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4.2 Consentimiento, privacidad e integridad física: ¡Una dos tres por mí!!!!

¿Por qué es importante este tema?

Para entender que la violencia ha existido desde tiempos muy remotos como un instrumento de dominación en el que se hace un ejercicio abusivo del poder, que se repite con los años, y que contribuye a las relaciones inequitativas entre las personas.

Algunos aspectos que influyen en la reproducción de las violencias, tienen que ver con la falta de conocimiento al desarrollo y un pobre desarrollo de habilidades, como establecer límites claros de manera asertiva ante situaciones o acciones que nos incomodan o no deseamos; por ejemplo, como cuando a las infancias se les obliga a saludar de beso a las personas adultas, aún no lo desean.

El poner límites claros y asertivos va de la mano con aprender a consentir las cosas o situaciones que queremos que nos sucedan, que nos agradan y deseamos (Sanz, 2016). La manera en la que manejemos este binomio límites-consentimiento repercutirá en nuestra calidad de vida.

Como persona replicadora de este módulo, ¿para qué te que puede servir este material?

Para favorecer, en el trabajo con adolescencias, el conocimiento y la reflexión para crear las condiciones que permitan una sociedad más justa y equitativa. Aprender a respetar, y a la vez proteger los límites es un principio fundamental para la convivencia.

Saber que cada persona tiene derecho a establecer los límites físicos, emocionales, sexuales, materiales con los que se siente cómoda, que son congruentes con sus principios y valores ayudará a reconocer cuando alguien quiere sobrepasar alguno y actuar en consecuencia.

Poner límites personales es proceso que se fortalece con el tiempo, en el que se entrelazan los afectos, pero ejercitarlo a través del respeto mutuo permitirá establecer relaciones sanas, libres de abuso y violencia.

Aquí entra el consentimiento, que implica reconocer lo que te gusta o deseas de lo que no te gusta o no deseas. Es aprender a decir «No» y también a respetar el de otras personas. Consentir y pedir consentimiento implica claridad con respecto a nuestros deseos y necesidades, y a la vez respetar los deseos y las necesidades de las otras personas, teniendo en cuenta que cada persona «tenemos la responsabilidad de vivir nuestras propias vidas, decidiendo cuáles son nuestras propias necesidades y buscando la manera de conseguir que estén cubiertas» (Easton & Hardy, 2017).

Cuando hablamos del consentimiento es importante ser consciente de los factores que pueden afectar la capacidad de reconocer o dar el consentimiento; por ejemplo, entre las adolescencias será importante ayudarles a analizar si en la situación donde se requiere consentimiento, las personas involucradas están bajo el influjo de alcohol u otras sustancias que alternan el juicio e impiden tener la capacidad de tomar decisiones libres y conscientes.

En ese mismo sentido, es importante que las adolescencias puedan desarrollar un criterio propio para aprender a evitar situaciones que afecten su integridad, en especial las que pueden afectar su posibilidad de dar o no su consentimiento sobre cualquier acto sexual. Por lo tanto, es muy importante que aprendan a establecer límites, así como a respetar los de las y los demás, así como a tener una idea muy clara de lo que es e implica el consentimiento, incluso en relaciones de pareja.

¿De qué hablamos cuando hablas de privacidad?

Entre los derechos sexuales y derechos reproductivos de las adolescencias y juventudes está el derecho a que se respete la privacidad e intimidad y a que se resguarde confidencialmente nuestra información personal (CEPAL, 2013).

