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1.3 La inclusión, la tolerancia, la aceptación y el respeto

Uno de los males que mayor daño le ha hecho a las personas a lo largo de la historia es la discriminación, basada, entre otras cosas, en la falsa creencia de que hay grupos de seres humanos superiores y otros que no merecen los mismos derechos.

Históricamente, uno de los ejemplos más emblemáticos de discriminación es el del color de piel. Durante siglos se consideró que las personas negras eran inferiores a las de piel blanca, llegando al extremo de someterlas a la esclavitud. Pero no solamente el color de la piel ha sido motivo de discriminación, sino también el origen étnico, las creencias, las capacidades físicas, el género, la edad, las orientaciones sexuales y las identidades y expresiones de género, entre muchas otras.

La Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (de las Naciones Unidas, 1965) define la discriminación, en su artículo 1, como:

“Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.”

Discriminamos cuando no reconocemos que existen formas de ser y de actuar diversas. Son formas que se reproducen en el seno familiar y en otras instituciones. Por ejemplo, en el ámbito de la sexualidad hay quienes consideran que la heterosexualidad es la única posibilidad para ejercer los derechos sexuales, lo que genera estructuras sociales injustas y desiguales, ya que quienes expresan otra orientación u otras identidades tienden a ser violentados y segregados.

Una relación afectiva, ya sea familiar, de pareja o de cualquier otra índole, no puede considerarse saludable si en ella está presente la discriminación hacia alguna o alguno de sus integrantes.

La discriminación se cimienta en tres aspectos:

Prejuicios: son percepciones generalmente negativas o predisposiciones irracionales a adoptar un comportamiento negativo hacia una persona en particular o un grupo poblacional, basadas en la ignorancia y en generalizaciones erróneas acerca de tales personas o grupos, que se plasman en estereotipos. Por ejemplo, la idea preconcebida de que los latinoamericanos son muy impuntuales o que las mujeres no saben manejar.
Estigma: es la desvalorización o desacreditación de las personas de ciertos grupos de población, atendiendo a un atributo, cualidad o identidad que se considera inferior, anormal o diferente en un determinado contexto social y cultural y que no se ajusta a lo socialmente establecido. Por ejemplo, el asociar a las personas que viven con VIH con la promiscuidad.
Estereotipos: son las preconcepciones, generalmente negativas y con frecuencia formuladas inconscientemente, acerca de los atributos, las características o los roles asignados a las personas por el simple hecho de pertenecer a un grupo en particular, sin considerar sus habilidades, necesidades, deseos y circunstancias individuales. Por ejemplo, la falsa percepción de que las personas con tatuajes son delincuentes.

Es importante mencionar que cuando hay discriminación o rechazo familiar hacia las y los adolescentes por motivos de orientación sexual o identidades y expresiones de género, los daños para estas y estos jóvenes pueden ser muy graves. Una encuesta llevada a cabo en San Francisco con mujeres y hombres jóvenes LGBTI+ de origen latino, detectó que al sufrir estas personas rechazo familiar en su adolescencia tuvieron (Ryan, 2009):

  • Una probabilidad ocho veces mayor de haber intentado suicidarse, en comparación con las y los jóvenes que vivieron aceptación en su familia.
  • Una probabilidad casi seis veces mayor de presentar altos niveles de depresión.
  • Una probabilidad tres veces mayor de consumir drogas.
  • Una probabilidad tres veces mayor de correr un alto riesgo de adquirir VIH y otras ITS.

Acoso escolar o bullying

Las niñas, los niños y adolescentes también pueden experimentar discriminación, burlas y rechazo en la escuela, especialmente cuando sus orientaciones sexuales e identidades de género no se ajustan a la normativa heterosexual.

El bullying o acoso escolar se presenta por muchos motivos, ya sea por el color de piel, el físico, el origen étnico y muchas otras razones. Según un análisis de ochenta investigaciones realizadas a nivel mundial, 36% de las y los adolescentes ha sido víctima de bullying o acoso escolar y 35% ha sido la persona agresora (Modecki et al., 2014).

En ciertas ocasiones puede ser más complejo cuando el motivo del acoso escolar es la orientación sexual o la identidad de género de esas niñas, niños o adolescentes. La razón es que cuando el acoso escolar es por otros motivos, por ejemplo el origen étnico, es más probable que papá o mamá compartan las mismas características, lo cual favorece la empatía y el apoyo a su hijo o hija. Pero cuando un adolescente llega a su casa y busca apoyo porque le llamaron «maricón» o «marimacha» en la escuela, es muy posible que su papá o mamá también le violente, por lo que a menudo guarda silencio y vive en soledad dicha situación.

Un análisis de UNESCO realizado en siete países de América (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) constató que entre el 47% y el 81% los estudiantes LGTBI dijo sentirse inseguro en la escuela debido a su orientación sexual y entre el 32% y el 63% por su expresión de género.

Específicamente, el informe de UNESCO (2023) encontró que cuatro de cada cinco estudiantes LGTBI+ en Chile no se sienten seguros en la escuela; en Colombia, el 15% de los y las estudiantes había sido víctima de violencia escolar debido a su orientación sexual; en el Perú, alrededor del 17% de los estudiantes LGTBI denunciaron agresiones físicas en el año anterior, y en México, el 75% del estudiantado LGTBI experimentó acoso verbal e insultos en la escuela y el 66% de los estudiantes transgénero reportaron haber sufrido acoso escolar.

