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2.2 Derechos humanos y sexualidad

Los derechos humanos son normas que reconocen y protegen la dignidad de todos los seres humanos y cuyo cumplimiento efectivo resulta indispensable para el desarrollo integral de las personas y para el logro de la justicia social. Están formalizados en acuerdos internacionales que pueden ser declaraciones o tratados que representan el compromiso de los Estados para garantizar los derechos de toda su población. Es por ello que la comunidad internacional tiene la responsabilidad de respetar, proteger, garantizar y promover los derechos humanos, y de abstenerse de cometer cualquier acto que vulnere o viole esos derechos.

Los derechos sexuales representan la aplicación de los derechos humanos universales al ámbito de la sexualidad y la salud sexual. Por tanto, protegen el derecho de todas las personas a vivir, expresar y disfrutar su sexualidad y su salud sexual sin sufrir ningún tipo de discriminación (UNFPA, 2017).

Los derechos sexuales reconocen y garantizan que todas las personas puedan vivir su sexualidad y tomar decisiones sobre su reproducción con autonomía y libertad, sin importar su edad, sexo, raza, identidad de género, orientación sexual o condición socioeconómica o de salud. Estos derechos se basan principalmente en la igualdad, la libertad y el derecho a la salud. Incluyen la posibilidad de vivir la sexualidad libremente, de forma placentera y autónoma, según las preferencias personales, sin sufrir discriminación, violencia o presiones externas y siempre con respeto a la dignidad humana. Además, garantizan que cada persona decida libremente si desea tener hijos e hijas, cuándo, cuántos y con quién.

Las personas adolescentes y jóvenes tienen derecho a protecciones únicas que se definen en la Convención sobre los Derechos del Niño. Esta Convención y otros instrumentos de derechos humanos han identificado las responsabilidades de las familias, la sociedad y los Estados. Han establecido algunos principios fundamentales para garantizar estos derechos sexuales:

1. El interés superior del menor representa el compromiso de asegurar la protección y los cuidados necesarios para el bienestar (Artículo 3, Convención sobre los Derechos del Niño). En este sentido, garantizar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad, constituye una forma de brindar protección a la vida y la salud de las personas jóvenes.

2. El principio de las capacidades evolutivas reconoce las capacidades de las niñas y niños (y, en consecuencia, de adolescentes y jóvenes) de tomar decisiones de forma independiente (Artículo 5). La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce que el apoyo y la orientación pueden ser útiles para cualquier persona joven, pero ninguna persona adulta debe intentar dirigir la toma de decisiones acerca de su vida sexual o reproductiva cuando se tiene la capacidad para decidir (Dailard y Turner, 2005).

3. La confidencialidad debe protegerse para asegurar que los servicios de salud sean accesibles (Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, 2000). Las y los jóvenes tienen derecho a obtener «consejos médicos privados y confidenciales sin el consentimiento de los padres, independientemente de la edad […], en los casos que sea necesario para la protección de [su] seguridad o bienestar […]» (OMS, 2019). Todos los servicios de salud sexual y reproductiva, incluida la consejería, deben estar disponibles de una manera que respeten la privacidad y confidencialidad de las personas (IPPF, 2009).

La Red Latinoamericana y Caribeña de Jóvenes por los Derechos Sexuales (RedLAC) publicó, en 2018, la Cartilla de los Derechos Sexuales de las y los jóvenes para América Latina y el Caribe. Este documento digital se puede consultar gratuitamente, e incluye 14 derechos y una explicación breve sobre su significado. A continuación mencionamos cada uno de ellos:

