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8.2. ¿Cómo se previenen las ITS?

¿Qué es la salud sexual?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021c), la salud sexual es un estado de bienestar físico, mental y social relacionado con la sexualidad. Esto implica no solo la ausencia de enfermedades, disfunciones o malestares, sino también poder vivir una sexualidad positiva, segura y libre de violencia o discriminación. Para lograr una buena salud sexual, es fundamental respetar y proteger los derechos sexuales y reproductivos de todas las personas.

La salud sexual se construye a partir de los hábitos que permiten cuidar nuestra salud física y psicológica, así como los aspectos socioculturales, que son aquellas prácticas y creencias compartidas por la sociedad en torno a la sexualidad.

La salud reproductiva, por otro lado, comprende todos los métodos, técnicas y servicios que contribuyen al bienestar reproductivo, ayudando a evitar y resolver problemas relacionados con la reproducción. También incluye promover relaciones personales sanas y la prevención y atención de infecciones de transmisión sexual (ITS).

Infecciones de transmisión sexual (ITS) y su impacto en la salud sexual

Es probable que hayas oído hablar de las ITS en la escuela, en casa o en la calle, o tal vez nunca hayas abordado el tema. Muchas personas evitan hablar de ellas por vergüenza, no buscan atención médica o desconocen que las padecen por falta de síntomas. Por eso, para prevenirlas o tratarlas oportunamente, es crucial entender cómo se transmiten.

Las ITS son causadas por diferentes microorganismos como bacterias, virus, ectoparásitos, protozoarios y hongos, los cuales prefieren áreas húmedas del cuerpo (órganos sexuales, ano, boca o garganta). Se les llama infecciones porque es posible tenerlas y transmitirlas aun cuando no se presentan síntomas visibles (UNFPA, 2020). Algunas ITS pueden transmitirse también de la madre al bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia (OMS, 2024).

En la mayoría de los casos, las ITS no presentan síntomas evidentes, lo que facilita su transmisión y retrasa la búsqueda de tratamiento, pudiendo derivar en complicaciones como infertilidad, embarazo ectópico o cáncer en órganos sexuales, entre otros.

Las ITS afectan tanto a hombres como a mujeres, y todas las personas sexualmente activas están en riesgo si no adoptan medidas de protección. Se transmiten generalmente por contacto con fluidos corporales infectados (sangre, semen, secreciones vaginales o heces) o por la proximidad de órganos sexuales (pene-vulva, pene-ano, vulva-vulva, boca-ano, boca-pene o boca-vulva). Los síntomas más comunes incluyen secreciones vaginales o uretrales, dolor o ardor al orinar o durante las relaciones sexuales, úlceras genitales y dolor abdominal (Álvarez et al., 2014).

Aunque el contacto sexual es la principal vía de transmisión, algunas ITS también se propagan a través de la sangre, productos sanguíneos o de forma vertical, es decir, de la madre al hijo o hija durante el embarazo, el parto o la lactancia.

Actualmente, existen tratamientos efectivos para varias ITS. Por ejemplo, la clamidia, la gonorrea, la sífilis y la tricomoniasis pueden tratarse con dosis únicas de antibióticos. Para el herpes y el VIH, hay antivirales y antirretrovirales que controlan la enfermedad, mientras que para la hepatitis B existen moduladores inmunológicos y antivirales que retrasan el daño hepático.

Sin embargo, muchas personas pueden tener una ITS sin síntomas visibles, como ocurre con el VIH, o presentar síntomas sólo en etapas muy avanzadas, como sucede con la sífilis, lo que resalta la importancia de realizar pruebas de detección periódicas. Es crucial considerar que las ITS pueden presentarse simultáneamente, y la presencia de una puede facilitar el contagio de otras al dañar las mucosas o la piel. Por ello, toda persona sexualmente activa debe someterse a controles médicos regulares, independientemente de su edad, ya que el derecho a la salud es universal. Las detecciones pueden realizarse de tres formas:

  • Identificación de signos y síntomas.
  • Exploración física por personal de salud cuando hay síntomas.
  • Pruebas de laboratorio o detección rápida.

Se recomienda que las personas sexualmente activas se realicen pruebas al menos una vez al año, especialmente si han tenido prácticas de riesgo (como relaciones sin uso de condón u otros métodos de barrera como guantes, dedales o cuadros de látex). La decisión de hacerse pruebas debe ser voluntaria, informada y confidencial. El personal de salud debe ofrecer consejería antes y después de las pruebas, explicando su propósito, beneficios, limitaciones y riesgos, y resolviendo dudas.

Es fundamental garantizar que los resultados sean correctos y, en caso de un diagnóstico positivo, vincular a la persona con servicios de salud para confirmar el diagnóstico y recibir tratamiento adecuado.

En América Latina y el Caribe, los servicios amigables para adolescentes ofrecen orientación, apoyo y tratamientos, además de proporcionar gratuitamente métodos anticonceptivos y de barrera, de forma anónima y con personal capacitado (Organización Panamericana de la Salud, 2017).

