencia. No necesitas escribir todo, pero intenta reflexionar los diferentes elementos planteados. 

Presta atención a los siguientes puntos:

1. ¿Qué nombre le das a esa emoción, sentimiento o estado de ánimo?

2. ¿Cuál es la emoción o sentimiento que aparece más repentinamente o el estado de ánimo más duradero?

3. ¿Cuánto tiempo duró?
4. ¿Tenías sensaciones corporales que acompañaban a la emoción o sentimiento?
5. ¿Venían pensamientos a tu mente?
6. ¿Hiciste algo, o sentías el deseo de hacer algo, o de expresar algo?
7. ¿Qué produjo la emoción, el sentimiento o estado de ánimo?
8. ¿Qué información te está proporcionando tu emoción o estado de ánimo?
9. Reflexiona acerca de tu respuesta o estado emocional y trata de darle sentido a lo que sientes. Además, intenta identificar lo que te dice que elijas, busques, evites, decidas o hagas.

Recuerda que la práctica es la clave del éxito de estas técnicas. Entre más veces realices los ejercicios, más entrenadas estarán tu mente y tus emociones para responder en situaciones concretas, te ayudará a una mejor toma de decisiones y a salir más pronto de los baches emocionales ocasionados por la vida misma. Para comenzar a desarrollar ese hábito, realiza las siguientes reflexiones:

¿Cuántas veces has escuchado a alguien decir “Quisiera dejar de sentir tal o cual cosa”?

Quizás hace falta tomar conciencia de que ese sentimiento nos da la posibilidad de elaborar una nueva realidad, como pasa en situaciones de conflictos, retos, pérdidas o enfermedades. 

Como lo hemos visto, todos podemos aprender a gestionar nuestras emociones, así que te invitamos a reflexionar: ¿Cómo podrías enseñar a otras personas a hacerlo? ¿Qué técnicas resultarían más prácticas de aplicar para ayudar a otros?

La gestión emocional es como un deporte, se aprende en la acción y se perfecciona con la práctica. Asimismo, una vez aprendidas y perfeccionadas las técnicas, resulta sencillo compartirlas y aplicarlas con quienes nos rodeas para generar así una cadena de bienestar emocional. 

💬   Ahora que conoces las funciones de las emociones, piensa en un caso en donde una emoción te ha llevado tomar mejores decisiones, aunque en un principio parecía que lo que sentías no era algo tan positivo. Después de vivir y elaborar esa emoción, la experiencia tiene un nuevo sentido.