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3. La contribución de la partería

Tan antigua como la humanidad es la partería, una actividad que se ha visto como un ejercicio sagrado en distintas culturas y que hoy en día se ha revitalizado como resultado de una generación que promueve el parto como un proceso natural que debe ser atendido con integridad, además como una gran opción en medio de la época de pandemia que se vive, pues las madres buscan un espacio seguro para ellas y sus bebés y así evitar algún tipo de contagio.

Pero no sólo es la atención del parto lo que abarca esta labor. Las parteras y parteros han sido vistas/os como figuras respetables, como guías y compañía de las mujeres embarazadas durante todo el proceso, así como una gran influencia en sus estados emocionales incluyendo, en muchos casos, también el de los familiares, especialmente cuando existen dificultades en el proceso. La vinculación y lazos de confianza que las parteras y parteros pueden generar con las mujeres y familias a las que brindan sus servicios es una de las razones que las colocan en una posición de fuentes de atención, orientación y acompañamiento. Estos lazos de confianza las/os convierten en una gran fuente de influencia para orientar a las madres y familias.

La contribución es tal que la partería, como actividad de atención, orientación y acompañamiento, adopta un papel fundamental en la promoción de la salud mental. Ser usuaria/o de la salud mental, con sus conocimientos y técnicas, te aporta un doble beneficio. En primer lugar, es una fuente de bienestar, desarrollo y estabilidad para ti y, en segundo lugar, hace de tu labor un proceso integral, pues te permite compartir y transmitir esos recursos a las mujeres y familias a las que atiendes, orientas y acompañas. 

Al enriquecer tus saberes puedes potencializar la ayuda que brindas a las mujeres que acuden a tus servicios. Del mismo modo, poner en práctica las herramientas que revisaremos en el siguiente módulo te ayudará a transitar esta gran labor de mejor manera, al tener a la mano recursos que puedas implementar de forma práctica y efectiva.

Para ello, en esta sección te proporcionamos un análisis del impacto de lo que representa ser partera/o en esta sociedad y el alcance que puede tener tu contribución con las mujeres y sus familias, así como las opciones que tienes para poder orientar y realizar intervenciones en los casos que sean necesarios, para así fomentar una cultura de salud mental.

Con lo que respecta a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, destacan los números de muertes. Según la UNFPA, más de 1,500 mujeres y niñas mueren cada día a causa de complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, y las zonas más pobres y con un mayor índice de población indígena en México presentan mayores casos. También menciona que la gran mayoría de las muertes se pueden evitar, si las mujeres reciben atención calificada, antes, durante y después del embarazo, y es que muchas quienes viven en zonas aisladas tienen que enfrentar solas el momento del parto o con alguna conocida o vecina que no cuenta con conocimiento.

En este sentido, el trabajo de las parteras cobra un papel sumamente importante, dado que su presencia es vital dentro de su cultura, como elementos y referentes de desarrollo y cuidado a quienes la gente recurre y reconoce desde hace siglos; además, su práctica permite a las mujeres de estas comunidades contar con un acompañamiento y atención durante su etapa reproductiva. Sin embargo, no les es posible atender a todas, ya que no siempre se cuentan con los recursos necesarios para acceder a ciertas áreas o regiones, aunado al alto número de partos que necesitan ser atendidos. Especialmente en esta época en donde el mundo entero se enfrenta a una crisis de salud, debido a la pandemia de la COVID-19, el número de parteras no es suficiente para atender a todas las mujeres; además, existe una problemática en cuanto al equipo de protección para llevar a cabo sus labores de manera segura, pues no a todas se les ha podido proveer a tiempo. Esto lleva a que cada una de las parteras actúe de acuerdo con sus posibilidades, con lo que aumenta el riesgo de contagio.

Esta es una problemática que se ha atendido, pero que aún no se ha podido resolver; hoy el sector salud ha volteado a ver esta labor como un apoyo para atender los partos que no son atendidos, debido al alto número de pacientes que son hospitalizados a diario por la COVID-19. 

Sin embargo, aunque hoy es una labor en la que se ha apoyado la medicina, las parteras tienen una gran carga histórica de exclusión y estigmatización, por temas de género.

Las mujeres han tenido el papel de sanadoras desde siglos atrás; comúnmente han utilizado hierbas medicinales de sus propios cultivos para curar; aprendieron de lo que se compartían unas a otras y hasta la fecha de lo que se transmite de generación en generación. Sin embargo, fueron excluidas de los libros y la ciencia, estigmatizadas como brujas o charlatanas por parte de las autoridades; en el presente esto se traduce en la subordinación de las parteras tradicionales o profesionales que aprenden a no discutir una orden dada por un médico “que sabe lo que hace”.

Está claro que aún falta mucho en el campo de acción para dignificar, fortalecer y promover la labor de las parteras, a través no sólo del reconocimiento, sino del otorgamiento de los recursos, capacitación y de su propio cuidado, que en la mayoría de los casos queda fuera del foco de atención.

