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8.5 Ampliando las miradas ante la diversidad sexual

¿Has notado la gran diversidad que hay en la naturaleza y en el planeta? Por ejemplo, no hay un solo copo de nieve que sea igual a otro. Si eso pasa con los copos de nieve, ¿qué puede hacernos pensar que los seres humanos debemos ser iguales?

Es probable que hayas visto personas que son muy parecidas o incluso ser gemelos idénticos y físicamente tengan muchas similitudes, pero si les ves con detenimiento, notarás diferencias importantes. Aún con la misma información genética, han aprendido diferentes cosas, se relacionan, piensan y sienten de manera distinta, hasta sus cuerpos cambian de forma diferente a lo largo del tiempo.

Parte de estas diferencias también se expresan en la sexualidad, ya que no hay una sola persona que viva su sexualidad de la misma forma que otra.

A lo largo de este módulo analizaremos algunas características que son parte de la sexualidad, que influyen en la manera en cómo nos sentimos con nuestro cuerpo, con nuestra identidad y con nuestra autoestima, que a su vez inciden en la forma en cómo nos vinculamos con las otras personas.

Al entender la riqueza que podemos encontrar en la diversidad, puede ayudarte a reconocer tu propio valor y el de las otras personas.

El favorecer ambientes libres de violencia y discriminación hacia quienes son diferentes, permite aprovechar esas diferencias, incluso convertirlas en fortalezas en las que, como sociedad, podamos apoyarnos.

Entender que lo único que tenemos en común es que todas las personas somos diferentes nos permite generar ambientes de inclusión y buen trato, en una cultura de la paz.

Esperamos que puedas mirar en este apartado final la oportunidad de: entender la diversidad de pensamientos y formas de vivir la sexualidad, aun cuando pueda ser diferente a tus aprendizajes, creencias y valores previos; y de llevar esta información generosamente a las personas con quienes repliques estos contenidos.

Un vistazo a la diversidad humana

Al hablar de diversidad, la Real Academia Española hace referencia a la variedad, desemejanza y a la gran diferencia que existe entre las cosas (Real Academia Española, 2021). Este concepto hace gran sentido, al tratar de definir la diversidad humana, pues cada persona es única y es producto de múltiples dimensiones entretejidas: lugar de origen, etnia, genética, género, orientación sexual, identidad de género, estatus socioeconómico, edad, habilidades físicas, creencias religiosas, pertenencias culturales, creencias políticas u otras condiciones e ideologías. Dicho de otra manera, ninguna persona es igual a otra, cada una es un ser único, y el mismo criterio aplica para nuestra vivencia de la sexualidad.

Por si fuera poco, también cambiamos a lo largo del tiempo. La forma de pensar, el físico, las emociones y los sentimientos, incluso la identidad sexual o la orientación sexual, son diferentes en cada persona y muchas veces descubrimos elementos de nuestra individualidad y nuestra sexualidad a lo largo de la vida. Por lo tanto, lo único que tenemos en común es que todos somos diferentes.

Sin embargo, a lo largo de la historia de nuestras sociedades se pueden identificar creencias y normas sociales, culturales y religiosas que, de diferentes maneras, han impuesto modos, formas y patrones para tratar de estandarizar y categorizar a las personas en el ejercicio de la sexualidad, al ignorar esa diversidad y al tratar de establecer parámetros rígidos, considerados como normales.

Lo complicado de esto es que, al establecer rangos de normalidad, se establece de forma implícita rangos de anormalidad (Pineda y Betancur, 2015), donde todo lo que no es frecuente o está dentro del rango de la norma, tiende a ser considerado erróneo, enfermo o malo, por lo que se establecen juicios de valor y una jerarquía en el valor de las personas.

Pero, ¿por qué no podemos definir criterios de normalidad cuando hablamos de sexualidad? La normalidad es un criterio que se establece para medir las cosas que podemos cuantificar; por ejemplo, la podemos usar en cuestiones de salud, al medir algunos parámetros como la temperatura. Dicha medición nos permite valorar, a través de la curva de distribución de Gauss, cómo se comportan los diversos los valores numéricos y nos muestra una representación gráfica de las variables continuas, lo que establece rangos de lo que es frecuente, y otros que quedan fuera al ser casos aislados (Pértegas y Pita, 2001).

Establecer rangos de normalidad puede ser muy útil para enunciar aquello que es frecuente, pero ello (estadísticamente) no tiene una inmediata relación con que sea bueno, saludable, o adecuado. Esa construcción de lo bueno, saludable o adecuado, tiene que ver con los atributos que la cultura y las sociedades hemos considerado deseable.

Si recuerdas, a lo largo de todos los módulos, y en este mismo, hemos hablado de que la sexualidad está compuesta de múltiples áreas del ser humano e implica algunas características biológicas, pero también muchos otros aspectos psicológicos, sociales, culturales, emociones, sentimientos, actitudes, valores y muchas cosas más, las cuales no se pueden medir de forma estricta, ya que son diferentes para cada persona, contexto y momento histórico. Por lo tanto, al hablar de sexualidad no podemos limitarnos y establecer rangos de normalidad y anormalidad, ya que es un concepto cambiante.

Por eso es necesario ampliar nuestro panorama, y comprender y respetar las maneras que cada persona elige para ejercer su vida, al reconocer que su forma de vivir y expresar su sexualidad es resultado de sus características personales, de su historia de vida y de su contexto.

La diversidad sexual como un común denominador de todos los seres humanos

Hoy en día, el término «diversidad sexual» se ha construido y ampliado como una manera de referirse a las poblaciones que no se ajustan a los estándares socialmente establecidos, en torno a la heterosexualidad y a los estándares de identidad y roles de género. Sin embargo, contemplado desde otros puntos de vista, hablar de diversidad sexual, en sentido estricto, hace referencia a todas las posibilidades que tienen las personas de asumir, expresar y vivir la sexualidad: lo cual implica la forma que una persona asume sus identidades sexuales y de género, construye sus vínculos significativos (eróticos y románticos), y ejerce su reproductividad.