1. Derecho a decidir de forma libre, autónoma e informada sobre mi cuerpo y mi sexualidad. Es decir, tengo derecho a que se respeten las decisiones que tomo sobre mi cuerpo y mi vida sexual. Nadie debe presionar, condicionar ni imponer sus valores personales sobre la forma en que decido vivir mi sexualidad.
2. Derecho a ejercer y disfrutar plenamente mi vida sexual. Esto garantiza mi derecho a vivir cualquier experiencia o expresión sexual o erótica que yo elija —siempre y cuando sea con pleno respeto a los derechos humanos de las personas involucradas—, como práctica de una vida emocional y sexual plena, saludable y placentera.
3. Derecho a manifestar públicamente mis afectos. Tengo derecho a ejercer mis libertades individuales de expresión, manifestación, reunión, identidad sexual, género y cultural de manera libre, sin discriminación ni violencia. Las expresiones públicas de afecto promueven una cultura armónica, afectiva, libre de violencia y de respeto a la diversidad sexual.
4. Derecho a decidir con quién o quiénes relacionarme afectiva, erótica y sexualmente. Tengo derecho a decidir libremente con quiénes compartir mi vida, mi sexualidad, mis emociones, deseos, placeres y afectos. Ninguno de mis derechos humanos debe ser limitado por esta decisión, y nadie debe obligarme a contraer matrimonio o a compartir mi vida o mi sexualidad.
5. Derecho a que se respete mi privacidad y a que se resguarde mi información personal. Es decir, mi cuerpo, mis espacios, mis pertenencias y la forma de relacionarme con las y los demás son parte de mi identidad y privacidad. Tengo derecho al respeto de mis espacios privados y a la confidencialidad en todos los ámbitos de mi vida, incluyendo el sexual. Sin mi consentimiento, ninguna persona debe difundir información sobre los aspectos sexuales de mi vida.
6. Derecho a la vida, a la integridad física, psicológica y sexual. Cualquier forma de violencia hacia mi persona afecta el disfrute pleno de mi sexualidad. Tengo derecho a la libertad, a la seguridad jurídica, a la integridad física y psicológica. Ninguna persona debe acosar, hostigar, abusar o explotarme sexualmente.
7. Derecho a decidir de manera libre e informada sobre mi vida reproductiva. Las decisiones sobre mi vida reproductiva forman parte del ejercicio y goce de mi sexualidad y tienen que ser respetadas y garantizadas por el Estado. Como persona joven tengo derecho a decidir de acuerdo a mis deseos y nece- sidades, tener o no hijos, cuántos, cuándo y con quién, sin que mi orientación sexual, estado de salud, identidad de género, edad, estado civil, o cualquier otra condición o característica personal sea un impedimento para ello.
8. Derecho a la igualdad de condiciones y oportunidades. Las mujeres y los hombres jóvenes tenemos una diversidad de características y necesidades específicas, pero somos iguales en derechos ante la ley, la que nos garantiza la posibilidad de ejercer todos nuestros derechos sin discriminación, con igualdad de oportunidades y trato digno y equitativo. Como personas jóvenes tenemos derecho a gozar de las mismas oportunidades de desarrollo integral; así como vivir libre de prejuicios y estereotipos de género que limiten nuestras capacidades, prácticas y el ejercicio pleno de to- dos nuestros derechos.
9. Derecho a vivir libre de discriminación. Las y los jóvenes somos diversos y, por tanto, tenemos diferentes formas de expresar nuestras identidades sexuales y culturales, así como diferentes formas de vivir y ejercer la sexualidad. Tengo derecho a que no se me discrimine por mi edad, género, sexo, preferencia sexual, estado de salud (incluyendo embarazo, ITS o VIH), religión, origen étnico, forma de vestir, apariencia física, color de piel, discapacidad, condición migratoria o por cualquier otra condición personal.
10. Derecho a la información actualizada, veraz, completa, científica y laica sobre sexualidad. Para decidir libremente sobre mi vida sexual necesito información veraz, actualizada, no manipulada o sesgada, laica y basada en evidencia científica sobre sexualidad. Los temas relativos a la información sobre sexualidad deben incluir todos los componentes de esta: el género, el placer y el erotismo, los vínculos afectivos, la reproducción y la diversidad.
11. Derecho a la educación integral en sexualidad. La educación sexual es necesaria para el bienestar físico, mental y social, y para el desarrollo humano en general, de ahí su importancia para las y los jóvenes. Tengo derecho a una educación sexual, laica, sin prejuicios, que fomente la toma de decisiones libre e informada, la cultura de respeto a la dignidad humana y la igualdad de oportunidades. Sus contenidos deberán estar actualizados, ser laicos, estar basados en evidencia científica, desde un marco de derechos humanos, con perspectiva de género, pertinencia cultural y estar libres de estereotipos, prejuicios, estigmas, mitos y culpa, teniendo en cuenta la evolución de nuestras facultades.
12. Derechos a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluido el acceso a métodos anticonceptivo. Tengo derecho a recibir servicios de salud sexual, amigables, gratuitos, oportunos, confidenciales, de calidad y con pertinencia cultural. Estos servicios deben incluir consejería con información, orientación y apoyo educativo; provisión de métodos anticonceptivos, atención durante el embarazo, parto y puerperio; detección oportuna y atención de ITS incluyendo el VIH; detección y atención de la violencia, entre otros. El personal de los servicios de salud pública debe brindarme información o atención de manera incondicional (considerando la evolución de nuestras facultades) y estos deben estar libres de prejuicios, estigma o violencia.
13. Derecho a la identidad sexual. Tengo derecho a construir, decidir y expresar mi identidad de género, orientación sexual e identidad política. Contar con una identidad jurídica que corresponda con nuestra identidad sexual que nos posibilite el pleno acceso a todos los derechos humanos, la participación social y la inclusión en la vida económica, política y cultural del país.
14. Derecho a la participación en las políticas públicas sobre sexualidad y reproducción. Como persona joven, puedo tener acceso a cualquier iniciativa, plan o programa público que involucre mis derechos sexuales y a emitir mi opinión sobre los mismos. Tengo derecho a participar en el diseño, implementación, evaluación y seguimiento de políticas públicas sobre sexualidad y reproducción. Así como también a asociarme con otras personas jóvenes para dialogar, crear y promover acciones positivas que contribuyan a mi salud y bienestar.

