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3.3 La violencia que no se ve también es violencia

La violencia ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes y, con frecuencia, se ha justificado como un instinto inherente de supervivencia. Sin embargo, su verdadera raíz se encuentra en el uso del poder sobre otras personas, fundamentado en la creencia de que somos superiores o merecemos más. Culturalmente, se nos inculca competir, superar a los demás a cualquier precio y considerar inferiores a quienes se diferencian por su fuerza, inteligencia, discapacidad, color de piel, nivel socioeconómico o cualquier otra característica. Lo más alarmante es que, dentro de este sistema, todas y todos podemos ser percibidos como inferiores desde la perspectiva de alguien más.

¿De dónde hemos aprendido esto?

Lo aprendemos de lo que se transmite de generación en generación a través de la familia, la escuela, las instituciones, los medios de comunicación y prácticamente todos los espacios de la sociedad. La violencia se ha normalizado e invisibilizado hasta el punto de que se considera «aceptable» que un padre golpee a sus hijos para «educarlos», que un esposo le grite a su esposa por un error, que un novio controle a su pareja por celos, o que los videojuegos y películas glorifiquen guerras y peleas. Estos son solo algunos ejemplos dentro de una extensa lista de prácticas que perpetúan este problema.

Tal como se abordó en los subtemas anteriores, los estereotipos y las normas de género generan un desequilibrio de poder que afecta de manera desproporcionada a las mujeres. La violencia de género se define como cualquier acto de violencia basado en el género que cause o pueda causar daño físico, sexual o psicológico, incluyendo amenazas, coerción o privación arbitraria de la libertad, ya sea en la esfera pública o privada. Las mujeres y las niñas son las principales víctimas, enfrentando esta violencia no solo por parte de sus parejas, sino también en el ámbito familiar, laboral, entre amistades o por parte de desconocidos.

Aunque las mujeres son las más afectadas por la violencia de género, los hombres y los niños también pueden ser víctimas, aunque en menor medida. Además, el término «violencia de género» también se utiliza en ocasiones para describir la violencia contra personas LGBTQI+, relacionada con las normas de masculinidad, feminidad o género (ONU Mujeres, 2024).

¿Qué nos revelan las cifras?

Las estadísticas son alarmantes y reflejan una realidad devastadora. Imagina cómo te sentirías si tú o un ser querido formaran parte de estos números:

  • Según la ONU, el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual, ya sea por parte de su pareja o de otra persona (Amnistía Internacional, 2020).
  • A nivel global, 150 millones de niñas menores de 18 años han sido víctimas de agresión sexual (Amnistía Internacional, 2020).
  • Alrededor de 15 millones de adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en algún momento de su vida (Unicef, 2017).
  • Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (CEPAL, 2024), al menos 3,897 mujeres fueron víctimas de feminicidio en la región, lo que equivale a aproximadamente 11 mujeres asesinadas diariamente por razones de género.

¿La violencia se limita a los golpes?

No, la violencia va mucho más allá de las agresiones físicas. A menudo pensamos que es un problema lejano o ajeno porque no hemos agredido ni sido agredidos físicamente. Sin embargo, existen muchas formas de violencia que pasan desapercibidas, pero que causan un daño significativo, afectando profundamente a las personas que nos rodean.

Para erradicar la violencia, primero debemos identificar y reconocer sus diferentes manifestaciones. A continuación, se describen las principales formas de violencia de género:

Violencia psicológica: Incluye cualquier acto u omisión que afecte la estabilidad psicológica o emocional, como negligencia, abandono, descuido reiterado, celos, insultos, humillaciones, marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas. Este tipo de violencia puede llevar a quien la sufre a la depresión, el aislamiento, la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio.
Violencia física: Se refiere a cualquier acto que cause daño no accidental mediante el uso de la fuerza o algún tipo de arma u objeto, pudiendo provocar lesiones internas, externas o ambas.
Violencia patrimonial: Engloba cualquier acto u omisión que afecte los bienes de una persona, como la sustracción, destrucción o retención de objetos, documentos personales, propiedades, valores o recursos económicos esenciales para su subsistencia.
Violencia económica: Consiste en toda acción u omisión que comprometa la supervivencia económica de la víctima, manifestándose a través de limitaciones destinadas a controlar sus ingresos económicos o mediante la percepción de un salario menor por igual trabajo dentro de un mismo centro laboral.

Violencia sexual: Abarca cualquier acto que degrade o dañe el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima, atentando contra su libertad, dignidad e integridad física. Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y tratarla como un objeto.

Dentro de la violencia sexual, se identifican delitos específicos como:

Acoso sexual: Incluye conductas como contacto físico no consensuado, comentarios sexuales, solicitud de favores sexuales, miradas sugerentes, acecho o exhibición de órganos sexuales.

Violación: Se define como cualquier penetración vaginal, anal u oral no consentida, utilizando cualquier parte del cuerpo u objeto.

Abuso sexual: Ocurre cuando una persona ejecuta o impone actos sexuales sin consentimiento, sin llegar a la cópula.

Violación correctiva: Es una agresión sexual motivada por la orientación sexual o identidad de género de la víctima, con el propósito de “corregirla” (ONU Mujeres, 2024).

Es fundamental aclarar que ningún tipo de violencia sexual está relacionado con la incapacidad de contener el deseo sexual; estas acciones son una forma de ejercer poder y dominio sobre la persona agredida. En la mayoría de los casos, este poder se manifiesta mediante coerción, es decir, presión o amenaza de violencia, para forzar un cambio de conducta o voluntad.