Hablar de un enfoque de diversidad sexual, es hablar del reconocimiento de que todos los cuerpos, todas las sensaciones y todos los deseos tienen derecho a existir y a manifestarse sin más límites que el respeto a los derechos de las otras personas (prácticas establecidas entre personas con edad y posibilidad de consentir), a los acuerdos establecidos (en consenso y consentimiento de todas las partes) y a los límites de la sensatez física y emocional (sin rebasar los límites de la integridad de las personas). Dentro del término «diversidad sexual» cabe toda la humanidad, pues nadie ejerce su sexualidad de la misma manera que las demás personas (CNDH, 2018).

Durante mucho tiempo se pensó socialmente que la única posibilidad válida para relacionarnos erótica y afectivamente era la heterosexualidad; es decir, que se dio lugar a la heteronormatividad, la cual, como nos dice Butler (2001), opera como un poder normalizador, que legitima simbólica y materialmente la heterosexualidad, y condena a quienes escapan a esa norma (gays, lesbianas, trans, no heteroconformes, etcétera), a un lugar de subordinación social, donde se ven invisibilizados, excluidos, discriminados y hasta violentados (UNFPA, 2015b), pero esto no siempre ha sido así.

Un ejemplo notable son las prácticas sexuales en la antigua Grecia (siglo V a. C.), periodo durante el cual la homosexualidad masculina alcanzó su apogeo. Como parte de su desarrollo cultural era bien visto que dos hombres mantuvieran relaciones sexuales entre ellos, por mero placer y erotismo, «se consideraba que el amor masculino sacaba a la luz las mejores cualidades de un joven, particularmente su hombría y valor» (GAIS, 2016), mientras que las relaciones entre los sexos distintos estaban encaminadas hacia la reproducción.

El predominio de la heteronormatividad (expectativa social de que todas las personas sean heterosexuales), alcanzó un mayor impacto con la cultura judeo cristiana, que impuso normas que se generalizaron en las culturas occidentales. En este contexto, durante mucho tiempo se ha considerado que las relaciones sexuales sólo son para reproducirse y desde ahí se ha impuesto que toda actividad sexual, que no lleve potencialmente a la reproducción, sea considerada pecaminosa, dañina o invisibilizada (CNDH, 2018). Así, se prohibió la masturbación, el sexo oral, el sexo anal heterosexual, el coito interrumpido y las manifestaciones eróticas entre personas del mismo sexo, particularmente entre varones, hecho que también ha dado lugar a que se invisibilice el placer y la sexualidad femenina.

Las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo fueron reconocidas con el término de «homosexualidad» hasta el siglo XIX, cuando el médico austro-húngaro Karl-Maria Kertbeny, defensor de los derechos humanos de las personas perseguidas por tener prácticas sexuales con personas de su mismo género, publicó un panfleto donde incluía ese término. Más tarde fue retomado por el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing, quien lo popularizó en su obra Psychopathia Sexualis, de 1886, y además acuñó el término «perversión» para referirse a estos comportamientos (CNDH, 2018).

La homosexualidad fue considerada como perversión o crimen hasta fines del siglo XX y se llegó al extremo de considerarla como una enfermedad, incluida en el listado de las enfermedades hasta 1973. Esas ideas, profundamente arraigadas en la mayor parte de las sociedades, se han confrontado con los resultados de la investigación científica, al vencer muchas resistencias, pero hasta ese año los miembros de Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA), votaron de manera unánime para retirar la homosexualidad (entre varones y entre mujeres) como trastorno del Manual Diagnóstico y Estadístico (CNDH, 2018). Fue hasta mayo de 1990, cuando la OMS la eliminó de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

Numerosas investigaciones científicas han llevado a aceptar que la homosexualidad es parte de la diversidad natural de la sexualidad humana y no se puede considerar como una condición patológica, por lo que al no ser una enfermedad no se requiere una cura.

Afortunadamente, hoy en día en muchos países están penadas las prácticas llamadas «terapias de conversión», a las que eran, y lamentablemente aún, en algunos casos son, sometidas personas del colectivo LGBTQ+, con la aparente finalidad de curarlas.

Sin embargo, al menos en 70 países se criminalizan las relaciones sexuales consensuadas entre adultos del mismo sexo, según el informe más reciente de la ILGA, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y Personas Intersex (LGBTI) (Paletta, 2019). Los castigos van desde latigazos, en Irán, prisión, en Argelia, y cadena perpetua, en Bangladesh, hasta la pena capital en Mauritania, Arabia Saudita, Sudán y Yemen. El rechazo a las poblaciones LGBTQ+ persiste aún en países que no penalizan las relaciones homosexuales; los asesinatos y los ataques contra las personas homosexuales y transexuales son frecuentes, tal como ilustran las crecientes denuncias en Honduras, Brasil, México, Estados Unidos y otros países.

Diversidad sexual e igualdad de derechos

Con lo que hemos expuesto, podrás darte cuenta de que las sociedades cambian y se construyen nuevas realidades, como resultado de los adelantos en el conocimiento científico, así como por los avances que en materia de derechos humanos se han registrado en más países del mundo.

Este trabajo es el resultado de las luchas que los diversos grupos sociales han realizado para lograr el reconocimiento y el respeto a las personas, independientemente de su identidad de género u orientación sexual. En esta lucha han participado no sólo las personas que han sido marginadas y señaladas por vivir de manera diferente su sexualidad, sino que se han involucrado familias, grupos diversos de apoyos y quienes aspiran a sociedades más justas e igualitarias.

El impacto de esos procesos ha sido de tal magnitud, que actualmente contamos con leyes que protegen y garantizan nuestros derechos humanos, pero también los derechos sexuales y reproductivos. Y esto se ha logrado en un período relativamente corto.

En este apartado queremos hacer una brevísima enumeración de las leyes más representativas que protegen estos derechos.

Argentina

Ley 26.618 (2010)

Esta ley legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo, otorgando los mismos derechos y obligaciones que al matrimonio heterosexual.