Explica que tenemos derecho a que se respete nuestra privacidad e intimidad, y a que se resguarde confidencialmente nuestra información personal en todos los ámbitos de nuestra vida, incluso el sexual, sin importar la edad, con énfasis en adolescencias. El cuerpo, la sexualidad, los espacios, las pertenencias y la forma de relacionarnos con las demás personas son parte de nuestra identidad y privacidad, que debe respetarse por igual en los espacios escolares, familiares, sociales, digitales, laborales y los servicios de salud, entre otros (CNDH, 2016). El Estado tiene la obligación de resguardar la información personal de forma confidencial, por lo que, en el ámbito escolar, de salud, digital y laboral debe estar protegida y cualquier persona que tenga acceso a ella y está obligada a no difundirla sin nuestra autorización (CNDH, 2016)

Límites

La mayoría de las personas crecimos sin la formación para establecer límites; por ejemplo, cuando alguien «se propasa» al acercarse demasiado, lo que muchas veces hacemos es separamos un poco, y ante el acoso verbal hacemos que no escuchamos y nos alejamos de la situación incómoda. En ambos casos, sin expresar la molestia o incomodidad, y sin pedir lo que se quiere, como puede ser respeto o una cierta distancia física.

Pero, ¿qué son los límites? Son las actitudes que incorporamos en nuestra vida que nos hacen únicos, únicas, y que nos dan una sensación clara de individualidad. Nos permiten estar en relación con los demás, pero también nos ayudan a preservar la integridad personal, ya que «son la manera en que entendemos dónde termino yo y dónde comienzas tú, dónde nos encontramos y cómo somos individuos diferentes » y establecer una distancia o confortable para la interacción con otras personas (Easton & Hardy, 2018).

Los límites pueden ser físicos, emocionales, mentales, sexuales, conductuales y espirituales y se determinan de acuerdo a la relación que se tiene entre personas y dentro del contexto de nuestros valores personales y creencias. Como, por ejemplo, los límites que existen entre parejas son diferentes a los que hay con amistades.

Estos límites se aprenden a establecer desde la infancia, a veces se transgreden aún sin la intención de hacerlo; por ejemplo, cuando papá o mamá obligan a la infancia a que se ponga una prenda de vestir que no quiere usar, o cuando le exigen que abrace a una persona adulta cuando no quiere hacerlo. Esto enseña a reprimir los propios deseos, a favor de los de otras personas.

Afortunadamente, cuando crecemos, podemos aprender a escucharnos, lo que favorece el conocernos y reconocer nuestros gustos y límites, lo cual ayuda a identificar lo que queremos y lo que no deseamos en nuestras vidas, lo cual nos da la oportunidad de establecer nuevas formas de relacionarnos con las personas, al establecer acuerdos adecuados que nos hagan sentir y estar bien (Sanz, 2016).

Límites físicos

Se refieren al espacio personal y contacto físico. Si bien existen diferentes tipos de acercamientos físicos que nos hacen sentir bien, existen otros que pueden hacernos sentir incomodidad.

Un contacto físico inapropiado o inadecuado tiene la intención de perjudicar o atemorizar a alguien y violentar su seguridad; por ejemplo, tocar sin que la persona lo quiera, empujar, pegar, dar puñetazos, dar puntapiés, escupir o cometer abuso sexual.

Límites emocionales

Los limites emocionales suelen ser confusos y hay que aprender a distinguirlos y establecerlos. Van de la mano de los límites físicos. Cuando vives una situación de alto nivel de estrés o ansiedad, derivada de las relaciones que estableces con las otras personas, generalmente es señal de que no se ponen los límites emocionales que paren lo que te hace sentir ansiedad. Identificar y regular el propio sistema emocional puede requerir la modificación de hábitos que has tenido por años, incluso puede requerir que pidas ayuda (Easton & Hardy, 2017) porque, por paradójico que parezca, para poner límites emocionales y comunicarse con asertividad, primero requieres regular tus emociones (Grupo de Educación Popular con Mujeres [GEM], 2010).

Recuerda que tienes derecho a:

  • Decir «No» ante lo que no quieres.
  • Decir «Hasta aquí» o «Alto» sea cual sea la situación.
  • Tu intimidad y nadie tiene por qué invadirla.
  • Tu espacio personal es algo en lo que sólo tú puedes decidir.
  • Recibir respeto por parte de todas las personas, amistades, pareja, familiares, docentes…

Algunas consideraciones, para adolescencias, en el cuidado de los límites físicos

Tu espacio privado es algo tuyo, que no le pertenece a nadie más.

