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1.1 Las diversas maneras de ser familias

¿Por qué es importante este tema?

La familia, como derecho de las infancias y adolescencias (Naciones Unidas, 1989), se considera la base en la que se sustenta su desarrollo como ser humano, se construye la identidad, el sentido de pertenencia y la autonomía. Es el espacio en el que se espera que se aprenda a ser persona y a ser parte de una sociedad, a través de procesos de socialización en el que se modelan y moldean los comportamientos socialmente aceptados y rechazados en un entorno y periodo de tiempo determinados.

Por lo anterior, hablar de las familias y su importancia en la vida de cada persona, es fundamental para comprender los sistemas de referencia de las adolescencias (en términos de valores, costumbres, redes de apoyo y necesidades), reconocer y validar otros modelos y arquitecturas familiares que responden a los procesos históricos y culturales actuales. Un entorno comprensivo e incluyente de los diversos modelos de familia favorece el desarrollo de la sexualidad basado en derechos humanos e igualdad de género.

Como persona replicadora de este módulo, ¿para qué te puede servir este material?

Una premisa básica en la Educación Integral de la Sexualidad (EIS) es hacer de primer momento lo que posteriormente se requerirá al grupo. Es decir, para poder invitar o pedir al grupo con el que vayas a trabajar que reflexione o comparta sus emociones en relación, por ejemplo, a su familia, lo congruente será que lo hayas hecho tú previamente.

Lo anterior será, en primera instancia, una oportunidad de aprendizaje y crecimiento para ti, y, en segundo lugar, incrementa la empatía y favorece el acompañamiento reflexivo que podrás brindar.

En ese sentido, la invitación es que conforme leas estos contenidos te permitas explorar tus propias ideas, sensaciones, emociones y actitudes frente a los temas abordados, sin juzgarte o autocensurarte; con el objetivo de saber más sobre ti, descubrir cómo tu propia experiencia puede ser un aporte a los procesos educativos e identificar cuáles pueden ser las áreas de oportunidad para mejorar.

Con lo anterior en mente, confiamos que este tema sea de utilidad en tu vida.

Cada familia es única y valiosa. Reconocerlas y respetarlas es un principio fundamental, pues constituyen la base de nuestra convivencia.  Cada una tiene sus propias características y sus formas exclusivas de convivencia y de construir los lazos que las unen.

De forma ideal, las familias deben ser las encargadas de brindar bienestar físico y emocional, por medio del cariño, los cuidados, la alimentación y la protección ante las situaciones de peligro: debe ser un contexto que favorezca el sentimiento de pertenencia y autonomía; es decir, por un lado, la familia nos hace sentir parte de nuestra tribu, nuestro clan y al mismo tiempo impulsa nuestro desarrollo y crecimiento como seres independientes, con personalidad propia.

Así como las personas somos distintas, las familias lo son por diferentes circunstancias: por la época en que se construyen, por sus valores y a continuación, vamos explicar algunos tipos de familia clasificadas por la manera en que se conforman por sus integrantes:

Familia monoparental o uniparental: Conformadas por una sola persona adulta (mamá o papá), que está a cargo de sus hijas o hijos.
Familia nuclear o biparental: Una familia nuclear se compone de un padre, una madre y sus hijas e hijos, sean biológicos o adoptados.
Familia extensa o ampliada: La familia extendida está compuesta por miembros de la familia, con conexiones de sangre o parentesco, que pueden ser de la misma o incluso de diferentes generaciones, que viven en la misma casa; por ejemplo, papá o mamá, hijas, hijos, abuelas, tíos, bisabuelos, primos, incluso hay familias donde las mascotas son consideradas parte de la familia (González, 2014).
Familia unipersonal: Una familia que consta de ufna persona. Algunas personas pueden ser su propia familia, ya sea por elección o por circunstancias ajenas a su decisión (Beck y Beck-Gernshein, 2012).
Familia homoparental o lesboparental: Una familia conformada por una pareja de dos mujeres o dos hombres, con hijas o hijos.
Familia sin hijos: Es una familia conformada por una pareja sin hijas o hijos. Entiéndase pareja, indistintamente del género de las personas que la conforman; es decir, que puede ser una pareja homosexual, lésbica o heterosexual.
Familia de pareja separada: Se refiere a aquellas familias en las que las personas adultas responsables de las infancias o adolescencias (por ejemplo, madres, padres o personas tutoras) ya no cohabitan, ya sea por motivos de divorcio, separación o cualquier otra circunstancia que implique que no vivan en el mismo hogar (Amato, 2000). A pesar de la separación, éstas continúan siendo responsables del cuidado y bienestar de las infancias o adolescencias. Dependiendo de los acuerdos legales o familiares, la custodia puede ser compartida o exclusiva. En este modelo, los hijos o hijas tienen la oportunidad de mantener relaciones con ambas personas adultas responsables, aunque no vivan bajo el mismo techo. Este tipo de familia es común en el escenario de la migración y son un ejemplo claro de cómo los modelos familiares se van adecuando a las circunstancias sociales.
Familia reensamblada o compuesta: Conformadas por dos personas adultas con matrimonios o relaciones con las que se vivió en pareja, anteriores a la que forman con una nueva pareja, con la que construyen una familia reensamblada o compuesta, en la que se integran las y los hijos de las relaciones previas y a veces también las y los hijos de la nueva pareja. En todos los tipos de familia se pueden encontrar casos en los que se tengan también hijas o hijos adoptados, además de los posibles hijos o hijas biológicos.
Familia por elección: Se refiere a un grupo de personas que, sin estar unidas por vínculos biológicos o legales, se consideran mutuamente como familia debido a lazos afectivos, de apoyo y solidaridad. Este tipo de familia es común en comunidades que enfrentan discriminación o rechazo, como la comunidad LGBT+, donde individuos crean redes de apoyo emocional y social que cumplen funciones similares a las de una familia tradicional (González, 2009). Las familias pueden ser muy diversas, tanto por cómo están conformadas, como por su contexto; por ejemplo:
  • Si se vive en una ciudad o en un poblado.
  • La situación socioeconómica.
  • Sus creencias religiosas o espirituales.
  • Si pertenecen a alguna comunidad indígena o afrodescendiente, o lo fueron otras personas de la familia en el pasado.
  • Si parte de quienes la integran son migrantes.

Después de esta revisión, esperamos que hayas logrado identificar que la familia se construye y consolida, más que por lazos sanguíneos, por el cumplimiento de una función nutricia para el desarrollo de las personas, sea cual sea el contexto.

Hablando de familias y valores

En la familia desarrollamos valores, aprendemos lo que es correcto, deseable, así como lo que es incorrecto o indeseable en la cultura y contexto social en el que vivimos.

¿Y qué son los valores? Son el conjunto de creencias, principios y costumbres que son valiosos para un grupo de personas, que rigen su conducta y forma de mirar el mundo. Por ejemplo, en algunas familias la unión familiar es un valor; para otras, lo es el cuidado de la salud, en otras puede ser tratar a todas las personas  con respeto.

Lo ideal es que las familias pongamos en práctica los valores que son primordiales en relación al reconocimiento de los Derechos de las infancias y adolescencias, así como de los derechos humanos; por ejemplo, respeto, solidaridad, igualdad, sentido de bien común, responsabilidad y justicia (Naciones Unidas, 1989). Si bien la familia es el espacio donde estos valores pueden ser modelados y promovidos, el contexto social y comunitario tiene un papel fundamental en su adquisición.

La importancia de la consolidación de valores en la edad temprana, estriba en el impacto que éstos tendrán en la toma de decisiones cotidianas y en la forma en que se construyan nuestras interacciones y relaciones significativas.  Por ejemplo, cuando decides ayudar (o no) a una persona ciega a cruzar la calle o el tipo de carrera que se elige estudiar.