Tus derechos sexuales se encuentran reconocidos a nivel regional e internacional en los siguientes instrumentos:

  • Declaración Universal de los Derechos Humanos.
  • Convención sobre los Derechos del Niño.
  • Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
  • Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
  • Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial.
  • Convención contra la tortura y otros tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer.
  • Convención Interamericana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia
  • Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo.
  • Declaración y Plataforma de Acción de Beijing.
  • Declaración del Foro Mundial de la Juventud de Bali.
  • Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes.
  • Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José).
  • Declaración Ministerial «Prevenir con Educación».
  • Consenso de Montevideo de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo.
  • Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer «Convencion De Belem Do Para»
  • Principios de Yogyakarta

Dado que la salud es un derecho humano fundamental, la protección a la salud sexual es un derecho humano básico. Para asegurar el desarrollo de una sexualidad saludable en los seres humanos y las sociedades, los derechos sexuales deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios. La salud sexual es el resultado de un ambiente que reconoce, respeta y ejerce los derechos sexuales.

¿Por qué son importantes los derechos sexuales y reproductivos?

A continuación, exploramos algunas razones clave sobre la relevancia de los DSDR, acompañadas de datos y ejemplos específicos de América Latina:

Proteger la salud y salvar vidas: El acceso a servicios de salud sexual y reproductiva reduce riesgos y mejora la salud materna y neonatal.
Promover la autonomía y la igualdad: Los DSDR empoderan a las personas para que tomen decisiones sobre su vida reproductiva, sexualidad y relaciones, sin coerción ni discriminación. Esto contribuye a la igualdad de género al desafiar normas patriarcales que restringen la libertad individual.
Prevenir la violencia y la discriminación: Los DSDR combaten la violencia sexual y de género al garantizar protección legal y acceso a servicios para quienes han sufrido violencia o abuso. Según la OMS (2021), una de cada tres mujeres en América Latina ha experimentado violencia o abuso sexual. Los DSDR aseguran atención médica, psicológica y acceso a la justicia.
Reducir el embarazo adolescente y sus consecuencias: La educación sexual integral y el acceso a anticonceptivos previenen embarazos no deseados, que a menudo perpetúan la pobreza y limitan las oportunidades educativas y laborales.
Fomentar el desarrollo sostenible: Al garantizar el acceso a servicios de salud reproductiva, los DSDR contribuyen a reducir la pobreza, mejorar la educación y promover el desarrollo económico. También, las mujeres tienen más oportunidades de desarrollarse laboralmente y contribuir al crecimiento de sus comunidades.

Igualdad y derechos

Todas las personas tenemos derecho a la igualdad porque todas y todos tenemos los mismos derechos humanos. Sin embargo, decir que somos iguales no equivale a decir que tenemos las mismas oportunidades y nos enfrentamos a los mismos obstáculos.  Por eso, se deben crear condiciones específicas a las características individuales a través de la equidad, que busca equilibrar las condiciones para que todas las personas tengan las mismas posibilidades de acceso a sus derechos a partir de reconocer sus diferencias.

La equidad en salud es un componente fundamental de la justicia social que indica la ausencia de diferencias evitables, injustas o remediables entre grupos de personas debido a sus circunstancias sociales, económicas, demográficas o geográficas (Bolbarán, 2024). Estos grupos, conocidos como grupos vulnerables, se enfrentan a una mayor dificultad para ejercer plenamente sus derechos. Los migrantes, la población LGBTI+, las mujeres, personas en situación de pobreza, pueblos indígenas (pueblos originarios), minorías étnicas, personas con una discapacidad, adultos mayores y niños, niñas y adolescentes, son ejemplos de estos grupos.

Además, es posible que una persona se vea afectada por más de una desventaja, es decir, que pertenezca a más de un grupo vulnerable. A esta combinación de múltiples desventajas se le conoce como interseccionalidad, y es una herramienta importante para comprender las raíces de la desigualdad y la discriminación y para diseñar estrategias de intervención más efectivas que tengan en cuenta la diversidad de las experiencias de las personas afectadas. La interseccionalidad reconoce que la experiencia de las personas no es homogénea y que las desigualdades pueden variar según las múltiples identidades que un individuo posee. En otras palabras, no se trata de analizar cada factor de forma aislada, sino de comprender cómo se entrelazan y se multiplican sus efectos (Nedera, 2023).

Actividad individual:
"Mis derechos, mis decisiones"

Instrucciones:

1. Lee nuevamente los 14 derechos sexuales y reproductivos mencionados anteriormente.

2. Elige dos derechos que consideres especialmente relevantes en tu vida o que sientas que no son suficientemente conocidos por las personas de tu edad.

3. Reflexiona y responde a las siguientes preguntas sobre cada derecho seleccionado:

  • ¿Por qué elegí este derecho en particular?
  • ¿En qué situaciones concretas de mi vida podría aplicar este derecho?
  • ¿He visto situaciones cercanas en las que no se respete este derecho? ¿Qué sucedió?
  • ¿Qué puedo hacer yo personalmente para proteger este derecho en mi vida cotidiana?

4. Para finalizar, redacta una pequeña reflexión sobre la importancia de conocer y respetar estos derechos para construir una sociedad más justa e igualitaria.