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3.1 ¿Qué papel juega el género en mi vida?

Tal vez has escuchado la palabra género y te preguntes: ¿qué es y cómo se lo explico a mis hijas y mis hijos? Incluso puede ser que te preguntes: ¿qué tiene que ver conmigo?

A continuación daremos definiciones de algunos conceptos claves según UNFPA (2011):

Género: El término «género» se refiere a la serie de roles y relaciones, rasgos de la personalidad, actitudes, conductas, valores, poderes relativos e influencia que la sociedad construye y atribuye a los dos sexos, masculino y femenino, sobre bases diferenciales. Si bien el sexo biológico es determinado por características genéticas y anatómicas, el género es una identidad adquirida, que se aprende, cambia con el paso del tiempo y varía significativamente dentro de una misma cultura y entre las diferentes culturas.

Igualdad entre los géneros: La expresión «igualdad entre los géneros» se refiere al concepto de que todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres, son libres de desarrollar sus capacidades personales y hacer elecciones sin las limitaciones que imponen los estereotipos, los roles de género rígidos o los prejuicios. Igualdad entre los géneros significa que se tomen en cuenta, valoren y favorezcan de la misma forma las diferentes conductas, aspiraciones y necesidades de las mujeres y los hombres. No significa que las mujeres y los varones sean idénticos, sino que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no deben depender de que hayan nacido como hombre o como mujer.

Equidad entre los sexos: La expresión «equidad entre los sexos» significa un trato justo para hombres y mujeres, según sus respectivas necesidades. Esto puede incluir tanto el mismo trato como un trato diferente que sea considerado equivalente en términos de derechos, beneficios, obligaciones y oportunidades. Con frecuencia, el objetivo de la equidad entre los sexos debe incluir medidas destinadas a compensar las desventajas históricas y sociales de la mujer.

Sexo biológico: son las características físicas, cromosómicas y reproductivas que distinguen a los individuos como masculinos o femeninos. Estas características incluyen los cromosomas sexuales (XX o XY), los órganos reproductivos (ovarios o testículos) y las características sexuales secundarias (como el vello facial, la distribución de grasa corporal y el tamaño de los genitales), que generalmente se desarrollan durante la pubertad. Hay personas intersexuales en que estos conjuntos de características biológicas no son excluyentes entre sí, ya que pueden poseer características combinadas de ambos conjuntos.

En el plano psicológico, el género adquiere gran relevancia en la conformación de la identidad individual, la cual es el marco interno de referencia que nos permite responder a las inquietudes de quiénes somos, qué hacemos, qué queremos y dónde vamos. Uno de los principales componentes de la identidad es precisamente el género, en la llamada identidad genérica (o identidad de género): yo soy hombre, yo soy mujer (Rubio, 1994).

En el plano social, la expresión pública de nuestra identidad de género se llama rol de género. El género, y la imposición social de papeles y estereotipos de lo que se considera masculino y femenino, limitan a mujeres y a hombres en la vivencia de su sexualidad en su conjunto, es decir que influye en la manera de vivir los vínculos afectivos, el potencial de reproductividad, el erotismo y la identidad.

En resumen, podemos concluir que el sexo es algo con lo que nacemos y el género es algo que aprendemos.

¿Cómo aprendemos los roles de género?

Desde el momento en que nacemos, incluso antes de nacer, es común que las personas que esperan nuestro nacimiento ya alimenten algunas expectativas de lo que desean y esperan de nosotras o nosotros. Parte importante de esas expectativas están relacionadas con los roles de género.

Cada sociedad y cultura asigna papeles, roles, formas de ser y actuar específicos para hombres y mujeres. Es decir, dispone cómo deben ser las personas según su género. Esto es lo que llamamos estereotipos de género: las creencias simplificadas y generalizadas sobre cómo son las mujeres y los varones, y qué rasgos y comportamientos se esperan o se consideran apropiados para cada uno  (UNICEF, 2023).

Estas ideas sobre los géneros llevan a creer que existen únicamente dos alternativas, lo masculino y lo femenino, así como una única forma de ser varón/hombre o ser hembra/mujer. Eso genera, al mismo tiempo, que se cuestione cualquier identidad construida fuera del «ser varón» o «ser mujer». Tales ideas están tan presentes en nuestro día a día que podemos no notar que las tenemos. Eso genera que no las cuestionemos y que influyan negativamente en impresiones, juicios y comportamientos (UNICEF, 2023).

