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1.2 Prácticas sexuales y placer

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La vida erótica de cada persona está determinada por sus gustos, intereses, vivencias y creencias. A lo largo de nuestra vida vamos descubriendo diferentes formas de experimentar placer. Cada persona es única y también lo son las prácticas sexuales que prefiere.

Históricamente, ciertas prácticas sexuales se han privilegiado sobre otras, especialmente aquellas relacionadas con la reproducción. Durante siglos y en muchas culturas, las relaciones sexuales orientadas a la reproducción en el contexto de una relación de pareja fueron consideradas las únicas prácticas válidas, mientras que otras fueron juzgadas negativamente.

Definir algunos intereses sexuales como patológicos ha sido una estrategia histórica para controlar el comportamiento humano. Así ocurrió con prácticas como la masturbación, el sexo oral, el sexo anal o las relaciones homosexuales. Actualmente, intentamos alejarnos de estos prejuicios, y consideramos válidas todas aquellas prácticas sexuales que se realizan de forma consensuada, libre e informada, respetando los intereses personales.

En 1885 se utilizó el término «perversiones sexuales» para designar cualquier práctica sexual diferente a la penetración genital entre una mujer y un hombre. Posteriormente, en 1903 se adoptó el término «parafilia», traducido como una inclinación sexual exagerada (Miranda-Lara, 2020).  Más tarde, se propusieron términos menos valorativos o prejuiciosos como «expresiones comportamentales de la sexualidad» (Álvarez-Gayou, 1986), «manifestaciones de la diversidad sexual» (Barrios, 2005) o «prácticas sexuales alternativas o no convencionales».

Existe una gran variedad de expresiones comportamentales de la sexualidad. Todas ellas son válidas siempre y cuando exista consenso, respeto mutuo, y ninguna persona resulte dañada. Algunos ejemplos de prácticas sexuales alternativas son:

Audiofilia: placer obtenido al escuchar sonidos agradables (incluyendo voces, gemidos, etc.)
Bondage: placer asociado a ser atado o inmovilizado. Es parte del acrónimo «BDSM» (bondage, disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo) y abarca prácticas y fantasías eróticas muy variadas.
Privación sensorial: excitación al limitar temporalmente algún sentido.
Rinofilia: placer asociado a los olores.
Logofilia: excitación provocada por la lectura (por ejemplo, de textos eróticos).
Iconofilia: placer o excitación provocada por contemplar imágenes.
Fetichismo: placer al incluir un objeto específico en el acto sexual.
Intercambio de pareja (swinging): intercambio erótico de parejas con otras personas o parejas.
Fobofilia: placer que convierte el temor en estímulo sexual.
Gastrofilia: placer al incorporar alimentos en la actividad sexual.
Polirrelación: vínculos eróticos simultáneos con varias personas (como los tríos sexuales). Esta práctica hace referencia a encuentros sexuales momentáneos, no a relaciones afectivas.

Actualmente son frecuentes las prácticas eróticas facilitadas por la tecnología, como el sexting o intercambio de imágenes o mensajes con contenido erótico; el cibersexo o sexo virtual; el uso de juguetes sexuales que pueden ser controlados a distancia o sincronizados con aplicaciones de teléfono móvil, y el uso de tecnologías de realidad virtual para simular experiencias sexuales.

Finalmente, ante tantas posibilidades, podríamos preguntarnos, ¿qué es válido y qué no? La respuesta es sencilla y se resume en dos puntos básicos:

1. Es válido todo aquello que no te cause daño ni perjudique a otras personas. Esto implica, también, la consideración a las normas sociales y jurídicas.

2. Es válido todo aquello que sea consensuado, es decir, para lo que exista un acuerdo informado, consciente y sostenido por todas las personas involucradas, desde el inicio hasta el final del acto sexual.

* Todos los créditos de las imágenes se encuentran dentro del archivo descargable.