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1.1 Sexualidad no es igual a sexo

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Para muchas personas, hablar de sexualidad es equivalente a hablar sobre sexo o relaciones sexuales. Sin embargo, como ya hemos visto, la sexualidad humana es mucho más amplia y compleja, abarcando componentes biológicos, psicológicos, sociales, culturales, éticos y espirituales. A esto nos referimos cuando hablamos de sexualidad integral.

Para explicar esta perspectiva, usaremos el modelo de los holones de la sexualidad (Rubio, 1994). Este modelo considera cuatro subsistemas interrelacionados:

1. Reproductividad:

Incluye los aspectos biológicos y sociales relacionados con la reproducción humana. No solo se refiere al cuerpo o la capacidad reproductiva, sino a fenómenos psicológicos y sociales como la maternidad, paternidad y situaciones relacionadas con la salud sexual y reproductiva.

2. Género:

Se refiere a los roles, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera apropiados para hombres, mujeres u otras identidades de género. Es un concepto social y culturalmente construido, lo que significa que varía según la época, cultura y sociedad (OMS, 2018a).

3. Erotismo:

Está vinculado al placer y a las experiencias sexuales individuales o compartidas; abarca sensaciones corporales, emociones, pensamientos y significados que otorgamos a esas experiencias placenteras a través de la imaginación, la creatividad y la motivación. Por eso, el elemento principal del erotismo no es lo que hacemos (tener un encuentro sexual) sino su significado o trascendencia (Perel, 2007).

4. Vinculación afectiva interpersonal:

Tiene que ver con la manera en que establecemos vínculos emocionales con otras personas y cómo construimos mentalmente estos afectos.

Cada persona construye su sexualidad de forma única, basada en su cuerpo, sus experiencias y su entorno social, dando significado personal a cada uno de estos holones. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2018b), la sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales. Esto significa que nuestra sexualidad es una mezcla única e irrepetible de influencias personales y sociales.

Los factores culturales abarcan el contexto social, histórico y geográfico en el que vivimos, incluyendo la educación que recibimos y las normas sociales con las que crecimos.

Los factores espirituales se relacionan con nuestras creencias, religiosidad y sentido de vida.

Los factores éticos reflejan nuestro sistema personal de valores entorno a la sexualidad.

Nuestros significados en torno a la sexualidad cambian a lo largo de la vida a partir de nuestras experiencias y vínculos. La sexualidad se vive y expresa de muchas formas; no es algo que simplemente hacemos o tenemos, sino que es, sobre todo, una parte esencial de lo que somos (UNESCO, 2014).

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