Si tu objetivo es obtener el certificado, te recomendamos registrarte o ingresar al comenzar. De lo contrario, el sistema no podrá registrar tu avance, y si te registras al final, tendrás que revisar nuevamente todos los temas y volver a realizar las evaluaciones, incluso si ya los completaste sin registrarte.

2.1 La sexualidad se pinta de nuestros valores

El tema de los valores ha sido una vieja preocupación del ser humano. Qué aceptar como bueno, justo, bello o útil, y qué califica como malo injusto, lo feo o perjudicial, han sido interrogantes a las que el ser humano ha tenido constantemente que buscar respuestas para orientarse en la vida, para encontrar las fuerzas motivacionales que guíen conducta. Los valores individuales, a la vez, se forman de las creencias, es decir de la «predisposición organizada para pensar, sentir, percibir y comportarse» (Chávez et. al., 2009, p. 43), ante una conducta, persona u otro objeto. De forma general, las creencias son ideas que damos por verdaderas o falsas, lo que hace que valoremos algo como bueno o malo; en su conjunto, nos llevan a actuar de un modo determinado.

Un punto para reflexionar es qué tan se corresponden las propias acciones con los valores, es decir, qué tanta congruencia hay en una persona. Has escuchado a alguien decir: «Yo respeto a los homosexuales, pero está mal que se estén besando en la calle»; dicen que respetan, pero ¿realmente lo hacen? Algunas personas han aprendido a decir lo que se espera porque se considera socialmente correcto, pero sus acciones revelan algo diferente. Ya sea que lo hagan de forma consciente o no, es fundamental, parar a reflexionar si hay o no congruencia, ya que ello puede aportar a reorganizar el propio sistema de valores, lo cual puede favorecer el logro y mantenimiento de la salud sexual y de la salud reproductiva, así como el respeto de la vivencia de la sexualidad de otras personas.

En este apartado abordaremos el concepto de valor y cómo nuestras creencias influyen en nuestras conductas de riesgo o en la protección de la salud sexual y salud reproductiva.

Este es un tema que seguramente disfrutarás al compartirlo con las personas con quienes lo repliques; nos atrevemos a decirlo así, porque al hacerlo con una adecuada estrategia, sensibilidad y sobre todo con mucho respeto, evocarán recuerdos, sentimientos e identificarán algunas bases que les caracterizan como personas, al ofrecer un espacio de crecimiento individual y relacional.

Para comenzar a hablar de los valores, te proponemos esta reflexión: ¿qué cuidarías más, un objeto que económicamente te costó mucho o un regalo que te dio una persona muy querida para ti? Ahora imagina lo que responderían otras personas. Es probable que la respuesta comience con un «Depende…»; es así, porque no hay una respuesta correcta, única o más válida que otra, pues efectivamente depende de las consideraciones que cada persona le atribuye al objeto.

Vamos entendiendo el concepto de valor

El término valor tiene su origen en la palabra latina «valere» y se usaba para describir la buena salud, la valentía, ser fuerte; actualmente tienen aplicaciones en el ámbito de la psicología, la sociología, la economía e incluso en el arte (Denicia y García, 2005). En este apartado nos limitaremos a hablar de los valores desde su aspecto social; si bien existen muchas definiciones, la mayoría coinciden en señalar que los valores son guías que las personas utilizan para tomar decisiones, catalogar las conductas propias y de otros como deseables o indeseables; también, se tiene acuerdo en que son aprendidos desde la infancia en la familia, reforzados por las instituciones sociales y los grupos de socialización (Arzate, 2008).

Por ejemplo, si tú crees que la homosexualidad es una orientación sexual tan válida como la heterosexualidad, tendrás un valor positivo hacia la diversidad y apoyarás con convicción acciones que garanticen sus derechos. Ahora, imagina a una persona que piensa que dar educación integral de la sexualidad a las infancias les hará daño; a partir de esa creencia, puede quitar valor al esfuerzo que hagas, incluso realizar acciones que te impidan realizar tu trabajo.

Cuando se dice que «la única familia es la que se forma por un papá, una mamá y sus hijos», que «lo natural es que las mujeres deseen embarazarse», o que «la ciencia ha demostrado que todos los hombres son infieles porque está en sus genes», u otras creencias que carecen de fundamento no sólo científico, sino también de una ética social, conducen a construir valores muy rígidos que necesitan de tiempo, empatía y una buena técnica educativa para modificarlos.

