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8.3. El VIH, el sida y el estigma

Hablemos brevemente del VIH y del sida

Actualmente, a nivel mundial y como parte de los ODS (Objetivos del Desarrollo Sostenible) y otros programas internacionales, hay extensas campañas para disminuir y erradicar el VIH y las muertes asociadas al sida. Hoy en día, se ha observado una reducción del 39% de nuevas infecciones por el VIH desde 2010, en parte debido al aumento en el acceso al tratamiento, lo que también reditúa en una disminución del 51% en la cantidad de muertes relacionadas con el sida (ONUSIDA, 2024).

Actualmente, existen en el mundo 1.8 mil millones de jóvenes. De las 6,300 personas que contraen el VIH diariamente, el 40% son jóvenes entre 15 y 24 años, la mayoría mujeres. El VIH es la principal causa de muerte entre las mujeres en edad reproductiva y es el causante de al menos un 20% de la mortalidad materna (UNFPA, 2024).

La falta de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad y apropiados para la juventud es uno de los principales retos que existen actualmente a nivel mundial. A ello, se le suman barreras sociales, culturales, políticas y legales. Es imperativo que estos obstáculos se puedan superar a fin de prevenir nuevos casos. (UNFPA, 2024).

En América Latina y el Caribe, cada día se registran aproximadamente 30 nuevos casos de VIH (11,000 al año), entre adolescentes y jóvenes entre los 10 y 19 años. En gran medida, los nuevos casos en este grupo de edad se concentran en adolescentes y jóvenes varones. Entre 2010 y 2021, la reducción de nuevas infecciones por VIH fue del 25% para las mujeres adolescentes y solamente del 3% entre los hombres adolescentes. Sin embargo, las niñas, las adolescentes y mujeres siguen siendo las más afectadas por la epidemia del VIH debido, en parte, a las desigualdades de género que a menudo ocasionan que ellas no tengan poder para negociar relaciones sexuales seguras, la pobreza que se manifiesta en comunidades ubicadas lejos de los centros de salud y la falta de acceso a programas de prevención del VIH y salud sexual y reproductiva (UNICEF, 2023).

Los datos más recientes de UNICEF (2023) también estiman que, en América Latina y el Caribe, aproximadamente 34.000 mujeres embarazadas requieren tratamiento para la prevención de la transmisión materno infantil del virus.

VIH y sida son dos cosas distintas

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es el agente causal del sida. Afecta solo al ser humano y es el único que puede transmitirlo a otro humano si no existen mecanismos de barrera que lo detengan.

Este virus afecta al sistema inmunitario o inmunológico y tiene preferencia por las células que defienden al cuerpo de las enfermedades. Por eso, no puede vivir fuera de ellas.

El VIH se encuentra en la sangre y en los líquidos corporales, por ejemplo, en el fluido preeyaculatorio o líquido preseminal, es decir, el líquido lubricante que sale por el pene antes de la eyaculación; en el semen; en el líquido que se produce para lubricar la vagina; en la leche materna, y en la saliva, pero no en todas las secreciones tiene la misma capacidad de infectar.

El sida no se conocía como una enfermedad hasta el año de 1981; fueron las personas que se dedicaron a estudiar las enfermedades quienes se dieron cuenta de que se trataba de algo diferente a lo que existía. Sida es el nombre abreviado del síndrome de inmunodeficiencia adquirida y se escribe con letras minúsculas (sida).

Un síndrome es un conjunto de signos, es decir, lo que el médico encuentra cuando examina a la persona; los síntomas son lo que el paciente le refiere, por ejemplo, diarrea o dolor. En conjunto forman parte de una enfermedad; por ejemplo, cuando se inflaman las anginas, el signo sería la inflamación y el síntoma sería el dolor.

En este caso, para diagnosticar que una persona tiene sida no es suficiente con que tenga VIH en el torrente sanguíneo o que tenga algunos signos y síntomas. Se requiere que cubra una serie de características dentro de las que podemos incluir un recuento de células CD4 (un tipo de glóbulo blanco que ayudan a combatir infecciones) menor a 200 células/mm3, y que presente una serie de enfermedades oportunistas que pongan en riesgo la vida de la persona.

¿Cuál es la diferencia entre tener VIH y tener sida?

A las personas que viven con VIH y no presentan síntomas, se les llama portadoras asintomáticas. Esto significa que, aunque no tengan ningún malestar visible, si no reciben tratamiento, pueden transmitir el virus a otras personas si tienen relaciones sexuales sin protección, si transfunden sangre, comparten equipo de inyección o se embarazan (ya que pueden transmitir el virus al bebé). Debido a esto, muchas personas pueden adquirir el VIH sin saberlo, aumentando rápidamente el número de casos, ya que el virus no se detecta con solo mirar a alguien.

