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8.5 La diversidad sexual

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La diversidad sexual se refiere a toda la diversidad de características sexuales, orientación o preferencia sexual e identidad de género. Aunque en varios países y sociedades existen clasificaciones específicas para cada tipo de diversidad, muchas personas piensan que las clasificaciones que existen actualmente no son suficientes para describir toda la diversidad que puede existir en los seres humanos (Morgan, 2013).

En general, las clasificaciones que englobamos como diversidad sexual, abarcan nuestras diferencias en cuanto a sexo, identidad de género, expresión de género, rol de género, atracción sexoafectiva, prácticas, entre otras. Es importante entender todas estas clasificaciones como continuos y no como extremos u opuestos.

Por ejemplo, entre la atracción exclusiva hacia personas del otro sexo (heterosexualidad) y la atracción exclusiva hacia personas del propio sexo (homosexualidad), no solo está la bisexualidad o la pansexualidad; la mayor parte de las personas se ubican en puntos intermedios de ambos extremos, tanto para el sexo o sexos que les atraen, como para el tipo de prácticas que realizan. La orientación o preferencia sexual también incluye a las personas asexuales, que son personas que no experimentan atracción sexual o deseo hacia otras personas o que lo experimentan en niveles muy bajos. Esa ausencia o desinterés no les provoca ninguna alteración o malestar.

Este mismo continuo aplica para la identidad y la expresión de género, pues entre lo que consideramos socialmente como femenino y lo que consideramos masculino, existen muchísimas identidades y formas de expresión. En cuanto a la identidad de género, el continuo existe entre las personas cisgénero (cuyo sexo asignado al nacer concuerda con su identidad de género) y las personas transgénero (cuyo sexo asignado al nacer es distinto a su identidad de género). Existen también personas que se identifican como queer, que es un término que se refiere a cualquier persona que no se asume como heterosexual o cisgénero.

Finalmente, el continuo relacionado con el sexo incluye a las y los intersexuales, que son personas que nacen con una anatomía reproductiva o sexual que no se ajusta a la definición típica de lo que consideramos un cuerpo femenino o masculino (UNFE, 2017).

Nuestras identidades como etiquetas

La mayoría de la gente está de acuerdo con que existan etiquetas que ayuden a resaltar las diferentes luchas que enfrentan las personas cuando viven fuera de las expectativas históricas relacionadas con el género y sexualidad. Sin embargo, algunas personas prefieren no etiquetarse de ninguna manera en particular (Evolve, 2020).

Pero entonces, ¿sirve poner etiquetas a nuestras distintas identidades sexuales?

La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla. Las etiquetas son muy útiles, pero también se pueden usar para herir a otras personas. Es decir, por un lado, las etiquetas nos pueden ayudar a visibilizar las distintas identidades, a conectar con otras personas y construir comunidades y a fomentar la autoexpresión. Sin embargo, también se pueden usar para excluir a las personas y limitar su crecimiento, pues algunas personas piensan que las etiquetas son palabras que la gente puede usar solamente si cumple con ciertos criterios estrictos o si alguien más decide que «merecen» el derecho de usarlas. Este tipo de «vigilancia de la identidad» restringe la libertad de las personas a decidir sobre su propia identidad (Evolve, 2020).

Por otro lado, es importante recordar que, aunque las etiquetas relacionadas con la diversidad sexual son útiles, únicamente describen una parte de la identidad total de una persona. Por ejemplo, que alguien se identifique como a gay, lesbiana o bisexual, no nos dice nada sobre el tipo de persona que es, sus gustos, aspiraciones, personalidad, temperamento, etc. Compartir una etiqueta con otra persona nos permite conectar con una parte de ella, más no nos hace personas idénticas. Hay muchas maneras de ser heterosexual, asexual, homosexual, pansexual, etc.

Las etiquetas también pueden ser perjudiciales cuando se imponen a alguien que no las quiere. Ser etiquetado por otras personas, incluso si la etiqueta parece encajar con algún comportamiento, expresión o identidad, les quita a las personas el derecho de decir por sí mismas cómo definirse. Finalmente, las etiquetas se pueden usar para violentar a otras personas si se emplean como un modo de denigrar, descalificar o burlarse de alguien.

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