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2. El cuerpo habla de emociones

Seguramente has sentido en más de una ocasión un frío que recorre tu cuerpo o una sensación en el estómago, tal vez un temblor en las manos o simplemente una presión en el cuello ante alguna noticia o acontecimiento. Estas formas de explicar lo que sentimos no son sólo palabras, sino descripciones muy valiosas, pues están llenas de información, ya que el cuerpo es un mapa emocional que nos da la posibilidad de identificar lo que sentimos y por qué lo sentimos. 

Si alguna vez has tenido problemas para poner nombre a una emoción, la comprensión del concepto de sensaciones físicas y dónde radican puede ayudarte a sentirte más en sintonía con tu cuerpo.

Esto es posible a partir del autoconocimiento que te brinda la conciencia de tu propio cuerpo y lograrlo requiere de práctica. 

Una vez que aprendemos a escuchar el lenguaje del cuerpo, nombrar las emociones y gestionarlas será mucho más sencillo y será una gran herramienta para tu día a día, tanto en tu vida personal como en tu labor como promotor/a de salud.

En este apartado vamos a conocer y explorar todos sus beneficios y desarrollaremos formas accesibles para despertar esa conciencia corporal.

La importancia de explorar las emociones en todas sus dimensiones, cognitivas, conductuales, fisiológicas y propositivas, radica en que a mayor comprensión tenemos mayores posibilidades de desarrollar las habilidades de autogestión; por ende, gozar de una mejor salud menta, para llevar a cabo con responsabilidad el rol de promotoras de salud. 

Las emociones se encuentran relacionadas entre sí con nuestros pensamientos y con el cuerpo; sin embargo, tener esa conciencia requiere que aprendamos a identificar las señales que nos proporcionan las emociones, a través de un lenguaje muy especial, como lo son las sensaciones físicas. A este lenguaje se le conoce como conciencia corporal, pues ahora es ampliamente conocido que las emociones tienen la capacidad de transformar la bioquímica y el funcionamiento de nuestro cuerpo. No saber expresar lo que nos ocurre puede llevarnos a experimentar malestares físicos. De ahí la famosa expresión “las emociones a flor de piel”; es inevitable el rol que juegan las manifestaciones del cuerpo cuando hablamos de emociones; por un lado, por la estrecha relación de los procesos internos entre las emociones, pensamientos y cuerpo, y por otro, como un lenguaje fácil de percibir y localizar. 

Por ejemplo, esa extraña sensación en el estómago cuando estamos a la espera de un acontecimiento importante para nosotras, el cual nos llena de felicidad, pero con matices de ansiedad por la incertidumbre de lo desconocido, como la llegada de un bebé; en caso contrario, la sensación de cargar un costal sobre los hombros cuando el cansancio, las frustraciones o el estrés nos alcanzan por la rutina diaria.

La razón es que emociones y cuerpo van de la mano, por lo que descubrir su influencia en la dimensión corporal de la construcción de las emociones es muy importante, para ayudarnos a transitar de mejor manera los acontecimientos que se nos presenten día con día.

El cuerpo es como un faro que ilumina el camino hacia nuestras emociones y necesitamos desarrollar una conciencia corporal para escucharlas, identificarlas y elaborarlas. De lo contrario, podrían resultar en malestares más profundos y complejos de resolver. 

Por ejemplo, si reprimimos un disgusto puede ocasionarnos una contractura o tensión en la mandíbula o en el cuello, después este malestar físico lo solemos atribuir a falta de descanso o a ciertas condiciones materiales. Si no se ha identificado que su origen es del tipo emocional, recurrimos a analgésicos para aliviar la molestia, al sólo amortiguar el dolor físico, pero sin atender el verdadero origen: un disgusto reprimido. Como resultado, los malestares pueden agravarse o volverse crónicos. 

Por ello, el cuerpo puede verse como un mapa que nos ayuda a saber qué es lo que sentimos, antes de que se transforme en dolor o sufrimiento. Así, el cuerpo es sabio y sabe lo que necesitamos; a medida que aprendamos a entender esas señales que nos envía, identificaremos las emociones asociadas y aprenderemos a gestionarlas.

Para comprender el proceso complejo de las sensaciones corporales se parte del término conciencia que se interpreta como producto de la materia altamente organizada por el sistema nervioso central; es decir, que el ser humano es un ente biológico capaz de producir autorreflexión y de observarse y actuar directamente en ella. Como menciona Groff (1994), la conciencia desempeña un papel activo en la creación de la realidad. 

