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7.3 Erotismo, deseo y respuesta sexual

El cuerpo humano es asombroso; se adapta y responde continuamente a los estímulos internos y externos, ayudándonos a mantener el equilibrio y señalándonos lo que nos resulta agradable o desagradable, seguro o peligroso.

Nuestro cuerpo también responde a los estímulos que percibimos como eróticos y que nos generan deseo sexual. Este deseo está presente a lo largo de toda la vida y se modifica con los años, tal como hemos visto anteriormente. Sin embargo, tener deseo sexual no siempre implica llevarlo a la práctica. Cuando decidimos expresar nuestro deseo con otra persona, siempre debemos contar con su consentimiento; si la otra persona no comparte este deseo o no acepta, insistir se convierte en una forma de abuso o violencia.

El erotismo forma parte de nuestra sexualidad y se refiere al placer y significado que damos a nuestros encuentros sexuales. Los seres humanos transformamos nuestra sexualidad a través de la imaginación y la creatividad. Estos dos elementos son la esencia de nuestro erotismo, pues nos permiten transformar nuestra sexualidad. Así, las relaciones sexuales dejan de ser solamente un encuentro físico y se convierten en una experiencia significativa y trascendental (Perel, 2007).      

Cuando percibimos o entramos en contacto con un estímulo sexual, nuestro cuerpo responde con cambios físicos, psicológicos y emocionales específicos; esta reacción es lo que conocemos como respuesta sexual humana.

La respuesta sexual ocurre naturalmente durante toda la vida, pero es especialmente notoria desde la pubertad debido a los cambios hormonales, físicos y emocionales. A partir de esta etapa, aparecen nuevas sensaciones y expresiones corporales relacionadas con el erotismo.

Todas las personas experimentan una respuesta sexual similar, lo que permite describirla como un ciclo compuesto por distintas fases. Según Juan Luis Álvarez-Gayou (2011), la respuesta sexual humana se divide en seis fases que implican cambios físicos específicos, tanto en relaciones sexuales como en la masturbación.

1. Estímulo sexual efectivo

Es cualquier estímulo capaz de provocar excitación sexual. Puede ser interno (fantasías, recuerdos) o externo (estímulos percibidos por los sentidos). También, tocar ciertas partes del cuerpo que son muy sensibles (también llamadas «zonas erógenas») puede ser un estímulo sexual efectivo, aunque no todas las personas se excitan con estos tocamientos. De hecho, los estímulos sexuales efectivos varían de persona a persona; es decir, lo que para alguien puede ser sexualmente excitante, para alguien más puede ser indiferente o incómodo.

2. Excitación

La excitación es provocada por un estímulo sexual efectivo. Sentir excitación puede provocar muchas reacciones físicas, solamente algunas o ninguna. Entre los cambios que pueden ocurrir en el cuerpo cuando se está excitado incluyen:

  • Los pezones, los labios de la vulva y el clítoris se llenan de sangre y se vuelven más sensibles.
  • El pene se endurece y se levanta (lo que se conoce como erección).
  • La vagina se lubrica (se humedece) y se expande.
  • La respiración, frecuencia cardíaca (latidos) y presión arterial se elevan.

3. Meseta

Durante esta fase, la excitación de la primera etapa continúa acumulándose, preparando al cuerpo para el orgasmo. Algunos de los cambios que ocurren incluyen:

  • El ritmo cardíaco sigue aumentando y la respiración se vuelve más profunda y rápida.
  • Los músculos de todo el cuerpo se tensan.
  • El clítoris se vuelve muy sensible al tacto (lo que puede resultar doloroso), y se retrae o se «esconde» en su capuchón.
  • Las paredes vaginales se hinchan.
  • Se elevan los testículos.
  • El pene alcanza una erección completa.

4. Orgasmo

El orgasmo es el punto máximo de placer sexual y se caracteriza por la liberación de la tensión acumulada mediante contracciones musculares involuntarias que pueden afectar desde el rostro hasta los pies. Aunque suele acompañarse de eyaculación en los hombres, orgasmo y eyaculación pueden ocurrir de forma independiente. Además, algunas personas pueden experimentar múltiples orgasmos en un mismo encuentro sexual.

Además de esta respuesta física, el orgasmo tiene un componente subjetivo: el placer, la relajación y el bienestar que cada persona experimenta de manera única. Incluso, nuestros propios orgasmos pueden variar entre sí; algunos serán más intensos que otros; más o menos largos, o provocar distintas sensaciones (hormigueo, pulsaciones, vibraciones, entre otras).

Es fundamental entender que el placer que se siente durante un encuentro sexual no está determinado por la presencia del orgasmo ni por la cantidad de orgasmos que una persona tenga. Además, la percepción de la importancia del orgasmo en una relación sexual varía mucho de persona a persona (Millán, 2024).

