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7.1 La Sexualidad es inherente al ser humano

«¡¡Sexo!!»

Es muy probable que, aunque en los contenidos previos hemos clarificado que es un concepto que hace alusión a las características biológicas de las personas, lo primero que evoques sea el acto coital, y ello responde a qué socialmente le hemos dado ese significado a esa palabra.

Cuando hablamos de sexualidad, comúnmente se piensa únicamente en el acto coital. Sin embargo, la sexualidad humana es un fenómeno multidimensional que abarca aspectos biológicos, psicológicos, sociales, conductuales, morales y culturales, los cuales están constantemente interrelacionados.

«La sexualidad es un aspecto central de la vida de todas las personas y está presente a lo largo de toda su existencia. Incluye el sexo, las identidades y roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción. Se siente y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, comportamientos, prácticas, roles y relaciones. Está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales» (OMS, 2018).

Aunque la sexualidad abarca todos estos aspectos, no es necesario experimentar ni expresar todos ellos para vivirla plenamente. La sexualidad se manifiesta en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos. Como seres sociales multidimensionales, tenemos el potencial de desarrollar aspectos biológicos, sociales, psicológicos, espirituales, cívicos y culturales, que a su vez son influenciados por nuestro entorno: familia, escuela, comunidad, país y época, lo que hace que cada persona viva y perciba la sexualidad de manera única.

Es probable que conozcas personas que toman decisiones distintas a las que tú tomarías en torno a su sexualidad, lo cual es válido. Cada persona tiene derecho a vivir y expresar su sexualidad de la forma que considere mejor para su bienestar, siempre y cuando no cause daño a nadie y respete la ley.

Hablar de sexualidad debe ser una práctica constante en familias y escuelas, desde la etapa preescolar hasta la vejez; nunca dejamos de aprender sobre este tema. La educación sexual es un proceso progresivo y continuo que debe adaptarse a la edad y conocimientos previos de cada persona.

En módulos anteriores, hemos abordado conceptos como sexo, género, identidad de género, roles de género y orientación sexual, que sirven como base para entender cómo se integra la sexualidad en cada persona.

De manera específica, abordaremos el erotismo y el placer como elementos indispensables para una respuesta sexual adecuada. Comencemos por definirlos.

El placer es la sensación de goce o satisfacción que experimentamos al hacer o percibir cosas que nos agradan. Como tal, se puede experimentar a nivel físico, mental o espiritual, y está asociado a la felicidad, al bienestar o a la satisfacción.

Biológicamente, el placer sexual se manifiesta como la respuesta de los órganos ante las hormonas, el sistema nervioso y el flujo sanguíneo, que interactúan con la actividad cerebral, la imaginación y la memoria. Estos elementos juegan un papel complejo e importante en la experiencia sexual (Hull, 2008). El placer es indispensable para la respuesta sexual y se manifiesta a través de sensaciones específicas producidas por la activación psíquica y del sistema neuro-cerebral, que impulsa a la persona a buscar la experiencia sexual. Incluye las sensaciones en los genitales que culminan en el orgasmo (Álvarez- Gayou, 2011).

La reproducción es un proceso biológico que permite la creación de nuevos organismos, semejantes a sus progenitores, en todas las formas de vida; además, asegura la continuidad de las especies.

Es importante distinguir entre reproducción y reproductividad. La reproducción se refiere a la capacidad humana de producir nuevos individuos, mientras que la reproductividad amplía esta posibilidad, considerando que la sexualidad puede también manifestarse a través de otros legados, como escribir, plantar un árbol o dar clases.

Es fundamental tomar decisiones conscientes y responsables en torno a la reproducción. Disfrutar la sexualidad placenteramente no está estrictamente ligado a la maternidad o paternidad, ya que existen múltiples formas de trascender.

Las siguientes definiciones son tomadas del libro Sexualidad Humana de Iván Arango (2008).

Erotismo. Es la capacidad humana de experimentar las respuestas subjetivas que evocan los fenómenos físicos percibidos como deseo sexual, excitación sexual y orgasmo, que por lo general se identifican con placer sexual. El erotismo se construye tanto a nivel individual como social, con significados simbólicos y concretos que lo vinculan a otros aspectos del ser humano.