Violencia familiar: Es el acto abusivo de poder u omisión intencional dirigido a dominar, someter, controlar o agredir de manera física, verbal, psicológica, patrimonial, económica y sexual a las mujeres, dentro o fuera del domicilio familiar, por parte de alguien con quien tengan o hayan tenido una relación de parentesco por consanguinidad o afinidad, de matrimonio, concubinato o una relación de hecho.
Violencia laboral y docente: Se ejerce por personas que tienen un vínculo laboral, docente o análogo con la víctima, independientemente de la relación jerárquica, mediante actos u omisiones de abuso de poder que dañan la autoestima, salud, integridad, libertad y seguridad de la víctima, impidiendo su desarrollo y atentando contra la igualdad.
Violencia institucional: Se refiere a los actos u omisiones de servidores públicos, de cualquier nivel de gobierno, que discriminen o tengan como objetivo dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos, así como el acceso a políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia.
Violencia feminicida: Es la forma más extrema de violencia de género contra las mujeres, resultado de la violación de sus derechos humanos en los ámbitos público y privado, conformada por conductas misóginas que pueden derivar en impunidad social y del Estado, y que pueden culminar en homicidio u otras formas de muerte violenta de mujeres.
Violencia digital: Incluye cualquier acto realizado mediante medios tecnológicos que obtenga, exponga, distribuya, difunda, exhiba, reproduzca, transmita, comercialice, oferte, intercambie o comparta imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido sexual íntimo de una persona sin su consentimiento, atentando contra su integridad, dignidad, intimidad, libertad y vida privada, o causando daño psicológico, económico o sexual, tanto en el ámbito privado como público, además de daño moral a ellas y sus familias.
Mutilación genital femenina: Comprende procedimientos destinados a alterar intencionadamente o causar daños en los órganos sexuales femeninos por razones no médicas (ONU Mujeres, 2024).
Otras formas análogas: Cualquier otra acción que lesione o sea susceptible de dañar la dignidad, integridad o libertad de las mujeres.

Es esencial que, si has sido víctima de algún tipo de violencia, reflexiones sobre las circunstancias que te llevaron a esa situación y hagas todo lo posible para que no vuelva a ocurrir. Recuerda que existen leyes e instituciones que pueden brindarte apoyo en caso de necesitarlo.

Cualquier forma de violencia de género, sin importar las razones, es inaceptable. Está en nuestras manos generar un cambio social que rompa con los patrones aprendidos, reconociendo que todas las personas tenemos los mismos derechos, incluido el derecho a una vida libre de violencia, y que solo a través de la participación activa de cada individuo podremos garantizarlos.

Necesitamos alcanzar la igualdad de género para que la toma de decisiones sea equitativa en el ejercicio del poder, promoviendo el disfrute pleno de la sexualidad, reduciendo las desigualdades y la violencia. Para que esto sea una realidad, es imprescindible lograr la equidad, que reconoce la diversidad de cada persona y propicia condiciones de mayor justicia e igualdad de oportunidades, considerando las especificidades de cada individuo y dando a cada quien lo que le corresponde según sus condiciones o características particulares.

La responsabilidad colectiva frente a la violencia

Si no formamos parte del cambio, nos convertimos en parte del problema. Si reconocemos la existencia de violencia de género en nuestro entorno, ya sea en la familia, la escuela o el trabajo, y no actuamos dentro de nuestras posibilidades, contribuimos a perpetuar esta desigualdad e injusticia.

Reconocer que hemos cometido errores y que hemos contribuido a perpetuar esta asimetría de poder puede no ser algo de lo que nos sintamos orgullosos, pero es un paso crucial. Pregúntate internamente si realmente deseas causar daño a través de tus palabras o acciones;

Actividad
«Reflexiono sobre la violencia»

Instrucciones:

1. Piensa y escribe: En tu cuaderno o una hoja, responde las siguientes preguntas con honestidad. No tienes que mostrar tus respuestas a nadie, es solo para que reflexiones contigo:

  • ¿Recuerdas algún momento en que alguien te haya lastimado con palabras o acciones? ¿Cómo te sentiste?
  • ¿En ese momento, te diste cuenta de que era violencia o creías que era algo normal?
  • ¿Alguna vez has hecho o dicho algo que lastimara a alguien más? ¿Cómo crees que se sintió esa persona? ¿Cómo te sentiste tú después?

2. Reflexión personal: Imagina que pudieras volver en el tiempo y actuar diferente. Escribe brevemente:

  • ¿Qué harías diferente ahora si alguien intenta lastimarte con palabras o acciones?
  • ¿Qué podrías cambiar para evitar lastimar a otras personas en el futuro?

3. Compromiso personal: En una hoja pequeña o tarjeta, escribe un compromiso sencillo que puedas cumplir para evitar la violencia en tu vida diaria. Por ejemplo:

  • “Prometo no usar palabras que lastimen a otras personas”, o
  • “Prometo respetar los límites de los demás y pedir ayuda si alguien no respeta los míos”. Puedes decorar tu tarjeta y guardarla como recordatorio.

Con esta actividad, podrás reflexionar sobre tus experiencias con la violencia y comprometerte a actuar de manera positiva, promoviendo el respeto hacia ti y hacia los demás.