Si tu objetivo es obtener el certificado, te recomendamos registrarte o ingresar al comenzar. De lo contrario, el sistema no podrá registrar tu avance, y si te registras al final, tendrás que revisar nuevamente todos los temas y volver a realizar las evaluaciones, incluso si ya los completaste sin registrarte.

7.2 Placer y respuesta sexual

Durante la pubertad y la adolescencia, pueda empezar a sentir una atracción erótica más fuerte hacia otras personas. Esto viene acompañado de un deseo de estar cerca de alguien, no solo físicamente, sino también emocionalmente. El deseo sexual puede aparecer por cosas tan simples como una mirada que te hace suspirar, el aroma del perfume de alguien que te gusta, una caricia que te pone nervioso o nerviosa, o incluso una fantasía que pasa por tu cabeza. Ese deseo puede traducirse en ganas de mirar a esa persona, tocarla, besarla o, en algunos casos, querer mantener relaciones sexuales.

Pero aquí va algo súper importante: sentir deseo no significa que tengas que actuar. Puedes elegir no hacer nada al respecto por muchas razones: tal vez sientes que aún no es el momento, tienes miedo o inseguridad, quieres evitar riesgos como un embarazo o infecciones, o simplemente la otra persona no está interesada. Por ejemplo, quizás te gusta mucho una persona, pero decides esperar porque quieres conocerla mejor o porque no te sientes listo o lista para algo más íntimo. Esa decisión es totalmente válida y muestra que estás tomando el control de lo que quieres.

Además, es importante tener en cuenta que el consentimiento es la base de cualquier interacción sexual o afectiva. Esto significa que ambas personas deben estar de acuerdo, sin presiones ni engaños. Si no hay consentimiento, es decir, un acuero explícito con la otra persona, cualquier contacto sexual es es una forma de violencia sexual. Por ejemplo, si alguien te presiona para besarlo o tocarlo diciendo cosas como “si no lo haces, no me quieres”, eso no es consentimiento, sino una forma de coerción. Nadie tiene derecho a hacerte sentir obligado u obligada.

Cuando hay consentimiento mutuo y confianza, el contacto físico puede empezar con gestos pequeños, como tomarse de la mano o darse un abrazo, y poco a poco avanzar hacia algo más íntimo, como besos o caricias. Estos momentos pueden ser muy placenteros cuando ambas personas se sienten cómoaos. Por ejemplo, imagina que estás saliendo con alguien que te gusta mucho. Al principio, tal vez solo se dan abrazos rápidos, pero con el tiempo, si quieren, podrían compartir besos más largos o caricias que los hagan sentir más conectados.

La comunicación es clave para que estas experiencias sean positivas. Hablar abiertamente sobre lo que te gusta, lo que no, y cuáles son tus límites ayuda a que las personas involucradas se sientan en confianza. También es importante acordar el momento y el lugar. Quizás prefieren estar en un parque tranquilo en lugar de un lugar muy concurrido. Con la práctica, aprenderás a expresar tu afecto y deseo de una manera que sea respetuosa y agradable.

No todos los contactos físicos son iguales. Un contacto es agradable o adecuado cuando has dado tu consentimiento, te hace sentir bien y respeta tus límites. Por ejemplo, un abrazo cálido de tu mejor amigo o amiga cuando estás triste puede hacerte sentir apoyado o apoyada. En cambio, un contacto es inadecuado si no lo quieres, te hace sentir incómodo o incómoda, invade tu espacio personal, te lastima o te deja con una sensación desagradable. Por ejemplo, si alguien en la escuela te toca sin tu permiso o hace comentarios sexuales que te incomodan. También es inadecuado cuando hay coerción o una diferencia de poder, como cuando un adulto presiona a un adolescente o cuando alguien con alguna discapacidad no puede expresar claramente su consentimiento. No poder decir “no” no significa que estás de acuerdo. Las burlas, los comentarios sexuales no deseados, el acoso, la agresión o la violencia sexual son también ejemplos de contactos inadecuados (McGrath, 2014).

Tu cuerpo te pertenece, y solo debe ser tocado con tu consentimiento. Además, tienes todo el derecho de cambiar de opinión en cualquier momento. Por ejemplo, si empezaste a salir con alguien y al principio te parecía bien darle besos, pero luego sientes que no quieres seguir haciéndolo, puedes decirlo y poner un límite. Las caricias y el contacto físico son una forma de expresar afecto, pero cómo y con quién las compartes depende de ti, de tu edad y del tipo de relación que tengas.

