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8.2 Salud sexual frente al impacto de las ITS

Según la Organización Mundial de la Salud (2020), la salud implica bienestar físico, mental y social. En este sentido, la salud sexual requiere desarrollar hábitos de autocuidado, es decir, acciones que ayudan a mantener el cuerpo y las emociones en equilibrio. Este cuidado puede empezar desde la infancia en la familia, fomentando una relación consciente y respetuosa con el propio cuerpo, aprendiendo a reconocer cómo funciona y detectando cambios que necesiten atención.

La salud sexual no depende solo de cada persona: también está influida por factores sociales, culturales y hasta religiosos, que en muchos casos generan desigualdades en el acceso a información o servicios. Por eso, garantizar el derecho humano a la salud sexual implica respetar y proteger los derechos sexuales de todas las personas, promoviendo relaciones seguras, placenteras y libres de coerción, discriminación o violencia.

La OMS define la sexualidad como un aspecto central de la vida humana que incluye el sexo, la identidad y los roles de género, la orientación sexual, el placer, el erotismo, la intimidad y la reproducción. Se expresa de muchas maneras: en pensamientos, fantasías, deseos, valores, actitudes, conductas y relaciones, y siempre está influida por el contexto social e histórico.

La sexualidad puede ser fuente de bienestar, pero también conlleva riesgos si no se ejerce de forma informada y segura. Para lograr una vida sexual saludable, es fundamental contar con:

  • Acceso universal a información científica, empática y libre de prejuicios.
  • Educación sexual y afectiva adecuada a cada etapa de la vida, que promueva decisiones libres y responsables.
  • La posibilidad de vivir la sexualidad más allá de la reproducción, de forma placentera, segura y autónoma.
  • Un entorno libre de discriminación, violencia o coerción, donde cada persona pueda decidir sobre su cuerpo y sus relaciones.
  • Reconocimiento de los riesgos de tener relaciones sexuales sin protección y de las consecuencias que esto puede traer.
  • Servicios de salud sexual accesibles y de calidad, sin importar edad, orientación, identidad, origen u otras condiciones.

El autocuidado fortalece la salud sexual, porque ayuda a disfrutar de la identidad, la expresión, la apariencia y los deseos propios. Esto es especialmente importante en la adolescencia, cuando se empiezan a tomar decisiones sobre la vida sexual y reproductiva (Organización Mundial de la Salud, 2019).

Infecciones de transmisión sexual (ITS) y su impacto en la salud sexual

Es probable que hayas oído hablar de las ITS en la escuela, en casa o en la calle, o tal vez nunca hayas abordado el tema. Muchas personas evitan hablar de ellas por vergüenza, no buscan atención médica o desconocen que las padecen por falta de síntomas. Por eso, para prevenirlas o tratarlas oportunamente, es crucial entender cómo se transmiten. Las ITS se propagan principalmente a través de relaciones sexuales vaginales, anales u orales, y pueden ser causadas por bacterias, virus, hongos, parásitos o protozoarios (Álvarez et al., 2014).

En la mayoría de los casos, las ITS no presentan síntomas evidentes, lo que facilita su transmisión y retrasa la búsqueda de tratamiento, pudiendo derivar en complicaciones como infertilidad, embarazo ectópico o cáncer en órganos sexuales, entre otros.

Las ITS afectan tanto a hombres como a mujeres, y todas las personas sexualmente activas están en riesgo si no adoptan medidas de protección. Se transmiten generalmente por contacto con fluidos corporales infectados (sangre, semen, secreciones vaginales o heces) o por la proximidad de órganos sexuales (pene-vulva, pene-ano, vulva-vulva, boca-ano, boca-pene o boca-vulva). Los síntomas más comunes incluyen secreciones vaginales o uretrales, dolor o ardor al orinar o durante las relaciones sexuales, úlceras genitales y dolor abdominal (Álvarez et al., 2014).