Vínculo afectivo. La vinculación afectiva es la capacidad humana de establecer lazos con otros seres humanos que se construyen y mantienen mediante las emociones. El vínculo afectivo se establece tanto en el plano personal como en el de la sociedad, mediante significados simbólicos y concretos que lo ligan a otros aspectos del ser humano. El amor representa una clase particularmente deseable de vínculo afectivo y no se limita al amor de pareja, sino que se puede expresar de muchas maneras; por ejemplo, el amor a la madre, a las y los amigos, hermanos, entre muchas otras posibilidades.

Actividad sexual. La actividad sexual es una expresión conductual de la sexualidad personal, donde el componente erótico de la sexualidad es el más evidente. La actividad sexual se caracteriza por los comportamientos que buscan el erotismo y es sinónimo de comportamiento sexual.

Comportamientos sexuales responsables. El comportamiento sexual responsable se expresa en los planos personal, interpersonal y comunitario. Se caracteriza por autonomía, madurez, honestidad, respeto, consentimiento, protección, búsqueda de placer y bienestar. La persona que practica un comportamiento sexual responsable no pretende causar daño y se abstiene de la explotación, acoso, manipulación y discriminación. Una comunidad fomenta los comportamientos sexuales responsables al proporcionar la información, los recursos y los derechos que las personas necesitan para participar en dichas prácticas.

Las conductas sexuales de riesgo son entendidas como aquellas situaciones que tienen el potencial de provocar daños en el desarrollo de la persona, y además de la capacidad para afectar el bienestar y la salud integral del individuo.

También te invitamos a revisar la Sexipedia (PARESS2030, 2025), donde podrás familiarizarte con algunos otros términos pertinentes en la educación en sexualidad.

https://paress2030.org/sexipedia-online/

Sexualidad y ciclo de vida

En los primeros años de vida, el placer se percibe a través de estímulos como la alimentación y la defecación. Las y los bebés pueden presentar erecciones del pene o lubricación vaginal a partir de estos u otros estímulos (Hyde & DeLamater, 2006) que no deben causar alarma en las personas adultas, ya que forman parte de las respuestas normales del organismo.

Teniendo presente que el erotismo tiene una dimensión no sexual y que se vincula con la capacidad de disfrute de los seres humanos (Rubio, 2014), adquiere gran relevancia en esta etapa. La vista, el gusto, el tacto, el oído y el olfato son elementos esenciales para el placer, el desarrollo y la comunicación de la/del bebé con el mundo exterior y son parte de la sensualidad. Al integrar estas sensaciones, se representará más adelante esta unión y la búsqueda de elementos placenteros y de bienestar.

Al nacimiento, los primeros reflejos del bebé son el de succión, prensión y búsqueda, lo cual le acerca al ambiente externo y le permite iniciar vínculos de afecto, principalmente con la madre, el padre y las personas que le cuidan (Hyde & DeLamater, 2006). Es a través de estas personas adultas que se proporcionan las caricias, los abrazos y las palabras que permiten iniciar un desarrollo psicosexual integral y saludable. Uno de los principales momentos placenteros para bebé puede provenir del contacto piel a piel con su madre durante la lactancia —al formar el primer vínculo afectivo—, así como de la propia alimentación, a partir de las sensaciones en la boca .

También en esta etapa suelen tocar sus órganos sexuales, lo cual es un contacto natural que produce placer (Hyde & DeLamater, 2006). Las personas adultas deben comprender que estos tocamientos forman parte de la sexualidad en la infancia y no tienen la connotación adulta que se les ha impuesto; por lo tanto, pueden permitirse en un ambiente seguro e higiénico.

Desarrollo de la sexualidad de los 3 a los 7 años

La entrada a la escuela representa una etapa crucial para las infancias, ya que abre nuevas oportunidades para que exploren sus cuerpos y los de sus pares. La curiosidad y la imitación son formas naturales de aprendizaje en esta etapa. En este periodo, comienzan a reconocer las diferencias entre sus cuerpos y los cuerpos de otras personas. La experiencia escolar les permite comprender que los cuerpos presentan diferencias visibles y naturales, en especial en sus órganos sexuales (Álvarez, 2017).

