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8.3 VIH: nuevas medidas de prevención

Hablemos brevemente del VIH y el Sida

Actualmente, el VIH ha causado un elevado número de muertes. Según la OMS, hasta junio de 2020, aproximadamente 33 millones de personas habían fallecido a causa de este virus (OMS, 2020a). Afortunadamente, este panorama está comenzando a transformarse gracias a avances en prevención, diagnóstico, tratamiento y atención eficaz, incluyendo la gestión oportuna de infecciones oportunistas. Estos esfuerzos han brindado una nueva oportunidad de vida a millones de personas.

Sin embargo, prolongar la vida no es suficiente; es imprescindible construir sistemas de salud que garanticen un acceso equitativo para todas las personas y fomentar una sociedad sensibilizada, con una cultura de cuidado y responsabilidad hacia la propia salud y la de los demás. Esto implica promover entornos inclusivos que apoyen a las personas que viven con VIH o sida, permitiéndoles llevar vidas plenas, funcionales y satisfactorias.

El objetivo central de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la respuesta global al sida es garantizar que nadie quede rezagado (Naciones Unidas, 2023). Erradicar la epidemia del sida no será posible sin atender las necesidades de las personas que viven con el VIH o están afectadas por el virus, ni sin abordar los determinantes sociales relacionados con la salud y la vulnerabilidad. Las personas con VIH suelen enfrentar discriminación y marginación. Son víctimas de desigualdades e inestabilidad, por lo que sus necesidades deben ser prioritarias en los esfuerzos para lograr un desarrollo sostenible (ONUSIDA, 2023).

Según ONUSIDA (2023), al cierre de diciembre de 2023, 30.7 millones de personas estaban recibiendo terapia antirretroviral (TAR) a nivel mundial. Las evidencias de las últimas dos décadas demuestran que el tratamiento antirretroviral es altamente efectivo para reducir la transmisión del virus. Además, se sabe que las personas con VIH que siguen un tratamiento antirretroviral y mantienen una carga viral indetectable tienen un riesgo nulo de transmitir el virus a través de relaciones sexuales (The Well Project, 2023). Recuerda:

Indetectable = Intransmisible

Ahora bien, el VIH y el sida han estado marcados por el estigma y la discriminación, alimentados por prejuicios relacionados con las vías de transmisión y las poblaciones más afectadas, conocidas como poblaciones clave: hombres que tienen sexo con hombres (HSH), trabajadoras y trabajadores sexuales, personas que usan drogas inyectables (UDI), mujeres transgénero, así como adolescentes, jóvenes, mujeres, personas migrantes y privadas de su libertad. Pero es importante señalar que no son las personas, sino el tipo de práticas las que pueden conllevar un mayor riesgo de transmisión del VIH. Por ello, es fundamental trabajar en la eliminación de cualquier forma de discriminación hacia estas poblaciones y hacia las personas con VIH (ONUSIDA, 2023). Recuerda: nadie está exento de contraerlo y la única manera de prevenirlo es mediante prácticas de sexo seguro y protegido.

¿Qué es el VIH?

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del sida, afecta exclusivamente a humanos y solo puede ser transmitido entre ellos (Organización Mundial de la Salud, 2020b). Es importante destacar que el virus no puede atravesar un condón de látex.

El VIH ataca el sistema inmunológico, específicamente las células CD4, que son esenciales para defender al cuerpo contra enfermedades. Fuera de estas células, el virus no puede sobrevivir.

El VIH está presente en la sangre y en fluidos corporales como el líquido preeyaculatorio (el fluido lubricante que se produce antes de la eyaculación), el semen (el líquido liberado durante la eyaculación) y las secreciones vaginales (que lubrican la vagina).

Una persona puede vivir con VIH sin desarrollar sida, lo que se conoce como estado asintomático. En esta etapa, no presenta síntomas, pero puede transmitir el virus si realiza prácticas de riesgo, como relaciones sexuales sin protección (sin condón), transfusiones de sangre contaminada, uso de jeringas compartidas o, en el caso de mujeres embarazadas con VIH sin tratamiento, la transmisión al bebé.

¿Cómo se transmite el VIH?

Por vía sexual: A través de prácticas sexuales sin protección (vaginales, anales u orales) que impliquen el intercambio de fluidos genitales infectados.

Por vía sanguínea: Mediante transfusiones de sangre contaminada, trasplantes de órganos infectados, uso de agujas o jeringas no esterilizadas, o al realizar tatuajes o perforaciones con materiales contaminados.

Por vía perinatal: De una mujer embarazada con VIH a su hijo o hija durante el embarazo, el parto o la lactancia.

El VIH no se transmite por:

Saliva, lágrimas, orina, sudor, heces, estornudos, uso de baños, piscinas, ropa, utensilios de cocina (como cucharas, platos o vasos), ni por picaduras de mosquitos u otros insectos. Tampoco se transmite por saludos de mano, abrazos, besos o caricias.