Ley 26.791 (2012)

Modifica el Código Penal para tipificar como delito los crímenes de odio motivados por orientación sexual o identidad de género.

Brasil

Ley 7.716 (1989)

Tipifica como delito la discriminación por orientación sexual, incluyendo crímenes de odio motivados por prejuicio.

Decisión del Supremo Tribunal Federal (2019)

Declara que la discriminación por orientación sexual e identidad de género constituye un crimen de odio, ampliando la aplicación de la Ley 7.716.

Chile

Ley 21.120 (2018)

Reconoce y regula la identidad de género, permitiendo el cambio de nombre y sexo en documentos oficiales sin necesidad de cirugía.

Ley 20.609 (2012)

Establece medidas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, incluyendo sanciones para actos discriminatorios.

Colombia

Ley 1482 (2011)

Establece medidas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, incluyendo sanciones para actos discriminatorios.

Proyecto de Ley Integral Trans (2025, en trámite)

Busca garantizar los derechos de las personas trans y no binarias, incluyendo el reconocimiento de identidades de género diversas en registros civiles y facilidades en salud, educación y empleo.

México

Ley General para Prevenir y Eliminar la Discriminación (2003)

Prohíbe la discriminación por orientación sexual e identidad de género, estableciendo medidas para prevenir y eliminar todas las formas de discriminación.

Ley General de Salud (2019)

Prohíbe las terapias de conversión, consideradas prácticas que buscan cambiar la orientación sexual o identidad de género de una persona.

Uruguay

Ley 18.620 (2009)

Reconoce el derecho de las personas trans a la identidad de género, permitiendo el cambio de nombre y sexo en documentos oficiales.

Ley 19.684 (2018)

Establece medidas para la inclusión laboral de personas trans, promoviendo su acceso al empleo y condiciones laborales dignas.

Ecuador

Constitución de la República del Ecuador (2008)

Prohíbe toda forma de discriminación, incluyendo la basada en orientación sexual e identidad de género.

Código Orgánico Integral Penal (2014)

Tipifica como delito la discriminación por orientación sexual e identidad de género, estableciendo sanciones penales.

Costa Rica

Ley 9428 (2020)

Legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo, reconociendo los mismos derechos y obligaciones que al matrimonio heterosexual.

Ley 8.129 (2021)

Establece medidas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral y educativo.

Bolivia

Ley 045 (2010)

Prohíbe y sanciona toda forma de discriminación, incluyendo la basada en orientación sexual e identidad de género.

Ley 164 (2011)

Establece medidas para la protección de los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex.

Paraguay

Ley 5.177 (2014)

Prohíbe la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral y educativo.

Ley 3.047 (2019)

Establece medidas para la inclusión de personas trans en el ámbito laboral y educativo.

Perú

Ley 29.773 (2012)

Prohíbe la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral y educativo.

Ley 30.657 (2019)

Establece medidas para la protección de los derechos de las personas trans, incluyendo el reconocimiento de identidad de género en documentos oficiales.

Panamá

Ley 7 (2018)

Prohíbe la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral y educativo.

Ley 8 (2020)

Establece medidas para la protección de los derechos de las personas LGBTI, incluyendo la prevención de crímenes de odio.

República Dominicana

Ley 135-11 (2011)

Prohíbe la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral y educativo.

Ley 1-12 (2012)

Establece medidas para la protección de los derechos de las personas LGBTI, incluyendo la prevención de crímenes de odio.

La construcción de estas leyes ha significado un avance de las sociedades, con prácticas culturales de exclusión en diversas dimensiones: étnica, sexual, social, cultural y otras. Sin duda, estas leyes han implicado el reconocimiento del principio fundamental de la salud sexual, desde el respeto a los derechos humanos, y específicamente de los derechos sexuales y reproductivos (DSR), indispensables para lograr y mantener salud plena.

Los avances en la aceptación de los derechos sexuales y reproductivos, así como el reconocimiento a la diversidad en la sexualidad, no han sido procesos fáciles, pese a que han sido plasmados en las leyes que acabamos de presentar, y no han trascendido de la misma manera en la sociedad y la cultura. Las creencias y concepciones tradicionales cultivadas por siglos han calado muy profundamente en América Latina y el Caribe, y aún hay prácticas discriminatorias, haciendo evidente la falta de concientización, y la necesidad de sensibilizar a la población, educar en las aulas, abrazar la diversidad en las familias, luchar y generar leyes que validen e institucionalicen nuestro derecho a disfrutar de nuestra diversidad sexual, porque la diversas sexual vive en todas las personas.

Importancia de los documentos de identificación legal para personas trans

La reasignación para la concordancia sexo-genérica es el proceso de intervención profesional, mediante el cual la persona obtiene concordancia entre los aspectos corporales y su identidad sexo-genérica, que puede incluir, parcial o totalmente, el entrenamiento de expresión de rol de género, la administración de hormonas, psicoterapia de apoyo o las intervenciones quirúrgicas que haya requerido en su proceso; y que tendrá como consecuencia una identidad jurídica de hombre o mujer, acorde a la persona que lo solicita. Esta elección debe ser personal y voluntaria, ya que cada persona debe tener la posibilidad de elegir aquellos elementos que sienta perteneciente y adecuados para su ser.

Por otro lado, el derecho a la identidad de personas trans, como pilar de su personalidad jurídica, requiere el reconocimiento efectivo de la identidad de cada persona, que la dote de elementos que la identifiquen y caractericen, como realmente se siente y es, y no como los roles sociales y el Estado le han impuesto que sea, al encasillarla en nombres y géneros que no le representan. Dicho reconocimiento se inicia con una identificación adecuada, lo que implica el otorgamiento inicial de un registro civil de nacimiento y de una cédula de ciudadanía que reflejen un nombre y género coherentes con el propio (ONUSIDA, 2020), que se sustente en un verdadero comienzo de la afirmación de su identidad, la cual no se agota en la sola identificación, sino que requiere para su pleno desenvolvimiento un ambiente de igualdad y respeto (Cardona, 2016).