El tiempo que transcurre desde que una persona contrae el VIH hasta que aparecen síntomas que indican la presencia del sida, puede variar desde algunos meses hasta varios años. Esto depende de factores como la salud individual, el tipo de riesgos a los que la persona ha estado expuesta y los cuidados que tome para mantener una buena salud.

Actualmente, gracias a los tratamientos antirretrovirales, las personas con VIH pueden llevar una vida larga y saludable. Si siguen adecuadamente su tratamiento, pueden lograr una carga viral indetectable, es decir, tener tan pocos virus en su cuerpo que no pueden detectarse mediante análisis de laboratorio. Además, esto ayuda a que su sistema inmunitario o inmunológico se mantenga fuerte, permitiéndoles enfrentar las enfermedades como lo haría una persona promedio. Por eso, hoy en día el VIH es considerado una enfermedad crónica que, si se maneja adecuadamente, no tiene que afectar significativamente la vida de quien lo tiene ni de su familia.

Cuando hablamos del sida, nos referimos a una etapa que, aunque no todas las personas presentan, es la más avanzada de la infección causada por el VIH. En esta etapa, la persona presenta síntomas específicos debido a enfermedades oportunistas (otras infecciones o complicaciones que aprovechan la debilidad del sistema inmunitario o inmunológico). Esto sucede porque el virus ha dañado en gran medida las defensas del cuerpo, lo que permite que cualquier enfermedad, incluso si parece simple, se vuelva grave.

Sin embargo, con el tratamiento médico oportuno, incluso las personas que llegan a la etapa de sida pueden controlar su situación y mejorar su salud. Por eso, vivir con VIH ya no es una sentencia de muerte. Hoy es posible mantener la infección bajo control y llevar una vida plena y saludable.

Conocer tu estado serológico mediante una prueba rápida o una prueba de laboratorio, es esencial para tomar decisiones informadas sobre tu salud.

La importancia de romper con el estigma

Desde hace muchos años se ha investigado sobre la transmisión del VIH y el impacto del tratamiento en la reducción del riesgo de infección. Es por eso que hoy sabemos que una persona con tratamiento antirretroviral que alcanza y mantiene una carga viral indetectable, no tiene riesgo de transmitir sexualmente el virus; es decir, el VIH indetectable es instransmisible (UNAIDS, 2024) o «I=I», ya que:

Indetectable = Intransmisible (I=I)

Las personas que viven con VIH y toman su tratamiento de forma adecuada pueden reducir su carga viral a niveles tan bajos que resultan indetectables durante largos periodos. Esto significa que el virus está presente en cantidades tan pequeñas que no se puede detectar con pruebas estándar y no se transmite a otras personas a través de la sangre, los fluidos vaginales o el semen.

En este contexto, las parejas serodiscordantes (en las que una persona vive con VIH y la otra no) pueden tener hijos de manera segura mediante relaciones sexuales sin necesidad de técnicas de reproducción asistida, siempre que la persona con VIH mantenga una carga viral indetectable.

Los medicamentos antirretrovirales actúan evitando que el VIH se replique en el cuerpo. Si el tratamiento es efectivo, el virus no puede hacer copias de sí mismo ni infectar nuevas células. Esto mantiene la carga viral en niveles muy bajos, lo que ayuda a preservar un sistema inmunitario o inmunológico saludable. Sin embargo, es importante saber que el tratamiento no elimina por completo el virus. Aunque la carga viral sea indetectable, el VIH puede permanecer en estado latente en algunos lugares del cuerpo, como el cerebro, el intestino o la médula espinal. Por eso, no se considera que el VIH se haya eliminado.

Una carga viral indetectable significa que, en los fluidos corporales como la sangre, el semen o los fluidos vaginales, solo hay una cantidad mínima del virus, insuficiente para transmitirlo.

Lactancia materna y VIH

La lactancia es un caso especial. Aunque el tratamiento puede reducir el riesgo de transmisión del VIH a través de la leche materna, aún existe cierta posibilidad de contagio. Se necesita más investigación para entender completamente cómo el tratamiento influye en la lactancia. Por ahora, la recomendación es evaluar si los beneficios de la lactancia superan los riesgos. En contextos donde no se puede acceder a fórmulas infantiles o el agua no es segura, puede ser mejor optar por la lactancia materna. En estos casos, lo fundamental es que la madre reciba toda la información necesaria para tomar una decisión informada.