A esta edad, la mayoría identifica si es niña o niño (o ninguna de estas categorías), primero a partir de las características socialmente atribuidas y, posteriormente, desde una identificación psicológica y corporal más profunda (Hyde & DeLamater, 2006). La autoexploración corporal se presenta con mayor frecuencia y pueden llegar a manipular sus órganos sexuales para obtener placer. Sin embargo, esta exploración carece de la connotación erótica propia de la adultez, siendo parte del reconocimiento corporal y sensorial. Es fundamental enseñar que el cuerpo es privado, que existen espacios de intimidad y privacidad, y que la higiene es un cuidado básico (Álvarez, 2017). Esta enseñanza debe hacerse con una visión positiva y respetuosa hacia la sexualidad en desarrollo. Además, el respeto al cuerpo de todas las personas es esencial para una convivencia sana.

Desarrollo de la sexualidad de los 8 a los 12 años

Durante esta etapa, el interés por la sexualidad se hace evidente y las preguntas sobre este tema son frecuentes. Las infancias muestran curiosidad por comprender cómo son las relaciones sexuales, qué ocurre en ellas y qué sienten las personas que las practican, cuestionando también la idea de que estas solo tengan fines reproductivos. La identificación con personas del mismo género y edad se fortalece y puede aparecer la atracción sexual como resultado de la maduración hormonal (Hyde & DeLamater, 2006).

El autoerotismo está presente y puede ser experimentado de forma intencionada por primera vez en esta etapa. Las sensaciones son más placenteras si se viven sin culpas (Álvarez, 2017). Algunos pueden alcanzar orgasmos que generan experiencias muy satisfactorias; en infancias con pene, el orgasmo puede presentarse incluso sin eyaculación.

Hacia el final de esta etapa, pueden darse experiencias en pareja, como noviazgos, besos o caricias, independientemente de la orientación sexual. Estas experiencias suelen ser exploratorias y parte del aprendizaje afectivo y sexual. El enamoramiento puede ser intenso, a veces idealizado, como cuando se siente atracción hacia alguna persona docente o alguna otra infancia  de clase (Feldman, 2002).

La respuesta sexual ante estímulos es natural y esperada; por ello, las personas adultas no deben alarmarse al observarla. Sin embargo, deben estar atentas a conductas que pueden indicar abuso o violencia, tales como (ADIMA, 2020]:

  • Comportamientos regresivos, actuando como si tuvieran menor edad.
  • Cambios repentinos en la conducta o rendimiento escolar.
  • Miedos inexplicables o temores hacia ciertas personas o lugares.
  • Temor al contacto físico.
  • Uso de sustancias.
  • Conductas delictivas.
  • Autolesiones o conductas de riesgo autoinfligidas.
  • Juegos persistentes con contenido sexual no ajustado a su momento de desarrollo psicosexual.
  • Dibujos frecuentes con contenido sexual.
  • Preguntas persistentes sobre sexualidad no ajustadas a su momento de desarrollo psicosexual a las experiencias esperadas para su edad.

Es indispensable que las infancias aprendan sobre la privacidad, intimidad y límites, sepan distinguir entre caricias apropiadas y abusivas, y reconozcan que no todas las personas tienen buenas intenciones. Además, es importante enseñarles a comunicar cualquier situación incómoda o dañina que vivan en cualquier espacio (escuela, hogar, en el parque) generada por cualquier persona. Nombrar correctamente las partes del cuerpo permite integrar una imagen corporal natural, expresarse con confianza y comunicar sin miedo lo que se siente incómodo o hace daño (Álvarez, 2017).

Desarrollo de la sexualidad de los 13 a los 19 años

El momento de la pubertad y adolescencia vivido en estas edades traen cambios físicos y hormonales que incrementan el interés sexual (Hyde & DeLamater, 2006). El autoerotismo puede aumentar notablemente, siendo una práctica más común entre hombres; también es practicado por algunas mujeres, aunque con mayor restricción social. El erotismo puede vivirse de forma placentera, dependiendo del grado de información y responsabilidad que cada persona tenga.

Muchas adolescencias inician la vida sexual activa en esta etapa, por lo que necesitan contar con información clara sobre sexualidad, métodos anticonceptivos y responsabilidad afectiva (Álvarez-Gayou & Millán, 2006). Las relaciones de pareja en esta etapa son experiencias importantes para aprender a construir vínculos afectivos saludables.

Te invitamos a revisar de manera amplia los contenidos de todos los módulos, ya que están desarrollados especialmente considerando esta etapa del ciclo de vida.

Antes de continuar con la siguiente etapa del ciclo de vida, es importante detenernos en uno de los fenómenos globales que más pueden afectar al adecuado desarrollo de la sexualidad en la infancia y adolescencia. Hablemos del abuso sexual infantil.