Comentamos que los valores son algo en lo que se nos educa, y pese a que algunas personas defienden lo que llaman el «orden natural», es decir, que sólo existe una forma correcta de actuar, porque así lo manda su religión, la costumbre con la que se crió, incluso una idea científica regularmente mal entendida, no existen pruebas de que tales conductas sean innatas o biológicas. Sin embargo, los valores son una construcción sociohistórica, cambian con el tiempo en cada contexto, son producto de una compleja socialización que comienza desde la niñez, por lo que podemos deconstruirlos; es decir, replantearnos las razones, sensaciones y sentimientos, así como tener nuevas formas de reaccionar (Sztompka, 2013).

Al conjunto de valores que construimos y ajustamos a lo largo de la vida, le podemos llamar sistema de valores; en un contexto más amplio, más allá del punto de vista personal, podemos definirlo como «un conjunto de ideas y creencias propias de una sociedad, que condicionan el comportamiento de sus integrantes y sostienen las normas sociales» (Cruz, 2007, p. 17). Es importante que cuando prepares un curso sobre valores, recuerdes abordarlo desde el aspecto individual y social, sin olvidar el papel que tiene la familia. Para comprender más acerca de la familia y su influencia en la sexualidad, te invitamos a repasar los contenidos del módulo 1 de este curso.

Un ejercicio que puedes realizar, previo a la sesión para replicar este módulo, es el siguiente:

Pregúntate qué se decía en tu casa, con respecto a lo que debías hacer para llegar a ser buena persona; también puedes cuestionarte, ¿qué es lo que más admirabas de tu padre y de tu madre? Si tienes hijos e hijas reflexiona, ¿qué deseas para ellos/as? Tus respuestas te ayudarán a identificar los valores que son importantes para ti y que rigen tu conducta.

También lo puedes utilizar con las personas con las repliques el módulo.

La UNESCO (2014) reconoce que la transmisión de valores culturales de una generación a otra es una parte crítica de la socialización, que también incluye los relacionados con el género y la sexualidad. Así, se pueden tener valores y creencias con las que se permita o limite la expresión del género con el que nos identifiquemos, el erotismo, la forma en que amamos y nos vinculamos, así como al peso que le damos a tener o no descendencia; todo en conjunto es nuestro sistema de valores sexuales.

¿Cómo te imaginas que podrías acompañar a las personas para que reconozcan su sistema de valores sexuales? ¿Identificas el tuyo?

Una posibilidad, es a través de preguntas que nos lleven a la reflexión; por ejemplo, exploremos los valores en las relaciones afectivas:

  • ¿Cómo te sientes al pensar en el amor romántico?
  • ¿Te parece bien que las adolescentes tengan novio?
  • ¿Qué piensas de las parejas que son de un mismo sexo?

No intentes dar una explicación racional, se brinda tu opinión con honestidad; luego, trata de ubicar dónde lo aprendiste y de qué forma favorecen o no a tu vida y permiten que tengas una relación respetuosa con otras personas.

Si realizas un ejercicio similar con otras personas, es importante que generes un ambiente de confianza, donde puedan expresar abiertamente sus opiniones, sin criticar la de otras, y fomentar la reflexión y responsabilidad de las acciones que se toman a partir de sus valores.

Ten presente que la gente no cambia los valores sólo por el conocimiento o la opinión del grupo, requiere de ofrecerles escenarios informados y creativos de lo que significa valorar en un sentido diferente lo que se cree, posiblemente, desde hace mucho tiempo. No olvides mostrar empatía y paciencia.

Otro punto para reflexionar es qué tanta congruencia hay entre el propio actuar con los valores que decimos tener. Has escuchado a alguien decir: «Yo respeto a los homosexuales, pero está mal que se estén besando en la calle»; dicen que respetan, pero ¿realmente lo hacen? Algunas personas han aprendido a decir lo que se espera porque se considera socialmente correcto, pero sus acciones revelan algo diferente. Ya sea que lo hagan de forma consciente o no, es fundamental, parar a reflexionar si hay o no congruencia, ya que ello puede aportar a reorganizar el propio sistema de valores, lo cual puede favorecer el logro y mantenimiento de la salud sexual y de la salud reproductiva, así como el respeto de la vivencia de la sexualidad de otras personas.

