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6.4 En reproducción, elegir y saber te da poder.

El derecho a decidir

Elegir es un derecho humano fundamental, y la reproducción es una decisión que tú, como adolescente, debes comprender a fondo. Conocer tu anatomía y fisiología te empodera para tomar decisiones informadas en el momento adecuado.  Por eso, si decides tener relaciones coitales por placer, es esencial prever las posibles consecuencias reproductivas, que son prevenibles.

La humanidad ha distinguido entre la sexualidad reproductiva y la recreativa durante milenios, dándote la libertad de elegir cómo vivir tu vida sexual. Saber si deseas tener o no hijas e hijos es una decisión importante, ya que el desarrollo y la salud infantil comienzan en el vientre materno, y la salud del padre también juega un papel crucial.

La reproducción es un compromiso de dos, y criar, guiar, mantener, querer, cuidar y educar a las hijas e hijos es una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres. La justicia comienza al asumir que, si tienes relaciones sexuales, la paternidad y la maternidad son compromisos serios. Si no te sientes preparado o preparada, considera posponer tu vida sexual activa, optar por prácticas no penetrativas o usar siempre y correctamente métodos anticonceptivos y profilácticos para prevenir infecciones de transmisión sexual (ITS).

Acción de las hormonas en el proceso de reproducción humana

Como se abordó en los primeros subtemas de este módulo, la capacidad de reproducción humana se activa durante la pubertad, impulsada por cambios anatómicos y fisiológicos desencadenados por la acción de las hormonas.

Los cuerpos de mujeres y hombres desempeñan roles diferenciados en el proceso reproductivo. Ambos contribuyen con sus gametos (células sexuales): las mujeres aportan los óvulos y los hombres, los espermatozoides. Sin embargo, el embarazo y el parto ocurren exclusivamente en el cuerpo femenino, que está equipado biológicamente para concebir y gestar una nueva vida.

A continuación, exploraremos en detalle cómo las hormonas influyen en los cuerpos de mujeres y hombres para hacer posible la reproducción, comenzando por las células sexuales.

¿Qué son y dónde vienen los óvulos y los espermatozoides, y cómo se desarrollan?

Óvulos

Son los gametos femeninos.

Dentro de los ovarios se localizan aproximadamente 590,000 óvulos inactivos, de los cuales sólo algunos cuantos madurarán y serán expulsados a las tubas uterinas cada mes, llegada la pubertad.

Cada óvulo dentro de los ovarios está encerrado dentro de un folículo ovárico, que es un saco de células que rodea cada óvulo. Estas células foliculares ayudan a preparar un óvulo para la ovulación y la fecundación, respondiendo y produciendo hormonas.

La maduración de los óvulos ocurre durante la pubertad y a lo largo del ciclo menstrual. En ese punto, los ovarios pueden desarrollar y liberar un huevo maduro, un óvulo, a través de un proceso cada mes llamado ovulación.

Cuando un óvulo madura se convierte en la célula más grande del cuerpo de una mujer. El óvulo tiene un tamaño de 0.14 milímetros y puede ser visible.

Cada óvulo que se libera puede ser fertilizado por espermatozoides en la trompa ovárica. Si no se fertiliza dentro de las 24 horas posteriores a la liberación del ovario, no es viable y se elimina en la menstruación.

Desde la menarca o primera menstruación, hasta la menopausia o su cesamiento (lo que se conoce como vida reproductiva de una mujer), pueden iniciar su maduración hasta 4,000 ovocitos. Todos los meses comienzan a madurar entre 100 y 150 ovocitos, pero habitualmente uno se desprende cada mes y alcanza la madurez completa al ser fertilizado. Entre 400 y 500 óvulos en promedio son los que saldrán con la menstruación a lo largo de la vida reproductiva de la mujer.

Espermatozoides

Son los gametos masculinos, encargados de la fecundación.

Desde inicio de la pubertad, las células reproductivas inmaduras llamadas espermatogonias pasan por el proceso de espermatogénesis, donde comienzan a multiplicarse rápidamente y se dividen y desarrollan, para eventualmente desarrollar espermatozoides maduros.

Un solo espermatozoide consta de una cabeza, un cuello, una pieza central y una cola y tiene una longitud de 40 a 250 micras. La estructura de un espermatozoide maduro es infinitamente menor a la de un óvulo.

El proceso de maduración de los espermatozoides se produce en tubos largos y apretados en los testículos, llamados túbulos seminales.