Si una familia promueve valores que propicien la convivencia y el respeto a la dignidad, habrá repercusiones positivas en los otros espacios de socialización, en los que se desenvuelven sus miembros, ya que las familias son el punto de partida del comportamiento que las y los ciudadanos hemos de mostrar en la sociedad (Suárez y Vélez, 2018).

Hay diversas prácticas y formas de convivencia que facilitan el fortalecimiento de vínculos en las familias y la interiorización de valores. Por ejemplo:

  • Establecer tiempos y espacios para la convivencia entre las personas que conforman la familia.
  • Procurarse un tiempo relajado para compartir los alimentos.
  • Proporcionan oportunidades para conversaciones francas y amorosas.

Reconocer que se puede ser parte de la familia y al mismo tiempo tener derecho a la propia individualidad. Esos intercambios pueden favorecer la expresión abierta y honesta de los afectos y ofrecen oportunidades para dirimir diferencias y conflictos, con base en argumentos, en acuerdos, siempre desde el respeto y la tolerancia. Todo esto proporciona modelos positivos de gestión emocional, para afrontar los retos que les depara la vida tanto dentro como fuera del hogar.

Responsabilidades en las familias, ¿son compartidas?

Parte del desarrollo esperado de cada ser humano implica la toma de decisiones que viene acompañada de una evolución en sus aptitudes y capacidades, a ello le llamamos autonomía progresiva (Naciones Unidas, 1989). De esta forma, las decisiones y actividades que se van delegando a cada integrante de la familia, tienen la potencialidad de ir preparando a la persona infante o adolescente para avanzar en los hitos de su desarrollo que, eventualmente, le permitirán ser una persona capaz e independiente.

Cada integrante de la familia tiene su lugar, y en general cada quien debe cumplir las tareas del hogar e incluso del cuidado de las mascotas y de otras personas de la familia, que por su edad o condición de salud lo requieran.

Si bien existe una enorme potencialidad de adquirir conocimientos y habilidades en la infancia y la adolescencia, en algunas familias la distribución de las tareas se basa en lo que se conoce como «roles de género», que es el conjunto de papeles y expectativas diferentes que se tienen para las mujeres y para los hombres, que marcan diferencias respecto a lo que se espera y se les permite sobre cómo ser, sentir y actuar.

Con base en estas ideas y costumbres, hay una división de espacios y tareas de acuerdo al sexo asignado al nacer: se cree que las labores del hogar y de cuidado les corresponden solo a las mujeres (por el solo hecho de ser mujeres) y que los hombres solo deben dedicarse a las labores fuera del hogar y las relacionadas con proveer recursos. Aunado a ello, hay una jerarquización de dichas labores, siendo las económicamente productivas (las asignadas a los hombres) las más valoradas socialmente, y las de cuidado y relativas a las labores domésticas (asignadas a las mujeres) las menos valoradas, aun cuando representan una importante aportación a la economía de los países. Para ilustrar este tema, de acuerdo al informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2018, 2021) el trabajo no remunerado en América Latina podría representar entre el 16% y el 30% del PIB, dependiendo de la forma en que se mida y los datos disponibles. Esta estimación incluyó no solo las labores del hogar, sino también otros tipos de trabajo no remunerado como el cuidado de familiares, el trabajo agrícola en el hogar, entre otros.

El no reconocimiento y minusvalía de este tipo de trabajos, además de ser inequitativo constituye lo que conocemos como desigualdad de género, y son la base de otras formas de violencia, como la violencia emocional, económica, física, y patrimonial, por mencionar algunas.

Algunos ejemplos cotidianos de cómo opera esta desigualdad de género/violencia, son (OIT, 2021; ONU Mujeres, 2020, ONU Mujeres et al., 2022):

Se limita la oportunidad de estudiar de muchas niñas y adolescentes, al considerar que su rol principal en la vida, será ser «responsables» del cuidado del hogar y de las y los hijos.