Si alguna vez estás en una búsqueda de trabajo y surge una oportunidad de modelaje o trabajos «fabulosos» en empresas comerciales, asegúrate que sean empresas serias; siempre que tengas una reunión para conocer a quien te va a entrevistar para el empleo, ve en compañía de personas adultas de tu confianza.

Ten cuidado con la pornografía, ya que brinda una idea distorsionada de la sexualidad, donde no se establecen límites claros y se favorece la violencia, y que con frecuencia es usada por las y los abusadores como medio para engañar a infancias y adolescencias.

Si tus amistades te revelan que han vivido algún tipo de agresión, que ha violentado sus límites físicos o sexuales, busquen ayuda con una persona adulta de su confianza que les pueda orientar y ayudar.

¿Cómo empezar a poner límites?

Poner límites es una habilidad que se puede ir desarrollando desde la primera infancia y que va acompañado del autoconocimiento y la validación de las propias emociones, ya que serán el sensor que nos indiquen qué sí queremos y qué no. Implica explicar a las adolescencias que poner límites con las personas por las que sienten afecto no es malo, pues no significa que se les deje de querer: poner límites es fundamental para decirles a las personas cómo nos queremos relacionar con ellas, qué nos hace daño, qué necesitamos y qué podemos dar. Reconocer y expresar emociones y sentimientos, ayuda a las infancias, adolescencias y juventudes a «identificar las situaciones que les nutren afectivamente y rechazar aquellas que les causen incomodidad. Así pueden edificar relaciones constructivas de respeto, tolerancia y amor» (Álvarez, 2017).

Aprender a comunicarse de manera asertiva es necesario para expresar tus deseos de una manera franca, abierta, directa y adecuada, al lograr decir lo que quieres, sin ofender o atentar contra la dignidad de las o los demás.

Cuando hablamos de grupos de conocidos, familiares, amigas, amigos o compañeras y compañeros, el límite puede ser difícil de establecer, pero es importante que sepas que sea quién sea nadie puede obligarte hacer nada que con tu cuerpo que no decidas o des consentimiento. Al dar consentimiento, damos permiso para que ocurra algo. Estar de acuerdo nunca es una autorización indefinida; es decir:

  • Es específica. Aceptar un beso es solo eso, de ninguna manera significa que debes aceptar tener relaciones sexuales.
  • Es reversible. Se puede cambiar de parecer en cualquier momento.

Todas las actividades sexuales requieren consentimiento. La sexualidad saludable está libre de violencia y coerción (acción mediante la cual se ejerce presión para condicionar su comportamiento). Existen algunas consideraciones que tenemos que analizar sobre el consentimiento (Serra, 2024):

Algunas consideraciones, para adolescencias, en el cuidado de los límites físicos

El consentimiento es más que la ausencia de un no, implica además de un sí un intercambio verbal, en el que se establecen los límites y deseos. Es una toma de decisiones mutua y de respeto.

Las drogas y el alcohol afectan la toma de decisiones; una persona intoxicada no puede dar su consentimiento de forma libre, clara y consciente.

El haber tenido interacciones sexuales en ocasiones previas con una persona, no es un sí para otras más; es decir, no estás obligado u obligada a hacerlo siempre.

Si una persona mayor de edad realiza un acto sexual con una o un menor de edad es un delito y de ninguna manera se puede considerar como «consentimiento», sin importar que lo diga como excusa la o el adulto.

El silencio nunca significa sí. Algunas personas, ante situaciones no deseadas, se paralizan, se asustan y tienen dificultad para expresar sus ideas o de pedir que la situación se detenga; por tanto, debes de asegurarte siempre que hay un consentimiento claro por parte de la persona con la que quieres tener relaciones sexuales, porque tener relaciones sexuales sin consentimiento es una violación sexual y es un delito.

