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2.3 Responsabilidad afectiva e inclusión

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Hay vinculaciones afectivas que incluyen contacto sexual y otras que no, así como también existen vinculaciones que solamente se basan en lo sexual. Asimismo, las relaciones afectivas y sexuales que establecemos los seres humanos son de duración variable y se construyen con base en las expectativas, necesidades y acuerdos de las personas involucradas, así como en las condiciones que marca el contexto cultural en el que se desarrollan dichas relaciones.

Una de estas condiciones es la de la monogamia, que se refiere al pacto de exclusividad afectiva y sexual que regula algunas vinculaciones amorosas. Si bien la monogamia heterosexual es la forma convencional en la que hemos aprendido a vivir el amor, es importante reconocer que no es la única, ya que entre las personas existe tanto la diversidad sexual como la diversidad relacional.

La diversidad relacional alude a la existencia de modelos relacionales distintos a la monogamia, como son la poligamia, el poliamor, la relación abierta, la anarquía relacional, entre otras. 

Desde muchos espacios de diversidad relacional, no solamente se abre la posibilidad de establecer vínculos amorosos y sexuales fuera de la monogamia. En estos espacios se cuestionan los estereotipos de género y el modelo de amor romántico, y se analiza la importancia de la responsabilidad, la equidad y el consenso como base de vínculos afectivos y sexuales saludables y satisfactorios. También, se discute la conveniencia de las distinciones y jerarquías entre los vínculos y se establecen relaciones con base en acuerdos mutuos, con el objetivo de que todas las personas involucradas mantengan intercambios respetuosos, satisfactorios y adecuados a sus necesidades y circunstancias personales (Pérez, 2020).

Cuando se habla de derechos y democracia, generalmente se relacionan estas ideas con luchas sociales en el espacio público. Sin embargo, en el contexto de las vinculaciones afectivas y sexuales, también se puede y se debe construir igualdad y equidad, reconociendo que los seres humanos tenemos derecho a elegir libremente con quién y cómo vincularnos, así como a disfrutar de relaciones amorosas satisfactorias y benéficas basadas en la negociación, el consenso, los acuerdos y el respeto mutuo (Lagarde, 2001). El respeto y la equidad en las relaciones amorosas se practica cuando logramos intercambios placenteros y recíprocos, en el marco del pleno reconocimiento a los límites de las personas involucradas (Sanz, 2008). Asimismo, se expresa cuando respetamos el derecho que tienen todas las personas a elegir el modelo o esquema relacional que deseen, sin que esto sea motivo de exclusión o estigma.

Si bien el modelo del amor romántico ha marcado nuestra forma de entender el amor, es importante tener en cuenta que el amor no solamente es un sentimiento. El amor es una idea que, como todas las ideas, se puede analizar, cuestionar y transformar. Desde el modelo de amor romántico aprendemos a identificar el amor con sacrificio, exclusividad, sufrimiento y abnegación.  A partir de esta creencia, se incrementa la posibilidad de tener experiencias poco satisfactorias.

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