Las labores del hogar, asignadas a las mujeres, son con frecuencia un trabajo de tiempo completo, sin derecho a vacaciones, días de descanso, un horario de inicio y conclusión, y sin derecho a remuneración económica, lo cual limita su autonomía y su desarrollo más allá de las labores del hogar.

Las mujeres que tienen empleos remunerados tienen una doble carga de trabajo, porque se encargan en casa de la limpieza, la preparación de los alimentos, la ropa, el cuidado de quien lo requiera en casa, como las y los hijos, las personas de la tercera edad o personas con discapacidad. Todo esto, se agrega al trabajo que realizan fuera de casa, lo cual representa un desgaste físico, emocional y mental.

Pese a ser un trabajo especializado, las labores del hogar desempeñados en otros hogares (habitualmente llamados «apoyos en el hogar» o «empleadas domésticas»), tienen sueldos inferiores a los de otros oficios y, habitualmente, no cuentan con prestaciones o seguridad social que pueda protegerles tras años desempeñando dicha labor.

Afortunadamente, ha empezado a haber cambios en la dinámica de las familias. En muchos contextos, es posible encontrar más familias donde se distribuyen las responsabilidades de forma más equitativa y se tiende a romper con los roles estereotipados de género. Familias que crean ambientes más equilibrados, en los que se reconoce la capacidad de los niños y los hombres para cuidar amorosamente de otras personas, así como de realizar tareas del hogar con gran eficacia; también, se fomenta y reconoce el potencial de las niñas y las mujeres para estudiar y desarrollarse profesionalmente fen cualquier área de su interés. Estas familias distribuyen las responsabilidades de forma más equilibrada y contribuyen a un desarrollo más integral de quienes las conforman.

Comprender el concepto de roles de género es fundamental para entender algunos procesos que se interrelacionan en la vida cotidiana y familiar. Su transformación es un paso importante para conseguir vivir en una sociedad más justa y equitativa.

Contemplemos algunos aspectos a tomar en cuenta, en las labores del hogar:

  • La participación en las tareas en el hogar corresponde a todas las personas que integran la familia.
  • Las responsabilidades y los compromisos se pueden distribuir equilibradamente, de acuerdo a las capacidades y posibilidades de cada persona.
  • La colaboración de cada integrante beneficia a la familia.
  • Las relaciones familiares deben basarse en el respeto a los derechos humanos de sus integrantes.
  • El hogar es el espacio físico de convivencia familiar cotidiana, donde se debe satisfacer gran parte de las necesidades de cuidados y atenciones de las personas, para asegurar su supervivencia y desarrollo integral.
  • Si todas las personas participan en las tareas del hogar, se favorecen los tiempos de convivencia de calidad.
  • Participar en las labores del hogar favorece la independencia y autonomía de sus miembros, lo que permite sean personas capaces e independientes en su vida futura.

Las tareas pueden modificarse con el tiempo o según las necesidades o cambios del momento; sin embargo, algunas responsabilidades corresponden exclusivamente a las personas adultas de la familia, y cuando por alguna razón les es imposible llevarlas a acabo, es su responsabilidad buscar ayuda de otras personas adultas.

Lee el siguiente artículo para una mayor amplitud del tema: ‹https://eduso.net/…›.

¿Y si alguien se enferma?

Cuando un miembro de la familia se enferma o cambia su condición, generalmente afecta  manera en que la familia se organiza; por ejemplo, si un miembro de la familia vive o adquiere una discapacidad, los demás integrantes deberán apoyar en el cuidado y crear, de manera simultánea, las condiciones que favorezcan la independencia y aumenten las potencialidades de la persona, ya que puede requerir cambios, como el acomodo de los muebles en la casa para facilitar la movilidad o instalar elementos de apoyo, como pasamanos o asistencia para realizar actividades.