Si alguna vez experimentas un contacto inadecuado, lo primero es poner un límite. Puedes decir algo como: “No me gusta que me toques así, por favor para”. Si la situación no mejora o te sientes inseguro o insegura, busca ayuda. Habla con alguien en quien confíes, como tus papás, un maestro o maestra, un consejero escolar o incluso personal médico. Ellos pueden ayudarte a detener la situación y protegerte. Recuerda: tú no eres responsable de las acciones inadecuadas de otras personas. Si alguien te hace sentir mal, no es tu culpa. Buscar apoyo es una forma de cuidarte y asegurarte de que estás en un entorno seguro.

En resumen, la adolescencia es un momento para descubrir tus deseos y aprender a expresarlos de manera respetuosa. El consentimiento, la comunicación y el respeto son la base para que tus experiencias sean positivas y seguras. ¡Tómate tu tiempo, conoce tus límites y disfruta de construir relaciones que te hagan sentir bien!

¿Cómo responde tu cuerpo ante los estímulos eróticos?

Los cuerpos de las mujeres y de los hombres presentan un comportamiento típico que ha sido estudiado por investiadores con personas de todo el mundo. La respuesta sexual es un proceso complejo con componentes físicos, emocionales y psicológicos, estudiado globalmente (Kaplan, 2015; Komisaruk, 2011). Aunque varía entre hombres y mujeres, incluye las siguientes fases:

1. Deseo: son las ganas que tiene una persona de tener de actividad sexual, desencadenadas por estímulos sexuales efectivos, los cuales pueden ser externos (vista, tacto) o internos (fantasías, sueños). Combina factores biológicos y emocionales.

2. Excitación: se manifiesta a través de cambios físicos, como aceleración del pulso, enrojecimiento, erección del pene o del clítoris, lubricación vaginal y endurecimiento de los pezones.

3. Meseta: los cambios de la fase anterior alcanzan un máximo y se mantienen durante un tiempo para luego dar paso otros; el clítoris se retrae en mujeres, y en hombres aparece el líquido preseminal, que puede contener espermatozoides.

4. Orgasmo: tiene un componente físico en el que hay una serie de contracciones musculares involuntarias y un componente emocional donde se tienen sensaciones muy placenteras. En esta fase puede ocurrir la eyaculación, pero no es sinónimo de orgasmo.

5. Resolución: durante esta fase cuerpo se relaja y regresa a su estado inicial.

6. Periodo refractario: es el tiempo necesario para una nueva respuesta sexual, llega a ser más prolongado en hombres, además de que varía con la edad y por factores individuales.

estímulos eróticos

Dado que el estímulo sexual abarca dimensiones físicas y psicológicas, las personas responden de manera diversa según el momento y sus circunstancias. Las emociones, pensamientos y experiencias pueden facilitar o dificultar la respuesta sexual. Esta respuesta estará presente a lo largo de la vida, aunque experimenta ciertos cambios con el tiempo.

Cuando existe atracción física y emocional, ternura, cariño y confianza entre dos personas, es más probable que surja el deseo y una disposición para disfrutar de un encuentro erótico afectivo. Por el contrario, en ciertas condiciones, una persona puede no sentir interés ni deseo de participar en un encuentro sexual; puede experimentar deseo sin llegar a excitarse, o bien, excitarse sin alcanzar el orgasmo.

La respuesta sexual puede alterarse cuando la persona está nerviosa, preocupada, insegura, bajo presión, con sentimientos de culpa o miedo; cuando padece una enfermedad, consume ciertos medicamentos o sustancias psicoactivas; o cuando enfrenta problemas de pareja, como dificultades de comunicación, incumplimiento de acuerdos o discusiones frecuentes. Asimismo, las falsas creencias y prejuicios sobre el género y la sexualidad, adquiridos culturalmente, pueden limitar el disfrute de una práctica sexual. En otros casos, simplemente puede no haber deseo de actividad sexual.