Los documentos de identificación son una llave para el acceso a derechos. Sin una identificación, no se existe en el plano de las estadísticas y las instituciones de los Estados. ¿Puedes imaginar cómo es vivir sin poder acreditar tus estudios? ¿Sin tener un documento a través del que las personas puedan nombrarte por tu nombre y reconocerte como una entidad ciudadana garante de derechos?

De esta forma, a través de los cambios legislativos y el adecuado acompañamiento médico y psicoemocional, se busca que todo ser humano pueda ejercer sus derechos con plenitud y se distinga en la sociedad, al desarrollarse en condiciones de libertad e igualdad y libre ejercicio de sus derechos.

Diversidad sexual un abanico de posibilidades

La aceptación y el reconocimiento de la diversidad sexual, que ha llegado a plasmarse en leyes nacionales e internacionales, ha dado lugar a que se identifique un abanico de posibilidades y sean aceptadas como formas diversas de ejercer la sexualidad, las cuales sobrepasan las identidades tradicionales de vivirse como mujer o hombre, así como diversifica las posibilidades de expresar el amor, la atracción o el deseo, más allá de limitarse a la heterosexualidad. Como resultado de este reconocimiento surge la necesidad de aclarar conceptos para un mejor entendimiento.

Enlistamos algunas definiciones básicas:

Sexo: hace referencia a las características biológicas (cromosómicas, genéticas, hormonales, anatómicas y fisiológicas), a partir de las cuales las personas son clasificadas como machos o hembras de la especie humana al nacer, a quienes se nombra hombres o mujeres en la especie humana, respectivamente.

Género: se refiere a los atributos que social, histórica, cultural, económica, política y geográficamente, han sido asignados a hombres y mujeres. Son aquellas características que social y culturalmente han sido identificadas como «masculinas» y «femeninas», que abarcan desde las funciones que históricamente se le han asignado a uno y otro sexo (tales como proveer vs. cuidar), así como las actitudes que por lo general se les imputan (racionalidad, fortaleza, asertividad, para los hombres y emotividad, solidaridad, paciencia, para las mujeres), hasta las formas de vestir, caminar, hablar, pensar, sentir y relacionarse (CNDH, 2018).

Como hemos revisado, el género es el conjunto de características, atributos, marcas, permisos, prohibiciones y prescripciones, asignados diferenciadamente a las personas, en función de su sexo. Es una construcción social que establece también pautas de relacionamiento y ejercicio de poder diferenciado para varones y mujeres (De Barbieri, 1995; Scott, 1996; Lamas, 2002). Por lo tanto, mientras el sexo hace alusión a las características biológicas, el género es una construcción social sobre la masculinidad y femineidad (UNFPA 2015).

Lo masculino y lo femenino ha cambiado a través de la historia, y a través de las culturas; afortunadamente esto cambiará, lo que nos da la posibilidad de construir sociedades más incluyentes.

Por otra parte, la identidad de género se puede entender como un proceso constitutivo de la personalidad y una vivencia interna e individual del género, como cada persona la siente. La identidad se forja y construye individualmente, y puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer.

En Los Principios de Yogyakarta se define a la Identidad de género como la vivencia interna e individual del género como cada persona la siente profundamente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluso la vivencia personal del cuerpo, que podría o no involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal, a través de tratamientos médicos, quirúrgicos, hormonales o de otra índole, siempre que sea libremente escogida. También incluye otras expresiones del género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales (CNDH, 2018).

El análisis individualizado de estas concepciones hace referencia a la vivencia personal del propio cuerpo e incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales, que podría o no involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de tratamientos médicos, quirúrgicos, hormonales o de otra índole, siempre que sea libremente escogida.

Así, la orientación sexual es el patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas o sexuales hacia hombres, mujeres, ambos sexos, o ninguno que experimenta un individuo. También, se refiere al sentido de pertenencia que desarrolla cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad que comparte esas atracciones (UNFPA, 2015b).

La orientación sexual no es una característica rígida que coloque a las personas entre la heterosexualidad o la homosexualidad, sino un continuo, donde todas las personas caben al expresar una mayor o menor atracción hacia determinado género. Kinsey describió, a través del deseo sexual, una clasificación sobre siete tipos de orientaciones sexuales; a su vez, Lizarraga subdividió estos niveles de atracción y esquematizó cómo en cada nivel de atracción cabía la posibilidad de vivirla de distintas formas (Álvarez-Gayou, 2002). Actualmente, para fines prácticos, se tiende a clasificar de forma global en homosexual, heterosexual y bisexual, aun cuando muchas personas se identifiquen de otras maneras.

Es necesario remarcar que no es lo mismo la orientación sexual que la identidad de género. Una cosa es cómo se identifica esa persona desde su identidad, y otra muy distinta es hacia quién siente atracción o deseo.

Dichas tablas nos permiten ver, de forma gráfica, algunas de las posibilidades de vivir la sexualidad, donde en algún momento consideramos que todas las personas tenían lugar. Hoy en día se ven limitadas, ya que al reconocer la diversidad que existe en torno al sexo, la orientación sexual y a la identidad de género, se hace visibles muchas otras formas de atracción que no se encuentran vinculadas a las expresiones rígidas del generó y del sexo, sino que dan cabida a reconocer la atracción que puede surgir ante todas las formas de expresar el género, la orientación sexual y las características biológicas determinadas en el sexo. Por ejemplo, tenemos que visibilizar la atracción hacia las personas trans, intersexuales, identidades no conformes con el género, la asexualidad, entre otras formas de vivir la orientación sexual.

Sigamos dejando claros algunos términos

Heterosexualidad: es la capacidad de una persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, y a la capacidad de mantener relaciones íntimas, eróticas, afectivas y sexuales con esas personas.

Homosexualidad: es la capacidad de una persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de su mismo género, y a la capacidad de mantener relaciones íntimas y sexuales con estas personas (CNDH, 2018).

