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4.1 Intención o reacción: aprendiendo a distinguir la violencia.

En nuestra vida diaria es común escuchar que las personas dicen que una persona es violenta; al mismo tiempo, es probable que hayas escuchado que una película es violenta, que un videojuego es «agresivo» o que hay música que «promueve» el abuso. Constantemente se utiliza esta palabra para describir situaciones, personas o cosas, por lo que en ocasiones es confuso definir qué es la violencia.

La violencia, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016), se define como «el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte».

La primera característica que debemos reconocer de un acto violento es que su objetivo es lastimar, perjudicar o humillar a alguien de manera intencionada; por lo tanto, nunca, por ningún motivo, es culpa de la víctima. Un acto de violencia no se justifica en la pareja, en la calle y mucho menos en la familia, aunque la persona responsable sea alguien que conozcamos o que queramos mucho.

Describir la violencia: características y tipos

Maltrato Infantil. Incluye el trato abusivo hacia los niños, que puede ser físico, emocional, sexual, o de negligencia en su cuidado. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2017), 23% de niños, niñas y adolescentes en el mundo ha sufrido maltrato físico, 36% maltrato emocional y 16% descuido o negligencia.

Figura 1. Tipos de manifestaciones de violencia que se practican en el maltrato infantil.

Tipos de manifestaciones de violencia que se practican en el maltrato infantil.
Figura elaborada con los contenidos propuestos por la OMS (2016).
Abuso Sexual Infantil. Se refiere a actos en los que se involucra una actividad sexual inapropiada para la edad de la niña, niño o adolescente, como tocamientos o compartir fotos inapropiadas (Fonseca y Oca, 2010). En América Latina y el Caribe, las niñas y adolescentes mujeres reportan haber experimentado más violencia sexual que los hombres y, lamentablemente, con frecuencia este abuso es realizado por un familiar o persona conocida (OMS, 2021).

Explotación Sexual. Ocurre cuando un adulto permite que una niña, niño o adolescente participe en actividades sexuales a cambio de dinero. Este problema ha aumentado con el uso del internet, donde algunas personas ofrecen contenido sexual de menores.

Es importante recordar que estos actos son ilegales y violan los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes, protegidos por tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño.

¿Quién o quiénes pueden ejercer violencia?

Cualquier persona que asuma una posición de poder frente a nosotros: padre, madre (o cualquier otro miembro de la familia extensa como tíos, abuelos o primos), profesor, jefe, tutor o persona desconocida que asuma que puede o quiera dañarnos, puede ser un posible agresor.

De acuerdo con la OMS (2016), la violencia autoinfligida implica la realización de autolesiones que pueden llegar a ser tan graves como tener una conducta suicida. Situaciones como perder a alguien querido, problemas con amistades o familiares, o dificultades en la escuela pueden causar estrés o depresión. Aunque estas experiencias son comunes, no todas las personas reaccionan igual, y algunas personas pueden sentirse tan abrumadas que consideran el suicidio (Sauceda-García et al., 2006).

No tener herramientas para manejar el estrés o la depresión puede aumentar el riesgo de lastimarse. Es importante aprender a reconocer lo que sentimos y evaluar si podemos resolverlo. A veces, contar con el apoyo de otra persona (familiar, amistad o docente), puede ser de gran ayuda.

La forma más común de violencia que se menciona es la violencia interpersonal, que ocurre cuando una persona (el agresor) actúa sobre otra (la víctima) con la intención de hacerle daño, vulnerarla o humillarla. Sin embargo, ser testigos de un acto violento también nos afecta. Con el tiempo, esto puede llevar a que la comunidad pierda el deseo de interactuar, lo que genera desconfianza entre las personas y un ambiente de miedo o preocupación. La violencia rompe el tejido social, haciendo más probable que la gente reproduzca la violencia en lugar de prevenirla o intervenir en situaciones problemáticas (Carozzo, 2015).

Otro tipo de violencia es la colectiva, que es más amplia y abarca conflictos violentos entre naciones o grupos armados. Este tipo de violencia tiene un alto costo social en términos de salud, cohesión social y economía de las comunidades. Como mencionamos antes, trabajar en la identificación, intervención y prevención de la violencia nos ayudará a reducir estos impactos, promoviendo la resolución pacífica de conflictos y la creación de sociedades justas, equitativas e igualitarias.

¿Por qué motivo puedo ser víctima de violencia?