Otro caso podría ser cuando alguien de la familia tiene alguna enfermedad que requiere un tratamiento médico y cuidados de manera permanente, por lo cual puede ser que la familia adopte nuevos hábitos de ahorro para comprar los medicamentos y apoyar a la persona a ingerirlos o aplicarlos.

También pueden presentarse situaciones de salud relacionadas con la sexualidad; por ejemplo, que un integrante de la familia adquiera una infección de transmisión sexual (ITS), como VPH, gonorrea o viva con VIH. Este tipo de situaciones pueden ser doblemente sensibles; por un lado, por la salud en sí, dado que muchas personas desconocen de qué tratan las ITS e incluso pueden tener muchas ideas equivocadas al respecto, lo cual puede generar miedo; y por el otro, por la posible incertidumbre respecto a cómo podría reaccionar su familia, preguntarse ¿se los podré decir? ¿contaré con su apoyo? ¿me juzgarán?

En cualquiera de los casos, una las cosas más importantes será que todas las personas de la familia pueden ser empáticas, respetuosas y pacientes en el proceso de adaptación de la persona que está en esta nueva condición, así como tener presente que, desde la equidad, igualdad y respeto a la dignidad, todas las personas que integran la familia pueden colaborar, independientemente de su género.

Una forma de favorecer está adaptación y la capacidad de resiliencia es hablar de lo que sienten, de lo que les preocupa o incomoda; de expresar lo que necesitan, ya sea un abrazo, un momento a solas o que les ayuden a comprender de qué se trata la enfermedad, así como estar en la disposición de escuchar a las otras personas sobre cómo se sienten.

Las familias pueden superar desafíos cuando se apoyan con respeto mutuo. Cuando el contexto familiar lo requiere, se pueden buscar otras redes de apoyo; en algunos casos, se hace necesario buscar ayuda fuera de la familia, como medida de protección.

Conforme crecemos, tenemos el potencial de hacernos responsables de nosotras mismas, nosotros mismos y de aquellas personas que nos rodean. Implica responsabilizarnos de nuestras propias decisiones y acciones, para nuestra salud, educación, sexualidad y expresión de emociones. Aprender, gradualmente, en cada etapa de vida a hacernos responsables de nuestro propio bienestar, contribuye a relacionamos positivamente con las demás personas, e incluso a favorecer el cuidado y beneficio colectivo en nuestras familias.

Conflictos en las familias

¿Alguna vez te has enfrentado a algún conflicto?

Sin lugar a dudas, la respuesta a esta interrogante será «Sí». Todo ser humano en alguna parte de la vida ha tenido algún tipo de conflicto, y particularmente, en casa con nuestras familias. Las razones por las cuales pueden surgir son muy variadas; sin embargo, en este tema te mostraremos algunas reflexiones que nos pueden aportar alternativas de soluciones. 

En toda familia y en todo tipo de relación es común que surjan conflictos, simplemente porque están compuestas por personas y las personas nos podemos equivocar, tenemos dudas, cometemos errores, podemos pasar dificultades que a veces se convierten en conflictos y porque, inherentemente, la vida nos enfrenta a tomar decisiones frente situaciones que parecen disonantes, cotidianamente.

Pero, ¿qué es un conflicto?

Un conflicto es la oposición o contraposición de posturas, valores o intereses (GEM, 2009); por ejemplo, puede darse un conflicto con mamá o papá por la hora de regreso a casa de su hija o hijo adolescente, o bien por el tiempo que dedica a estudiar, su manera de vestir, querer tener novia o novio, o por sus amistades.

Las situaciones de conflicto se pueden acrecentar en momentos clave de la vida, como: situaciones de grandes cambios en las familias, el desempleo o cambio de ciudad; el inicio de nuevos ciclos de vida, en algunos de sus miembros, como puede ser la adolescencia, la partida de un hijo o hija por sus estudios o porque se casa; o por el inicio de nuevas relaciones, tanto de las y los hijos como de mamá, papá o la persona tutora.

