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4.3 Saber decir no: La mejor manera para cuidar nuestra integridad y nuestra privacidad.

Buena educación o costumbre: ¿Por qué no sabemos decir no?

¿Te has preguntado lo difícil que puede ser decir «no»? ¿Te has dado cuenta de cuántas cosas hacemos solo para no quedar mal con los demás? ¿Alguna vez has mentido para encajar con amigos o personas que no conoces? ¿Has atendido a personas solo por educación?

Es importante reflexionar sobre cómo, durante la niñez, la adolescencia y la juventud, nos han educado para ser serviciales, atentos con la familia y disponibles para actividades. Esto, que algunos consideran una buena educación, puede estar relacionado con un tipo de violencia más compleja: la violencia cultural.

La violencia cultural se refiere a cómo ciertos aspectos de la cultura—como el lenguaje, las dinámicas sociales, el arte y las costumbres—pueden ser utilizados para legitimar o justificar la violencia (Galtung, 2003). Por ejemplo, en muchos lugares, desde pequeños escuchamos frases como «los niños no lloran», o «las niñas deben comportarse siempre tranquilas». Este tipo de lenguaje refuerza estereotipos de género y expectativas que pueden llevar a justificar diferencias que nos colocan en situaciones de desigualdad.

Otro ejemplo sucede con la presión social para realizar ciertas actividades porque «todo el mundo lo hace», o la costumbre que existe en algunos países de tener contacto físico para saludar a una persona —como dar uno o dos besos—, incluso si no la conocemos. En esos casos, podemos sentir que, si no hacemos algo que no nos gusta o no nos hace sentir cómodos, seremos rechazados o criticados por otras personas.

Estas costumbres pueden hacernos dudar o presionarnos a seguir tradiciones con las que podemos no sentirnos cómodas o cómodos. Para combatir estas incomodidades y crear espacios seguros, es fundamental aprender sobre el consentimiento.

Mi cuerpo, mi decisión: consentimiento

Lo primero y más importante que debes saber que tu cuerpo es tuyo y solamente tuyo. Por lo tanto, solo tú puedes decidir sobre él, qué haces, cómo vistes y cómo te expresas a través de él. Como persona con derechos, puedes decidir de forma libre, autónoma e informada sobre tu cuerpo y tu sexualidad (UNFPA, 2023).

Entre estos derechos están el derecho a la vida, a la integridad personal, a la libertad de ideas y religión, a la seguridad, al honor, a la intimidad personal y familiar, y a la propia imagen.

El consentimiento se define como el acuerdo mutuo, libre y consciente entre personas para participar en cualquier actividad sexual, incluyendo relaciones sexuales. Es crucial para que las relaciones sexuales sean respetuosas y saludables (De la Torre, 2023).

El consentimiento es la clave para proteger tu cuerpo. Esto significa que tienes la decisión consciente de permitir que otra persona toque tu cuerpo o pertenencias, respetando tu integridad física y sin violar tus derechos humanos. Esto se aplica a cómo quieres saludar (si prefieres besos, abrazos, palabras o un apretón de manos), a cómo deseas bailar con alguien (la cercanía o el contacto físico), a cómo te gusta que te llamen (puedes permitir un apodo si te gusta, o usar tu nombre), y a tus relaciones afectivas (Brian, 2021).

El consentimiento no solo tiene que ver con nuestras prácticas sexuales y tampoco es un derecho exclusivo de las mujeres. Los hombres tienen derecho a decir «no» a cualquier petición que les incomode, y para eso, deben empezar por reflexionar qué les gusta y qué les incomoda, más allá de las creencias culturales que se les imponen con respecto a la sexualidad. Por ejemplo, es falso que todos los hombres siempre quieren tener relaciones sexuales (a cualquier hora y con cualquier persona); que les gusta todo lo relacionado con el sexo (cualquier práctica y en cualquier circunstancia), y que si «desaprovechan» cualquier oportunidad para tener un encuentro sexual, es porque no son «hombres verdaderos» (Sternin et al., 2021).

Cada persona es única y valiosa, y todos y todas merecemos amor, respeto, inclusión e igualdad. Tenemos derecho a decidir con quién relacionarnos afectiva, erótica y socialmente, así como a ejercer nuestras prácticas sexuales de manera libre y autónoma (UNFPA, 2023).

Aquí hay algunas reglas básicas del consentimiento:
  1. Tú decides. Tienes el derecho de elegir quién puede tocar tu cuerpo, en qué lugares y cómo.
  2. Comunica lo que sientes. Expresa con libertad lo que necesitas o quieres. Si alguien no respeta tus límites o decisiones, no es una situación segura para ti.
  3. «No» siempre significa no. Cuando dices «no», esa respuesta debe ser aceptada inmediatamente. Igualmente, si otra persona dice «no», debes respetarlo. Intentar convencer o insistir es una violación del consentimiento.
  4. Puedes cambiar de opinión. Incluso si ya dijiste «sí», puedes decir «no» en cualquier momento. Nadie tiene derecho a obligarte a continuar cuando no te sientes bien o cómodo/a.
  5. Cuidarte es tu derecho. Eres tu principal cuidador o cuidadora, busca ayuda siempre que sientas incomodidad, miedo o duda. Pedir ayuda significa cuidar de ti.
  6. Conocerte es protegerte. Identificar lo que te gusta y lo que no te gusta te ayuda a protegerte mejor del abuso.
  7. Consentir requiere conciencia plena. Si una persona está inconsciente o bajo el efecto de alcohol o drogas, no puede dar consentimiento válido (ONU Mujeres, 2019).
  8. Consentir no es ceder ante la insistencia. Si alguien acepta algo por presión o para evitar insistencias, no es consentimiento real. El consentimiento debe ser libre y sin presiones.
  9. Los mitos son peligrosos. A algunos hombres les enseñan que el «no» de una mujer es una invitación a seguir insistiendo o a esforzarse más para que acceda a algo. Sin embargo, la realidad es completamente distinta. Pensar que cuando alguien dice «no» en realidad quiere decir «sí» es falso y peligroso. Ignorar un «no» es violencia. Por otro lado, decirle «no» a alguien solo para manipular, para verle sufrir o para que haga ciertas cosas a cambio de un «sí», también es una forma de agresión.
  10. Busca apoyo si alguien no respeta tu consentimiento. Acude a personas de tu confianza para que te ayuden y acompañen en situaciones difíciles.