Esto se puede resumir en la capacidad de un “darse cuenta”; es decir, percatarse de lo ocurre a prestar atención a la información de las sensaciones de tu cuerpo. Esto se logra a partir del contacto constante con la experiencia presente. 

Reconocemos que lograr estar en el aquí y ahora es complejo en un mundo como en el que vivimos, donde las exigencias y demandas de la vida sobrepasan en muchos casos la posibilidad de centrarnos en una observación activa de nuestro presente; sin embargo, a partir de la práctica y la aplicación de algunas técnicas, desarrollamos la habilidad de escuchar a nuestro cuerpo y brindarle recursos que permitan su auto reparación, al lograr un estado de tranquilidad y de lucidez que trascienda cualquier emoción negativa que pueda afectar al organismo. 

Podemos decir que la conciencia corporal reside en escuchar al propio cuerpo y al fomentarla mejoramos la calidad de las acciones de la vida. 

Esto se logra a partir del aprendizaje de la sensación interna y del manejo del propio cuerpo, ya que a partir del autoconocimiento se pueden mejorar patrones de movimiento, como una mala postura, y realizar acciones con más calidad y eficiencia, y con menos esfuerzo, ya que así como una emoción puede desencadenar un malestar físico, éste puede desencadenar emociones negativas. Al dirigir nuestra atención a la sensación, se facilita dicho autoconocimiento y desarrollo de la conciencia.

Se trata de promover el desarrollo de la conciencia observadora del “yo observador” (Alexander, 1983), al posibilitar la expansión de la conciencia hacia los dominios del ser y la interacción con el entorno.

Algunos de los principales ejercicios para comenzar a desarrollar la conciencia corporal son los acompañados por la respiración, pues se ha encontrado que su control o mejoramiento promueve en las personas mejores estados emocionales y de salud, debido a la relación que existe entre el proceso respiratorio y la química que se genera entre el oxígeno y dióxido de carbono, que en un estado alterado se asocia con estados emocionales negativos. Por ejemplo, la sensación de falta de aire cuando se presentan cuadros de ansiedad ante algún acontecimiento o noticia. Quizás en algún momento de tu vida los has experimentado u observado en alguna madre joven cuando se acerca el momento de alumbramiento. 

Otros momentos en que es muy clara la relación entre respiración y estados emocionales, son las situaciones de estrés elevado que, dicho sea de paso, es un mal que afecta a millones de personas en el mundo. 

El primer paso para aumentar la conciencia corporal es a través de la piel, pues es el órgano más grande del cuerpo y el que está en comunicación permanente entre el exterior y el interior, por lo cual resulta ser una fuente privilegiada de sensaciones, además de estar directamente relacionado con un efecto relajante que favorece situarse en “el aquí y el ahora”; por consiguiente, un método de autorregulación emocional. Se trabaja primero la conciencia de la piel como el tacto consciente para desarrollar la sensibilidad de la piel, al tratar de captar vivencialmente la totalidad de su verdadera forma y permitir la identificación con el “sí mismo”, así como la captación de datos del mundo que lo rodea: formas, temperatura, consistencia, presiones; y de la comunicación no verbal, a través de la expresión de la cara, de las variaciones de la piel, ternura, dolor, etcétera. 

Escuchar al propio cuerpo conduce a la persona hacia una toma de conciencia de sí. Prestar atención a la respiración, desarrollar la vivencia de la piel, identificar nuestros cambios y manifestaciones corporales son experiencias muy valiosas en el proceso de conocer y gestionar nuestras emociones. 

Se puede lograr esa conciencia a partir de ejercicios muy sencillos pero efectivos, que pueden realizarse tanto de manera individual como en un grupo para compartir experiencias. Como promotor/a de salud tendrás la posibilidad de elegir cuáles y cómo aplicar las técnicas. 

Estas técnicas pueden realizarse todos los días y serán de mucha ayuda para las mujeres embarazadas y también para las parturientas, pues un beneficio general de cada una de ellas es que ayudan a relajarse. 

Algunas sugerencias antes de comenzar son las siguientes: 

Técnica No. 1. Respiración Consciente

Estos ejercicios pueden inducirse para la reducción de estrés y niveles elevados de ansiedad, favorecen la paz mental y te sitúa en el “aquí y el ahora”.