Lesbiana: una mujer que siente atracción emocional, romántica y sexual hacia otra mujer.

Gay: un hombre o una mujer que se siente atraído emocional, romántica y sexualmente hacia otra persona del mismo género; algunas personas solo utilizan el término en referencia a los hombres gay.

Pansexualidad: es la profunda atracción sentimental, estética, romántica o sexual independientemente del género o sexo de otras personas. A diferencia de la bisexualidad, las personas pansexuales sienten esta atracción hacia alguien más sin depender su sexo o género (CNDH, 2018).
Trans: se trata de un término genérico, que abarca a diferentes identidades y expresiones de género/s. En general, se aplica a las personas cuya identidad de género no coincide con la asignada al momento del nacimiento; es decir, quienes hacen una transición de un género a otro/s. Algunas personas trans se identifican como hombres o mujeres, mientras que otras lo hacen con categorías de género no-binarias. Este concepto abarca diferentes expresiones de género en distintas culturas (como las hijra en India, muxes en el sur de México, travestis, multigéneros, no géneros, de género fluido, travestis, etcétera). Es importante atender a las especificidades y subjetividades de cada persona o colectivo trans y no caer en conclusiones precipitadas —y violentas— al tratar de imponer categorías u homogeneizar a las personas bajo diferentes categorías (CNDH, 2018).

Travesti: las personas travestis, en términos generales, son aquellas que gustan de presentar de manera transitoria o duradera una apariencia opuesta a la del género que socialmente se asigna a su sexo de nacimiento, mediante prendas de vestir, actitudes y comportamientos. El travestismo puede ser una conducta o una identidad que se puede llevar a cabo de manera permanente, por cuestiones laborales, recreativas o eróticas.

Las personas transgénero se sienten y se conciben a sí mismas como pertenecientes a un género diferente al que social y culturalmente se asigna a su sexo de nacimiento, y quienes, por lo general, sólo optan por una reasignación hormonal —sin llegar a la intervención quirúrgica de los órganos pélvicos sexuales internos y externos— para adecuar su apariencia física y corporalidad a su realidad psíquica, espiritual y social.

Transexual: se refiere a las personas que se sienten y conciben a sí mismas como pertenecientes al género y al sexo diferentes a los que social y culturalmente se les asigna en función de su sexo de nacimiento, que pueden optar por una intervención médica —hormonal, quirúrgica o ambas— para adecuar su apariencia física y corporalidad a su realidad psíquica, espiritual y social (CNDH, 2018).

Si bien en la historia del movimiento Trans, hacer distinciones dentro de las identidades trans, actualmente se prefiere hacer un paraguas para nombrar trans al continuo de identidades y expresiones de género que transgreden la idea de que las personas deben identificarse con el sexo-género asignado al nacer.

Cisgénero: palabra que define a las personas cuya identidad de género y sexo asignado al nacer coinciden. La cisnormatividad es el sistema cultural que promueve, legitima y visibiliza únicamente la cisexualidad, al ser una identidad de género que coincide con el género asignado al nacer. Si bien es cierto, y debido a que somos seres sociales, necesitamos de la mirada del otro para poder ser aceptados.

Mujeres Trans: se refiere a personas cuyo sexo asignado al nacer fue considerado social y biológicamente como hombre o masculino, mientras que su identidad de género es de mujer o femenina.
Hombres Trans: se refiere a aquellas personas cuyo sexo asignado al nacer es considerado social y biológicamente como mujer o femenino, mientras que su identidad de género es de hombre o masculina.
Persona Trans: este término también puede ser utilizado por alguien que se autoidentifica fuera del binario mujer/hombre. Adicionalmente, algunas mujeres Trans se autoidentifican como mujeres, y algunos hombres Trans se autoidentifican como hombres (CNDH, 2018).

Queer: el adjetivo queer significa «raro», «torcido», «extraño». El vocablo queer no existiría sin su contraparte, straight, que significa «derecho», «recto», «heterosexual». Queer refleja la naturaleza subversiva y transgresora de una mujer masculina; de un hombre afeminado o con una sensibilidad contraria a la tipología dominante. Lo queer refleja la transgresión a la heterosexualidad institucionalizada que constriñe el intentar escapar de su norma (Mérida, 2002; CNDH, 2018).

Asexualidad: se caracteriza por una falta de atracción persistente hacia cualquier género. Se cree que por lo menos 1% de la población es asexual (CNDH, 2018).

Intersexual: es una persona que nace con una combinación de características biológicas masculinas y femeninas, como cromosomas o genitales, que puede dificultar la tarea de asignarles un sexo al nacer. La intersexualidad es una variación que sucede naturalmente en los seres humanos y no es un problema médico. Hay muchas variaciones de intersexualidad. Algunas personas intersexuales tienen órganos sexuales internos o genitales ambiguos; por ejemplo, las personas que tienen tanto tejido ovárico como testicular. Otras tienen una combinación cromosómica que no es XY (masculina) y XX (femenina); por ejemplo, XXY. Además, algunas personas nacen con órganos sexuales que aparentan ser masculinos o femeninos, pero sus órganos internos o las hormonas que segregan durante la pubertad no coinciden (CNDH, 2018). El término intersexual o intersex hace referencia a personas cuyos cuerpos no coinciden con lo esperado para una de las categorías clásicamente descriptas (macho o hembra), sino que tienen una o más características de uno u otro sexo biológico. Esto puede hacerse visible en el momento del nacimiento o más adelante en la vida (UNFPA, 2015b).

Diversidad humana, diversidad de familias

Aceptar que somos personas diversas, va de la mano de reconocer que la forma en que nos vinculamos también es única, lo que da lugar a que cada familia sea diferente. El estar configuradas por diversos integrantes, enfrentar diversas experiencias de vida, contextos, hasta economías y formas de interacción diferentes, permean en la forma en cómo se conforman las familias. Hecho que es muy importante de visibilizar para reconocer que todas las familias son formas válidas de interacción y deben ser respetadas y garantes de derecho.

