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3.1 Sociedad, comunidad, cultura y sexualidad

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Al abordar el tema de la sexualidad, es importante reconocer que se trata de un concepto cargado de representaciones simbólicas, las cuales dependen de factores biológicos, económicos, culturales y espirituales (Sanabria et al., 2016). La sexualidad no es ajena al contexto histórico, étnico, social ni generacional, por lo que en este módulo se revisará con mayor detalle la influencia sociocultural en su construcción.

Aunque usamos cotidianamente los términos sociedad, comunidad y cultura, es fundamental comprender sus diferencias para entender el papel que desempeñan en la sexualidad:

Sociedad: se refiere a las relaciones interpersonales estructuradas y a las instituciones que conforman una comunidad amplia de personas, y no puede reducirse simplemente a la suma de individuos (Giddens y Sutton, 2015).

Comunidad: es un grupo de personas que conviven en un mismo lugar o que comparten ciertos intereses, y que mantienen interacciones sistemáticas entre sí (Giddens y Sutton, 2015).

Cultura: comprende los sistemas de conocimiento, creencias, artes, moral, costumbres y otros hábitos adquiridos, que permiten a las comunidades relacionarse con su entorno ecológico (Keesing, 2010).

Una manera de conocer cómo los aspectos sociales influyen en la sexualidad es analizar cómo esta ha cambiado a lo largo del tiempo y cómo se manifiesta en diferentes culturas. Por ejemplo, en la sociedad griega del siglo VII a. C., las relaciones sexuales entre hombres —especialmente entre adultos y jóvenes— no solo no eran prohibidas, sino que se consideraban parte de la educación sexual hacia la vida adulta.

Cada sociedad establece normas que asignan permisos y obligaciones a sus integrantes, a través de sus instituciones, como la religión, el Estado o los partidos políticos. Estas normas se refuerzan en la comunidad mediante costumbres o pautas culturales. Por ejemplo, afirmar que “la mujer es el pilar del hogar” puede traducirse en regalos simbólicos, formas particulares de celebrar, distribución desigual de tareas domésticas o interacciones diferenciadas entre géneros, incluso en contextos escolares.

Las normas tienen la función de organizar la convivencia social, pero también deben promover el ejercicio de los derechos. Normas como el respeto y la inclusión deben fortalecerse; en cambio, aquellas que impiden el ejercicio pleno de los derechos —aunque sean socialmente aceptadas— deben ser cuestionadas y modificadas.

Es posible que, para ti, como para muchas personas, sentirse parte de una comunidad sea importante, y por ello optes por respetar sus normas y tradiciones. Esto es válido siempre que se ejerza con libertad. Por eso, es fundamental reconocer el derecho a la libertad de conciencia: reflexionar sobre el sentido de las normas personales y colectivas, el derecho a profesar o no una religión, y la capacidad de defender las creencias y decisiones relacionadas con la vida sexual. Si es necesario, es válido recurrir a los instrumentos legales que protegen nuestros derechos humanos, sexuales y reproductivos.

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