Video: El consentimiento, tan simple como el té. ‹https://www.youtube.com/watch?v=BuuyajcjFC4&t=1s›.

Video: Abuso sexual. Audiovisual para talleres de protección con adolescencias. ‹https://www.youtube.com/watch?v=sPpW-tKVfjs›.

Video: El consentimiento debe ser claro, no hay excusa para que exista la violencia sexual. ONU Mujeres México ‹https://fb.watch/2aq2HCsl8M/›.

Acoso: la atención sexual no deseada

El acoso sexual es una de las formas más comunes de violencia de género que existen, al ser un claro reflejo de las relaciones sociales de poder entre mujeres y hombres. Para combatir esta situación, la primera condición es que los casos de acoso sean percibidos como tal. Las percepciones sobre el acoso sexual dependen de factores como el género, el tipo de acoso (acoso de género vs. atención sexual no deseada vs. coerción sexual), la respuesta de la víctima ante el acoso, el contexto y la ideología del perceptor/a, entre otros (Herrera, Herrera y Expósito, 2018).

Atención sexual no deseada: expresiones de tipo romántico o sexual que no son bienvenidas, no son correspondidas y son ofensivas para la mujer que las recibe… Algunos ejemplos serían tocamientos no deseados, abrazos, caricias y solicitudes persistentes de citas por parte de un compañero de trabajo a pesar de la negativa de la mujer (Cedeño y Bohlen, 2024).

Las adolescencias pueden estar expuestas o expuestos a diferentes situaciones de atención sexual no deseada; por ejemplo:

  • Un tocamiento en alguna parte de su cuerpo sin ser deseado o consentido.
  • Frotamientos de los órganos sexuales de la o el agresor, en alguna parte de su cuerpo, en espacios públicos como en los camiones.
  • Silbidos, palabras altisonantes con insinuaciones sexuales, «piropos» o palabras «cariñosas».
  • «Atenciones» e invitaciones insistentes, que ignoran la voluntad de la persona a la que se aborda.

Este tipo de atención sexual no deseada puede provenir de personas cercanas y desconocidas, de personas del mismo rango de edad o de personas mayores, incluso figuras de autoridad, como maestras, maestros, entrenadoras, entrenadores, por mencionar algunos ejemplos.

Las estructuras de poder desiguales dictan que el deseo de un hombre es más importante que el de una mujer, y es en gran medida la razón por la que las mujeres han sido históricamente acosadas, abusadas y agredidas. Al consentimiento del hombre y de la mujer nunca se le ha dado el mismo valor; la mujer elige en un espacio de dependencia hacia una autoridad (Fraisse, 2012).

El entendimiento sobre el sexo, por lo tanto, es tan disparejo entre hombres y mujeres que incluso hacen uso de escalas valorativas diferentes. Para las mujeres, por ejemplo, hablar de mal sexo implica sufrimiento físico, mientras que para los hombres sólo hace referencia a no disfrutarlo tanto (Loofbourow, 2018).

Tendremos que considerar también el hecho que históricamente las mujeres, las niñas y las adolescentes han sido discriminadas constantemente sólo por el hecho de pertenecer al género femenino. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos [CIDH] (2019) observa que «la violencia sexual contra ellas es una forma de discriminación que les impide gravemente el goce de derechos y libertades …» y

«esta forma de violencia puede afectar por completo el proyecto de vida de una niña o una adolescente; por ejemplo, cuando se convierten en madres como consecuencia de una violación; al ser excluidas por la estigmatización y discriminación que sufren en los centros educativos al encontrarse embarazadas; y cuando por presiones familiares son forzadas a contraer matrimonio con su agresor».

