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7.3 Toma de decisiones, mitos y realidades sobre la conducta sexual

Tomar decisiones es una constante en tu día a día. Por ejemplo, cada mañana eliges la ropa que usarás entre las opciones disponibles; a veces, esta elección puede ser muy rápida y casi automática. Sin embargo, también puede requerir más tiempo cuando deseas lucir o sentirte de una manera especial, como en una ocasión significativa o en una primera cita con alguien que te atrae. Las decisiones que impactan profundamente tu vida, como elegir qué estudiar en el siguiente nivel académico o decidir si deseas iniciar una relación de pareja, son mucho más relevantes y demandan reflexión y cuidado.

La toma de decisiones consciente se basa en tus pensamientos, emociones y valores. Requiere contar con información suficiente sobre el tema en cuestión, identificar las alternativas viables, imaginar las posibles consecuencias para ti y para otras personas, y reflexionar sobre cómo te sentirías al optar por una u otra opción (UACM, 2012).

En el ámbito de tu sexualidad, enfrentarás decisiones como: si deseas o no tener un noviazgo; si quieres formar una pareja, qué tipo de relación buscas y con quién; a qué edad iniciar tu vida sexual; si deseas tener hijos y cuándo; qué métodos utilizarás para prevenir un embarazo o infecciones de transmisión sexual (ITS); y cómo garantizar que tus relaciones afectivas estén libres de violencia, entre otras.

Algunas decisiones buscan minimizar los riesgos asociados a la vida sexual. Durante la adolescencia, los riesgos más comunes incluyen un embarazo no planificado o no deseado y la adquisición de ITS. Cada persona elige según sus circunstancias, y estas elecciones pueden evolucionar con el tiempo.

La forma más segura de evitar embarazos e ITS es abstenerse de tener relaciones sexuales o posponerlas hasta que te sientas plenamente preparado o preparada. Si decides iniciar tu vida sexual, puedes optar por prácticas sexuales sin penetración, que pueden ser placenteras y se explorarán en detalle en otros módulos. En caso de elegir prácticas con penetración, el uso de métodos anticonceptivos, como el condón, reduce significativamente el riesgo de embarazos e ITS.

Para tomar estas decisiones, es fundamental considerar tus valores, intereses, emociones, tu proyecto de vida, la información con la que cuentas, si la elección es propia o está influenciada por presiones externas, tu entorno y la red de apoyo disponible. Procura que tus decisiones promuevan tu bienestar y no causen daño ni a ti ni a otras personas.

Las decisiones sobre tu sexualidad son profundamente personales; solo tú puedes decidir si deseas o no iniciar tu vida sexual. No importa si tus amistades ya tienen experiencias o si tu pareja expresa su deseo de tener relaciones sexuales: es tu cuerpo y tu decisión. Recuerda que, incluso si has accedido a alguna práctica sexual, tienes el derecho de cambiar de opinión si sientes incomodidad o malestar. Escuchar tus emociones y actuar en consecuencia es una forma de autocuidado y una expresión del amor propio.

A medida que te conoces mejor, adquieres más información y practicas la toma de decisiones conscientes, te resultará más fácil evaluar y decidir de manera informada, libre, placentera y responsable.

Para apoyarte en este proceso, exploraremos algunas falsas creencias sobre la conducta sexual que pueden influir en tus decisiones.

Falsas creencias y realidades: la influencia del contexto en tu vida sexual

Como seres humanos, vivimos en sociedad, y de los entornos en los que nos desenvolvemos absorbemos costumbres, valores y creencias. Así, aprendemos ideas sobre cómo expresar el cariño, los roles de género, las percepciones sobre los cuerpos, lo que se considera apropiado a cierta edad y muchos otros aspectos relacionados con la sexualidad. Estas ideas moldean nuestro comportamiento y nuestras decisiones. Algunas de ellas pueden ser ciertas, pero muchas otras pueden ser falsas creencias o mitos a propósito de aspectos de la sexualidad.

