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5.3 Habilidades de comunicación

En este espacio podrás conocer conceptos clave para el desarrollo de las personas, como comunicación verbal, comunicación no verbal y el concepto de asertividad.

Te ofrece elementos para orientar el análisis sobre cómo afecta el tipo de comunicación a la vivencia plena y disfrutable de la vida sexual de las adolescencias.

Los seres humanos nos comunicamos todo el tiempo, incluso cuando no decimos nada y ésta comunicación no deja fuera ningún escenario: lo hacemos en casa, en el trabajo, en la escuela, en las redes sociales, cuando jugamos, cuando tenemos un problema, cuando estamos felices, cuando queremos saber algo… Además, nos comunicamos de distintas formas; cuando empleamos señas, en las redes con el uso de los emoticones o cuando utilizamos palabras que sólo determinado grupo de personas entienden o cuando hablamos con personas de distintas edades.

En todas estas formas es importante tener claridad de lo que se quiere decir, así como saber respetar lo que la otra persona quiere o no. Para esto es necesario aprender a identificar la comunicación verbal y la no verbal, pues en el ejercicio de la sexualidad ambas son fundamentales:

Comunicación verbal: implica el uso de la lengua, tanto oral como escrita.

No verbal: se conforma de todos aquellos mensajes que transmitimos independientemente de las expresiones lingüísticas, aunque la mayoría de las veces como su complemento. Los movimientos del cuerpo, los gestos, las posturas y todo aquello que contenga un mensaje, deliberada o involuntariamente transmitido, son algunos ejemplos de esa forma de comunicación.

Los seres humanos requerimos del proceso de comunicación para socializar: a través de él podemos manifestar nuestros deseos, necesidades, límites y también crear un escenario dialógico y simbólico. La comunicación se vuelve vital para relacionarnos con otras personas, incluso en el plano sexual.

Imaginemos el siguiente escenario:

Dos personas se gustan y, con la convivencia, comienza la atracción sexual, tanto que comienzan una relación que los lleva a primero besarse y en algún punto empiezan las caricias, pero una de las dos personas, con cierto tipo de caricias, empieza a mostrar una actitud evasiva, voltea la cara, no sonríe, comienza a hablar de otra cosa o se levanta del lugar en el que está. Si bien no lo dice, con el lenguaje no verbal comunica que siente incomodidad.

Con este ejemplo es posible identificar que es necesario prestar atención a todas las modalidades de comunicación para poder construir encuentros fluidos y satisfactorios. Para ello, es necesario acompañar a las personas a reconocer sus emociones, necesidades y límites de los primeros años, así como enseñar estrategias de comunicación verbal y no verbal en las que puedan expresarse de forma directa y honesta haciendo valer los propios derechos y respetar los derechos de las demás personas desde la asertividad.

Es importante señalar que, aunque un mensaje sea claro, honesto, respetuoso y directo, suele tener una lectura distinta dependiendo del género de quien emite el mensaje, esto debido a que se han normalizados pautas de comportamiento (roles de género) en las que se espera que las mujeres tengan un rol pasivo en la sexualidad. Así, ha habido un adoctrinamiento social en el que es poco común que una mujer manifieste interés en iniciar un encuentro sexual o comparta abiertamente sus experiencias sexuales o deseos, pues es una conducta poco valorada para ellas, pero no para ellos. Según una investigación del National Sexual Violence Resource Center (2012), las normas de género más sanas y menos restrictivas pueden favorecer que las personas se expresen de forma más genuina y permitan la misma expresión para otras, lo que genera relaciones de respeto e interacciones sexuales saludables.

El mismo estudio habla de ejercer normas de género saludables, como:

1. Mejorar la comunicación: es decir, al no tener parámetros tan rígidos sobre lo que debe ser el hombre y la mujer, se propiciará que las personas se expresen con mayor libertad y afirmación. Al seguir este tipo de parámetros, «la comunicación en las relaciones y en las interacciones sexuales podrían ser más efectivas».

2. Mejorar la imagen corporal y la autoestima: el desarrollar normas de género menos rígidas que permitan la expresión de diversos tipos de cuerpos e ideas sobre lo que se considera atractivo permitiría que las personas se sientan mejor respecto a sí mismas y su aspecto.

3. Eliminar los mensajes «mixtos»: establecer normas de género menos restrictivas propiciaría una mirada justa e igualitaria de la sexualidad, en lugar de una dividida según el género. Las mujeres tendrían la libertad de disfrutar su sexualidad tanto como los hombres; y los hombres tendrían la libertad de sentir y expresar sus emociones tanto como las mujeres.

4. Proveer equilibrio y una conducta sexual respetuosa: es importante que todas las personas se comporten de una manera respetuosa hacia los derechos de otras personas. La conducta tiene que ser asertiva, no violenta.

5. Reducir los riesgos sexuales: si a todas las personas se les educa para ser asertivas y comunicativas, en torno a la sexualidad y la salud sexual, generaría interacciones sexuales más seguras y consensuadas.