Una vivencia común en algunos hogares es que a los hombres se les permita ir de fiesta y tener pareja, en tanto que a las mujeres se les prohíba, lo cual también tiene sus bases en los valores sobre el género; nuestra posibilidad es contribuir a que las personas reconozcan la inequidad y aprendan estrategias para promover su cambio.

En la guía para referencia que acompaña el proyecto de Abrazando la vida, podrás encontrar algunos ejercicios que te servirán en tus sesiones de trabajo sobre los valores.

También es posible que en tus grupos no haya tantas diferencias en los sistemas de valores, pues la sociedad tiende a generar posiciones claramente antagónicas, de aprobación y desaprobación, donde más allá de las palabras, comúnmente son desvaloradas las prácticas y costumbres de las llamadas minorías sexuales (Lamas, 1997), el reconocimiento de los derechos de las mujeres y las niñas, así como las prácticas de autocuidado en nuestra salud sexual. En otras palabras, en la socialización va habiendo una depuración de opiniones disidentes que pueden promover una homogeneización de las posturas y actitudes ante la sexualidad.

Pero, ¿cuáles han sido los valores promovidos en torno a la sexualidad? Un estudio realizado en adolescentes de Guatemala, sobre sus valores sexuales, reportó que las conductas consideradas más valoradas eran las que tenían que ver con la prevención, el cariño, el matrimonio, la fidelidad, la sinceridad, la heterosexualidad, el respeto, la comprensión, el compañerismo, la admiración, la virginidad, la posesividad, la responsabilidad y la seguridad; en tanto que las menos valoradas son las referentes a la homosexualidad, la bisexualidad, la atracción por persona comprometida, la novedad, la fantasía, la simulación, el estilo agresivo, el individualismo, la libertad sexual, el orgasmo simultáneo, el placer, la atracción por personas jóvenes, la experiencia sexual y la vida sexual variada (Cruz, 2007). Otra investigación, realizada en jóvenes universitarios de México, resaltó la intolerancia a las diferencias, pues la mitad de las personas encuestadas se refirió hacia los homosexuales como enfermos o anormales (Chávez et. al., 2009).

Otro estudio de 2017, con personas que cursan la universidad, realizado en Ecuador, reveló actitudes negativas, en proporciones considerables, hacia el uso de métodos anticonceptivos, preservativos, la homosexualidad, los derechos sexuales y la educación de la sexualidad (Hernández et. al., 2017).

Como verás, con 10 años de diferencia, en personas de distinta edad y país, la homosexualidad aún se valora como algo negativo, pese a la evidencia de que no hay razón para considerarla como algo patológico o dañino; en gran medida, se debe a la influencia de los valores religiosos inculcados durante la crianza.

No obstante, investigaciones recientes muestran que, en varios países latinoamericanos, especialmente entre jóvenes, existe una tendencia hacia una mayor apertura y diversidad en la expresión sexual, aunque persisten tensiones entre valores tradicionales y nuevos enfoques más inclusivos y de respeto a la diversidad. Por ejemplo, un estudio en México y Argentina indicó que las nuevas generaciones valoran más la educación sexual integral y rechazan prejuicios hacia la orientación sexual y la identidad de género (Barragán-Pérez & Fouilloux-Morales, 2021 y Tomasini, 2024). En un estudio realizado en varios países, Rodríguez & San Juan (2020) señalaron que los valores tradicionales relacionados con la familia, la virginidad y el rol de género siguen influyendo en el acceso y uso de métodos anticonceptivos, especialmente en áreas rurales y entre poblaciones indígenas, generando barreras para la autonomía sexual y reproductiva.

Estudios en países como Brasil, Colombia y Chile han analizado que, aunque la religión sigue siendo un factor fuerte, hay un diálogo creciente entre tradiciones religiosas y enfoques de derechos humanos y diversidad sexual, especialmente en sectores urbanos y jóvenes (Bárcenas & Delgado-Molina, 2021). Investigaciones recientes destacan un aumento gradual en la aceptación social de personas LGBTQ+ en varias ciudades latinoamericanas, ligado a cambios en valores culturales promovidos por movimientos sociales y políticas públicas. Sin embargo, la discriminación y los prejuicios persisten en contextos conservadores (INEGI, 2021).

Lo que muestra la evidencia es que, aun cuando hay muchos factores que influyen en ellos, los valores pueden cambiar con el tiempo y que los movimientos sociales y políticos tienen un rol fundamental en su transformación.