Aunque todas las personas podemos ser víctimas de violencia, es fundamental entender que no hay ninguna razón que justifique recibirla; nadie tiene derecho a agredirnos, y tampoco hay justificación para ejercer violencia. Desafortunadamente, las condiciones sociales y culturales actuales favorecen que ciertos grupos sean más vulnerables a la violencia. Aquí hay algunos de esos grupos:

Niñas, niños y adolescentes: En muchos lugares, el abuso y la violación de los derechos de los niños son invisibles y a menudo se justifican por la forma en que se les educa. Esto incluye abuso físico y mental, descuido, malos tratos y explotación, incluyendo el abuso sexual, mientras están bajo la custodia de sus padres (OMS, 2021). Cualquiera de estas formas de violencia afecta el bienestar y futuro de los niños, niñas y adolescentes.
Personas con discapacidad: Un ejemplo de violencia es la exclusión y restricción de participación de una persona por su discapacidad, lo cual se justifica por prejuicios y creencias culturales. Es fundamental crear espacios inclusivos que garanticen el ejercicio de los derechos humanos de todas las personas.
Personas adultas mayores: Esto se refiere a acciones que causan daño o angustia a una persona mayor, ya sea por actos únicos o repetidos, en situaciones donde hay expectativas de confianza (OMS, 2022).
Violencia por orientación sexual e identidad de género: Esta violencia se basa en violaciones a los derechos humanos por la identidad o la orientación sexual. Suele manifestarse como un castigo hacia quienes no se ajustan a los estereotipos de género tradicionales (CIDH, 2015).
Violencia de género: Esta forma de violencia coloca a las mujeres en una posición de inferioridad frente a los hombres, lo que las hace más vulnerables a diversas formas de violencia.

Estos son solo algunos de los grupos vulnerables, pero no son los únicos. Es importante reconocer que cualquier forma de violencia, sin importar hacia quién esté dirigida, es errónea y debe ser detenida.

Además, es crucial entender que hay poblaciones donde las causas de discriminación y violencia se combinan, lo que llamamos interseccionalidad. Por ejemplo, no es lo mismo ser una mujer adolescente con recursos económicos que ser una mujer indígena, con escasos recursos y con una discapacidad. Estas diferencias son marcadores de desigualdad, y aunque ambas pueden experimentar violencia, las condiciones en que lo hacen, su acceso a redes de apoyo, servicios de salud y legales, y las posibilidades de escapar de estos ciclos de violencia son diferentes.

Si aprendemos a reconocer qué cosas constituyen un acto de violencia, sabremos qué es lo que puede vulnerar nuestra integridad y nuestros derechos, lo que nos da la posibilidad de buscar los medios para cambiarlo.

Puntos para recordar construir espacios libres de violencia

Como conclusión es importante recordar estos puntos sobre la violencia:

  • Ninguna persona merece ser víctima de violencia, sin importar su edad, sexo, género, orientación sexual, identidad sexual, discapacidad, origen étnico o situación económica.
  • La víctima nunca tiene la culpa de la violencia. Es obligación del Estado garantizar justicia y proteger los derechos humanos, evitando culpar nuevamente a la víctima o hacerla sentir peor.
  • Las niñas, niños y adolescentes deben ser la prioridad para las instituciones. El Estado y sus instituciones tienen la responsabilidad de proteger, orientar y acompañar a todas las personas jóvenes para asegurarles una vida libre de violencia.
  • Como parte de una comunidad, todas y todos podemos ayudar a prevenir la violencia o apoyar a quienes la sufren. Si somos testigos de violencia, podemos apoyar a la víctima para que busque justicia. Si somos víctimas, podemos pedir ayuda y exigir nuestros derechos. Y si en algún momento hemos sido agresores, podemos decidir cambiar y resolver nuestros conflictos sin violencia, con respeto y diálogo.

Actividad
«Mi Compromiso por un Espacio Libre de Violencia»

Instrucciones:

1. Reflexión Personal:
Tómate unos minutos para pensar en las siguientes preguntas. Puedes escribir tus respuestas en un cuaderno o en un documento digital:

  • ¿Qué formas de violencia has observado en tu entorno (escuela, hogar, comunidad)?
  • ¿Has sido testigo o víctima de alguna situación violenta? ¿Cómo te sentiste?
  • ¿Qué acciones crees que contribuyen a un ambiente violento?

2. Investigación:
Investiga sobre una organización en tu localidad o país que trabaje en la prevención de la violencia y promoción de espacios seguros. Toma nota de sus objetivos, actividades y cómo puedes involucrarte.

3. Compromiso Personal:
Escribe un breve compromiso personal que incluya:

  • Una acción específica que te gustaría llevar a cabo para ayudar a crear un ambiente libre de violencia (por ejemplo, hablar con compañeros y compañeras sobre la importancia del respeto, participar en talleres sobre resolución de conflictos, o ser una persona aliada para quienes sufren acoso).
  • Un objetivo a corto plazo (por ejemplo, hacer una publicación en redes sociales sobre la violencia y cómo prevenirla, o compartir información con amigos sobre recursos de apoyo).

4. Compartir:
Si te sientes cómodo, comparte tu compromiso con amistades o en tus redes sociales. Puedes utilizar un formato creativo, como una infografía, un video corto o una publicación escrita.

Cierra la actividad reflexionando sobre cómo pequeñas acciones pueden generar un cambio positivo en tu entorno. Recuerda que todos y todas podemos ser parte de la solución y ayudar a construir comunidades más seguras y respetuosas.