Para ello, la oms ha emitido declaraciones que son compatibles con la labor y atención de las parteras, al enunciar el embarazo y parto como un proceso natural y no como una enfermedad que deba ser medicalizada o intervenida necesariamente por un médico, por lo que propone una participación multidisciplinaria de profesionales de la salud como parteras y enfermeras, al respetar, a su vez, lo referente a los derechos de los pueblos indígenas de utilizar y aprovechar su medicina y partería tradicional (Declaración de la Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, 2007).

Esto ha sido un gran avance y se espera que en un futuro no muy lejano se puedan generar leyes que amparen y protejan esta gran labor, ya que desafortunadamente es usual que se les responsabilice de complicaciones o atención tardía a las embarazadas, pero se desconocen las condiciones en las que realizan su trabajo al ser un gran reto, pues se enfrentan a muchos factores, como los geográficos, culturales, económicos, etcétera. También se espera que las mujeres que se dedican a esta labor cuenten con pagos justos, pues muchas provienen de sectores indígenas, rurales o de estratos bajos de las ciudades. 

Sabemos que la labor de la partera no se limita al acompañamiento de la parturienta, sino que acompañan a la familia durante todo el proceso del embarazo, parto y puerperio. Sus labores incluyen la del acompañamiento del producto, identificar complicaciones, atender mediante sus saberes de herbolaria, cuidar y proteger la salud del bebé; si es necesario, referir a instancias de salud en caso de complicaciones. 

Las parteras y los parteros, además, aconsejan e intervienen en casos de violencia familiar y ofrecen información sobre el uso de métodos anticonceptivos, nutrición y otros asuntos relacionados con la salud reproductiva y, hoy en día, van adquiriendo el rol de promotoras/es de salud mental. 

Una parte muy representativa de las parteras son las que tienen el conocimiento y sus saberes a través de la educación formal en algún instituto, al ser de gran apoyo en zonas rurales y urbanas.

Por todo el trabajo que conlleva son varias las instituciones comprometidas en buscar mejoras, propuestas y programas que las ayuden en su día a día.

No obstante, a pesar de que han sido parte medular en la atención a las mujeres, e incluso algunas son incorporadas a los servicios de salud como apoyo, no se han podido establecer casas de partos que se circunscriban a las normas de la Secretaría de Salud, ni siquiera en un contexto de crisis como en el que se vive actualmente, en la que esta labor ha demostrado una gran colaboración para las instituciones médicas, pues los embarazos y partos continúan, y son las parteras quienes trabajan fuertemente para ayudar a las mujeres a garantizar su derecho de contar con un parto seguro.

Las parteras y los parteros han tenido que repensar cómo pueden apoyar a las mujeres embarazadas, en un momento tan crítico en se encuentran muy preocupadas por su embarazo y la posibilidad de un contagio, tanto de ellas como del recién nacido. 

Desafortunadamente, en este contexto se acentúa la falta de apoyo a su labor, pues, como se mencionó, no cuentan con el equipo de protección personal, ni con los recursos necesarios para atender a las mujeres que cada vez más optan por ser atendidas en su hogar. Esto lamentablemente ha desencadenado el aumento en el número de parteras que han perdido la vida o que han sido contagiadas en todo el mundo.

Recordemos que las parteras brindan apoyo a las madres en sus momentos más vulnerables, defienden el derecho humano de las mujeres, pero a menudo ellas se enfrentan a situaciones de discriminación, acoso sexual y desigualdad salarial, que se ven exacerbados por el miedo y la incertidumbre que provoca la enfermedad.

Como hemos revisado, la partería ha sido de gran apoyo para las mujeres que desean un parto natural, seguro y confiable, especialmente en época de pandemia. Pero lo que ha hecho que cada vez más mujeres consideren dar a luz con la ayuda de una partera o partero, es el trato humano e integral que en los hospitales pocas veces reciben. Con base en todo lo expuesto, reflexiona lo siguiente:

¿Consideras que tu salud mental es elemental en tu labor de partera o partero?

¿Qué pasa si la partera o partero no está bien consigo misma/o? ¿Consideras que aun así puede crear una conexión con las mujeres a las que atiende?

Antes de ser partera/o, eres un ser humano que tiene sus propias necesidades, por lo que la primera ayuda es la que te das a ti misma/o, además con la experiencia sobre tu proceso, es más fácil desarrollar la empatía en el proceso de otras personas. También es importante recordar que cuidar de la salud mental incrementa nuestras habilidades en las actividades que realizamos, por lo que estar bien contigo misma/o es la mejor manera de ayudar a otras mujeres a estar bien con ellas mismas. Recuerda una vez más que ser usuaria/o de la salud mental, con sus conocimientos y técnicas, es una fuente de bienestar para ti y te permite compartir, aplicar y transmitir esos recursos a las mujeres y familias a las que atiendes, orientas y acompañas.

💬   En ese sentido, realiza una reflexión más:
¿Cuál es el impacto que tiene tu profesión en la vida de las mujeres a las que les das tus servicios?
¿Cómo puedes comenzar a cuidar de tu salud mental y a transmitirla a los y las que te rodean?