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3.1 Diferencias entres sexo y género

¿Por qué es importante este tema?

Reconocer qué es el género, cómo se construye y mantiene socialmente permite tener una pauta de análisis sobre cómo se gestionan de forma diferente las desigualdades sociales. Así, la forma diferenciada en que las personas tienen accedo a derechos a partir del sexo que les es asignado al nacer, puede decantar en diferencias en el acceso al poder, la distribución de los recursos, oportunidades y espacios. A su vez, esas desigualdades pueden crear inequidades entre ellos, con respecto a su estado de salud como a su acceso a la atención sanitaria (OMS, 2009).

Como persona replicadora, ¿para te que puede servir este material? Tal vez has escuchado la palabra «género» y es posible que todavía tengas preguntas sobre ¿qué es? ¿Cómo explicárselo a las adolescencias? Incluso, puede ser que te preguntes, ¿qué tiene que ver conmigo?

En ese sentido, esperamos que el contenido de este tema puede serte de utilidad para explicar la diferencia entre sexo y género, así como comprender cómo se vive el género de manera diferente, de acuerdo al sexo que se nos asigna al nacer.

Empecemos por algo sencillo: cuando nace una persona, habitualmente, ¿qué es lo primero que pregunta la gente? ¡Acertaste!

Con frecuencia lo primero que la gente pregunta es si es niña o niño, pero, ¿a qué se debe?

Culturalmente, la primera etiqueta que se colocan a una persona al nacer es si es hombre o mujer, de acuerdo a las características biológicas con las que nace. Este es el concepto de sexo y aunque en la cotidianidad reconocemos sólo dos sexos, biológicamente también existen personas que pueden estar en un estado intersexual.

Al momento de nacer, las personas intersexuales pueden presentar variaciones entre los órganos sexuales pélvicos internos y los externos en diferentes medidas; es decir, son personas que presentan características «mixtas» respecto a las tradicionales categorías biológicas (Consejo Nacional de la Infancia, 2016).

El sexo es todavía más complejo de lo que creemos: no se trata solo de los órganos sexuales pélvicos externos e internos; existen seis dimensiones que se deben alinear para poder hablar de que una persona es una hembra humana, macho humano o una persona intersexual (Álvarez-Gayou, 2002):

  • Cromosomas
  • Genes
  • Órganos sexuales pélvicos externos.
  • Órganos sexuales pélvicos internos.
  • Hormonas
  • Diferencias cerebrales

Ahora bien, una vez que nace bebé y que se le asigna un sexo (hembra humana o macho humano), existe un despliegue social en el que se le empieza a investir de expectativas de acuerdo a cómo se ha construido el concepto de hombre o mujer en ese espacio geográfico, en ese momento histórico determinado. En el caso de las personas intersexuales, históricamente se les ha asignado un sexo al nacer porque legalmente se tiene que asentar este dato. Por otro lado, independiente de que se viva en una condición de un estado intersexual, al haber un sexo asignado, la sociedad sigue su curso al tener una serie de expectativas sobre el nuevo ser humano. Siguiendo con el tema del género, no se vive igual ser hombre o mujer si se pertenece a una comunidad de un pueblo originario que si se vive en una zona urbana y, seguramente, las expectativas sobre la conducta, intereses y valores no son iguales en este momento en el lugar donde resides respecto a cómo vivió su ser mujer tu abuelita. A esta construcción social de la diferencia sexual, en un momento histórico y en un espacio geográfico determinado es a lo que llamamos género (ONU Mujeres, 2016).

Se estima que tanto mujeres como hombres tienen las mismas potencialidades, emociones, sentimientos, así como la misma capacidad mental. Por tanto, las supuestas diferencias en prioridades, preferencias, capacidades, intereses y ocupaciones se deben a la manera en la que se nos ha educado, las instituciones educativas y en el resto de los ámbitos socioculturales. Por ejemplo, desde el momento en el que nacemos, incluso antes de nacer, es común que las personas que esperan nuestro nacimiento tengan algunas expectativas de lo que desean y esperan de nosotras o nosotros. Parte importante de esas expectativas están relacionadas con los roles de género.