Abuso Sexual Infantil (ASI)

«El abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes es una de las peores formas de violencia contra la infancia y la adolescencia. A pesar de que constituye un problema creciente en el mundo, la mayoría de los casos no son detectados ni denunciados» (Berlinerblau, 2016).

El Abuso Sexual Infantil (ASI) se define como toda interacción sexual en la que no existe consentimiento o este no puede ser dado, independientemente de si la persona entiende la naturaleza sexual de la actividad o muestra rechazo (Berlinerblau, 2016). En términos de consentimiento, es necesario recalcar que las infancias y adolescencias no pueden consentir un encuentro sexual, por cuestiones de edad y desarrollo. También hay que recalcar que puede haber pautas de dominación y manipulación cuando ocurre con personas mayores de edad o con una diferencia de edad de entre 5 y 7 años (SIPINNA, 2024).

Para caracterizar una situación de ASI se deben cumplir ciertos criterios (SIPINNA, 2024):

1. Existe una relación en desequilibrio en que las diferencias que conllevan la posibilidad de controlar a la víctima física o emocionalmente.

2. Hay una diferencia de nivel de conocimiento y comprensión del acto que implican que la víctima no entienda cabalmente el significado y las consecuencias potenciales de la actividad sexual; y

3. La persona que agrede busca satisfacer sus propios impulsos sexuales a través de la persona agredida.

El ASI no implica necesariamente penetración y puede manifestarse a través de conductas como:
  • Manoseos, frotamientos, contactos y besos sexuales no consentidos.
  • Frotamiento del pene entre las piernas.
  • Penetración oral, vaginal o anal, o su intento.
  • Exhibicionismo y voyerismo (obligar a ver desnudez o espiar en desnudez).
  • Comentarios lascivos o sexualmente explícitos.
  • Exponer a la infancia o adolescencia a mirar pornografía.
  • Fotografiar en poses o contactos sexuales.
  • Contacto vía internet con fines sexuales.

Estas conductas, muchas veces cometidas por personas cercanas y de confianza, dificultan que las víctimas identifiquen y denuncien el abuso, especialmente cuando se mezclan con sensaciones placenteras (Berlinerblau, 2016). Por ello, cuando una infancia o adolescencia denuncia abuso, es crucial creerle y reconocer el valor que implica esta denuncia, pues las infancias no inventan estas situaciones y su relato suele ser la única evidencia del mismo.

Algunos datos en torno al ASI

El abuso sexual infantil, tiene diferentes características que dificultan su prevención, detección, atención y denuncia. Entre ellas:

No reconocer que las infancias y adolescencias son seres sexuados, ciega a las familias sobre este aspecto de su vida y desarrollo. Si no se les reconoce como seres sexuados no se podrán desplegar estrategias de educación y cuidado.

La cercanía con las personas agresoras: se sabe que en casi 3 de cada 4 casos, la persona agresora es una conocida o incluso parte de la familia. En Perú, entre 2017 y 2022, el 74% de los casos de violencia sexual contra menores de 18 años fueron perpetrados por familiares o personas cercanas del entorno social o escolar, cifra que (UNICEF Perú, 2023).

La vivencia transgeneracional del ASI u otras formas de violencia sexual. En familias donde hay personas que ya lo han vivido, la cultura del secreto o el desconocimiento puede validar (incluso a nivel inconsciente) conductas que pueden, en otros contextos no violentos, despertar señales de alarma en la relación entre personas adultas e infancias. Más de 370 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sufrido violaciones o abusos sexuales antes de los 18 años. Al incluir formas de violencia sexual sin contacto físico, como el abuso verbal o en línea, la cifra asciende a 650 millones (UNICEF, 2024).

Estigma alrededor de la sexualidad y normas de género. Seguir validando el valor de las personas con vulva con base en la «virginidad» puede favorecer el silencio de las infancias, adolescencias o de las familias. La mayoría de los casos de violencia sexual en la infancia ocurren durante la adolescencia, con un repunte significativo entre los 14 y los 17 años. Las niñas son especialmente vulnerables a la violencia sexual después de los 10 años (UNICEF, 2024).