Practica la respiración consciente por al menos un minuto; poco a poco podrás incrementar el tiempo. Recuerda que la mente está acostumbrada a generar miles de pensamientos, por lo que a principio puede resultar complicado mantener el enfoque en la respiración. Por lo tanto, se sugiere lo siguiente:

No intentes dejar de pensar o evitar los pensamientos. Al contrario, si los pensamientos llegan, permite escucharlos, observarlos y dejarlos pasar. Conforme tienes práctica, los pensamientos serán menores y poco a poco lograrás enfocarte totalmente.

Comencemos:

Técnica No. 2. Respiración Scanner Corporal

Uno de los grandes beneficios de los ejercicios de respiración y la atención corporal consciente, es que te permite identificar las tensiones musculares y liberarlas mediante la exhalación de cada respiración. 

Esta técnica te puede tomar cinco minutos en un principio y puedes alargarla conforme desarrolles la habilidad. Por otra parte, también puedes realizarla por uno o dos minutos si estás en medio de una situación o contexto en donde tengas que actuar con rapidez.

De acuerdo con cada variante en la respiración serán los resultados que puedes obtener; en caso de estrés excesivo, te recomendamos la siguiente técnica:

Técnica No. 3. Respiraciones de Base

Este ejercicio es una respiración sencilla y útil para practicar, pues desarrolla la capacidad pulmonar y ayuda a relajarse y a despejar la mente; así mismo, mantiene la tranquilidad reduciendo los niveles de estrés. 

Al cabo de varias prácticas comenzarán a ser más notables los beneficios. En general, la respiración contribuye a una mejor salud física y mental, mantiene estados de calma, mejora la oxigenación, mejora el humor, reduce el estrés y mantiene la vitalidad.

Por ello, estas técnicas son muy nobles y pueden ser aplicados a cualquier persona que desee gozar de esos beneficios. En tu labor como partera/o pueden ser de gran ayuda para llevar el proceso de parto más tranquilo y seguro, mejorando la experiencia en la madre y al permitirte realizar mejor tu trabajo.

Puedes realizar cada ejercicio en cualquier momento del día, lo idóneo es que se llegue a los 20 minutos por día y hacerlos parte de tus hábitos. 

Ese dolor de espalda o tensión en el cuello, tan clásicos cuando estamos estresados, son el ejemplo más claro del lenguaje corporal, sin embargo, si no se tiene consciencia de ello, recurrimos a los analgésicos que sólo acallan lo que posiblemente puede ser la petición de un respiro, un llanto silenciado o una angustia o malestar que no se han explorado. Siguiendo esa línea, es momento de que reflexiones:

¿Identificas las formas en las que has acallado al cuerpo en algún momento de tu vida?

Y es que esta tendencia a guardar silencio es parte de una cultura en la que se nos enseña a partir de las soluciones sintomáticas. Es decir, si te duele la cabeza o sientes tensión en el cuello, tomas pastillas para el dolor o para la inflamación, al ser que en ciertas ocasiones la alternativa es escuchar esas señales y prestarles atención para explorar las emociones que están detrás de ellas. Resultaría útil aprender a distinguir cuándo esas sensaciones son resultado de una enfermedad física y cuándo son la manifestación de nuestras emociones. Las técnicas presentadas anteriormente te pueden ayudar, a ti y a las mujeres que reciben tus servicios, a realizar esa distinción y exploración que, con la práctica cotidiana, favorecerán al autoconocimiento emocional.

Si un automóvil te marca que necesita gasolina, ¿le pondrías gasolina o le darías un martillazo a la pantalla para dejar de ver que te está pidiendo gasolina?

Esta es otra analogía de lo que sucede cuando el cuerpo habla y buscamos remedios inmediatos para atender su petición. ¿Harías lo mismo con tu cuerpo? ¿Te vienen a la mente otras situaciones en las que el cuerpo te envía mensajes acerca de tus emociones?

💬   Aprender el lenguaje del cuerpo es un atajo para empezar a comprender las emociones y es una de las herramientas más poderosas de autoconocimiento. Tu cuerpo es sabio y ante cualquier necesidad encontrará la manera de hacértelo saber. 

Lo mejor de esta conciencia es que no se requieren recursos externos para desarrollarla y los beneficios son muy significativos.