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4.1 La construcción del género

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Pocos aspectos nos definen tanto en la vida como el género, es decir, el hecho de ser hombre o mujer. Y es que, en esta sociedad —como en casi todas—, la vida de una persona no es la misma si es hombre o si es mujer.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de género? Para empezar, es importante no confundir este concepto con el de sexo. Aunque en ocasiones se usan como sinónimos, no significan lo mismo.

El sexo tiene que ver con la biología, los órganos sexuales con los que nacemos, los cromosomas, las hormonas y otras características físicas. El sexo se define como la serie de características físicas determinadas genéticamente, que colocan a las personas en algún punto de un continuo que tiene como extremos a los individuos reproductivamente complementarios y que se conocen como machos y hembras (Álvarez-Gayou, 2009).

En cambio, el género se refiere al conjunto de características sociales, psicológicas, políticas y culturales que se asignan a las personas, y que también se organizan en un continuo cuyos extremos serían lo que culturalmente entendemos como «hombres» y «mujeres». Es un concepto social y culturalmente construido, lo que significa que varía según la época y sociedad.

La definición de género explica por qué la filósofa, escritora y activista feminista Simone de Beauvoir (1949) alguna vez dijo: «Nadie nace mujer, se llega a serlo». Lo mismo ocurre con los hombres: no se nace siendo uno, se aprende a serlo. Este aprendizaje comienza desde la infancia, a través de los juguetes, la ropa o los roles asignados según el sexo que se nos asigna al nacer.

Ahora bien, aunque sexo y género no son lo mismo, muchas personas todavía creen que deben coincidir. Es decir, alguien que nace con pene es considerado macho (sexo), y se espera que se identifique con el género masculino; si nace con vulva, se asume que su género será femenino.

En la mayoría de los casos, esta correspondencia ocurre, pero no siempre. Hay personas que nacen con pene y se identifican como mujeres, y personas que nacen con vulva y se identifican como hombres. A estas personas se les conoce como transgénero, transexuales, o simplemente personas trans.

También existen personas que, aunque se identifican con el sexo que les fue asignado al nacer, ocasionalmente disfrutan expresarse como el otro género (mediante la utilización de prendas de vestir, actitudes y comportamientos). En este caso hablamos de personas travestis.

Para comprender mejor estas experiencias es importante conocer dos conceptos clave: la identidad de género y la expresión de género.

La identidad de género se refiere a la vivencia interna e individual del género, la cual puede o no corresponder con el sexo asignado al momento del nacimiento. La identidad de género suele consolidarse en los primeros años de vida, comúnmente entre los dos y tres años (Graham, 2023).

Todas las personas tenemos una identidad de género. Algunas se identifican como hombres o mujeres, otras como bigenéricas o de género fluido, y otras como no binarias, es decir, no se identifican con ninguna categoría tradicional de género.

Lo importante es entender que sexo y género no son lo mismo, y que uno no define necesariamente al otro. También es útil hacernos algunas preguntas:

  • ¿Cómo me siento al saberme hombre o mujer?
  • ¿De qué manera el ser hombre o mujer me ha dado privilegios o me ha limitado?
  • ¿Qué tan empático o empática soy con quienes viven su género de forma diferente a la mía?

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