Al considerar la experiencia más cercana, ¿recuerdas cuando nació un bebé en tu familia? ¿Qué comentarios hacían las o los familiares sobre esa o ese bebé? En algunas familias se suele comentar: si es niño, «Qué bueno que el primogénito sea un hombrecito», «Agarren a sus gallinas que ahí va mi gallo», «Se ve bien fuerte, se nota que va a ser bien valiente», y algunas otras frases más. Y si es niña, se llega a comentar: «Es niña, ¡pobrecita!, ¡cómo va a sufrir!», «Está preciosa, va a ser una bella mamá», «Es una nena, hay que protegerla de todos».

Pareciera que en estas frases ponen las bases de lo que se espera de ese ser humano en sus futuras etapas de vida; estas expectativas se incrementan cuando le sumamos que durante la crianza, a las niñas se les enseña desde pequeñas a mostrar algunas emociones como ser tiernas, amorosas, románticas y a reprimir otras como el enojo; se les enseña a ser dependientes, aprender labores domésticas y desarrollar habilidades para cuidado de otras, otros; y a los niños, se les incentiva a ser rudos, fuertes, valientes, a esconder sus emociones, a evitar llorar, a jugar con pistolas, herramientas o carros, y a defenderse a golpes.

Entonces se completa el «círculo vicioso», que da la falsa idea de que las niñas nacen siendo tiernas y sensibles, y los niños fuertes y valientes, cuando en realidad esas cualidades, como se dijo, las puede desarrollar cualquier persona, pero se nos educa de manera diferenciada, lo cual limita el desarrollo de todas nuestras potencialidades como seres humanos, al encasillarnos en los estereotipos de género.

De esta forma, múltiples culturas adoptaron una forma específica de organización de la división sexual del trabajo, según la cual, le correspondió a la mujer el espacio del hogar por su capacidad para gestar y amamantar a los hijos, debido al cuidado que estos requieren, se le asignó el tiempo en que era imprescindible su presencia e incluso más. Por su proximidad espacial, se ocupó del resto de las funciones vinculadas al espacio de la casa, mientras que el hombre se dedicara a la agricultura, la cacería, la domesticación de animales y la guerra. Por ello, las mujeres, hasta hoy, han sido educadas sobre todo para las labores domésticas y el cuidado y la educación de los hijos, en comparación con los hombres, que lo han sido para ser los proveedores y protectores del hogar (Valdez-Medina, Díaz-Loving y Pérez, 2005).

El enfoque o la perspectiva de género considera las diferentes oportunidades que tienen hombres y mujeres, las interrelaciones existentes entre ellos y ellas, y los distintos roles que socialmente se les asignan.

El término «perspectiva de género» es una forma de ver o analizar, que consiste en observar el impacto del género en las oportunidades, roles e interacciones sociales de las personas. Esta forma de ver es lo que nos permite realizar un análisis de género y luego transversalizar una perspectiva de género en un programa o política propuesta, o en un curso que podamos compartir con las adolescencias (ONU Mujeres, 2016).

En la sociedad en la que vives, ¿qué diferencias logras identificar de lo que se espera de hombres y mujeres de forma diferenciada? ¿Cuáles son las conductas que son más permitidas a uno o a otro género?

Por otro lado, una persona puede haber nacido como hembra humana, ser socializada como mujer y tener una identidad de género distinta.

Pero, ¿qué es la identidad de género?

Se refiere a la convicción subjetiva de pertenecer a alguno de los géneros reconocidos o a ninguno de ellos (Álvarez-Gayou, 2002) que determina la forma en que las personas experimentan su forma de vivir, contribuye al sentido de identidad, singularidad y pertenencia (Montis, 2008). La identidad de género es una percepción interna de lo que somos, es una vivencia personal y única; no es algo que las otras personas nos puedan imponer.

Siguiendo con el ejemplo anterior, puede haber una persona que haya nacido como hembra humana, que haya sido socializada como mujer y cuya identidad de género sea mujer. Cuando existe esta correspondencia entre la convicción subjetiva y el sexo asignado al nacer, se habla de que la persona es una persona cisgénero (hombre cisgénero o mujer cisgénero). Cuando no existe esta correspondencia, es decir, cuando el sexo asignado al nacer es diferente a la convicción subjetiva de la persona, hablamos de una persona trans. Es importante decir que existen personas que pueden tener una experiencia subjetiva que se alinee con las categorías de género existentes (hombres o mujeres trans) o que vivan su ser persona trans renunciando a las categorías tradicionales de género (personas trans no binarias) (Gauché y Lovera, 2022).