En ciertas ocasiones, se puede manifestar una respuesta sexual física incluso sin deseo, de forma incontrolable. Por ejemplo, durante la adolescencia, estímulos como el roce de la ropa pueden desencadenar respuestas físicas; o en situaciones traumáticas, como abuso sexual o violación, pueden presentarse reacciones corporales como erecciones o lubricación. Estas respuestas son reacciones normales e involuntarias del cuerpo y no indican que la persona desee mantener relaciones sexuales ni que otorgue su consentimiento en casos de abuso ni que sea sinónimo de una experiencia placentera. Es fundamental comprender que estas reacciones son propias del cuerpo ante ciertos estímulos, por lo que no deben generar vergüenza ni culpa.

Cuando las alteraciones en la respuesta sexual se presentan de manera recurrente y tienen un impacto significativo en la vida de una persona o en su relación de pareja, buscar ayuda especializada puede marcar una gran diferencia. Estas alteraciones pueden incluir dificultades como la falta de deseo sexual, problemas para excitarse, no alcanzar el orgasmo, dolor durante las relaciones sexuales o cualquier otra situación que genere malestar o insatisfacción. Acudir a un profesional, como un sexólogo, terapeuta de pareja, psicólogo o médico especializado, no solo ayuda a identificar las causas de estas dificultades, sino que también ofrece herramientas para vivir una sexualidad más plena, satisfactoria y alineada con tus necesidades y deseos.

¿Cuáles son las dificultades que pueden presentarse en la respuesta sexual humana?

Falta de deseo sexual: Una persona podría no sentir interés en actividades sexuales, incluso con alguien que le atrae.

Dificultad para excitarse: Alguien podría querer tener relaciones sexuales, pero su cuerpo no responde como espera, como no lograr una erección o lubricación.

Dolor durante el sexo: Condiciones como el vaginismo (contracción involuntaria de los músculos vaginales) o la dispareunia (dolor durante la penetración) pueden hacer que las relaciones sexuales sean incómodas o dolorosas.

Ausencia de orgasmo: Algunas personas pueden excitarse, pero no llegar al orgasmo, lo que puede generar insatisfacción o inseguridad.

Estas dificultades pueden ser temporales o persistentes y pueden deberse a múltiples factores. Las causas pueden ser físicas (como desequilibrios hormonales o efectos secundarios de medicamentos), psicológicas (estrés, ansiedad, depresión) o relacionales (conflictos de pareja, falta de comunicación). Por ejemplo, una persona que atraviesa un período de mucho estrés por exámenes escolares podría notar una disminución en su deseo sexual, o una pareja que discute frecuentemente podría encontrar que su vida sexual se ve afectada. En caso de presentarse con recurrencia alguna o varias de estas dificultades, acudir a un profesional especializado es un paso valiente hacia una sexualidad más saludable.

Recuerda que la respuesta sexual forma parte de nuestra naturaleza humana. Eres tú quien, guiado o guiada por tus valores y apoyándote en información actualizada y bien fundamentada, debe determinar qué es lo más adecuado para ti en esta etapa de tu vida. Solo tú conoces tus deseos y las prácticas sexuales que consideras apropiadas para ti. Es esencial que reconozcas tus emociones y evites involucrarte en acciones que te puedan llegar a generar malestar o para las que aún no te sientas preparado o preparada.

Actividad
«Mi mapa personal del placer»

Esta actividad es solo para ti, y no tienes la obligación de compartirla con nadie a menos que tú lo decidas.

1. Divide una hoja en dos columnas, una titulada «placer no erótico» y la otra «placer erótico».

2. Placer no erótico
En la primera columna, anota al menos cinco actividades cotidianas que disfrutas mucho y que te brindan bienestar, tranquilidad o alegría, pero que no tienen ninguna relación con la sexualidad (por ejemplo, escuchar tu música favorita, abrazar a una mascota o caminar en la naturaleza).

3. Placer erótico
En la segunda columna, escribe actividades o estímulos que te parezcan placenteros desde lo erótico o sexual. Puedes incluir sensaciones, ideas o situaciones que hayas imaginado o experimentado (por ejemplo, caricias agradables, besos o pensar en alguna fantasía). Recuerda que esto es personal y privado; escribe aquello con lo que te sientas cómodo o cómoda.

4. Después de realizar tu lista, reflexiona sobre estas preguntas:

  • ¿Qué diferencias notas entre las sensaciones placenteras no eróticas y las eróticas?
  • ¿Alguna vez habías pensado conscientemente en estas diferencias?
  • ¿Cómo crees que conocer mejor lo que te produce placer (en ambos sentidos) puede ayudarte en tu bienestar y en tus relaciones personales?