¿Qué hay de la eyaculación femenina?

Algunas mujeres expulsan diferentes tipos y cantidades de fluidos durante la excitación sexual o durante el orgasmo. Estos fluidos se pueden clasificar principalmente en dos tipos: eyaculación femenina y squirting o squirt (palabra inglesa que significa «chorro»).

  • Eyaculación femenina: expulsión de una pequeña cantidad de fluido blanco o lechoso que contiene altas cantidades de fructosa, glucosa y antígeno prostático específico, proteína que también se encuentra en el semen (Pastor y Chmel, 2022). Aunque aún se investiga su origen exacto, se cree que proviene de las glándulas de Skene o parauretrales (Rodríguez et al., 2020).
  • Squirting: expulsión más abundante de un líquido transparente y parecido a la orina, pero con menores concentraciones de fructosa, glucosa y antígeno prostático. Este líquido suele relacionarse con la relajación de los músculos de la vejiga durante el orgasmo, órgano desde el cual se expulsa.

Al igual que sucede con el orgasmo, experimentar eyaculación femenina o squirting no determina la satisfacción sexual. Cada persona vive su sexualidad y placer de manera única y diferente.

5. Resolución

En esta fase, el cuerpo regresa gradualmente a su estado habitual. La erección y sensibilidad disminuyen, y es común experimentar relajación, satisfacción o cansancio.

6. Fase refractaria

Es el tiempo necesario para recuperarse y poder responder nuevamente a un estímulo sexual. Generalmente, esta fase es más prolongada en hombres que en mujeres y puede aumentar con la edad.

Este modelo de respuesta sexual es lineal, pero existen otros que le dan prioridad al deseo sexual. El más conocido, el de Rosemary Basson (2000), indica que el deseo no siempre aparece al inicio, sino que se puede desarrollar mediante estímulos sexuales efectivos intencionales (generalmente con el objetivo de buscar un orgasmo o tener cercanía e intimidad). Este «deseo responsivo» funciona porque buscamos interactuar con cosas o situaciones que nos excitan; como resultado de esto, nuestro cerebro y nuestro cuerpo responden a través de la excitación.

Además, la respuesta sexual se acompaña de cambios emocionales que son resultado de sustancias generadas en el cerebro, como la serotonina, la dopamina y la oxitocina (una hormona que nos hace sentir cercanía hacia la otra persona).

Por otro lado, para muchas personas, emociones y sentimientos como el amor, el cariño, la atracción, la ternura y la pasión, hacen que la respuesta sexual se intensifique, independientemente de que se tenga o no un orgasmo. Por ejemplo, si una relación sexual fuera como comer un delicioso pastel, el hecho de que lo prepare alguien a quien se ama o por quien se siente atracción, puede hacerlo más placentero. En esta misma analogía, el orgasmo sería como la cereza del pastel: agradable, pero solo una parte del conjunto.

La respuesta sexual está muy relacionada con la expresión sexual, que es la forma en la que una persona experimenta, manifiesta y comunica su sexualidad, tanto a nivel físico como emocional. Ambas pueden verse afectadas de manera negativa o positiva por distintos factores:

Factores internos o personales: calidad de vida, autoestima, creencias, valores personales, autoconocimiento, salud física, salud mental (depresión, ansiedad), edad, etapa de vida y experiencias sexuales previas.

Factores externos: familia y cultura; educación sexual recibida; acceso a información científica; ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos; contexto legal y políticas públicas, y medios de comunicación y redes sociales.

Factores relacionales o de pareja: comunicación efectiva; intimidad emocional y física; confianza y respeto mutuo, y dinámica de poder dentro de la pareja.

Estos factores nos recuerdan que la sexualidad es un conjunto de aspectos biológicos, psicológicos y socioculturales que se interrelacionan. Es por eso que el placer es una sensación de bienestar que se puede experimentar independientemente de si se tiene o no un orgasmo o de si hay o no penetración. Conocer cómo funciona nuestro cuerpo, nuestro deseo y nuestra respuesta sexual ayuda a identificar posibles dificultades y, de ser necesario, buscar ayuda.

Actividad
«Explorando los factores que influyen en mi sexualidad»

Selecciona uno de los siguientes factores y realiza una breve investigación sobre cómo influye en la sexualidad de las personas adolescentes:

  • La educación sexual y acceso a información confiable.
  • La influencia de las redes sociales en la percepción del cuerpo y las relaciones sexuales.
  • Las dificultades relacionadas con la salud mental (ansiedad, depresión, estrés) en las relaciones de pareja.

Finalmente, redacta un breve párrafo sobre qué aprendiste acerca de cómo estos factores pueden afectar tu vida y la de tus amistades, y qué acciones podrías tomar para favorecer una sexualidad saludable y satisfactoria