5.1 Violencia: definición y clasificación
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El concepto de violencia tiene distintas interpretaciones según el área de estudio desde la que se analice. Etimológicamente, la palabra violencia proviene del latín: vis (fuerza) y latus (del verbo ferus: llevar o transportar). Así, violencia significa llevar fuerza hacia algo o alguien (Ortega y Alcázar, 2016).
La violencia es un acto u omisión cuyo propósito es causar daño o lesionar a otra persona, y en el que se transgreda el derecho de la víctima a la integridad física, emocional y sexual. En cualquier caso, se trata de un comportamiento intencional (Torres, 2004).
La violencia no se presenta de una forma específica; para expresarse no es necesaria un arma ni la resistencia de la víctima, pues en ocasiones sucede de manera casi invisible y tan reiterada, que la llamamos naturalizada o normalizada.
Los actos de violencia se pueden clasificar de distintas maneras según sus características. Uno de estos criterios es la motivación. La violencia reactiva está relacionada con una baja resistencia a la frustración, aunada a la ausencia de capacidades necesarias para superar las dificultades. Así, la falta de satisfacción de deseos o necesidades (básicas o no), lleva a desarrollar comportamientos violentos (Hubbard et al., 2001; Díaz-Aguado, 2006; Garaigordobil y Oñederra, 2010). Por otro lado, la violencia instrumental consiste en actos intencionales, planificados y premeditados de violencia utilizados como medio para resolver conflictos, controlar el comportamiento de los demás o conseguir beneficios o recompensas. Estos beneficios son valorados por los agresores por encima del daño que puedan ocasionar a las víctimas (Velasco, 2013).
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