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6.1 Mis deseos, límites y necesidades

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¿Alguna vez has querido expresar claramente lo que piensas o sientes, pero no has podido hacerlo? ¿Te ha ocurrido que terminas aceptando o haciendo algo que realmente no deseas?

En nuestras relaciones familiares, amistosas o amorosas, comunicarnos asertivamente es esencial.

La comunicación asertiva es la habilidad de expresar claramente nuestros pensamientos, emociones y necesidades, respetando siempre a las y los demás. Implica hablar con honestidad, claridad y firmeza, permitiendo que todas las personas involucradas puedan dialogar y llegar a acuerdos justos.

Lograr una comunicación asertiva implica identificar con claridad cómo nos sentimos, qué necesitamos y qué queremos expresar. Es decir, una buena comunicación comienza con nosotros y nosotras mismas. También, escuchar activamente, mostrar empatía y mantener la calma, especialmente en situaciones difíciles, son elementos clave para comunicarnos efectivamente.

Para entender mejor la asertividad, puede ser útil contrastarla con la sumisión (respetar a los demás, pero no a uno o una misma) y la agresividad (preocuparse por los propios derechos e ignorar los de los demás). Estos dos comportamientos son los extremos de un continuo en el que la asertividad es el punto medio.

Algunas personas tienen creencias que obstaculizan la asertividad. Por ejemplo, si crecimos en una familia donde se evitaban los conflictos, podemos pensar que expresar lo que sentimos es un acto inapropiado de confrontación. Otro ejemplo podría ser la creencia de que nuestras necesidades no son importantes ni serán tomadas en cuenta.  

En realidad, la asertividad no es un rasgo innato, sino un comportamiento que todas las personas tenemos la capacidad de aprender, pero aprender requiere práctica. Tomar en cuenta nuestros deseos, límites y necesidades se vuelve más sencillo cuando reconocemos que tenemos un gran poder: el poder de decidir. Decidir fortalece nuestra autonomía y nos permite actuar según lo que consideramos mejor en cada situación particular.

En el contexto de la sexualidad, también se habla de la asertividad sexual o la habilidad que permite a las personas negociar, de forma empática y auténtica, las propias intenciones, sentimientos, deseos y expectativas en torno a la sexualidad y al placer sexual, respetando y considerando positivamente a las demás personas (Honold, 2009).

Debido a que la asertividad sexual está relacionada con la negociación, este concepto puede ser útil para comprender las razones que llevan a una persona a aceptar prácticas que ponen en riesgo su salud. También explica por qué alguien puede sentir que debe aceptar prácticas sexuales que no desea.

El rol que cumple el contexto cultural es fundamental para el comportamiento sexual (y la asertividad sexual) a través de patrones y estereotipos de género (López y cols., 2019). Estos estereotipos suelen reforzar la idea de que cada género tiene un tipo específico de comunicación; pasivo para las mujeres y agresivo para los hombres. Sin embargo, estos mitos no solo obstaculizan el ejercicio de la asertividad sexual, sino que limitan la sexualidad de las personas.

La comunicación sexual asertiva no puede existir sin el consentimiento sexual, definido como un acuerdo voluntario, claro y entusiasta entre personas para participar en actividades sexuales. El consentimiento explícito es esencial, y cada persona tiene el derecho a negarse a hacer algo o cambiar de opinión (De la Torre, 2023).

El consentimiento sexual tiene estas características (ONU Mujeres, 2019):

Se da libremente: consentir es una decisión que debemos tomar sin presiones, manipulaciones o bajo la influencia del alcohol o drogas.

Es entusiasta: se trata de hacer solo lo que realmente deseamos y no lo que creemos que se espera de nosotros y nosotras.

Es específico: aceptar una actividad (como besarse) no implica automáticamente consentir en otra (como tener relaciones sexuales).

Se brinda de manera informada: se deben conocer todos los detalles antes de aceptar. Por ejemplo, si alguien promete usar condón y no lo hace, no hubo consentimiento pleno.

Es reversible: cualquier persona puede cambiar de opinión en cualquier momento, incluso durante el encuentro sexual.

Además de tu poder individual de elección, en las relaciones afectivas o sexuales ambas partes comparten la responsabilidad de mantener una comunicación respetuosa y hacer acuerdos claros.  Aunque es ideal establecer acuerdos antes de enfrentar situaciones delicadas, también pueden surgir momentos inesperados que permitan conversar y definir estos acuerdos.

Asimismo, es esencial construir confianza e intimidad. La confianza se fortalece mediante el respeto mutuo, el cumplimiento de acuerdos y la confidencialidad sobre lo que se comparte. La intimidad es una comunicación profunda basada en esta confianza, así como el reconocimiento y aceptación de las diferencias que caracterizan a cada persona.

Los acuerdos funcionan como guías para ambos integrantes de la pareja, definiendo lo que es aceptable o no dentro de la relación. Conforme las personas cambian, es natural que los acuerdos también evolucionen. Por ello, es recomendable revisarlos y actualizarlos regularmente.

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