Pensar que «A los niños o a los adolescentes no hay que cuidarlos» les coloca en una desventaja por género, lo cual ha ayudado a la invisibilización de esta problemática. Niños y hombres adolescentes, por su condición de infancia o adolescencia, se encuentran en una condición de vulnerabilidad respecto a personas adultas que quieran hacer un ejercicio abusivo de su poder en el ámbito de la sexualidad.

La validación de la cultura de la violación, es decir, recalcar el dominio de los hombres sobre la sexualidad de las mujeres y de las personas jerárquicamente desiguales, creer que el «no» no siempre quiere decir no, considerar que «entre más jóvenes» sean las parejas sexuales es una muestra de hombría, o replicar frases como «Seguro ella quería», «Se lo buscó por andar de noche en la calle» o «¿Por qué no lo dijo antes? Seguro hasta le gustaba», son muestra del mucho trabajo que hay por hacer para desmontar violencias arraigadas en los roles tradicionales de género que a las violencias. La región alberga a 45 millones de niñas y mujeres que han sido víctimas de violencia sexual en la infancia, representando el 18% del total mundial (UNICEF, 2024).

Falta de preparación y sensibilidad en el tema por parte de las instituciones que brindan atención ante la denuncia. En América Latina, se estima que solo una fracción de los casos de abuso sexual infantil son denunciados, debido al estigma, el miedo y la falta de confianza en las instituciones (CRIN, 2023).

La falta de legislación en términos de tipificación y protección de las víctimas, o la prescripción del delito desincentiva la denuncia. En países como México, el 91% de los delitos de violencia sexual quedan impunes. En Uruguay, esta cifra alcanza el 86% (El País, 2024).

De acuerdo con el informe «Out the shadows» (CRIN, 2023), los países de América Latina y el Caribe se encuentran en las siguientes posiciones de acuerdo al índice de incidencia de ASI:

  • Brasil (1º a nivel regional; 11º a nivel mundial),
  • México (2° a nivel regional; 12° a nivel mundial),
  • Guatemala (3º a nivel regional; 17º a nivel mundial),
  • Colombia (4º a nivel regional; 19º a nivel mundial),
  • Jamaica (5º a nivel regional; 20º a nivel mundial),
  • El Salvador (6º a nivel regional; 21º a nivel mundial),
  • Perú (7º a nivel regional; 46º a nivel mundial),
  • Venezuela (8º a nivel regional; 47º a nivel mundial) y
  • Argentina (9º a nivel regional; 50º a nivel mundial).

Erradicar el ASI no es una tarea sencilla, pero sí una que requiere toda la atención de las familias, las escuelas, la comunidad, la sociedad en general, los Estados y el esfuerzo conjunto internacional. Pero podemos empezar infancia por infancia, garantizando su acceso a EIS de calidad y, en esa tarea, tu labor como persona replicadora es fundamental. Construir comunidades sensibles, educadas en sexualidad y protectoras que generen un cerco  la violencia hacia nuestras infancias, porque la responsabilidad de cuidarles es todas las personas.

La desnudez en casa

Permitir la desnudez en el hogar facilita la observación natural y respetuosa de los cuerpos, tanto en la infancia como en la adultez. Este hábito puede aprovecharse en espacios naturales como el baño. Sin embargo, debe realizarse solo si todas las personas en la familia se sienten cómodas, pues de lo contrario se enviaría un mensaje contradictorio. La persona en desarrollo decide hasta cuándo permite esta práctica, y conforme crece buscará mayor privacidad, lo que debe respetarse (Álvarez, 2017).

Enseñar que su cuerpo es privado

Es fundamental que las infancias comprendan que nadie puede tocar su cuerpo sin su consentimiento y que también se debe respetar el cuerpo de las demás personas. En ocasiones, madres, padres o cuidadores pueden revisar el cuerpo para detectar molestias o ayudar con la higiene, y el personal médico puede hacerlo, siempre con consentimiento y explicando la razón. Nadie más debe tocar ni ver las partes privadas (se entiende por partes privadas a la vulva, pene, testículos, ano, nalgas y pechos) propias o ajenas (Álvarez, 2017).

En ese sentido, es importante que aprendan qué lugares son privados, como el baño o la recámara, donde pueden estar en desnudez sin que nadie les vea. Se debe fomentar la costumbre de desnudarse solo en estos espacios.