Se necesitan varias semanas para que los nuevos espermatozoides se vuelvan completamente móviles y maduren en los testículos y el epidídimo. En donde obtienen la capacidad de nadar y maduran hasta la eyaculación.

El número de espermatozoides en una sola eyaculación varía de 40 millones a 500 millones; el promedio es de aproximadamente 182 millones.

A su vez, la calidad del esperma puede variar por factores externos como la temperatura corporal, traumatismos algunas enfermedades, la salud de la persona, etcétera.

Si en un lapso de semanas no ocurre la eyaculación, se biodegradan y sus restos son absorbidos por las paredes de los túbulos del epidídimo, al ser sustituidos por otros que están en constante producción.

Los espermatozoides se producen de forma constante; a diferencia de los óvulos, que son vigentes hasta la menopausia, los espermatozoides están presentes a lo largo de toda la vida después de la pubertad, aunque con la edad disminuye su calidad.

Las hormonas desempeñan un papel crucial en la producción y mantenimiento del embarazo, ya que permiten:

  • La maduración del óvulo.
  • La producción y maduración de los espermatozoides.
  • La creación de condiciones apropiadas en el útero para permitir la movilidad adecuada de los espermatozoides depositados en el fondo de la vagina.
  • La ovulación y el tránsito del óvulo por las tubas uterinas.
  • Llegada de los espermatozoides a las tubas uterinas.
  • La fecundación en las tubas uterinas.
  • Desplazamiento del óvulo fecundado a través de las tubas uterinas.
  • Condiciones adecuadas del endometrio para la implantación del óvulo fecundado.
  • La producción de progesterona para mantenimiento del embarazo.

El ciclo menstrual es un proceso cíclico coordinado por hormonas producidas en el cerebro, que se repite mensualmente. Su objetivo principal es madurar un óvulo y preparar el cuerpo para un posible embarazo. El ciclo consta de varias fases, siendo la ovulación el momento en que, si hay espermatozoides presentes, es más probable que ocurra la concepción.

  • La ovulación ocurre generalmente 14 días antes de la siguiente menstruación.
  • El óvulo permanece viable unas 24 horas, por lo que el día más fértil es aproximadamente a la mitad del ciclo menstrual, entre una menstruación y la siguiente.
  • Se consideran días fértiles los tres días antes y después de la ovulación, debido a posibles variaciones en el momento exacto y a la duración de vida de los espermatozoides.
  • Las mujeres deben conocer sus ciclos para identificar los días de ovulación, conocidos como días fértiles.
  • Para calcular la ovulación en ciclos regulares, se resta 14 días a la fecha esperada de la siguiente menstruación.
  • En ciclos irregulares, determinar los días fértiles es más complicado.
  • Incluso en los llamados “días infértiles”, existe una baja probabilidad de fecundación.

Si el óvulo no es fecundado, el endometrio se desprende, dando lugar a la menstruación, y comienza un nuevo ciclo. El ciclo suele durar entre 21 y 35 días, con un promedio de 28 días, contando el primer día de sangrado como el día uno. La menstruación es la descarga fisiológica de sangre, moco y restos celulares desde la mucosa uterina. Se presenta desde la pubertad hasta la menopausia, salvo durante el embarazo, cuando el material que se habría desprendido forma la placenta y las membranas. El sangrado dura de tres a siete días, y la mayoría de las mujeres experimenta 13 ciclos al año. Factores como la genética, la nutrición, la iluminación y la salud general influyen en la duración y regularidad del ciclo. La menstruación puede causar ligeras molestias, pero no debería ser dolorosa. Si experimentas dolor intenso, sangrado anormalmente breve o prolongado, o tienes dudas, consulta a un/a profesional de la salud.

La fecundación ocurre cuando un espermatozoide se une con un óvulo, aunque no siempre resulta en un embarazo. En la tuba uterina, cilios (estructuras microscópicas similares a vellos) impulsan el óvulo hacia el útero. La fecundación suele suceder en el tercio externo de la trompa si hay espermatozoides presentes. Durante la eyaculación, se liberan más de 400 millones de espermatozoides, pero solo unos pocos miles llegan a las trompas en 60 a 90 minutos, y aproximadamente 200 se acercan al óvulo. Los espermatozoides secretan enzimas que disuelven la capa protectora del óvulo (zona pelúcida), permitiendo la entrada de uno. El óvulo no es pasivo; extiende microvellosidades que envuelven al espermatozoide, guiando la fusión de sus núcleos y combinando el material genético de ambos progenitores.