Las ITS son comunes y pueden afectar a cualquier persona sexualmente activa si no se protege adecuadamente. Aunque muchas son curables, otras no lo son, pero todas pueden impactar tu vida. Te invitamos a fortalecer tus habilidades de autocuidado, prestando atención a tu estado físico y emocional. Conoce tu cuerpo, obsérvalo, identifica sus formas, colores y olores, y si notas algo inusual o sientes síntomas como dolor, ardor, comezón o secreciones, comparte tus inquietudes con alguien de confianza para buscar apoyo y, de ser necesario, acudir a un servicio médico adecuado.

Factores de riesgo ante las ITS

No todas las personas ni todas las prácticas sexuales implican el mismo nivel de riesgo ante las ITS. Por esta razón, se deben considerar prácticas específicas o grupos vulnerables sin caer en estigmas ni prejuicios, creando programas específicos según el grado de vulnerabilidad o exposición.

Históricamente, se ha culpado injustamente a la población LGBTI+ (lésbica, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, intersexual, entre otras) de propagar ITS y VIH. Hoy sabemos que esto es falso y conocemos mejor las causas reales de estos riesgos. Por ejemplo, diversos estudios indican que la población LGBTI+ presenta un mayor consumo de sustancias como nicotina y alcohol (Hughto et al., 2021), debido al estrés crónico derivado del estigma y la discriminación social que experimentan (Paschen-Wolf et al., 2024; UNFPA, 2015).

La violencia de género es otro factor importante. Muchas mujeres enfrentan violencia sexual y no denuncian por miedo o culpa. Esto impide que reciban atención oportuna y preventiva como antibióticos, profilaxis posexposición al VIH (PEP), pastilla anticonceptiva de emergencia (PAE), y apoyo psicológico.

Además, el uso del condón puede verse limitado por factores como la pobreza o la negativa masculina a usarlo. Un mito frecuente es creer que tener una pareja exclusiva elimina el riesgo de una ITS. Sin embargo, muchas personas pueden tener infecciones previas sin síntomas, por lo que no es posible descartarlas sin pruebas médicas.

Las brechas generacionales también son relevantes. La mayoría de las campañas de prevención están dirigidas a jóvenes, dejando sin información específica a personas adultas mayores. Esto lleva a diagnósticos tardíos y menor uso del preservativo en estos grupos.

Según la OMS (2022), las trabajadoras sexuales tienen 30 veces más probabilidad de vivir con VIH comparadas con otras mujeres. La criminalización y el estigma del trabajo sexual incrementan su vulnerabilidad. La despenalización del trabajo sexual podría reducir un 46% las nuevas infecciones por VIH en este grupo en los próximos 10 años.

Analicemos de forma específica el chemsex y su relación con las ITS

El término chemsex proviene del inglés chemical sex y describe el uso intencional de drogas psicoactivas para tener encuentros sexuales prolongados, principalmente entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH). Las principales drogas usadas son mefedrona, metanfetamina, GHB o GBL (Eustaquio et al., 2024).

Esta práctica, conocida como sexo químico, se utiliza para intensificar y prolongar las relaciones sexuales, aunque médicos advierten sobre los altos riesgos que implica, como menor percepción del peligro, mayor probabilidad de contraer ITS, embarazos no planeados y aumento de violencia sexual. Por ello, en varios países el chemsex es considerado un problema de salud pública.

El consumo de alcohol o drogas durante el sexo altera el estado de conciencia, lo que dificulta el consentimiento sexual, aumentando la vulnerabilidad y el riesgo de sufrir violencia sexual. Además, se dificulta usar adecuadamente métodos de prevención como el condón.

Actividad
«Las ITS y sus factores de riesgo»

Responde alguna de las siguientes preguntas. Trata de usar tus propias palabras y, si lo deseas, incluye ejemplos de la vida cotidiana, redes sociales o experiencias cercanas:

1. ¿Qué le dirías a una persona que siente miedo o vergüenza de hacerse una prueba de ITS?

2. ¿Cómo es que el uso de sustancias afecta el consentimiento y por qué se considera un factor de riesgo?

3. Considerando tu edad y entorno, ¿cuáles son para ti las formas más efectivas y accesibles de prevenir las ITS?

4. ¿Alguna vez has escuchado frases como «las mujeres no deben llevar condones» o «si él tiene muchas parejas es normal»? ¿Cómo crees que este tipo de ideas afectan el riesgo de adquirir una ITS?

(Opcional) Elige una de estas actividades complementarias:

  • Crea un pequeño cartel informativo (puede ser a mano o digital) que responda a la pregunta: ¿Por qué es importante hacerse pruebas de ITS aunque no se tengan síntomas?
  • Investiga qué instituciones en tu ciudad o país ofrecen pruebas gratuitas o confidenciales de ITS, y comparte un breve listado.