La mayoría de las familias presentan diferencias en su estructura; las hay conformadas por un solo una madre o en menos casos por un padre, ampliadas con tíos, abuelos, quienes viven con hijos o hijas de relaciones previas, entre otras muchas posibilidades. De igual manera, desde tiempos inmemoriales, han existido familias formadas por dos mamás o dos papás, o personas trans que también han estructurado sus familias y han criado a hijas e hijos, los cuales han salido adelante de forma favorable en la vida y que enfrentan conflictos como cualquier otra familia.

Si bien es relativamente reciente que se hable de diversidad de familias y se les visibilice, o se empiece a aceptar la adopción, muchas veces estas familias se conformaron con hijos de relaciones previas, por inseminación, por adopciones no legales, entre otros medios. De igual manera, se debe evitar caer en el estereotipo y pensar que todas las familias formadas por personas homosexuales responden al patrón de dos mamás o dos papás con hijos o hijas, ya que estos hogares también reproducen la amplia diversidad de estructuras familiares presentes en el conjunto de la sociedad: monoparentalidad, adopciones, familias multiétnicas, separadas etcétera. Cada una de ellas presentan muchos patrones de relación similares a las de las familias heterosexuales (Pichardo, 2011).

En múltiples investigaciones. por ejemplo, la de Arranz y Oliva en 2010, se concluyó que las infancias criadas en familias homoparentales tienen las mismas capacidades y el mismo desarrollo intelectual y psicoafectivo que el resto. La única diferencia significativa que se podo encontrar respecto a otras familias, fue que presentaban mayor aceptación y respeto de la homosexualidad y mayor flexibilidad respecto a los roles de género. Es decir, lo importante para el desarrollo psicoafectivo e Intelectual de los menores de edad es la calidad del contexto familiar y de las relaciones que se establecen con las hijas y los hijos, no el tipo de estructura de la familia (Pichardo, 2011).

Por otro lado, el proceso de reflexión sobre la maternidad y la paternidad es distinto a las familias heterosexuales, ya que las familias homoparentales

«han tenido que prepararse con mayor tiempo y racionalmente, así como con frecuencia enfrentar críticas y juicios externos, lo que les permite adelantar situaciones negativas y poder anticipar tanto la respuesta emocional deseable para ese momento, así como desarrollar las herramientas o soluciones para los potenciales problemas» (Medina, 2017).

En esa dinámica social aparecen debates y discusiones que hasta antes ni siquiera se imaginaban; por ejemplo, hoy en día existen fuertes luchas sociales para que personas del mismo sexo puedan, como parte de sus derechos sexuales y reproductivos.

Hoy en día resulta obligado educar para la diversidad. En el caso de las familias, pensar en la existencia de la familia nuclear como única opción para el desarrollo adecuado es insuficiente e ingenuo.

Diversidad sexual en el contexto escolar

Para empezar esta sección, es importante hacer un salto en el tiempo. ¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que sentiste atracción por otra persona? ¿Recuerdas que edad tenías y en qué contexto fue? Cuando ibas en la educación inicial o básica, ¿alguna vez viste interés o alguna muestra de afecto de alguna infancia hacia otra?

A menudo, desde temprana edad, las personas comenzamos a tener interés o atracción hacia algunas personas. Quizá en esos primeros momentos de la vida no lo significamos como una atracción de pareja, erótica o sexual, pero «sabemos» que esa otra persona tiene «algo que nos gusta». Es común escuchar en la dinámica cotidiana de las escuelas que «x» ya anda con «y», sin embargo, estos discursos a menudo sólo visibilizan el interés de las personas heterosexuales. Desde edades tempranas, las infancias interiorizan el discurso social que les hace saber y sentir que la atracción por una persona de su mismo género «no está bien», lo que fructifica en que muchas personas no heterosexuales se abstengan de hacer comentarios o expresar abiertamente su afecto por otras personas.

No. No es que las personas LGB, incluso T, aparezcan hasta la juventud o adultez o sea parte de una moda: es que hay un aparato social de vigilancia que invisibiliza, reprime y sanciona los discursos no heterosexuales cisnormados desde temprana edad.

En ese sentido, es fundamental que los Estados generen iniciativas, programas y regulaciones para construir espacios amigables para que las infancias y adolescencias puedan desarrollar su sexualidad de manera plena, sin culpa y sin miedo.

Según cifras de UNESCO (2023) en siete países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) las juventudes que enfrentan altos niveles de violencia o discriminación debido a su orientación sexual tienen al menos el doble de probabilidades de no asistir a la escuela. Además, presentan niveles elevados de depresión, una condición que afecta su salud mental y calidad de vida.

Los datos también revelan que entre el 47% y el 81% del estudiantado LGBTI+ se siente inseguro en sus escuelas por su orientación sexual, y entre el 32% y el 63% experimentan esa inseguridad relacionada con la expresión de su género. Esto evidencia que los espacios educativos, que deberían ser seguros y acogedores para todas las personas, a menudo no lo son para quienes forman parte de esta diversidad.

A continuación, podrás ver algunos esfuerzos legislativos en países de América Latina para la protección de la diversidad sexual, desde la infancia.

Chile

Ley 21.430 (2022): Esta ley establece garantías y protección integral para niños, niñas y adolescentes, incluyendo la prohibición de discriminación por orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales.

Resolución Exenta N°812 (2021): Emitida por el Ministerio de Educación, esta resolución establece directrices para garantizar el derecho a la identidad de género de estudiantes trans en el ámbito educativo, promoviendo la inclusión y respeto en las instituciones escolares.

Argentina

Ley 26.150 (2006): Establece el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI), que incluye contenidos sobre diversidad sexual y de género en todos los niveles educativos, con el objetivo de prevenir la discriminación y promover el respeto hacia las personas LGBTTTIQ+.