Las falsas creencias sobre la sexualidad son generalizaciones erróneas, carentes de fundamento, que impactan la vida de las personas. Se transmiten a través de las familias y la sociedad, de generación en generación, alimentadas por la desinformación, los prejuicios y los estereotipos. Estas creencias se refuerzan con el tiempo hasta que las cuestionamos con un análisis crítico y basado en evidencia científica. Por su naturaleza, son modificables y evolucionan según el contexto y los aprendizajes de las personas. A continuación, algunos ejemplos:

  • El amor verdadero implica sufrimiento.
  • Los celos son una prueba de amor.
  • Si alguien te agrede físicamente, es porque te ama.
  • Un matrimonio solo termina con la muerte.
  • El propósito principal de las relaciones sexuales es la reproducción.
  • Los hombres son impulsados solo por el deseo erótico, no pueden controlarse y no saben amar.
  • Las mujeres están destinadas a amar, ser madres y no priorizan el placer sexual.

Reflexiona: ¿Conocías estas ideas o has escuchado otras similares? ¿Han influido en tu vida de alguna manera? ¿Dónde podrías encontrar información confiable para cuestionarlas?

La actividad sexual transaccional

La actividad sexual transaccional es cuando alguien recibe algo a cambio de tener relaciones sexuales, como dinero, comida, ropa, un lugar donde quedarse o incluso favores. Esto no es algo nuevo; ha existido desde hace muchísimo tiempo en diferentes culturas y lugares. Sin embargo, hablar de esto suele ser incómodo, y las personas que lo hacen a menudo son juzgadas, criticadas o incluso castigadas. Muchas veces, nadie se preocupa por entender sus historias o necesidades. Lo más importante que debes saber es que cualquier actividad sexual, incluida esta, debe ser algo que la persona elija libremente, sin que nadie la presione, la obligue o la engañe.

Todas las personas tenemos el derecho de vivir nuestra sexualidad como queramos, siempre y cuando respetemos a las demás personas y nadie salga lastimado. Esto incluye decidir qué tipo de experiencias sexuales o afectivas queremos tener, con quién y en qué momento. Por ejemplo, imagina que quieres explorar tu identidad de género o salir con alguien que te gusta. Eso es totalmente válido, siempre que sea tu decisión, que te sientas cómodo o cómoda y que no haya nadie forzándote. Pero este derecho también significa que nadie puede obligarte a hacer algo que no quieres, como tener relaciones sexuales a cambio de algo, sin importar si te ofrecen dinero, regalos o cualquier otra cosa.

Desafortunadamente, no siempre se respeta este derecho. Hay situaciones en las que las personas son manipuladas o forzadas a tener relaciones sexuales a cambio de algo. Esto puede pasar de muchas formas. Por ejemplo, imagina a una chica que vive en una situación complicada en casa y alguien le ofrece pagarle la renta o comprarle comida si acepta tener relaciones sexuales. Aunque ella no quiere, siente que no tiene otra opción porque necesita sobrevivir. O piensa en un chico al que alguien con más poder, como un jefe o un adulto, le promete un trabajo o un celular nuevo, pero solo si hace algo sexual que no desea. Estas situaciones no son decisiones libres; son abusos. Usar amenazas, mentiras, chantajes o aprovecharse de que alguien está en una situación vulnerable es un delito y una violación de sus derechos (Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 2012).

Cuando alguien no puede decir “no” libremente o no tiene el poder de decidir con quién, cómo o cuándo tener relaciones sexuales, está en una posición de desventaja. Esto puede afectar su salud física (por ejemplo, si no usa protección y se expone a infecciones), su salud sexual (como no poder disfrutar de su sexualidad) y su salud mental (sintiendo tristeza, miedo o culpa). Por ejemplo, una persona que se siente obligada a hacer esto podría tener miedo de decir “no” porque depende del dinero o teme que la lastimen.