La fecundación inicia la fase embrionaria, formando un cigoto, una célula con 46 cromosomas que contiene la información genética de los padres. A las 30 horas, el cigoto se divide, creando un grupo de células llamado mórula (similar a una mora), que desciende por la tuba uterina durante tres o cuatro días hasta llegar al útero. La acumulación de líquido en la mórula la transforma en un blastocisto, que pierde su zona pelúcida y se adhiere al endometrio, generalmente en la parte superior de la pared posterior del útero. Este proceso, conocido como implantación, se completa entre los días nueve y diez tras la fecundación, marcando el inicio del embarazo, cuando el embrión comienza a intercambiar nutrientes con la madre mediante señales hormonales. La implantación no produce síntomas perceptibles para la mujer.

La hormona gonadotropina coriónica humana (hCG) se produce para sostener la implantación y puede detectarse en pruebas de orina o sangre para confirmar el embarazo. La anticoncepción de emergencia (o “pastilla del día siguiente”) actúa evitando la implantación, previniendo así el embarazo. (Este tema se tratará con más detalle en otro módulo.)

Determinación del sexo del feto

Cada óvulo y espermatozoide porta una carga genética única, que define las características individuales de la persona. Las células reproductivas contienen 23 cromosomas, que al unirse forman un conjunto completo de 46 cromosomas (23 pares) con rasgos de ambos progenitores. El óvulo siempre lleva un cromosoma X, mientras que el espermatozoide puede llevar un X o un Y. Los espermatozoides X son más grandes, lentos y resistentes, sobreviviendo más tiempo en condiciones adversas. Los espermatozoides Y son más rápidos, pero menos duraderos, requiriendo condiciones óptimas para alcanzar el óvulo.

Si un espermatozoide X fecunda el óvulo, el resultado es un cigoto XX, que dará lugar a un feto femenino. Si un espermatozoide Y lo fecunda, el cigoto será XY, resultando en un feto masculino.

Dificultades para concebir

No todas las personas son fértiles, y los problemas para concebir pueden deberse a esterilidad (incapacidad para lograr la fecundación) o infertilidad (dificultad para mantener un embarazo o lograr la implantación). Para quienes enfrentan esterilidad, la adopción legal es una opción valiosa. La infertilidad puede tener múltiples causas, y consultar a un especialista en fertilidad puede identificar el problema específico y recomendar tratamientos. En casos de “infertilidad idiopática” (sin causa conocida), la incertidumbre puede ser desafiante, pero existen alternativas de tratamiento.

Causas de infertilidad en mujeres

Entre las causas comunes están:
  • Ausencia de ovulación (los ovarios no liberan óvulos).
  • Óvulos de baja calidad.
  • Infecciones no tratadas, como clamidia o gonorrea.
  • Tubas uterinas obstruidas, impidiendo el encuentro del espermatozoide con el óvulo.
  • Anomalías uterinas que dificultan la implantación.
  • Problemas endometriales, como endometriosis.
  • Fibromas uterinos.

Causas de infertilidad en hombres

Entre las causas comunes están:
  • Bajo conteo de espermatozoides (insuficiente cantidad en el semen).
  • Poca motilidad de los espermatozoides (incapacidad para nadar hacia el óvulo).
  • Espermatozoides con formas anómalas.
  • Ausencia de espermatozoides en el semen.
  • Semen demasiado espeso, dificultando el movimiento de los espermatozoides.
  • Infecciones no tratadas, como clamidia o gonorrea.

Desequilibrios hormonales que afectan la producción de esperma, obstrucciones en los conductos del pene o los testículos, o problemas como la eyaculación retrógrada (el semen va hacia la vejiga en lugar de salir) también pueden causar infertilidad masculina.

Para quienes enfrentan infertilidad—ya sea por dificultades en la implantación, embarazos ectópicos (fuera del útero) o espermatozoides insuficientes o inadecuados—existen opciones como tratamientos de fertilidad, además de la adopción.

Tipos de tratamientos de fertilidad

La tecnología médica ofrece soluciones para diversos problemas de fertilidad, adaptadas a las circunstancias individuales y la causa subyacente. El tratamiento puede involucrar a uno o ambos miembros de la pareja, utilizando medicamentos para estimular la ovulación o la producción de esperma, a veces combinados con procedimientos quirúrgicos menores. La tecnología de reproducción asistida (TRA) incluye métodos para facilitar la fecundación y la implantación. Dos tratamientos comunes son:

  • Inseminación intrauterina (IIU): Se recolecta esperma sano y se introduce directamente en el útero durante la ovulación.
  • Fecundación in vitro (FIV): Se extraen óvulos de los ovarios, se fecundan con esperma en un laboratorio y los embriones resultantes se transfieren al útero

Embarazo y parto saludable: las transformaciones en el cuerpo de la mujer y las etapas de desarrollo fetal

El embarazo, con una duración promedio de 40 semanas o 280 días, abarca el proceso de formación de un nuevo ser humano dentro del cuerpo de la madre. Este período se inicia con la implantación y se desarrolla a través de varias etapas fundamentales.

