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1.3 Respeto es valorarme, valorarnos.

Socializaciones que lastiman

El acoso escolar o bullying es una combinación de discriminación y violencia explícita. Se refiere al maltrato, acoso o intimidación que ocurre entre estudiantes dentro de la escuela, sus alrededores o durante actividades extraescolares, con la intención de causar daño físico o emocional basado en la discriminación.

Es una realidad que todas las sociedades discriminan, sin importar el país del que hablemos. En Latinoamérica solemos creer que no discriminamos a otras personas, sin embargo, la prevalencia del acoso es alta (Cabra y Marciales, 2016). Según un análisis de ochenta investigaciones realizadas a nivel mundial, 36% de las y los adolescentes ha sido víctima de bullying y 35% ha sido la persona agresora (Modecki et al., 2014).

En todos los espacios en que aprendemos a socializar (familia, escuela, trabajo, comunidad) se pueden replicar, en mayor o menor grado, actitudes discriminatorias. Por ejemplo, algunas personas consideran que la heterosexualidad es la única forma válida de amar y formar una pareja, y en ciertos contextos esto puede generar exclusión o rechazo hacia quienes no lo son.

Sin embargo, estos mismos espacios pueden enseñarnos lo opuesto a la discriminación; pueden promover la tolerancia, la inclusión y el respeto, elementos clave en la construcción de una cultura de paz.

La discriminación, al igual que otras formas de violencia:

  • Es una conducta social que se aprende rápidamente y que tiende a repetirse hasta volverse cotidiana.
  • Es progresiva; es decir, sus efectos pueden acumularse e incrementarse, generando daños cada vez mayores.
  • Evoluciona y adopta nuevas formas; por ejemplo, cuando nuestras mamás o abuelos eran adolescentes no existían las redes sociales, por lo que ciertas formas actuales de discriminación virtual eran inexistentes.
  • Puede generar daños físicos, psicológicos, emocionales, morales o materiales, creando limitaciones para las personas discriminadas y fragmentando a la sociedad (UNICEF, 2022).

Al menos tres conceptos están relacionados con las actitudes discriminatorias: estigma, estereotipo y prejuicio.

Estigma

Esta palabra proviene del griego y significa marca o mancha. Un estigma es algo que desvaloriza a una persona frente a otras personas e incluso ante sí misma, afectando negativamente sus emociones y sentimientos. Aquí hay algunos ejemplos de estas creencias:
  • «Una adolescente embarazada no es valiosa para algo serio».
  • «Si alguien tiene una infección de transmisión sexual, seguramente se lo merece».
  • «Es imposible que un hombre adolescente no quiera tener relaciones sexuales».
  • «Parece buena persona, pero es lesbiana».
Estas ideas generan sentimientos negativos como culpa, vergüenza o baja autoestima, lo cual dificulta salir de situaciones de violencia.

Estereotipo

Los estereotipos son creencias o ideas simplificadas y generalmente negativas respecto a una persona o un grupo humano. Dicho de otro modo, se trata de una perspectiva que le atribuye a una persona características supuestamente propias del grupo al que pertenece (Enciclopedia Humanidades, 2024).

Estas ideas exageran ciertos rasgos de un grupo. Pueden ser «positivas» (como creer que todas las personas altas son buenas en el básquetbol) o negativas (creer que todas las y los adolescentes son irresponsables). El problema es que estas creencias simplifican injustamente la realidad y limitan la visión que tenemos sobre las personas, por ejemplo:

  • Pensar que todas las personas estudiosas son aburridas limita la percepción sobre ellas.
  • Creer que todas las personas con discapacidad intelectual son lentas, no permite reconocer sus fortalezas.
  • Suponer que todas las personas que viven con VIH son homosexuales, invisibiliza la realidad de hombres y mujeres heterosexuales que también viven con el virus, dificultando su acceso oportuno a la salud.

Prejuicio

Un prejuicio es una opinión o juicio, generalmente negativo, que se hace hacia una persona solo por pertenecer a un grupo específico (por su nacionalidad, orientación sexual, etnia, religión, cultura, nivel económico, edad, entre otras cosas). Los prejuicios se forman sin evidencias, por eso se llaman «pre-juicios»; generalizan y promueven actitudes hostiles o negativas que son injustificadas.

Algunos ejemplos de prejuicios son:

  • «Las mujeres no saben manejar».
  • «Si es mujer, seguramente es chismosa».
  • «Si es hombre, solo piensa en sexo».
  • «Las personas con discapacidad visual no pueden enamorarse».

Estos prejuicios afectan cómo reaccionamos ante las personas y ciertas situaciones, limitando la convivencia sana y respetuosa.