Conocer las formas de transmisión y las que no lo son ayuda a desmitificar el VIH, reducir prejuicios y prevenir la discriminación hacia las personas afectadas.

La única manera de saber si tienes VIH es mediante una prueba

La única forma de confirmar si una persona tiene VIH es realizándose una prueba. No es posible determinarlo solo por cómo se siente, ya que muchas personas no presentan síntomas durante años.

Se recomienda hacerse la prueba si has tenido relaciones sexuales sin protección, si tu pareja obtiene un resultado positivo, si has compartido agujas (para drogas, tatuajes o perforaciones con materiales no esterilizados) o si estás embarazada, especialmente en la primera consulta prenatal.

Afortunadamente, la prueba de VIH es sencilla e indolora. Lo mejor de realizártela eEs la tranquilidad que proporciona. Si el resultado es positivo, saberlo a tiempo permite iniciar el tratamiento para mantenerse saludable y reducir el riesgo de transmisión. Si es negativo, te brindará paz mental.

¿Qué tipos de pruebas de VIH existen?

  • Pruebas rápidas: Ofrecen resultados en 20 minutos y se realizan con un raspado suave en la mejilla o una muestra de sangre.
  • Pruebas de laboratorio: Requieren enviar la muestra a un laboratorio, por lo que los resultados demoran más.

Para que los resultados sean confiables, el tiempo desde la última práctica de riesgo (como relaciones sexuales sin condón o compartir agujas) varía según la prueba. Las pruebas rápidas de tercera generación detectan anticuerpos contra el VIH y requieren un período de ventana de 4 a 12 semanas (1 a 3 meses). Sin embargo, las pruebas de cuarta generación, más avanzadas y ampliamente disponibles en 2025, detectan tanto anticuerpos como antígenos (p24), reduciendo el período de ventana a 2 a 6 semanas. Si el resultado es positivo, se realiza una prueba de laboratorio adicional para confirmar el diagnóstico.

¿Dónde puedo realizarme pruebas de VIH?

Las pruebas rápidas no requieren un laboratorio, solo un equipo portátil, por lo que pueden realizarse en clínicas, centros de salud, organizaciones comunitarias, parques, plazas públicas o carpas de detección instaladas por el sector salud con personal capacitado.

En muchos casos, se ofrece consejería antes, durante y después de la prueba, con información personalizada para mantenerse saludable y aclarar dudas. Los resultados se entregan en un entorno confidencial, respetuoso y amigable.

Realizarse la prueba brinda la tranquilidad de conocer tu estado de salud y, en caso necesario, acceder rápidamente a tratamiento para mantener una salud óptima. Es importante que hagas la prueba en un centro de salud o servicio amigable, donde te garanticen privacidad y orientación. Conocer tu estado de salud te da tranquilidad y, si es necesario, acceso temprano a tratamientos que permiten una vida plena y saludable.

La discriminación a las personas con VIH o sida

La discriminación se define como cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia, intencional o no, que no sea objetiva, racional ni proporcional, y que tenga como consecuencia limitar, restringir o anular el ejercicio de los derechos humanos y libertades.

La discriminación hacia las personas con VIH o sida tiene varias causas. Inicialmente, la enfermedad afectó a grupos ya marginados, como personas homosexuales y transgénero, lo que reforzó prejuicios. Además, el sida es percibido como una enfermedad mortal, generando miedo al contagio. Las vías de transmisión, asociadas a prácticas sexuales estigmatizadas (como relaciones anales, trabajo sexual o uso de drogas inyectables), y creencias que culpan a las personas infectadas por “haber hecho algo indebido”, alimentan la discriminación (Mercado, 2009).

Este entorno negativo puede llevar a que las personas con VIH descuiden su salud, desarrollen sida o eviten realizarse pruebas por miedo al rechazo. La discriminación afecta profundamente la autoestima, generando culpa o vergüenza por su orientación sexual, identidad de género o estado serológico.

Por ello, es crucial proporcionar información adecuada sobre el VIH, el sida y los derechos humanos desde edades tempranas. Esto permite distinguir entre mitos y realidades, cuestionar prejuicios y fomentar la libertad para ser, así como enfrentar y denunciar la discriminación.

Lo opuesto a la discriminación es la aceptación e inclusión. Debemos promover entornos saludables, física y emocionalmente, que reconozcan a las personas con VIH como titulares de derechos, con la capacidad de ser productivas y valiosas para sus familias y comunidades (ONUSIDA, 2023).

Hoy en día, vivir con VIH no es una sentencia de muerte. Con un control médico adecuado, se considera una condición crónica, similar a otras, que permite llevar una vida normal, formar una familia y convivir sin limitaciones. Las personas con VIH no deben ver restringidos sus derechos, como el acceso al trabajo, a una pareja o a la paternidad/maternidad.