La implantación (o nidación) ocurre cuando la mórula, que ha evolucionado en una estructura conocida como blastocisto, llega al útero y se adhiere al endometrio, marcando el comienzo del embarazo. Este proceso incluye tres elementos clave:

  • El embrión: La parte que se desarrolla para convertirse en un nuevo organismo, el cual, al nacer, será una persona.
  • El amnios: Una membrana que forma una cavidad protectora alrededor del embrión, llenándose de líquido amniótico que lo resguarda.
  • La placenta: Una estructura que facilita el intercambio de sustancias entre la madre y el embrión a través del cordón umbilical. La madre proporciona nutrientes y oxígeno (en forma de moléculas, no como alimentos o aire), mientras que el embrión elimina dióxido de carbono y desechos metabólicos.

El proceso de gestación es un fenómeno asombroso que despierta admiración y emoción en personas de todas las edades, culturas y ocupaciones. La reproducción humana, con su complejidad y precisión, parece casi mágica, pero es una realidad que todos hemos experimentado, al igual que nuestras madres. Si tienes dudas, ¡investiga y compruébalo!

Primer trimestre: Las células se dividen rápidamente, formando tejidos y órganos. En la semana cuatro, un corazón primitivo comienza a latir, y la cabeza es visible; el embrión pesa cerca de un gramo y está conectado a la placenta. Para la semana ocho, se distinguen extremidades y ojos, y se le llama feto, con un peso de unos tres gramos.
Segundo trimestre: El feto crece hasta unos 600 gramos, mueve brazos y piernas, y está cubierto por un vello fino (lanugo). Es posible identificar el sexo. Al final del sexto mes, mide 30 centímetros y pesa cerca de un kilogramo. El abdomen y los pechos de la madre se agrandan significativamente.
Tercer trimestre: Los órganos maduran, y el feto responde a estímulos externos. El desarrollo pulmonar es crucial para la respiración tras el nacimiento. En la semana 37, el feto está completamente formado, pesa alrededor de 2.5 kilogramos, se posiciona cabeza abajo en la pelvis y presiona los órganos abdominales de la madre. Cambios hormonales—como el aumento de prolactina, oxitocina y adrenalina, y la caída de progesterona—junto con la ruptura de membranas y la gravedad, desencadenan el parto.

El parto es un proceso reproductivo que debe garantizarse con dignidad y humanización. Involucra a dos protagonistas esenciales: el recién nacido, quien adquiere personalidad jurídica al nacer, y la madre, que le proporciona nutrición y conexión familiar. El personal de salud (parteras, enfermeras, médicos) desempeña un rol de apoyo, priorizando la salud y la dignidad de ambos. La violencia no tiene cabida en los procesos reproductivos.

La experiencia de la madre y el cuidado del embarazo

El embarazo conlleva cambios físicos y emocionales, como náuseas, cambios de humor, mayor sensibilidad olfativa y gustativa, y efectos hormonales que pueden causar inflamación de encías, crecimiento acelerado de pelo y uñas, o ansiedad. El apoyo de la pareja, la familia y la comunidad crea un entorno saludable para la gestación.

Un retraso o ausencia de la menstruación puede indicar embarazo, especialmente si hubo relaciones sexuales sin protección (incluso si fueron incompletas o con eyaculación externa) o si falló el método anticonceptivo. La detección temprana permite tomar decisiones informadas. Las pruebas de embarazo identifican la hormona gonadotropina coriónica humana (hCG), producida tras la implantación. Estas pruebas, disponibles en farmacias, son 99% precisas si se usan correctamente, siguiendo las instrucciones y verificando la fecha de vencimiento. Un resultado positivo confirma el embarazo; uno negativo sugiere que no hay embarazo, aunque puede requerirse repetir la prueba si hubo errores.

Recibir la noticia del embarazo puede generar diversas emociones, dependiendo de si fue planeado o deseado. Factores como la edad, la estabilidad emocional, educativa, económica y laboral influyen en la reacción. Si el embarazo es inesperado y no deseado, existen opciones que se abordarán en otro módulo. Aquí asumimos un embarazo planeado y deseado.