Te invito a revisar el siguiente esquema donde podrás identificar que la palabra «trans» hace referencia a muchas identidades que las personas pueden adoptar de acuerdo a cómo ha sido su experiencia de vida.

Si bien los términos que se han mencionado previamente son meramente descriptivos, hay una expectativa social de que todas las personas se identifiquen con el sexo asignado. Cuando esa expectativa se vuelve una obligación nace la cisnorma (Muñoz, 2016). El problema con la cisnorma es que las personas que no la cumplen pueden ser invisibilizadas y marginadas al considerarse como «normales» y «naturales» únicamente las identidades cisgénero, generando desigualdades, discriminación y exclusión hacia quienes no se ajustan a esta norma.

¿Qué tiene que ver el género con la sexualidad?

En 1994, el sexólogo mexicano Eusebio Rubio propuso un modelo llamado Modelo holónico de la sexualidad, donde planteó que la sexualidad está compuesta por cuatro holones o sistemas, importantes por sí mismos en la experiencia humana, pero que a la vez están interrelacionados, formando parte de un todo que es la sexualidad. Estos sistemas son:

Erotismo: se refiere a la capacidad de disfrute que tenemos los seres humanos que, si bien incluye lo llamado erótico-sexual, pero también se refiere a todo aquello que nos vincula con el disfrute y con la vida. Por ejemplo, si asumimos que la sexualidad está presente en los seres humanos a lo largo de toda la vida, un bebé está ejerciendo su erotismo cuando disfruta de comer una fruta. Es un erotismo no sexual, pero es erotismo.
Vínculos afectivos: son todas las relaciones significativas que podemos construir, que van desde la familia, las amistades, hasta el plano romántico.
Reproductividad: tiene que ver con la capacidad humana de tener descendencia, pero no sólo eso. Las personas ejercemos nuestra reproductividad cuando ayudamos en la crianza o el cuidado de otras personas o seres vivos, y también cuando ponemos en práctica nuestra creatividad. Escribir un poema, pintar, cuidar a animalitos de compañía o tener un rol activo y presente en las infancias y adolescencias son formas de ejercer la reproductividad.

Y por supuesto el género, que hemos definido previamente.

Concretando, de acuerdo a la OMS (2018):

«La sexualidad es un aspecto central del ser humano presente a lo largo de su vida y comprende el sexo, las identidades y los roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción. Se vive y expresa en pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, comportamientos, prácticas y relaciones. Si bien la sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no todas se experimentan o expresan siempre. La sexualidad está influenciada por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, legales, históricos, religiosos y espirituales».

Más allá de las categorías socialmente impuestas, el sexo con el que una persona nace no determina las características culturales y sociales con las cuales habrá de identificarse.

Observemos algunos ejemplos:

  • Nacer con pene, es independiente al gusto o indiferencia por los deportes.
  • Nacer con vulva y vagina, es independiente al gusto o rechazo de la maternidad.
  • Nacer hombre no es sinónimo de personalidad agresiva.
  • Nacer mujer no es sinónimo de delicadeza y sumisión.
  • Tener vulva nunca es un impedimento para tener habilidades y gusto por los deportes y oficios como la mecánica.
  • Tener pene nunca es un impedimento para tener habilidades y gusto por tareas del hogar y oficios como la costura.
  • Tener un órgano sexual u otro, nunca determina las habilidades, gustos, cualidades, personalidades, modos de vestir o de expresarse.

De manera breve, podemos concluir que el sexo son los componentes biológicos con los que nacemos y el género es algo que aprendemos.

Además de la familia, existen otros espacios de socialización, que también refuerzan esta educación diferenciada, que fomenta los roles de género estereotipados, como pueden ser: la escuela, las amistades, los medios de comunicación, la religión, la comunidad, las leyes y los gobiernos.

En ese sentido, todas las personas podemos contribuir para generar cambios en pro de la construcción de sociedades que reconozcan los derechos de todas las personas, que promuevan la igualdad de género y favorezcan el desarrollo pleno de todas las identidades.