Vivir con VIH

Una persona con VIH puede llevar una vida plena, saludable, productiva y con relaciones afectivas y familiares como cualquier otra. Para ello, es fundamental eliminar el estigma que aún persiste en torno al virus.

¿Cómo se diagnostica el VIH?

La única manera de saber si alguien tiene VIH es mediante pruebas específicas de detección en sangre. Cuando un virus entra al cuerpo, el sistema inmunitario o inmunológico reacciona produciendo anticuerpos para combatirlo. En el caso del VIH, estos anticuerpos no se detectan en un análisis común; se requieren pruebas especiales.

Las pruebas rápidas son muy comunes para detectar anticuerpos contra el VIH. Si el resultado es positivo o reactivo, se debe confirmar con una segunda prueba más específica. Por eso, es importante que los resultados los entregue personal capacitado que pueda brindar orientación adecuada.

  • Un resultado negativo o no reactivo significa que no se detectó VIH en el cuerpo.
  • Un resultado positivo o reactivo indica la presencia de anticuerpos contra el VIH, lo que significa que la persona vive con el virus.

¿Qué pasa cuando el sistema inmunitario o inmunológico se debilita por el VIH?

Cuando el VIH daña gravemente el sistema inmunológico, el cuerpo pierde su capacidad de defenderse. Esto convierte a la persona en un blanco fácil para infecciones por virus, bacterias, hongos y otros agentes que normalmente no causarían daño. En estos casos, la persona no muere directamente por el VIH, sino por enfermedades oportunistas que el cuerpo ya no puede combatir.

¿Quiénes deben hacerse el examen de detección del VIH?

  • Toda persona que haya tenido una práctica de riesgo, es decir, una relación sexual sin protección.
  • Toda persona que haya tenido una transfusión sanguínea o le hayan trasplantado un órgano.
  • Aquellas personas que hayan usado equipo de inyección no esterilizado.
  • Toda persona con vida sexual activa. De forma ideal, se debe acudir a revisión médica y toma de exámenes de laboratorio por lo menos una vez al año. Si se tiene prácticas de riesgo, esto debe hacerse cada tres a seis meses.

¿Alguien puede obligar a las personas a hacerse el examen de detección del VIH?

Existen diversos documentos internacionales, como tratados y convenciones, que abordan los derechos de todas las personas en relación con las pruebas para detectar anticuerpos contra el VIH. Algunos de ellos han sido elaborados por organismos de la ONU a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida, mientras que otros han sido redactados por especialistas en salud y derechos humanos, como los Principios de Yogyakarta. Estos documentos establecen que toda detección del VIH/Sida debe regirse por los siguientes criterios:

  • Toda persona es libre de decidir si desea realizarse una prueba de detección de VIH. Nadie debe ser presionado ni obligado a hacerlo.
  • Las pruebas de VIH deben realizarse únicamente con el consentimiento previo, libre, informado y explícito de la persona.
  • La detección del VIH no debe utilizarse con fines ajenos a la protección de la salud de la persona que se somete a la prueba.
  • Cualquier persona tiene derecho a recibir consejería o asesoramiento profesional antes y después de la prueba.
  • El estado serológico de cada persona es confidencial. Los servicios de salud deben garantizar la privacidad tanto del resultado como del expediente clínico.
  • No se debe exigir una prueba de VIH como requisito para acceder a bienes o servicios, contraer matrimonio, obtener empleo, ingresar a instituciones educativas o recibir atención médica.
  • La detección del VIH/sida nunca debe vulnerar los derechos humanos fundamentales de ninguna persona.

¿Cómo se pueden proteger las personas contra el VIH?

Existen diversas formas de reducir el riesgo de adquirir el VIH. Cada persona, con base en su información, valores y contexto, puede decidir qué estrategia se ajusta mejor a su estilo de vida. Estas son algunas de las más comunes:

Abstinencia sexual: No tener relaciones sexuales es una forma válida y efectiva de prevención, siempre que sea una decisión voluntaria e informada.
Pactos de salud con la pareja: Implica establecer acuerdos sobre prácticas sexuales, uso de condón, consentimiento y formas de cuidado mutuo, ya sea en relaciones ocasionales o estables.
Sexo seguro: Consiste en actividades eróticas sin penetración (oral, vaginal o anal), que evitan el contacto con fluidos corporales potencialmente infectantes (como semen, flujo vaginal, sangre o líquido preseminal o preeyaculatorio).
Sexo protegido: Uso correcto y constante de barreras como condones (interno o externo), guantes, dedales o láminas de látex, que impiden el intercambio de fluidos corporales.
Sangre segura: Verificar que toda transfusión use sangre analizada, identificada con etiquetas que indiquen “VIH negativo” o “sangre segura”. Es un derecho exigir que se cumpla con esta norma sanitaria.
Material estéril: Evitar el uso de equipo de inyección no esterilizado. Todo material quirúrgico o de inyección debe ser nuevo o estar correctamente esterilizado.
Prevención de la transmisión perinatal: El diagnóstico temprano y el seguimiento médico durante el embarazo reducen significativamente el riesgo de transmisión del VIH al bebé. El control prenatal debe incluir la prueba de VIH, con asesoramiento adecuado.