Pero sigamos con la reflexión: ¿Consideras que es incorrecto que una persona postergue las relaciones sexuales, por seguir sus creencias religiosas?  Es probable que tu respuesta fuera «No»; efectivamente, todas las personas tienen el derecho a decidir el momento y las condiciones para iniciar y mantener su vida sexual. Además, mantener congruencia, puede reportarles una sensación de bienestar.

En este punto tenemos un reto: debemos respetar las creencias de las personas, pero ¿qué pasa cuando afectan el ejercicio de los derechos sexuales y los derechos reproductivos propios o de otras personas?

Ante esta disyuntiva, uno de nuestros pilares de acción es la evaluación del efecto de los valores que se promueven o con los que vive una persona, así como si le conducen a desarrollar factores protectores o de riesgo (Silva, 2007).

Los factores de riesgo son cualquier característica o cualidad de una persona (en este caso sus creencias y valores) que, con base en el conocimiento objetivo y demostrado, pueden incrementar la probabilidad de dañar su salud sexual y reproductiva, además de su desarrollo psicológico.

Los factores protectores son las condiciones capaces, no sólo de prevenir los riegos, sino de favorecer el desarrollo de las personas y promover las relaciones basadas en el respeto y la igualdad social.

Algunos factores o conductas de riesgo pueden ser: el inicio temprano de las prácticas coitales, el incremento en número de parejas sexuales, el uso inconstante de métodos anticonceptivos y de protección ante infecciones de transmisión sexual (ITS), el consumo de alcohol u otras sustancias en los encuentros sexuales, por mencionar algunos.

Más que dictar que es correcto o incorrecto (desde nuestros propios valores), la función de la persona educadora en sexualidad o, en tu caso, como persona replicadora, es favorecer la reflexión sobre los posibles efectos de estas conductas de riesgo, ofrecer información y opciones que respeten la libertad de decisión y los valores de cada persona (UNESCO, 2018). Para ello, será importante cuestionar las propias creencias, para lograr identificar los mandatos y valores que se encuentran detrás de nuestra conducta, para evitar tratar de imponer nuestra perspectiva.

Una actividad que te puede servir es el llamado «Juego de roles», que se trata de actuar como si estuviéramos en una obra de teatro. La puedes llamar «Haciendo valer mis valores» y puede tratarse de un grupo de amistades que cuestionan y presionan para tener relaciones sexuales, cuando alguna de ellas no cree que sea le momento. En equipo deben preparar el papel que debe actuar, para que de una manera asertiva exprese sus creencias y valores y por qué decide no tener relaciones.

Una de forma de defender los valores propios y las acciones que les acompañan, es reconocer y exigir el cumplimiento de los derechos humanos, sexuales y reproductivos, ya que surgen del reconocimiento de que todas las personas puedan vivir su sexualidad sin presiones, ni violencia; no se les discrimine por su orientación sexual e identidad de género; puedan decidir cuándo, cómo y con quién tener relaciones sexuales; puedan relacionarse sentimentalmente con otras personas, así como informarse sobre cómo cuidarse y disfrutar de su cuerpo. Así, la educación integral de la sexualidad requiere «priorizar la adquisición o el fortalecimiento de valores como reciprocidad, igualdad, responsabilidad y respeto, prerrequisitos para lograr y mantener relaciones sociales y sexuales consensuadas, sanas y seguras» (UNESCO, 2014, p. 38).

Recordemos que todas las personas venimos de contextos y familias diferentes, sin embargo, ejercer nuestros valores y permitir que las demás personas vivan acorde a los suyos, favorece que creemos sociedades más diversas y justas.

Reflexiones finales

Al planear un curso o impartir cualquier tema sobre sexualidad, es necesario que tomes en cuenta los valores imperantes en la población a trabajar, pues pueden persistir creencias negativas en torno a la sexualidad, que será importante abordar de forma empática e informada. Sin embargo, también es un tema que debe tratarse con tacto, respeto y paciencia, pues se construyen desde la infancia con la influencia de la familia, los y las amigas, y de manera importante desde las creencias religiosas. En el siguiente tema hablaremos de los valores, pero los aterrizaremos en el abordaje de los derechos sexuales y reproductivos

Como cierre de este tema, te invitamos a reflexionar: ¿cuáles es tu sistema de valores sobre el erotismo, el género, las relaciones afectivas y el potencial reproductivo que tenemos las personas? ¿Qué valores o creencias confrontan tu visión sobre la sexualidad? ¿Crees que actúas en congruencia con tus valores?

Anota tus observaciones.