Consecuencias de la discriminación

La discriminación puede generar estrés, depresión, ansiedad e incluso puede llevar al suicidio. Es dañina tanto para quien la vive como para quien la ejerce; incrementa la violencia y disminuye la calidad de vida de las personas, grupos y sociedades en general.

Los siguientes datos de la UNESCO (Kosciw y Zongrone, 2019; UNESCO, 2023) sobre la discriminación hacia adolescentes de la diversidad sexual, demuestran la relevancia de este problema:

  • Un análisis realizado en siete países de América (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) encontró que entre el 47% y el 81% los estudiantes LGTBI+ dijo sentirse inseguro en la escuela debido a su orientación sexual, y entre el 32% y el 63% por su expresión de género.
  • 6 de cada 10 estudiantes LGBTI+ ha vivido acoso verbal en la escuela y 12% ha sufrido alguna agresión física por su orientación sexual o expresión de género.
  • 30% de los estudiantes LGBTI+ reportó haber faltado a clases al menos un día en el último mes por haberse sentido inseguro.
  • El acoso homofóbico que viven los adolescentes está relacionado con una baja autoestima y mayor depresión.
  • La mayoría de los estudiantes LGTBI+ ha sido objeto de actitudes negativas de parte del personal docente y solo 2 de cada 3 señaló que algún maestro o maestra intervino ante el uso de lenguaje homofóbico en la escuela.

Es importante mencionar que la orientación sexual y la identidad de género no son los únicos motivos de discriminación y rechazo. Otros factores como la edad, origen étnico, discapacidades o características físicas también pueden ser motivo de discriminación.

Tolerancia, inclusión y respeto

La discriminación es la base de muchas formas de violencia y ocasiona infelicidad, aislamiento e incluso acciones que ponen en riesgo la salud y la vida de quienes la sufren. Para erradicarla y construir relaciones armoniosas, saludables y equitativas, es fundamental que todas y todos contribuyamos con el ejemplo a promover la inclusión, la tolerancia, la aceptación y el respeto.

El respeto es un valor que permite reconocer, aceptar y valorar tanto las cualidades y derechos propios como los de las demás personas. Consiste en honrar y aceptar a otras personas, aunque no estemos de acuerdo con sus ideas, hagan actividades diferentes o tengan características distintas a las nuestras. En esencia, el respeto implica reconocer el valor propio y el de los demás.

La tolerancia es respeto, aceptación y aprecio de la extraordinaria diversidad que caracteriza a las culturas de nuestro mundo, nuestras formas de expresión y maneras de ser humanos»; no es compasión ni indiferencia, sino una actitud activa y positiva que reconoce y respeta los derechos humanos y las libertades fundamentales de las demás personas (UNESCO, 2024).

La inclusión se refiere a la participación activa, equitativa y justa de todas las personas en la comunidad. Es una forma de empoderar a individuos y grupos y de evitar su exclusión. González y Güell, 2012; Olvera, 2018).

Todas y todos podemos contribuir a evitar la discriminación de las siguientes maneras:

  • Reconocer que cada persona es única y valiosa, lo que nos permite amarnos y amar a otras personas.
  • Construir día a día espacios libres de violencia y discriminación, fomentando así una cultura de paz.
  • Recordar que todas las personas tenemos derecho al respeto y la igualdad, como parte fundamental de nuestros derechos humanos.
  • Celebrar la diversidad de ideas, personalidades, cuerpos, talentos, culturas, formas de amar, modos de expresión, idiomas y dialectos que enriquecen nuestra sociedad.
  • Recordar que podemos pedir o brindar ayuda siempre que sea necesario.

Finalmente, tengamos presente que la vida social basada en estereotipos, prejuicios y estigmas conduce a la discriminación generalizada, y que cualquier acto discriminatorio es un acto de violencia. Todas las personas merecemos un trato digno, respetuoso e igualitario.

Actividad
«¿He discriminado sin saberlo?»

Instrucciones:

1. Investiga y define brevemente estos conceptos en tus palabras: estigma, estereotipo y prejuicio.

2. Luego, responde las siguientes preguntas:

  • ¿Has sentido alguna vez que alguien te trató diferente por ser adolescente o por ser chico o chica? ¿Cómo te hizo sentir?
  • ¿Alguna vez asumiste cosas sobre alguien solo por cómo se ve o a qué grupo pertenece?
  • ¿Cómo podrías actuar diferente para evitar discriminar?

3. Al final, piensa en cómo podrías realizar un cartel que promoviera la inclusión, la tolerancia y el respeto.