Es esencial garantizar que mujeres y hombres con VIH puedan tomar decisiones libres e informadas sobre su salud sexual y reproductiva, disfrutando de una sexualidad saludable, responsable y placentera.

Hablar de VIH y sida no es lo mismo. Con los tratamientos y condiciones adecuadas, las personas con VIH pueden disfrutar de una buena calidad de vida durante muchos años, retrasando significativamente la aparición del sida. Esto ha permitido considerar al VIH como una enfermedad crónica.

No olvides que la prevención, las detecciones oportunas y los tratamientos adecuados pueden mejorar la vida de muchas personas y contribuir a un mundo más inclusivo y saludable para todas y todos.

Actividad
«Lo que se dice y lo que es: aprendiendo a hablar (y negociar) sobre el VIH»

Escribe un texto breve (250–300 palabras) donde reflexiones sobre las siguientes preguntas:

A pesar de no ser iguales, ¿por qué crees que muchas personas aún confunden el VIH con el sida?, ¿Qué mitos o prejuicios sobre el VIH has escuchado en tu escuela, redes sociales o familia?, ¿Por qué puede ser difícil hablar del uso del condón con una pareja y qué ideas o estrategias crees que pueden ayudar a su negociación?

(Opcional)

  • Diseña una breve campaña o mensaje que podrías compartir en redes sociales para combatir los prejuicios hacia las personas que viven con VIH.

Prevención y salud sexual

Para disfrutar plenamente de un ejercicio libre y responsable de la sexualidad, es fundamental conocer las medidas que reduzcan el riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual (ITS), con un énfasis particular en la prevención del VIH (OMS, 2017).

Aunque el uso de condones y otros métodos de barrera reduce de manera considerable el riesgo de adquirir el VIH, no elimina completamente la posibilidad de infección. Desafortunadamente, sigue siendo una realidad que no todas las personas pueden usar condones de forma constante ni tienen la libertad de elegir a sus parejas sexuales, debido a factores que, en muchos casos, escapan a su control.

En septiembre de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó el uso de la profilaxis preexposición (PrEP) como una alternativa de prevención para personas con un riesgo significativo de contraer el VIH (OPS, 2017).

La OMS también subraya que la PrEP no debe reemplazar el uso de condones y lubricantes, e insiste en la importancia de complementar esta medida con intervenciones conductuales, el tratamiento oportuno de ITS y la terapia antirretroviral para las parejas que viven con VIH.

¿Qué es la PrEP?

La PrEP, o profilaxis preexposición, es un medicamento en forma de píldora que se toma diariamente para prevenir el VIH (Planned Parenthood, 2021). Si no tienes VIH, tomar PrEP todos los días puede reducir en más del 90% las probabilidades de contraer el virus a través de relaciones sexuales. La PrEP es conocida comúnmente por el nombre comercial de uno de sus medicamentos, Truvada (Sánchez-Conde et al., 2017).

¿Quién puede utilizar la PrEP?

La PrEP no es adecuada para todas las personas; está diseñada para quienes no tienen VIH y enfrentan un riesgo elevado de contagio. Es fundamental discutir con personal de salud especializado en su manejo para determinar si eres candidato o candidata para su uso. Entre las personas que podrían beneficiarse de la PrEP se encuentran:

  • Aquellas que no pueden usar condones de manera regular.
  • Personas con una pareja sexual que vive con VIH (también conocidas como parejas serodiscordantes, serodiferentes, magnéticas o de estatus mixto).
  • Quienes tienen una pareja sexual con alto riesgo de contraer el VIH (por ejemplo, si practican sexo anal o vaginal sin condón con otras personas o son usuarios de drogas inyectables).
  • Personas que tienen sexo anal o vaginal con múltiples parejas, especialmente sin usar condones de forma consistente.
  • Quienes han tenido ITS, particularmente si son frecuentes (como clamidia, gonorrea o sífilis).
  • Personas que realizan trabajo sexual que incluye sexo vaginal o anal.
  • Usuarios de drogas inyectables que han compartido agujas o han estado en tratamiento por consumo de drogas en los últimos seis meses.
  • Mujeres con alto riesgo de adquirir el VIH que están embarazadas, intentando quedar embarazadas o en período de lactancia.

¿Qué tan efectiva es la PrEP?

Cuando se usa correctamente, la PrEP puede reducir en más del 90% el riesgo de adquirir el VIH por vía sexual. Combinada con el uso de condones, ofrece una protección aún mayor. Además, puede disminuir en más del 70% el riesgo de contagio por compartir agujas (Sánchez-Conde et al., 2017).

Es crucial tomar la PrEP diariamente, ya que su efectividad depende de la constancia. Si no se toma todos los días, la concentración del medicamento en el cuerpo puede ser insuficiente para bloquear el VIH.