Por otro lado:

«La CIDH también ha tenido conocimiento que un número elevado de niñas víctimas de violencia sexual son separadas de sus familias, institucionalizadas o bien abandonan los estudios debido a la falta de apoyo… lo anterior se observa a causa de una serie de factores como: el estigma social asociado con la violencia sexual; por desconocimiento de lo que constituye un acto de violencia sexual y de los derechos o de los mecanismos para buscar justicia; por temores o engaños; por la falta de confianza en la respuesta del Estado debido al alto nivel de impunidad en este tipo de casos; debido a presiones de los familiares para que no denuncie; o por ser usualmente el agresor un familiar o una persona cercana o con una relación de superioridad con la víctima» (2019).

A continuación, te dejamos el enlace del documento Violencia y discriminación contra mujeres, niñas y adolescentes: Buenas prácticas y desafíos en América Latina y en el Caribe, creado por la CIDH, que puedes consultar para ampliar información.

http://www.oas.org/…›.

Pocas veces las mujeres y las adolescentes denuncian actos de abuso sexual por la falta de credibilidad hacia las mismas, lo cual es comprensible en un sistema en donde se cree que la resistencia de una mujer es un reto para un hombre, y que él lo puede conseguir al persistir, sin dejar claro en dónde se encuentran los límites del respeto hacia la autonomía de la otra persona (Friedman, 2003), ni lo que implica verdaderamente el consentimiento.

La figura del consentimiento afirmativo propone, en ese sentido, crear conciencia en todas las personas sobre la responsabilidad que tenemos de asegurarnos que nuestra pareja quiera lo que pasa entre nosotros. El consentimiento afirmativo es una decisión voluntaria y consciente entre las personas participantes en una actividad sexual; puede darse a través de palabras o acciones, siempre y cuando el permiso sobre la actividad sexual sea claro (Universidad St. Jhon Fisher, s. f.).

Hay que recordar siempre que las personas somos únicas y valiosas, sin importar tono de piel, orientación o preferencia sexual, capacidades; por ende, cada ser humano es digno de amor, respeto, inclusión e igualdad. Debemos poner en marcha todos aquellos mecanismos que nos permitan gozar plenamente de estos derechos inalienables; es decir, que nos corresponden sólo por el hecho de ser humano.

Reconocer que:

  • Todas las personas tenemos el derecho de decidir quiénes pueden tocar nuestro cuerpo, dónde y de qué manera.
  • Es muy importante saber que tienes el derecho de reconocer y expresar tus necesidades y deseos.
  • Tienes el derecho a decir «No», y que tu negativa sea respetada. También tienes la obligación respetar el «No» de las otras personas.
  • Es importante ser consciente de los factores que pueden afectar la capacidad de reconocer o dar el consentimiento (edad, condición de salud física y mental, discapacidad, usos de sustancias como el alcohol, drogas o medicamentos que alteren tu consciente toma de decisiones).
  • Si ocurre alguna transgresión a tu integridad y se violentan tus derechos, es importante buscar apoyo para recibir orientación sobre los pasos a seguir, para tu bienestar y el acceso a la justicia, que por derecho te corresponde.

Video: Guía Pedagógica Amor Propio – Derechos Sexuales y reproductivos para adolescentes y jóvenes 2  ‹https://www.youtube.com/watch?v=V_hBwqyCxBw›.

Ante todas las formas de violencia y riesgos que existen en los espacios públicos, privados y virtuales, es crucial generar estrategias de prevención y acción que permitan a las personas vivir, como es su derecho, libres de violencia. Es importante contemplar el fomento de la seguridad personal como un elemento fundamental para lograr la prevención y la erradicación de la violencia.

El ejercicio del consentimiento, el respeto a la privacidad y el cuidado de la integridad física, a través de establecer límites son aspectos fundamentalmente vinculados con la seguridad de las personas.

Reflexiones finales

¿Qué límites tienes claros en relación con tu integridad física y emocional? ¿Qué limites te cuesta trabajo establecer? ¿Respetas los límites de las personas con las que te relacionas?

Ahora que sabes más del tema, ¿crees que alguna vez has transgredido los límites de otras personas? ¿Qué acciones te gustaría realizar para mejorar?

Por favor, anota tus reflexiones.