Si tu objetivo es obtener el certificado, te recomendamos registrarte o ingresar al comenzar. De lo contrario, el sistema no podrá registrar tu avance, y si te registras al final, tendrás que revisar nuevamente todos los temas y volver a realizar las evaluaciones, incluso si ya los completaste sin registrarte.

2.3 Cultura, sociedad y sexualidad

Las normas sociales y culturales son un conjunto de reglas que las personas de una comunidad siguen para convivir mejor y mantener relaciones más armoniosas. Estas normas se establecen mediante tradiciones y costumbres que aprendemos de forma natural durante nuestra socialización; es decir, mientras crecemos y nos relacionamos con otras personas, estas normas se vuelven parte de nuestra forma de ver y entender el mundo.

La cultura y la sociedad tienen una influencia profunda sobre la sexualidad. Ambas moldean las normas, los valores, las percepciones individuales e incluso nuestras prácticas sexuales. De este modo, la sociedad, mediante normas sociales, culturales o religiosas, determina lo que se considera aceptable y lo que no, creando expectativas y tabúes que afectan la vida sexual de las personas, la manera en que la expresan y cómo se relacionan.

En algunas culturas, la sexualidad se considera un tabú, mientras que en otras se puede discutir abiertamente. Las normas sociales y culturales pueden influir positivamente —por ejemplo, cuando promueven el respeto a los derechos humanos y la educación sexual integral—, o de manera negativa, cuando generan problemas o prejuicios sobre diversos temas. Algunos ejemplos de influencias negativas son:

  • Los roles y estereotipos de género, que asignan características y expectativas específicas a hombres y mujeres, afectando la manera en que se relacionan y viven su sexualidad.
  • Las expectativas sobre cómo deben vivir las personas su vida sexual, limitando así la autonomía y libertad sexual.
  • La discriminación hacia grupos específicos, como las personas LGBTI+, dificultando su acceso a servicios esenciales de salud sexual.
  • La normalización de ciertas formas de violencia sexual, lo que dificulta su reconocimiento y denuncia.

La cultura y la sociedad también impactan directamente en los derechos sexuales de adolescentes, moldeando sus percepciones, comportamientos y el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. Normas sociales, valores culturales y creencias religiosas pueden fortalecer o limitar el ejercicio de estos derechos, afectando especialmente a grupos vulnerables.

En algunas culturas, las costumbres pueden afectar profundamente la vida de las personas. Un ejemplo muy serio de esto es el matrimonio infantil, que ocurre entre una persona adulta y alguien menor de 18 años. Aunque la frecuencia del matrimonio infantil ha disminuido mundialmente, aún es una práctica común. Según UNICEF (2023), aunque las razones varían por país, factores como la pobreza, la falta de acceso a la educación y servicios de salud, la mantienen vigente. Algunas familias casan a sus hijas desde una edad temprana para reducir gastos, obtener ingresos o porque creen que así aseguran su futuro o protección.

El matrimonio infantil refleja una profunda desigualdad de género, que afecta desproporcionadamente a las niñas. A escala mundial, la tasa de matrimonio infantil entre varones representa solo una quinta parte respecto a las niñas. Esta práctica arrebata la infancia de las niñas, pone en riesgo su vida y su salud, aumenta las posibilidades de sufrir violencia doméstica y disminuye sus oportunidades educativas.

Es fundamental reconocer que, aunque las tradiciones y costumbres son parte esencial de nuestra identidad cultural, no todas son positivas o justas. Por ello, es importante practicar la reflexión crítica, cuestionando aquellas normas sociales que pueden resultar dañinas o injustas, como el matrimonio infantil, la mutilación genital y otras prácticas que violan los derechos humanos. Cuestionar no implica rechazar nuestra cultura, sino mejorarla y construir una sociedad más justa, respetuosa e igualitaria. Esta actitud de análisis y reflexión constante nos permite no solo proteger nuestros derechos y los de otras personas, sino también garantizar que la sociedad siga siendo un espacio que impulse nuestro desarrollo integral y la convivencia respetuosa.

Actividad individual:
«Mis creencias bajo la lupa»

Objetivo:
Reflexionar sobre cómo las normas sociales y culturales influyen en tus creencias y comportamientos en torno a la sexualidad, identificando qué ideas deseas conservar y cuáles cuestionar o modificar.

Instrucciones:

1. Identifica tus creencias:
Haz una lista breve (entre 3 y 5 ideas) de las creencias o normas sobre la sexualidad que has aprendido en tu familia, escuela, comunidad o a través de los medios de comunicación.
Por ejemplo:

  • «Las mujeres deben esperar a que los hombres den el primer paso».
  • «Hablar de sexualidad con personas adultas siempre será incómodo».

2. Analiza cada creencia:
Para cada creencia que escribiste, responde brevemente estas preguntas:

  • ¿De dónde aprendí esta creencia (familia, amistades, medios, escuela)?
  • ¿Considero que esta creencia es positiva o negativa para mí y para otras personas?
  • ¿Esta creencia limita o promueve mis derechos sexuales o los de otras personas?

3. Revisa las conclusiones:
Con base en tus respuestas anteriores, selecciona:

  • Una creencia que desees mantener porque aporta algo positivo a tu vida o la vida de los demás.
  • Una creencia que te gustaría cuestionar o cambiar, porque consideras que limita tus derechos o los de otras personas.
  • Escribe tu reflexión final:
Redacta en unas líneas cómo podrías promover el cambio de la creencia negativa que identificaste, y cómo podrías fortalecer aquella que valoras como positiva. Piensa cómo podrías comenzar este proceso en tu vida diaria.

Recuerda que cuestionar las normas y costumbres no significa rechazarlas todas, sino aprender a distinguir cuáles contribuyen a tu bienestar y al respeto hacia los derechos humanos.