La PrEP no protege contra otras ITS, como gonorrea o clamidia, por lo que el uso de condones junto con la PrEP es esencial para prevenir estas infecciones y reforzar la protección contra el VIH.

La PrEP es muy segura. No se han reportado efectos secundarios graves en quienes la toman, aunque algunas personas pueden experimentar molestias leves, como náuseas, pérdida de apetito o dolores de cabeza.

En 2025, la disponibilidad de la la PrEP ha aumentado en América Latina, aunque sigue siendo limitada en algunos países (Organización Panamericana de la Salud, 2020).

¿Qué hacer si hubo exposición al VIH? ¿Cómo minimizar el riesgo?

Hablemos del PEP.

El PEP, o profilaxis postexposición, consiste en medicamentos antirretrovirales (TARV) que previenen la propagación del VIH en el cuerpo tras una posible exposición al virus. Para que sea efectivo, el PEP debe iniciarse dentro de las 72 horas (tres días) posteriores a la exposición. Cuanto antes se comience, mayor será la reducción del riesgo de adquirir el VIH. El tratamiento implica tomar el PEP una o dos veces al día durante un mínimo de 28 días (Planned Parenthood, 2021).

¿Quién puede tomar PEP?

  • Personas que tuvieron relaciones sexuales sin condón o con un condón que se rompió con alguien que podría tener VIH.
  • Quienes han sufrido una agresión sexual.
  • Personas expuestas a agujas o sangre, especialmente si hay riesgo de contacto con VIH (por ejemplo, personal médico con exposición accidental).
  • Quienes compartieron agujas para el uso de drogas inyectables.

El PEP es una medida de emergencia y no sustituye métodos preventivos continuos, como el uso de condones.

¿Dónde se consigue el PEP?

El PEP está disponible principalmente en centros de salud públicos.

Si se adquiere el VIH, el tratamiento es el mejor aliado para una vida plena

En las últimas dos décadas, los avances médicos y la terapia antirretroviral han mejorado significativamente la calidad y esperanza de vida de las personas con VIH. Hoy en día, quienes reciben tratamiento antirretroviral de manera regular pueden disfrutar de una vida más larga y saludable (Organización Panamericana de la Salud, 2020).

Por ello, tras un diagnóstico de VIH, es crucial iniciar el tratamiento antirretroviral lo antes posible y mantenerlo de forma constante. Este tratamiento suprime la multiplicación del virus hasta niveles indetectables, es decir, cantidades tan bajas que no es posible transmitirlo (indetectable=intransmisible). Hay evidencia sólida de que el tratamiento mejora la salud de las personas con VIH. Además, el tratamiento antirretroviral disminuye significativamente el riesgo de transmisión a parejas seronegativas y, a nivel poblacional, contribuye a reducir la propagación del VIH (The Well Project, 2023).

Una vez iniciado, el tratamiento antirretroviral debe continuarse de por vida. Los avances médicos han simplificado su administración, que puede variar desde tomar varios medicamentos en horarios específicos hasta una sola píldora diaria. Sin embargo, requiere ajustes en el estilo de vida, comenzando por la adherencia al medicamento.

Grupos y programas de apoyo

El apoyo social es una red de soporte que promueve la salud física y emocional, influyendo positivamente en las personas o grupos con características comunes.

El apoyo social para personas con VIH tiene un gran impacto en su calidad de vida. Incluye recursos materiales y psicológicos, como apoyo emocional (ser escuchado, valorado y acompañado) y recursos prácticos (económicos, materiales o servicios) para facilitar el tratamiento, la atención médica y las actividades diarias (Santos et al., 2018).

La relación entre apoyo social, afrontamiento y salud es especialmente relevante para las personas con VIH.  Dado el impacto del apoyo social en el manejo de la enfermedad y la calidad de vida, es esencial evaluar y fortalecer estas redes para identificar, coordinar o crear sistemas que mejoren la atención médica y el bienestar de las personas con VIH.

El apoyo de la familia y la pareja es particularmente significativo, ya que un diagnóstico de VIH puede transformar la dinámica familiar. Todas las personas involucradas pueden necesitar un período de adaptación, idealmente acompañado por orientación especializada. El respaldo de la familia y la pareja puede ser determinante para la calidad de vida de quienes viven con VIH o sida (Pichardo, 2011).

Esperamos que esta información te ayude a comprender que un diagnóstico de VIH no es una sentencia de muerte. Con el tratamiento adecuado y una buena adherencia, cualquier persona puede llevar una vida plena, realizar las actividades que desee, buscar apoyo emocional y, si lo desea, apoyar a otras personas.

Asimismo, te invitamos a reconocer que existen medidas adicionales para la prevención del VIH, complementando las herramientas disponibles para proteger tu salud sexual.