Contacto apropiado y límites

El contacto corporal saludable es aquel que genera bienestar, no involucra partes privadas, se realiza en espacios públicos y no es agresivo. Enseñar a distinguir entre secretos buenos, que pueden guardarse cuando no dañan a nadie, y secretos malos, que deben comunicarse a personas de confianza, es clave para proteger su integridad.

Los límites personales son mapas que guían a las personas en desarrollo para decidir qué aceptar y qué rechazar, aprendiendo a decir «sí», «no» o «tú eliges». Esta capacidad protege contra abusos, sin embargo, es fundamental tener en cuenta que las personas agresoras suelen usar manipulación más que violencia directa.

Desarrollo de la sexualidad en la adultez

En la adultez, la madurez cerebral permite tomar decisiones más conscientes en materia sexual, aunque no se está exento de equivocaciones (Feldman, 2002). Las personas pueden optar por actividades sexuales no reproductivas y acceder a tratamientos para la fertilidad o prevención de infecciones.

Esta etapa representa la más amplia dentro del ciclo de vida y presenta diferentes hitos sociales de acuerdo a la cultura en la que se viva. Durante ella la sexualidad puede pasar por múltiples transformaciones por su carácter adaptativo, por ejemplo, se pueden cuestionar aprendizajes previos, tomar decisiones reproductivas, vocacionales, románticas y experimentar ampliamente prácticas sexuales consensuadas (Álvarez-Gayou, 1996).

El autoerotismo continúa siendo una práctica común y saludable que puede vivirse incluso en pareja, fomentando el placer y la conexión íntima (Komisaruk, 2011).

A propósito, en caso de encontrarte en esta etapa del ciclo de vida, ¿Cómo describirías tu sexualidad? ¿Qué cambios ha tenido respecto a tu etapa adolescente/joven?

Desarrollo de la sexualidad en la vejez

La sexualidad en las personas adultas mayores puede experimentar cambios significativos, y uno de los factores principales que influyen en estas transformaciones son las hormonas sexuales. Estas hormonas juegan un papel clave en la respuesta sexual y, cuando disminuyen, pueden ocasionar diversas manifestaciones como la reducción del deseo sexual, sequedad vaginal, molestias o dolor durante el coito, dificultades para lograr o mantener la erección, eyaculación precoz o una menor frecuencia en el orgasmo (Komisaruk, 2011).

Para entenderlo mejor, pensemos en las hormonas sexuales como mensajeros que ayudan a mantener el funcionamiento y el bienestar en la vida sexual. Cuando estos mensajes son menos frecuentes o menos claros, el cuerpo y la mente responden de manera diferente. Por ejemplo, una persona puede notar menos ganas de tener relaciones sexuales o sentir incomodidad durante ellas.

Es importante recordar que la sexualidad no sólo se refiere al encuentro sexual: cuando la persona añosa ha construido una sexualidad enriquecida, global y no coitocéntrica puede seguir disfrutándola en otros niveles. No obstante, los hombres añosos tienen el doble de probabilidades de estar sexualmente activos que una mujer añosa (Komisaruk, 2011).

¿Qué papel crees que pueda tener  la construcción tradicional de roles de género en esta diferencia?

Es fundamental romper con la falsa creencia de que la sexualidad desaparece con la edad. Esta idea errónea no solo invisibiliza las necesidades y derechos de las personas adultas mayores, sino que también limita su bienestar integral y su derecho a expresar su sexualidad de manera plena y respetuosa (Hyde & Delamater, 2006).

Un tema muy interesante para reflexionar es cómo vivirán su sexualidad las generaciones futuras, especialmente aquellas que tengan acceso a nuevas tecnologías y acceso a la EIS. Te invito a pensar: ¿Cómo te gustaría que fuera tu sexualidad en la vejez? ¿Qué acciones podrías empezar a tomar hoy para que esa realidad sea posible?

Muchas personas adultas mayores disfrutan activamente de su sexualidad, adaptando sus prácticas a las condiciones que les presenta su cuerpo. La experiencia y el conocimiento acumulados a lo largo de la vida pueden convertirse en grandes aliados para mantener una sexualidad satisfactoria y enriquecedora en esta etapa.

Reflexiones finales

La sexualidad es una parte integral de la personalidad, está presente durante toda la vida del ser humano desde el nacimiento hasta la muerte, y la manera de manifestarla y vivirla es diferente en cada persona, así como su forma de expresión varían según cada época de la vida.

Con tus palabras describe qué es la sexualidad.