Aunque el contacto sexual es la principal vía de transmisión, algunas ITS también se propagan a través de la sangre, productos sanguíneos o de forma vertical, es decir, de la madre al hijo o hija durante el embarazo, el parto o la lactancia.

Actualmente, existen tratamientos efectivos para varias ITS. Por ejemplo, la clamidia, la gonorrea, la sífilis y la tricomoniasis pueden tratarse con dosis únicas de antibióticos. Para el herpes y el VIH, hay antivirales y antirretrovirales que controlan la enfermedad, mientras que para la hepatitis B existen moduladores inmunológicos y antivirales que retrasan el daño hepático.

Sin embargo, muchas personas pueden tener una ITS sin síntomas visibles, como ocurre con el VIH, o presentar síntomas sólo en etapas muy avanzadas, como sucede con la sífilis, lo que resalta la importancia de realizar pruebas de detección periódicas. Es crucial considerar que las ITS pueden presentarse simultáneamente, y la presencia de una puede facilitar el contagio de otras al dañar las mucosas o la piel. Por ello, toda persona sexualmente activa debe someterse a controles médicos regulares, independientemente de su edad, ya que el derecho a la salud es universal. Las detecciones pueden realizarse de tres formas:

  • Identificación de signos y síntomas.
  • Exploración física por personal de salud cuando hay síntomas.
  • Pruebas de laboratorio o detección rápida.

Se recomienda que las personas sexualmente activas se realicen pruebas al menos una vez al año, especialmente si han tenido prácticas de riesgo (como relaciones sin uso de condón u otros métodos de barrera como guantes, dedales o cuadros de látex). La decisión de hacerse pruebas debe ser voluntaria, informada y confidencial. El personal de salud debe ofrecer consejería antes y después de las pruebas, explicando su propósito, beneficios, limitaciones y riesgos, y resolviendo dudas.

Te invitamos a fortalecer tus habilidades de autocuidado, prestando atención a tu estado físico y emocional. Conoce tu cuerpo, obsérvalo, identifica sus formas, colores y olores, y si notas algo inusual o sientes síntomas como dolor, ardor, comezón o secreciones, comparte tus inquietudes con alguien de confianza para buscar apoyo y, de ser necesario, acudir a un servicio médico adecuado.

En América Latina y el Caribe, los servicios amigables para adolescentes ofrecen orientación, apoyo y tratamientos, además de proporcionar gratuitamente métodos anticonceptivos y de barrera, de forma anónima y con personal capacitado (OPS, 2017).

Recuerda que las ITS son comunes y pueden afectar a cualquier persona sexualmente activa si no se protege adecuadamente. Aunque muchas son curables, otras no lo son, pero todas pueden impactar tu vida. Por eso, te animamos a informarte para tomar decisiones conscientes sobre tu sexualidad.

Actividad
«Las ITS y sus factores de riesgo»

Responde alguna de las siguientes preguntas. Trata de usar tus propias palabras y, si lo deseas, incluye ejemplos de la vida cotidiana, redes sociales o experiencias cercanas:

1. ¿Qué le dirías a una persona que siente miedo o vergüenza de hacerse una prueba de ITS?

2. ¿Cómo es que el uso de sustancias afecta el consentimiento y por qué se considera un factor de riesgo?

3. Considerando tu edad y entorno, ¿cuáles son para ti las formas más efectivas y accesibles de prevenir las ITS?

4. ¿Alguna vez has escuchado frases como «las mujeres no deben llevar condones» o «si él tiene muchas parejas es normal»? ¿Cómo crees que este tipo de ideas afectan el riesgo de adquirir una ITS?

(Opcional) Elige una de estas actividades complementarias:

  • Crea un pequeño cartel informativo (puede ser a mano o digital) que responda a la pregunta: ¿Por qué es importante hacerse pruebas de ITS aunque no se tengan síntomas?
  • Investiga qué instituciones en tu ciudad o país ofrecen pruebas gratuitas o confidenciales de ITS, y comparte un breve listado.