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8.6 Cómo hacer que dure: la responsabilidad del placer

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La palabra responsabilidad viene del latín responsum, que significa responder. Por eso decimos que la responsabilidad es la habilidad de responder (Barrón, 2013). Entonces, cuando hablamos de responsabilidad, nos referimos a nuestra capacidad de responder por las propias acciones y de hacernos cargo de todo lo que elegimos hacer.

Es fácil confundir lo que debemos hacer y lo que podemos hacer. La responsabilidad se refiere a todo aquello que podemos hacer. Todo lo que debemos hacer se refiere a nuestras obligaciones. Las obligaciones son parte importante de la responsabilidad, pero no es todo lo que la define (Beausoleil, 2015).

La responsabilidad es nuestra capacidad de responder ante la vida. Más allá de culpar, nuestra habilidad de responder o ser responsables nos ayuda a reconocer nuestro poder personal. Nuestra capacidad de responder es nuestra capacidad de elegir. De entre muchas respuestas posibles, siempre puedo elegir (incluso en situaciones extremas o muy negativas, los seres humanos podemos elegir cómo reaccionamos ante ciertas situaciones). La capacidad de respuesta nos recuerda que estamos a cargo y podemos tomar decisiones bien pensadas (Tessina, 1999).

Nuestra capacidad de respuesta también se refiere a la capacidad de ser conscientes de los pensamientos y emociones que experimentamos. Esto significa que, aunque no podemos tener control sobre todo lo que nos sucede, tenemos la capacidad de decidir cómo respondemos a las distintas situaciones que nos presenta la vida (Moriggi, 2020). Por eso, resulta útil identificar y reconocer qué emociones y reacciones surgen cuando estamos ante una situación estresante y qué podemos hacer para autorregularnos (meditación, ejercicios de respiración, identificación de mis «disparadores», etc.). Por último, en este tipo de situaciones, diferenciar aquello de debemos hacer de lo que podemos hacer, nos recuerda que nuestras decisiones pueden devolvernos el control sobre nuestras acciones y emociones (Bailey, 2015). Por ejemplo, en vez de solamente frustrarme porque debo ir a comprar algo que me pidieron, puedo decidir el mejor momento para ir o decidir ir caminando (para hacer un poco de ejercicio o despejarme) mientras escucho la música que más me gusta. Cuando hago esto, también estoy decidiendo no frustrarme al hacer algo que es necesario o inevitable.

Es importante mencionar que todas nuestras respuestas (lo que decidimos o no hacer) siempre tienen efectos sobre otras situaciones o personas. Estos efectos pueden ser positivos o negativos y pueden ser inmediatos (a corto plazo) o de largo plazo. También, muchas de nuestras acciones pueden tener efectos muy evidentes o ser completamente imperceptibles para nosotros y nosotras. Lo anterior es importante porque, aunque no siempre podamos ver el resultado de nuestras acciones, es necesario ser conscientes de su existencia. El mejor ejemplo de esto son las redes sociales y todo aquello que hacemos cuando compartimos nuestra opinión o respondemos a las opiniones de otras personas. Ya sea que lo hagamos o no desde el anonimato, nuestras palabras tienen la posibilidad de «sumar» (crear comunidades de apoyo, compartir información útil, reseñar, etc.) o «restar» (agredir, descalificar, acosar, invadir la privacidad de las personas, etc.).  Esta forma de responsabilidad digital nos invita a tratar a las personas con respeto (aunque no siempre estemos de acuerdo con sus opiniones o posturas) y a no desestimar el poder de lo que compartimos, comentamos y a lo que damos «me gusta» (Rogers-Whitehead, 2019).

Finalmente, hay dos reflexiones que nos ayudarán a mejorar nuestra habilidad de responder (responsabilidad). La primera tiene que ver con las elecciones de otras personas. Hay a quienes les puede resultar frustrante no tener ningún poder sobre lo que otras personas deciden, principalmente porque sus decisiones no se parecen a lo que ellos o ellas harían. En este caso, es importante recordar que las elecciones son responsabilidad de quien las hace, y sobre eso no tenemos poder ni responsabilidad. Nuestra responsabilidad es cuidarnos, pues nadie más puede hacer eso por nosotros. La segunda reflexión tiene que ver con las ventajas de reconocer el poder que nos da la responsabilidad. Cuando perfeccionamos nuestra habilidad para responder y nuestra capacidad de aceptar y manejar las consecuencias que tienen nuestras decisiones, comenzamos a beneficiarnos de nuestras elecciones, y nuestra vida y nuestras relaciones mejoran considerablemente (Tessina, 1999).

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