Cuando las relaciones sexuales no son una elección libre, los riesgos aumentan. Por ejemplo, si alguien tiene varias parejas sexuales y no usa condón u otros métodos de protección, hay más posibilidades de contraer infecciones de transmisión sexual (ITS). Si las relaciones incluyen penetración pene-vagina sin protección, también puede haber un embarazo no planeado. Además, estas situaciones suelen venir acompañadas de violencia, ya sea física (como golpes), emocional (como insultos o humillaciones) o incluso sexual (como obligar a alguien a hacer algo que no quiere).

Ahora bien, es importante entender que, en personas mayores de edad, no toda la actividad sexual transaccional es forzada. Hay personas adultas que deciden libremente dedicarse al trabajo sexual como una forma de ganarse la vida, igual que alguien elige ser mesero, estudiante o diseñador (RedTraSex, 2014). Por ejemplo, una mujer adulta podría decidir que el trabajo sexual es una buena opción para ella porque le da flexibilidad para pagar sus estudios o mantener a su familia. En estos casos, la clave es que la decisión sea libre, que la persona tenga otras opciones y no esté siendo presionada por nadie. Cabe destacar que, en menores de edad, toda actividad sexual transaccional es ilegal, incluso si pudiera llegar a parecer “consensuada”.

Tu cuerpo y tus decisiones son tuyos. Nadie tiene derecho a obligarte, presionarte o engañarte para que hagas algo que no quieres. Si alguna vez sientes que estás en una situación donde te ofrecen algo a cambio de relaciones sexuales, pregúntate: ¿Realmente quiero esto? ¿Me siento seguro o segura? ¿Tengo otras opciones? Si sientes presión o miedo, busca ayuda. Habla con un adulto de confianza, como un profesor, un familiar o un consejero, o acércate a organizaciones que apoyan a jóvenes en situaciones difíciles.

Para mantenerte con protección y en seguridad, busca información confiable sobre tus derechos, salud sexual y cómo cuidarte. Por ejemplo, usar condones correctamente reduce el riesgo de ITS y embarazos no planeados. También recuerda que tienes derecho a decir “no” en cualquier momento, incluso si ya dijiste “sí” antes. Escuchar lo que sientes y actuar en consecuencia es una forma de cuidarte y quererte.

Actividad
«Mi brújula personal para tomar decisiones»

Instrucciones:

1. Dibuja tu brújula personal:
En una hoja de papel, dibuja un círculo grande que represente una brújula. Divide el círculo en cuatro partes iguales.

2. Identifica cuatro decisiones importantes:
En cada sección de la brújula, escribe una decisión importante que creas que enfrentarás en tu adolescencia sobre relaciones afectivas o sexualidad. Por ejemplo:

  • Iniciar o no una relación de noviazgo
  • Decidir cuándo iniciar tu vida sexual
  • Elegir qué métodos anticonceptivos usar
  • Reconocer y evitar relaciones de pareja violentas

3. Reflexiona sobre cada decisión:
Debajo de cada decisión, responde estas preguntas:

  • ¿Qué información necesito para tomar esta decisión?
  • ¿Cuáles son mis valores personales relacionados con esta decisión?
  • ¿Qué emociones despierta en mí esta decisión?
  • ¿Qué consecuencias tendría esta decisión para mí y para otras personas?

4. Mi red de apoyo:
En la parte trasera de la hoja, haz una lista de al menos tres personas o fuentes confiables (familia, amistades, profesores, profesionales de la salud, instituciones) a quienes acudirías para buscar orientación o apoyo si tienes dudas al tomar estas decisiones.

5. Conclusión personal:
Al final, escribe una breve reflexión sobre la importancia de tomar decisiones de manera consciente y cómo esta actividad puede ayudarte a sentirte más seguro o segura al enfrentar decisiones futuras.

Guarda esta hoja como referencia personal y revísala periódicamente. Recuerda que es natural cambiar de opinión o actualizar tus ideas conforme adquieres nuevas experiencias o información.

Esta actividad busca promover una toma de decisiones consciente, responsable y alineada con los valores y el bienestar personal de cada adolescente.