México

Reformas al Código Penal y a la Ley General de Salud (2024): Estas reformas prohíben y sancionan las llamadas “terapias de conversión” (Ecosig), prácticas que intentan modificar la orientación sexual o identidad de género de las personas, especialmente menores de edad.

Protocolo de actuación para la atención de personas con orientación sexual diversa (2013): Emitido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, este protocolo establece lineamientos para la atención respetuosa y libre de discriminación hacia personas LGBTTTIQ+, incluyendo a niños y adolescentes, en instituciones públicas y privadas.

Colombia

Ley 1482 (2011): Conocida como la Ley contra la Discriminación, establece medidas para prevenir y sancionar actos de discriminación por orientación sexual e identidad de género, incluyendo en el ámbito educativo y familiar.

Perú

Ley 32331 (2025): Esta ley, aprobada en abril de 2025, prohíbe el uso de servicios higiénicos públicos según la identidad de género, afectando principalmente a personas trans. Aunque no está dirigida específicamente a la infancia y adolescencia, tiene implicaciones en el acceso a espacios seguros para menores LGBTTTIQ+.

Ecuador

Guía para la atención de adolescentes LGBTIQ+ (2023): El Ministerio de Salud Pública de Ecuador publicó esta guía para profesionales de salud mental, con el fin de brindar atención adecuada y libre de discriminación a adolescentes LGBTIQ+, reconociendo sus necesidades específicas y promoviendo su bienestar integral.

El Salvador

Ley Crecer Juntos (2022): Esta ley establece que las instituciones educativas deben garantizar una educación basada en la tolerancia y respeto, prohibiendo la exclusión o expulsión de estudiantes por motivos de orientación sexual o identidad de género.

Uruguay

Centro de Referencia Amigable (CRAm): Desde 2014, el CRAm ofrece atención psicológica gratuita y orientación a personas LGBTIQ+, incluyendo adolescentes, en un espacio seguro y libre de discriminación. Además, realiza actividades de promoción de derechos y salud preventiva dirigidas a jóvenes LGBTIQ+.

Abriendo las puertas del clóset

Como resultado del miedo al rechazo, a la discriminación o a la exclusión, muchas personas LGBT se ven obligadas a ocultan su orientación sexual real o identidad de género. Muy recientemente, este ocultamiento se ha ido rompiendo cada vez con más frecuencia, gracias a las luchas y a la resistencia de los colectivos por defender sus derechos. A pesar de esto, hoy en día la comunidad LGBT tiene que enfrentar todo un proceso para salir del closet y vivir en un mundo donde puede encontrar grandes retos.

Los estudios de la diversidad sexual adoptaron el concepto anglosajón de «in the closet» y «coming out» para su uso corriente. Traducido al castellano, sería «estar en el armario/closet» y «salir del armario/closet». El primero de ellos hace referencia a ocultar, esconder o silenciar la identidad no heterosexual o cisgéneridad de una persona, la cual aún para su entorno no es visible. El segundo concepto hace referencia a asumir públicamente la identidad no normativa: es decir, asumirse trans, lesbiana, bisexual, gay, no binarie o cualquier otra identidad que salga de la hetero-cisnorma (Chávez et. al., 2018).

Se eligió intencionalmente la palabra armario/closet, con el objetivo de criticar a la sociedad, que intenta mantener bajo control, encerradas y aisladas en el closet a las personas LGTB.

El proceso de la salida del closet, implica que se visibilice la orientación sexual o la identidad de género de una persona, que va de la esfera más íntima y subjetiva hasta el ámbito familiar y el público (Lozano-Verduzco & Padilla-Gámez, 2023). Cada persona lo transita de manera diferente, depende en gran medida de las herramientas emocionales con las que cuente, la red de apoyo, el contexto en el cual comparta dicha información y la importancia que tengan las personas con las que se comparte la información.

Como parte del proceso de salir del closet, las personas viven una primera etapa de aceptación, que implica reconocer que ese ocultamiento puede ser con la mismidad, cuando aún no se tiene una preparación emocional o social que permita asumir la propia orientación sexual o identidad de género. Habitualmente, esa negación se relaciona con ocultar ese dato a familiares, amistades, pared en el trabajo o estudio (Ramos, Fernández y Monsalvo, 2018), donde cada persona LGBT mide y analiza hasta qué punto es confiable, seguro o necesario abrir esa información, ya que tendrá que considerar las posibles implicaciones que pueden tener revelar dicha información.

La salida del armario es un acto dinámico; se vive continuamente cada vez que la persona LGBTTTIQ+ enfrenta nuevos contextos y es un suceso que puede compartirse sólo en áreas específicas; por ejemplo, una persona puede abrir su sexualidad ante sus amigos, pero no ante la familia.

Por lo general, y salvo excepciones, el salir del closet puede ser un proceso que implica ansiedades, temores, inseguridades y miedos. En general, esta historia se puede repetir en cada ocasión que la persona tiene que hacer pública su no heterosexualidad o su no identificación con el género asignado.

Ante la diversidad de contextos, es importante considerar que solo la persona que lo vive está en condiciones de decidir, cuando, con quien, y en donde decide salir del closet, ya que tendrá que valorar todas las condiciones socioemocionales, incluso económicas, con las que cuenta y prepararse física y emocionalmente para hacerlo. Si bien podemos considerar que para muchas personas salir del closet les abre nuevas oportunidades, y en muchos casos les hace sentir más libres, no todas las personas están en condiciones de hacerlo. En muchos casos pueden encontrar situaciones adversas, rechazo, violencia y en condiciones extremas hasta la muerte, por lo que es muy importante respetar los tiempos, las emociones y los contextos de cada persona tiene y apoyarles o acompañarles cuando se requiera.

Uno de los sectores más importantes para la mayoría de las personas LGBTI es el núcleo familiar, por lo que con frecuencia es uno de los sectores con los que cobra mayor importancia salir del closet. La forma en la que sea recibida la noticia por parte de sus seres queridos puede impactar de manera importante en la vivencia y aceptación de su diversidad sexual. Lamentablemente, aún muchas personas viven violencia y discriminación dentro de su núcleo familiar, como resultado de la homofobia, transfobia y bifobia que prevalece en la sociedad.

