7.1 Adultez emergente y salud
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El desarrollo humano es un proceso continuo y gradual que incluye cambios biológicos, emocionales y sociales. Las personas no nos convertimos en adultas de forma inmediata ni pasamos de la adolescenciaLa Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) define a la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de… (Da clic para leer más) a la adultez de un día para otro. De hecho, actualmente se reconoce la existencia de una etapa del desarrollo conocida como «adultez emergente», situada entre la adolescenciaLa Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) define a la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de… (Da clic para leer más) y la adultez temprana, que abarca aproximadamente de los 18 a los 25 años. En esta etapa, las personas pueden no sentirse completamente adultas y, por lo tanto, prefieren esperar más tiempo antes de ingresar al mercado laboral, independizarse o comprometerse en pareja. Para algunos jóvenes, sin embargo, muchos de estos compromisos no son esenciales para definirse como personas adultas (Tanner y Arnett, 2016).
La transición hacia la adultez implica, por un lado, una sensación subjetiva de responsabilidad hacia uno mismo o una misma y hacia otras personas. Sin embargo, sentirse adulto o adulta no depende únicamente de esta autopercepción, sino también de criterios objetivos establecidos socialmente, los cuales pueden variar considerablemente según la cultura. Algunos autores señalan que, aunque la percepción subjetiva es importante, no es el único factor determinante para considerar si alguien ha alcanzado la adultez (Jankowiak et al., 2025).
De esta manera, para muchas personas jóvenes, son los indicadores sociales y el reconocimiento externo los elementos que confirman su ingreso a la vida adulta. Parte del desarrollo en esta etapa consiste, además, en comenzar a encontrar un significado a la vida y sentirse cómodo o cómoda con dicha transición. Debido a estos factores, sigue siendo complejo definir con exactitud las características específicas de la adultez emergente, razón por la cual continúa siendo objeto de estudio y debate. Diversas investigaciones han identificado objetivos importantes durante este período (Hutteman et al., 2014; Jankowiak et al., 2025), tales como:
Alcanzar autonomía: lograr independencia y construir una vida propia.
Fortalecer la identidad: consolidar intereses, creencias y valores personales.
Desarrollar estabilidad e independencia emocional: lo cual implica, entre otras cosas, fortalecer la resiliencia y la inteligencia emocional.
Participar activamente en la comunidad: involucrarse en grupos sociales, actividades comunitarias o políticas.
Aprender a administrarse económicamente: gestionar presupuestos, asumir responsabilidades financieras, ahorrar, entre otros.
Formar relaciones más profundas y significativas: aprender a convivir y enfrentar desafíos en las relaciones personales.
Durante los primeros años de la vida adulta, generalmente las personas alcanzamos nuestra mejor condición física, caracterizada por una capacidad reproductiva óptima, así como una notable fuerza muscular y resistencia pulmonar. Nuestro cuerpo suele adquirir su altura y peso definitivo durante este período y, aunque el cerebro todavía está en fase final de desarrollo (principalmente la corteza prefrontal), las habilidades de razonamiento, toma de decisiones y control de impulsos mejoran significativamente en comparación con la adolescenciaLa Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) define a la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de… (Da clic para leer más).
Diversos estudios demuestran que los hábitos saludables adquiridos en la adultez temprana tienen efectos positivos a largo plazo en la salud general, especialmente en relación con las enfermedades cardiovasculares (Beyer y Lazzara, 2020). Sin embargo, el abuso de alcohol y drogas alcanza niveles particularmente elevados durante esta etapa, afectando la capacidad de juicio y aumentando riesgos como accidentes de tránsito, traumatismos y agresiones. De hecho, en América Latina, los actos violentos causan casi un tercio de las muertes entre varones jóvenes. Además, la salud mental y las infecciones de transmisión sexual son preocupaciones particularmente importantes para las personas adultas jóvenes (OMS, 2024).
Por todo ello, la adultez temprana se considera una etapa tanto de oportunidades como de riesgos; un periodo crucial en el que se toman decisiones que impactarán significativamente en el resto de la vida. Adoptar hábitos saludables, prevenir conductas de riesgo, mantener una buena salud mental y emocional, y construir relaciones significativas y positivas resulta fundamental para vivir plenamente esta etapa.
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