Así como se habla de las infecciones de transmisión sexual, se debe hablar de la salud sexualmente transmisible, es decir, del beneficio que el cuidado del propio cuerpo tiene para las personas con las que nos relacionamos.

La importancia de la negociación en la prevención

Uno de los principales retos para prevenir el VIH y otras ITS es que muchas personas, aunque conocen cómo protegerse, no siempre aplican estas medidas. La negociación permite construir relaciones respetuosas y equitativas, favoreciendo decisiones compartidas que cuidan la salud de todos los involucrados. Aun así, diversos factores sociales, culturales y emocionales pueden complicar que estas negociaciones se lleven a cabo eficazmente. La negociación implica establecer pactos de salud, por ejemplo:

  • Hablar directamente sobre las condiciones en que se llevará a cabo la actividad sexual.
  • Acordar cómo se evitará una ITS y un embarazo no planeado (métodos de barrera y anticonceptivos).
  • Definir límites personales y conocer los límites de la otra persona.
  • Acudir a la clínica para hacerse pruebas de VIH y otras ITS.
  • Tomar decisiones compartidas desde el respeto, la responsabilidad y el consentimiento.

Opciones de negociación

1. Exclusividad sexual: Si se acuerda mantener relaciones sexuales exclusivamente entre dos personas, es necesario sostener este pacto con honestidad. En caso de querer cambiar el acuerdo, debe conversarse y ajustarse el cuidado preventivo.
2. Posponer las relaciones sexuales: Las negociaciones pueden incluir posponer las relaciones sexuales hasta que las personas involucradas estén preparadas y consideren que las condiciones son óptimas. También, se puede acordar evitar la penetración y recurrir a otras opciones, como las caricias mutuas y masajes (sexo seguro). Este acuerdo, aunque efectivo, puede implicar retos si no se acuerda claramente o no se respetan los límites establecidos.
3. Uso del condón y otros mecanismos de barrera: Siempre que haya contacto con fluidos o cavidades corporales, se recomienda el uso de métodos de barrera. Lamentablemente, aún existen estigmas alrededor del uso del condón: se asocia con desconfianza, se minimiza su importancia, o incluso se teme perder a la pareja por sugerirlo.

En algunos casos, especialmente para mujeres, solicitar el uso del condón puede incrementar situaciones de violencia o desigualdad. Por ello, promover una sexualidad basada en la equidad, el consentimiento y la comunicación asertiva es fundamental.

¿Por qué se discrimina a las personas con VIH o sida?

La discriminación hacia las personas con VIH o sida tiene múltiples causas:

  • Al inicio de su aparición, el virus fue identificado en grupos históricamente marginados, como hombres que tienen sexo con hombres, lo que reforzó estigmas existentes.
  • El sida se percibe como una enfermedad fatal, lo que genera miedo al contagio.
  • Algunas creencias asocian las infecciones de transmisión sexual con conductas «inmorales» o «pecaminosas», promoviendo la idea de que quien se infecta «lo merece».

Estas percepciones están ligadas a prácticas vistas como negativas, como el trabajo sexual o la homosexualidad, y alimentan la idea errónea de que el VIH afecta solo a ciertos grupos.

La discriminación genera miedo, lo que puede llevar a que las personas eviten hacerse la prueba o retrasen el acceso al tratamiento, aumentando así los riesgos para su salud y la de otras personas.

Consecuencias sociales de la discriminación

  • Limita el acceso a información, servicios y tratamiento.
  • Retrasa el diagnóstico y la atención médica oportuna.
  • Reproduce mitos sobre el contagio, generando miedo infundado.
  • Refuerza la creencia de que el VIH solo afecta a ciertos grupos sociales.
  • Promueve la intolerancia y la división social.
  • Afecta no solo a quienes viven con VIH, sino también a sus familiares y entorno.
  • Obstaculiza la construcción de una responsabilidad compartida frente a la pandemia.
  • Daña la autoestima de quienes son rechazados, generando culpa y vergüenza.

¿Qué dicen las leyes internacionales?