A veces creemos que los conflictos son un problema horrible, cuando en realidad pueden ser grandes oportunidades de crecimiento, para desarrollar nuevas habilidades de comunicación y readaptar los acuerdos dentro de las familias, para superar los momentos de crisis. Si aprendemos a escuchar y entender las necesidades y los sentimientos de las otras personas y podemos expresar con libertad y responsabilidad nuestras propias emociones y necesidades, podemos lograr acuerdos que apoyen, en la mejor medida, a todas las personas involucradas.

También pueden ser una gran oportunidad para aprender a resolver situaciones y llegar a acuerdos; lo ideal es hablar, con la mente abierta, para escuchar empática y respetuosamente; si quieres que te escuchen, lo menos que puedes hacer es escuchar también, buscar puntos intermedios para llegar a acuerdos y respetar los establecidos.

Desde la perspectiva de la educación para la paz, un conflicto no es sinónimo de agresión o de violencia. Su resolución puede implicar la puesta en marcha de una serie de habilidades que pueden ir desarrollándose con el tiempo y en las que el papel de las familias es fundamental para modelarlas y favorecerlas a la hora de buscar una solución. Entre estas habilidades se encuentran (GEM, 2009):

  • Conocimiento de sí misma/mismo
  • Autoestima
  • Empatía
  • Escucha activa
  • Regulación de emociones
  • Comunicación asertiva
  • Respeto
  • Cooperación y colaboración
  • Aprecio por la diversidad
  • Pensamiento crítico y creativo
  • Toma de decisiones

Desde la visión comprensiva de la educación para la paz, la resolución del conflicto es una oportunidad para poner en la mesa las necesidades de las partes involucradas, de establecer puntos de contacto y acuerdos que sean equitativos y sostenibles en el tiempo. Así, para resolver de manera no violenta un conflicto, se puede apelar a alguna de las tres siguientes instancias (GEM, 2009):

Negociación: es un proceso en el que se busca que las personas involucradas puedan llegar a un punto medio en el que haya un ganar-ganar. Si bien quienes negocian no van a ganar todo lo que quisieran, lo importante de la negociación es que pueda llegar a un punto de acuerdo en donde la relación se vea beneficiada. Un ejemplo puede ser, llegado el momento y las condiciones, la negociación de la hora de llegada después de ir a una fiesta, la repartición de las actividades en casa o la decisión de a qué lugar ir en las vacaciones. Es necesario saber que el ingrediente principal para lograr una negociación es que las partes involucradas tengan disposición para escucharse y para ceder. Si este ingrediente no está presente, se puede pasar al siguiente nivel.
Mediación: además de las personas involucradas, en la mediación se requiere que alguien medie, es decir, que ayude a las personas a escucharse y facilitar el proceso de empatía cruzada. Una persona mediadora no tomará partido, sin embargo, deberá ser sensible a las desigualdades en la relación para intervenir de tal forma que las partes puedan estar en una relación más o menos equilibrada que les permite negociar. De cierta forma, el proceso de mediación es una negociación gestionada por una entidad imparcial. Un ejemplo, es el proceso de mediación que puede llevarse en los procesos de divorcio donde hay una persona que ayuda a que las partes se puedan escuchar y llegar a acuerdos sobre la repartición de los bienes. Si aun con este apoyo las partes siguen sin ponerse de acuerdo, no logran escucharse ni ceder, se puede dar paso a la siguiente instancia de resolución no violenta de conflictos.
Jueceo: la figura de juez o jueza implica que existe una regla, norma o estándar preexistente que sirve de parámetro para dar a cada persona lo que corresponde. Sin llegar a temas legales, en lo cotidiano existen diferentes figuras que fungen esta función: personas cuidadoras, docentes, la persona de mayor rango en el trabajo. Es importante que la persona destinada o identificada como jueza sea imparcial, aplique una regla pre establecida, sea justa y procure dejar un precedente de no repetición, reparación y responsabilidad. Un ejemplo negativo al respecto es cuando se obtienen resultados como «Porque lo digo yo», «Porque soy tu madre/padre», «Porque sí». Este tipo de respuestas obtenidas de personas que tienen cierto grado de jerarquía no abonan a la construcción crítica de un juicio, al sentido de justicia o de ciudadanía.