Es normal sentir temores sobre el parto, la salud del feto o la capacidad de ser madre. Actividades como yoga prenatal, consultas con parteras, grupos de apoyo y controles médicos ayudan a desmitificar temores y a equilibrarlos con la alegría de esperar un hijo/a. Algunos cambios durante el embarazo incluyen (Unicef, s.f.):

Mayor transpiración: El aumento de la temperatura corporal requiere ropa ligera.

Estreñimiento: La progesterona ralentiza la digestión, por lo que se recomiendan frutas, verduras y cereales integrales, evitando alimentos muy condimentados.

Malestar general: Cansancio, náuseas y vómitos son frecuentes.

Acidez: Las hormonas y la presión abdominal activan los jugos gástricos; comer pequeñas porciones varias veces al día alivia los síntomas.

Micción frecuente: El útero en expansión presiona la vejiga.

Línea nigra: Una línea vertical oscura en el abdomen, visible desde la semana 20, causada por la melanina estimulada por progesterona.

Cambios en los pechos: Mayor sensibilidad, aumento de tamaño, posible secreción de leche al final del embarazo, y oscurecimiento de pezones y areolas por melanina.

Aunque el embarazo ocurre en el cuerpo de la mujer, es una responsabilidad compartida. Las parejas, familias y comunidades deben garantizar un entorno favorable. Las mujeres embarazadas pueden enfrentar violencias de género, como abuso doméstico (psicológico, físico, sexual, económico), violencia obstétrica en servicios de salud o discriminación laboral por embarazo. Estas violencias deben prevenirse, reconocerse, atenderse y denunciarse para su erradicación.

El rol del padre

Los padres son fundamentales durante el embarazo, el parto y la crianza. Su involucramiento activo fortalece los lazos emocionales y apoya el bienestar de la madre y el hijo/a. Las masculinidades no violentas y colaborativas promueven familias y comunidades más saludables. El rol paterno va más allá de proveer recursos; implica participar activamente en el cuidado y el apoyo emocional, creciendo como persona junto a la madre y el hijo/a.

La reproducción y la crianza requieren corresponsabilidad. La participación de todos los involucrados mejora las perspectivas de salud y bienestar. Un contexto humanizado y equitativo es ideal para el desarrollo sostenible del niño/a y la familia.

Reflexión sobre las decisiones reproductivas

La sexualidad, los sentimientos eróticos y afectivos están presentes a lo largo de la vida, pero la capacidad reproductiva es una etapa temporal. Para disfrutar plenamente de la sexualidad—y de la maternidad o paternidad, si es parte de tu proyecto de vida—es crucial tomar decisiones informadas. Las decisiones reproductivas son esenciales para el ejercicio autónomo de la sexualidad y tienen un impacto significativo en el presente y el futuro. Deben tomarse con libertad, información precisa y en un entorno de apoyo legal y sanitario.

Muchas parejas optan por posponer o evitar el embarazo, utilizando métodos anticonceptivos para planificar el momento, la cantidad y el espaciamiento de sus hijos/as. Cuando se desea un embarazo, buscar condiciones óptimas maximiza los resultados positivos.

Actividad
«Empatando mis derechos y mis deseos»

Tómate unos minutos para reflexionar sobre tus sentimientos y creencias sobre la posibilidad de tener hijos en el futuro. Considera aspectos como tus deseos, expectativas sociales y familiares, y cómo te sientes respecto a la reproducción. Procura pensar en lo siguiente:

Tus ideas sobre la reproducción.¿Qué significa para ti la posibilidad de ser padre o madre? ¿Cómo te sientes al respecto?

Tus derechos y deseos.Ahora que sabes que tienes el derecho de decidir si deseas tener hijos, cuántos, cuándo y con quién, reflexiona sobre cómo esto se alinea o empata con tus valores y aspiraciones personales.

Expectativas familiares y sociales.¿Cómo podrían influir en tu decisión? ¿Te sientes presionado o presionada por estas expectativas? ¿Cómo podrías manejarlas?

Compromisos contigo.Considera tus objetivos personales y cómo te gustaría que se viera tu vida en el futuro, independientemente de si decides tener hijos o no. 

Esta actividad te permitirá explorar y afirmar tus derechos sobre la reproducción en un espacio seguro. Al reflexionar sobre tus deseos y expectativas, estarás fortaleciendo tu capacidad para tomar decisiones conscientes y responsables sobre tu futuro, en línea con tus propios deseos y necesidades.