Un factor a considerar, es que la familia o el entorno cercano e importante para la persona LGBT también tendrá que vivir un proceso de aceptación y asimilación que le permita entender la vivencia de su ser querido. En general, quienes integran la familia también tienen expectativas, miedos, culpas y prejuicios que pueden influir en la forma en la que responden. En ocasiones, pueden requerir información y acompañamiento para entender y superar la situación que les genera conflicto.

Al acompañar un proceso de salida del closet, es necesario explorar (Lozano-Verduzco & Padilla-Gámez, 2023):

  • los mandatos y significados familiares en torno a la sexualidad;
  • pros y contras de salir del clóset, al considerar estos mandatos y sus posibles consecuencias;
  • salud: consumo de sustancias, malestares emocionales, salud sexual, etc.;
  • y, apoyo recibido de la familia y la comunidad.

Estereotipos y estigmatización de la homosexualidad

Hemos expuesto que aún en muchas de las sociedades actuales, incluso en la nuestra, el reconocimiento de la diversidad, en general y en particular, en las relaciones sexuales, se ha abierto paso con muchas dificultades y enfrenta muchas resistencias. Pues todas aquellas personas que se apartan de la «norma» aceptada como la correcta, suelen ser estigmatizados y juzgados a partir de falsas creencias. ¿Pero qué es un estereotipo y qué es un estigma?

Estigma: según Goffman (1963), el estigma es un atributo negativo que recae sobre los individuos y produce un deterioro identitario. El concepto permite captar una verdadera relación de desventaja, de desigualdad y es, ante todo, un proceso social.
Estereotipos: son imágenes mentales que engloban la diversidad de lo real y la variedad infinita de los sujetos en modelos simplificados, que facilitan el reconocimiento y simplifican la interacción social, pero que también se constituyen en fuente de prejuicios y en justificaciones para la exclusión de colectivos enteros (López, 2018; UNFPA, 2015b).

Estos conceptos son reconocibles fácilmente en burlas, gestos y juicios en las diferentes interacciones sociales: en la casa, en la escuela y en la comunidad en general. Persisten hasta en los medios de comunicación.

Si bien los estereotipos y el estigma no son exclusivos de la comunidad LGBT, les afectan de manera muy importante y es entonces que hablamos de homofobia y transfobia. Por un lado, la homofobia, lesbofobia o bifobia es el sentimiento, la actitud, la conducta de condena y el rechazo hacia personas homosexuales, gays, lesbianas o bisexuales; mientras que la transfobia es la aversión obsesiva, rechazo, odio y violencia hacia las personas trans.

Esto surge desde el pensamiento de un valor inferior de las personas LGBT, producido por un entorno heteronormado y falta de visibilidad de la diversidad sexual. Creencias que se usan para justificar las agresiones o la violencia, condicionantes que excluyen y limitan los derechos humanos de las personas que son vulneradas. Esta homofobia y transfobia genera actos cotidianos que han sido en gran medida invisibilizados, que con frecuencia se naturalizan de tal manera que aun actualmente están justificados y respaldados por algunos marcos legales. Por ejemplo, el negar la adopción a las parejas homosexuales por considerar que serán un mal ejemplo o los «pervertirán»; las terapias de conversión para corregir la homosexualidad; el negarse a llamar por su nombre o a cambiar los documentos a las personas trans; negar el acceso a la salud o dar por asentado que por ser homosexuales tienen ITS. Son solo algunos de los actos cotidianos donde de observa esta discriminación.

Las expresiones de violencia basada en el odio hacia personas no heterosexuales no son actos aislados, se viven de forma cotidiana dentro de las familias, en el trabajo o ante la falta de oportunidades de trabajo, en los contextos escolares al observarse en burlas, chantajes, humillaciones, en las instituciones cuando se les niegan los cuidados, solo por citar algunos ejemplos. Hoy en día es una realidad los transfeminicidios, los cuales en su gran mayoría quedan impunes y con frecuencia son justificados o anulados ante la comunidad.

América Latina y el Caribe continúan siendo identificadas como la región más violenta del mundo, especialmente para las personas LGBTI+ (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, intersexuales y otras identidades). Según el Observatorio Regional de la Red Sin Violencia LGBTI (2023), durante ese año fueron asesinadas al menos 364 personas LGBTI+ en solo diez países de la región: Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, República Dominicana y Nicaragua. Esto significa que, en promedio, cada día una persona con una identidad LGBTI+ pierde la vida debido a la violencia por su orientación sexual o identidad de género.

La violencia y la discriminación deja profundas huellas en las personas que lo viven. Su impacto no pasa desapercibido; está plenamente demostrado que se pueden observar problemas de ansiedad, trastornos del sueño, estrés postraumático, problemas de autoestima, bajo rendimiento escolar y laboral, o abandono familiar, así como puede generar cuadros depresivos, que con frecuencia son agentes causales de suicidios o intentos de suicidio entre la población LGBT (Mercado, 2009).

Los daños que genera esta discriminación afectan de manera muy importante a un amplio sector de nuestra población, al disminuir su calidad de vida y al mermar el ejercicio de sus derechos humanos. Es prioritario educar en el respeto de la diversidad de todas las personas y reconocer que una sociedad sexualmente sana es necesariamente diversa.

Necesitamos reconocer que cada persona, somos parte de una sociedad compuesta por personas con diversidad de creencias, de culturas, de rasgos y sexualidades, pero que cada persona es única, tiene derechos y obligaciones, lo que nos invita a reconocernos y respetarnos para construir una convivencia para la paz (Medina, 2017).

Reflexiones finales

Y tú, ¿cómo vives la diversidad? ¿Puedes reconocer aquellos aspectos que te hacen una persona única? ¿Has notado la diversidad en la forma de vivir su sexualidad de las personas que te rodean? Desde tus valores y creencias, ¿qué implica la diversidad sexual?

Anota tus observaciones.