6. Apoyar a las personas LGBTQ+: si las normas de género fueran menos restrictivas, probablemente se reduciría el amedrentamiento, en función de la orientación sexual y la expresión de género. Todas las personas tienen derecho a ser quienes son y a que se les trate con respeto.

Y, ¿cómo fortalecer una comunicación asertiva y saludable? (UNICEF, 2017; Vera y Caballero, 2022)

Depurar los temas no resueltos para enfocarse en la relación actual; esto es fundamental para construir relaciones que no se basen en el rechazo, el resentimiento o el reclamo.

Asegurarse de identificar el momento y espacio para abordar la problemática: resolver un conflicto requiere tiempo para escuchar, expresarse y construir acuerdos.

Respetar el turno de quién habla.

Recordar que los gritos o levantar la voz no invitan al diálogo; si esto es acompañado de ira, se pueden decir cosas que en realidad no se quieren decir. Enojarse está bien, pero el enojo propio no puede ser pretexto para herir o maltratar.

Mandar mensajes claros; un «pórtate bien», al deja muy ambiguo y amplio qué se espera; al mandar un mensaje claro y decir específicamente la conducta deseada, la persona receptora del mensaje puede comprender lo que se espera y decidir cómo actuar en consecuencia.

Evitar generalizar usando palabras como «siempre» o «nunca»…

Evitar la ironía, el reproche o la queja: una alternativa muy provechosa puede ser plantear alternativas, soluciones o cómo te puedes involucrar en la solución.

Es importante que cuando comunicamos algo, corroboremos que el mensaje ha llegado de forma íntegra o que al menos se ha comprendido en el sentido que lo enviamos. Ello nos permitirá evitar posteriores malentendidos.

La comunicación eficaz y saludable es corresponsabilidad de ambas personas que están involucradas en la comunicación, por lo que es importante recordar que, así como es importante expresar las emociones, también lo es el escuchar a las otras personas y fortalecer la comprensión.

Llevado al plano de las relaciones interpersonales y de la sexualidad, una persona adolescente que reconoce y valida sus emociones y sensaciones, que cuenta con herramientas para expresar su desacuerdo y cuenta con ambientes protectores, modelos asertivos de comunicación y una red de apoyo para recurrir en caso de que algo no salga como se esperaba, tendrá más posibilidad de poner límites a conductas o presiones para las que no se sienta preparada, por ejemplo encuentros sexuales desprotegidos, uso y abuso de drogas, deserción escolar, violencia sexual, entre otras (Rivera y Proaño, 2017).

Uno de los mayores retos como personas replicadoras es que promovamos la comunicación abierta dentro de la familia o espacios seguros; existen investigaciones con adolescentes, que han encontrado que la frecuencia con la que las adolescencias se comunican sobre temas de sexualidad con sus padres, se relaciona positivamente con la intención de usar condón en una siguiente relación sexual (Frías y et. al., 2008 en Robles et. al., 2011). Por otro lado, se ha encontrado que hablar con la pareja sobre el uso del condón, así como adoptar un estilo de colaboración-equidad, al momento de negociar su uso, son buenos predictores de la frecuencia del uso del condón (Robles y Díaz-Loving, 2006 en Robles et. al., 2011). Es decir, que normalizar hablar de sexualidad, proveerá a las personas de las herramientas necesarias para comunicarse y reconocer lo que les gusta y lo que no, poder sentirse con el derecho a decir que no y también poder entablar una comunicación que invite a la negociación.

Finalmente, es fundamental mencionar que comunicarnos con asertividad es un indicador de la capacidad propia de tratar a las personas con dignidad, respeto y construir relaciones saludables y satisfactorias, sin embargo, sobre todo en escenarios de violencia y particularmente de violencia sexual, nuestra asertividad no predice el resultado (OEA, 2020). No se puede culpar a una persona adolescente de no haber puesto un límite o de no haber hablado a tiempo. Antes, tener pautas de comunicación asertiva permite a las adolescencias identificar escenarios que le vulneren, pero no necesariamente le protegerán en circunstancias donde la persona generadora de violencias tenga ciertos poderes o facultades en las que la persona adolescente se encuentre en franca desventaja (Pérez, 2016).

Todas estas son herramientas que mientras que entre más las pongamos en práctica, nos permitirán prevenir y desarrollar la capacidad de afrontar y solucionar situaciones que pudieran afectar nuestro el plan de vida.

Reflexiones finales

Para cerrar este subtema, pensemos en conjunto: ¿Cómo describirías tu capacidad para escuchar a otras personas? ¿Cómo evaluarías tus habilidades para comunicarte con otras personas? Cuando te comunicas, ¿el contenido y las emociones que quienes transmitir son claras?

Si pudieras mejorar tus habilidades de negociación ante algún conflicto, ¿cómo le harías para hacerlo mejor?

Después de haber contestado estas preguntas, date un momento para reflexionar y darte cuenta de que en la medida en la que puedas mejorar tus habilidades de comunicación, también mejorará la calidad de tus relaciones, incluida tu relación contigo.