Existen tratados internacionales que protegen el derecho a la igualdad y prohíben la discriminación. Algunos ejemplos son la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Interamericana contra toda forma de Discriminación e Intolerancia, y los Pactos Internacionales sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales, Civiles y Políticos.

Estos acuerdos señalan que discriminar a alguien por vivir con VIH es una violación de sus derechos humanos básicos. Por ello, exigen que los países que han firmado estos tratados tomen medidas para evitar la discriminación y garantizar el respeto hacia todas las personas. Además, existen documentos elaborados por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que prohíben la discriminación con base en el estado serológico de una persona. 

¿Qué es la profilaxis preexposición (PrEP)?

La PrEP es una estrategia de prevención del VIH que consiste en tomar diariamente una pastilla (emtricitabina/tenofovir) que reduce significativamente el riesgo de adquirir el virus. Tomar prep es un acto voluntario y es decisión de cada persona el momento en que decide dejar el tratamiento.

¿Para quién está recomendada?

  • Hombres que tienen sexo con hombres, mujeres trans, y personas que ejercen el trabajo sexual.
  • Quienes tienen múltiples parejas sexuales o uso inconsistente del condón.
  • Personas que practican chemsex (sexo con consumo de sustancias).
  • Personas con ITS recientes o recurrentes.
  • Parejas serodiscordantes (una persona vive con VIH y la otra no).

¿Qué tan efectiva es?

La OMS estima que, si se toma de forma correcta, la PrEP puede prevenir más del 94% de los casos de VIH. 

¿La protección es permanente?

No. De acuerdo con datos de ONUSIDA (2015a), en los hombres, la dosis requerida para alcanzar una protección efectiva se ha estimado en cinco días (en el caso del sexo anal). Si se interrumpe la administración de la PrEP, la protección aún podría persistir durante siete días, pero luego caería drásticamente. Por el contrario, las mujeres necesitan una dosis diaria durante tres semanas aproximadamente antes de llegar a los niveles óptimos de protección (en el caso del sexo vaginal).

¿Tiene efectos secundarios?

La PrEP es segura, sobre todo si se acompaña de seguimiento médico. Los efectos secundarios leves más comunes son náuseas, dolor de cabeza, insomnio, fatiga y sueños vívidos; estos suelen desaparecer después de unos días. Los efectos secundarios graves son raros, pero en algunos casos puede afectar la función renal.

¿Cuál es la diferencia entre PrEP y PEP?

  • PrEP: se toma antes de una posible exposición al virus y requiere constancia.
  • PEP: se toma después de una situación de riesgo (por ejemplo, tras una relación sin protección o una agresión sexual). Se administra durante 28 días y debe iniciarse en las primeras 72 horas posteriores a la exposición.

Es importante mencionar que la PrEP no protege contra otras ITS, por lo que se recomienda continuar usando métodos de barrera como el condón.

¿Qué hacer si ya hubo exposición al VIH?

Si ocurrió una situación de riesgo, como contacto con sangre o secreciones, ruptura del condón o una agresión sexual, es posible recurrir a la profilaxis posexposición (PEP).

¿Quiénes pueden usar la PEP?

  • Personas VIH negativas expuestas al virus en las últimas 72 horas.
  • Víctimas de agresión sexual.
  • Quienes compartieron jeringas contaminadas de forma ocasional.
  • Personal de salud que tuvo contacto con sangre o fluidos corporales.

¿Cómo funciona?

Debe iniciarse lo antes posible (máximo 72 horas tras la exposición), y consiste en tomar medicamentos antirretrovirales durante 28 días. Aunque no es 100% efectiva, reduce significativamente el riesgo de infección.

La PEP es solo para emergencias y no sustituye el uso de condones ni otras medidas preventivas, pues no protege contra otras ITS.

La PrEP no es una vacuna. Una vacuna le enseña al cuerpo cómo combatir una infección. En cambio, la PrEP es una píldora que se toma una vez al día para generar protección ante una posible exposición al VIH. Si se deja de tomar, se pierde la protección.

Actividad
«Lo que se dice y lo que es: aprendiendo a hablar (y negociar) sobre el VIH»

Escribe un texto breve (250–300 palabras) donde reflexiones sobre las siguientes preguntas:

  • A pesar de no ser iguales, ¿por qué crees que muchas personas aún confunden el VIH con el sida?
  • ¿Qué mitos o prejuicios sobre el VIH has escuchado en tu escuela, redes sociales o familia?
  • ¿Por qué puede ser difícil hablar del uso del condón con una pareja y qué ideas o estrategias crees que pueden ayudar a su negociación?

(Opcional) Diseña una breve campaña o mensaje que podrías compartir en redes sociales para combatir los prejuicios hacia las personas que viven con VIH.