La mayoría de los estudiantes LGTBI fue objeto de actitudes negativas de parte del personal docente y solo 2 de cada 3 de ellos señaló que algún maestro intervino ante el uso de lenguaje homofóbico en la escuela.

En América Latina, los jóvenes de la población LGBTI+ experimentan altos niveles de victimización por su orientación o preferencia sexual, y tienen, al menos, el doble de probabilidades de no asistir a la escuela y de presentar altos niveles de depresión.

En cuanto a las consecuencias, más del 51% de las y los jóvenes que vivieron bullying por homofobia, lesbofobia o transfobia vivieron depresiones, y casi un 20% tuvo ideas suicidas (Youth Coalition et al., 2012).

La orientación sexual y la identidad de género no son los únicos motivos de discriminación en las familias o escuelas. Cualquier característica que se aleje de lo socialmente aceptado puede ser objeto de prejuicios y estigmas. Por ejemplo, una persona mayor o con discapacidad puede ser rechazada en su propio hogar, o una hermana que no se ajusta a los estándares de belleza tradicionales puede sufrir burlas. Es fundamental erradicar estas ideas preconcebidas y reconocer el valor de cada persona por su dignidad humana.

Tolerancia, inclusión y respeto

Para erradicar la discriminación y generar relaciones armónicas, saludables y en igualdad, es necesario apelar a la inclusión, la tolerancia, la aceptación y el respeto.

Para la unesco, la tolerancia es «la armonía en la diferencia» y consiste en «el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y nuestras distintas maneras de ser humanos» (UNESCO, 1995).

Precisa que no se trata de concesión, condescendencia o indulgencia, sino una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y de las libertades.

La aceptación, la inclusión y el respeto son otros de los valores fundamentales que hemos de promover para las relaciones saludables en el ámbito familiar.

Del latín respectus, que significa «atención o consideración», la palabra respeto puede definirse como «la consideración y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, al que se le reconoce valor social o especial deferencia». Es un concepto que tiene que ver con la capacidad de valorar y honrar a otra persona, aun cuando no estemos de acuerdo con sus ideas ni compartamos todo lo que haga. «El respeto es aceptar a la otra persona como es y no pretender cambiarla» (Significados, 2020).

Inclusión es la actitud, tendencia o política de integrar a todas las personas en la sociedad con el objetivo de que participen y contribuyan en ella, cuyo proceso nos beneficia a todos. Busca lograr que todos los individuos o grupos sociales, sobre todo quienes se encuentran en condiciones de segregación o marginación, tengan las mismas posibilidades y oportunidades para realizarse como individuos (Coelho, 2019).

La tolerancia, la inclusión, la aceptación y el respeto son valiosas herramientas para mantener relaciones saludables, lo cual no significa que tales relaciones estén exentas de presentar dificultades eventualmente. El problema no es que se presenten dificultades en una relación familiar o de pareja, el asunto está en cómo las resolvemos. En ese sentido, una propuesta que ha ido ganando adeptos es aquella que se conoce como «resolución pacífica de conflictos».

Las recomendaciones en relación con las actitudes a adoptar para la resolución pacífica de conflictos en las familias son:

  • Mantener la calma.
  • Aplicar comunicación horizontal al hablar y escucharse entre todos los miembros de la familia.
  • Evitar el enojo, la ira o actitudes a la defensiva.

Los pasos que se recomienda seguir son:

  • Entender y definir claramente el problema o conflicto.
  • Pensar varias alternativas de solución.
  • Revisar y analizar las alternativas que se presentan.
  • Analizar ventajas y desventajas de las alternativas que se consideran.
  • Escoger la alternativa que creemos mejor.
  • Poner en práctica dicha alternativa y evaluar su efectividad. En caso de que no funcione, cambiar a otra de las alternativas consideradas previamente.

Veamos cómo poner en práctica estos principios dentro de la familia:

Cuando una persona habla sobre su orientación sexual, reconociéndose como gay, bisexual, lesbiana, puede enfrentar momentos de conflicto al interior de la familia que le afecten a él y a sus seres queridos.

Si asumimos los elementos para la resolución pacífica de los conflictos, reconoceremos desde la tolerancia las diferencias que existen entre todas las personas que integran la familia en sus formas de amar y hacia quienes dirigen su amor. También respetaremos más fácilmente sus decisiones, aun cuando no estemos de acuerdo con ellas, y podremos de esa manera otorgarle el reconocimiento que merecen al integrarlas. Una manera es invitar a la pareja a los eventos familiares o poner su foto junto a los retratos de las otras parejas de la familia.

Reflexiones finales

Queda claro que a pesar de los avances en materia de derechos humanos, todavía subsisten conductas que descalifican a las personas diferentes y que las hacen objeto de burlas, agresiones y discriminación. Si esto es inaceptable en la sociedad, es más grave cuando ocurre en el ámbito escolar o en el seno de las familias.

Al respecto, como madres y padres de familia, tenemos que preguntarnos de qué manera podemos fomentar la tolerancia, el respeto y la inclusión al interior de nuestros hogares, para generar las condiciones propicias que permitan el sano desarrollo de todas y todos los integrantes de la familia.

¿Cómo le gustaría que sus hijas e hijas se relacionen con las personas que son o piensan diferente a ellas o ellos? ¿Cómo fomenta los valores de respeto y de tolerancia dentro del contexto familiar?

Por favor, anote sus reflexiones.