Conocer sobre el consentimiento te proporciona herramientas para defender y proteger tu cuerpo, así como para ejercer tus derechos. También ayuda a proteger y respetar la integridad de las demás personas en tu familia, relaciones, escuela, trabajo y comunidad.

Respetar la privacidad e integridad física de las personas es un paso esencial para construir espacios libres de violencia para las adolescencias y juventudes.

Si mi voz suena, respétala: límites hacia el consentimiento

Uno de los elementos más importantes para prevenir y tener relaciones seguras, placenteras y saludables, son los límites. Promover el uso y respeto del consentimiento, como parte de la construcción de espacios sin violencia, ayudará a que nos relacionemos sin recurrir a la violencia (FAKALI, 2023).

Pero, ¿cómo podemos solicitar u otorgar el consentimiento de manera clara y respetuosa? Te dejamos este cuadro de ejemplos:

SOLICITUD DE CONSENTIMIENTO

«¿Estás a gusto?», «¿te gusta/gustaría?», «¿te puedo tocar aquí?», «¿está bien si hago esto?».

 Si hay silencio o la respuesta es «no», «no estoy seguro/a», «no sé», «tal vez/podría ser» o cualquier cosa que no sea un «sí», debes parar de inmediato.

OTORGAR CONSENTIMIENTO

Recuerda que la palabra mágica es «sí», y este debe ser dado con seguridad:

«Sí quiero», «sí, vamos», «sí, me quiero quedar», «sí, me encanta».

Recuerda las reglas del consentimiento:

Un «sí» siempre puede convertirse en «no» si la situación no te parece cómoda o segura.

Cuadro 3. ¿Cómo solicitar o dar consentimiento?

Recuerda preguntar antes de actuar; siempre podemos ayudar a las personas a ejercer su derecho al consentimiento, a respetar sus decisiones y hacer respetar nuestros deseos y necesidades. Recuerda que siempre puedes decir que «no». Nada ni nadie te puede obligar a aceptar algo que no quieras.

Público y privado: la importancia de la privacidad

Otro de los elementos que nos ayudarán a proteger nuestra integridad es la privacidad y el reconocimiento de la atención sexual no deseada. De acuerdo con la declaración de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (2018), la privacidad es:

  • Un valor en sí, esencial para el desarrollo de la personalidad y la protección de la dignidad humana.
  • Nos permite protegernos de las interferencias injustificadas en nuestras vidas y determinar cómo queremos interactuar con el mundo.
  • La privacidad nos ayuda a establecer fronteras para limitar quién tiene acceso a nuestros cuerpos, lugares y objetos, así como a nuestras comunicaciones y a nuestra información.

Debemos tener presente que el consentimiento es el límite de una acción legal o de respeto relacionada con un acto violento, de vulneración, humillación o sometimiento. Por eso, acostumbrémonos a no opinar o decir públicamente algo sobre el cuerpo de otra persona. Al hacer esto, respetamos su derecho a su privacidad.

Todas las personas tienen el derecho de controlar lo que harán o no sexualmente y el tipo de contacto físico que permiten o no en sus relaciones sociales y de pareja. Debemos respetar la decisión de cada quien de otorgar o retirar el consentimiento en cualquier tipo de relación o vínculo.

Actiividad
«Mi consentimiento, mis reglas»

Instrucciones:

1. Reflexiona sobre tus límites Toma una hoja de papel y divídela en dos columnas:

  • En la columna izquierda escribe situaciones o acciones relacionadas con las relaciones personales, los encuentros románticos o sexuales, o el contacto físico en general que consideres cómodas y agradables.
  • En la columna derecha, escribe situaciones o acciones que consideras incómodas o que no aceptarías de ninguna manera.

2. Define tus reglas del consentimiento Usando tu lista anterior, escribe en tu propia voz y palabras cuáles serían tus reglas personales de consentimiento. Puedes utilizar las siguientes preguntas guía:

  • ¿Qué debe pasar para que yo diga «sí» claramente?
  • ¿Qué tipo de situaciones o comportamientos me hacen decir «no» automáticamente?
  • ¿Cómo comunico mis límites a otra persona con claridad?
  • ¿Qué haría si alguien no respeta mi «no»?

3. ¿Qué aprendí sobre el consentimiento? Al terminar, escribe un breve párrafo respondiendo las siguientes preguntas:

  • ¿Qué aprendí al identificar claramente mis límites?
  • ¿Cómo puedo asegurarme de respetar el consentimiento de otras personas?
  • ¿Qué puedo hacer para sentirme más cómodo o cómoda al hablar sobre consentimiento?

Guarda tus respuestas en un lugar privado y seguro. Recuerda que tienes el derecho de cambiar y ajustar tus límites y reglas cuando quieras. Lo más importante es reconocer que tu consentimiento es personal, debe ser respetado, y es fundamental respetar también el de otras personas.
El consentimiento es libre, claro, reversible y entusiasta. ¡Tu voz importa y debe ser escuchada!