Si bien puede sonar incluso sencillo resolver conflictos, a menudo las personas adultas no nos damos cuenta de la histórica relación jerárquica que se ha establecido con las infancias y adolescencias a la que llamamos adultocentrismo. El adultocentrismo (UNICEF, 2023) es un sistema que organiza y estructura las relaciones sociales y de poder en función de la edad, subordinando a las personas con menor edad, a menudo infancias o adolescencias. Este enfoque se refleja en la concepción de la infancia como una etapa de preparación para la vida adulta, en lugar de reconocerla como una fase valiosa por sí misma. En este contexto, las voces y opiniones de infancias y adolescencias suelen ser consideradas menos relevantes que las de las personas adultas.​

Así, para lograr resolver conflictos desde un plano más comprensivo y digno, es necesario que las personas adultas logremos reconocer las violencias que ejercemos al colocar nuestras opiniones, valores y actos por sobre las infancias y adolescencias por el simple hecho de ser personas adultas, a menudo, sin dar cabida y espacio a analizar los argumentos de las personas más jóvenes.

Resolver los conflictos de formas no violentas, implica un esfuerzo activo por no generar violencia de ningún tipo y, al mismo tiempo, de cuidar los vínculos significativos, de construir una común unidad en la que todas las personas que conforman la familia puedan sentirse escuchadas y sepan, con real convicción, que su familia es un espacio seguro y reconfortante ante las adversidades y retos que puede representar el mundo.

Conclusiones sobre las diversas maneras de ser familia

Como habrás notado, existen diferentes tipos de familias, todas son igual de valiosas y merecen respeto. El hogar es el espacio físico de convivencia familiar cotidiana, donde se deben satisfacer gran parte de las necesidades de cuidados y atención de sus integrantes, especialmente las personas adultas tienen la responsabilidad de velar por el bienestar y el desarrollo integral de las infancias y adolescencias. No obstante, su cuidado debe ser una responsabilidad que asumamos la sociedad en su conjunto para, de la mano de los gobiernos y las comunidades, construir entornos que garanticen de facto su seguridad y bienestar (ONU Mujeres, 2020, ONU Mujeres et al. 2022).

La participación en las tareas del hogar les corresponde a todas las personas que integran una familia, esto implica que las responsabilidades y los compromisos se distribuyan equitativamente y de acuerdo a sus capacidades y posibilidades. Cada quien puede contribuir con acciones que al final redundarán en un beneficio colectivo.

Las familias son pilares fundamentales de la sociedad, por lo que es vital fortalecer en ellas valores como el respeto, la empatía, la cooperación, la solidaridad, el cuidado mutuo y la igualdad de género. Estos valores contribuyen al saludable funcionamiento familiar, favorecen la resolución no violenta de conflictos y, en última instancia, generan un impacto positivo en el entorno social.

Reflexiones finales

Ahora que hemos concluido este tema, es importante darte un tiempo para reflexionar: ¿Qué tipo de familia es tu familia? ¿Cómo se relacionan? ¿Cómo se distribuyen las responsabilidades? ¿Cómo se organizan cuando un miembro de la familia se enferma? ¿Cómo manejan los conflictos? ¿Qué es lo que más te gusta de tu familia? y ¿Qué es lo que te gustaría que pudiera mejorar?

Anota tus observaciones.