¿Solo de la familia recibimos esa formación? No. Existen otros espacios de socialización que refuerzan esta educación diferenciada, que fomentan los roles de género, como la escuela, las amigas y los amigos, los medios de comunicación, la religión, la comunidad, las leyes y los gobiernos.

Con el tiempo, estos roles de género van transformándose en estereotipos. Se nos impone una manera de pensar, sentir, vestir, relacionarnos y actuar, que incluye nuestro lenguaje verbal y no verbal.

Así se completa el «círculo vicioso» que transmite la falsa idea de que las niñas nacen tiernas y sensibles y los niños fuertes y valientes, cuando en realidad esas cualidades las puede desarrollar cualquier persona. Se nos educa de manera diferenciada, lo cual limita el desarrollo de nuestras potencialidades como seres humanos, encasillándonos en los estereotipos de género.

Preguntas para la reflexión: ¿Qué información recibió en su infancia sobre ser mujer o ser hombre? ¿Qué de lo que aprendió, repite con sus hijas e hijos? ¿Qué le gustaría que fuera diferente?

¿Cómo influyen los estereotipos de género en nuestras vidas?

Las normas de género que recibimos desde la infancia dan forma a nuestra identidad. A menudo los deseos, las prácticas y las conductas de las personas están sujetas a esas normas porque así nos lo enseñaron. Algunas personas se pueden sentir frustradas debido a que estas normas han obstaculizado el desarrollo personal que esperaban en sus vidas.

Los estereotipos de género generan graves problemas, ya que están presentes en nuestros espacios de socialización desde el momento en que nacemos. Erróneamente, se asumen como verdades absolutas respecto a cómo deben ser y deben comportarse los varones/hombres y las hembras/mujeres. Aquello dificulta su cuestionamiento y la posibilidad de cambio de los roles que nos han inculcado. Los estereotipos o prejuicios de género afectan negativamente sobre todo a las personas con orientaciones e identidades que rompen con las expectativas de lo que se considera «masculino» o «femenino», lo cual hiere profundamente, pues son juzgadas, castigadas, amenazadas, excluidas, discriminadas y violentadas al no cumplir con dichos estereotipos. Estos prejuicios se encuentran en muchas familias y afectan lastimosamente la relación con hijas e hijos.

Los estereotipos de género (UNICEF, 2023):

  • Pueden limitar las oportunidades educativas y profesionales: los niños tenderán a seguir carreras en campos dominados por hombres, mientras que las niñas optarán por carreras en campos dominados por mujeres.
  • Pueden conducir a la discriminación y el acoso: no ajustarse a esos estereotipos puede llevar a situaciones de violencia.
  • Presionan a niños, niñas y adolescentes y esto puede tener un impacto negativo en la salud mental: el estrés, la ansiedad y la depresión pueden ser consecuencia de no amoldarse a ellos.

Los condicionamientos o estereotipos de género provocan sufrimiento, violencia y discriminación.

Los roles de género varían según el contexto histórico y cultural. Ser hombre o mujer hace cincuenta años no significaba lo mismo que hoy, y seguramente cambiará en el futuro. Esto demuestra que el género es una construcción social dinámica, que puede transformarse. Por lo tanto, es posible desaprender estereotipos y construir nuevas formas de ser mujeres y hombres, basadas en la igualdad de derechos y oportunidades. Este cambio puede contribuir a erradicar la discriminación y la violencia de género, fomentar la libre expresión emocional, compartir la crianza y tomar decisiones familiares de manera equitativa.

Hagamos un alto para reflexionar sobre ¿cómo ha aprendido estas normas y estos roles de género en su infancia y adolescencia? ¿Cómo se los enseña ahora a sus hijas e hijos?

Estereotipos de género y su influencia en las relaciones románticas

El amor romántico perjudica seriamente la igualdad porque representa a los hombres y las mujeres como seres diferentes, con roles opuestos aunque complementarios. La mitificación del amor romántico en nuestra cultura ha tenido muchas más consecuencias negativas para las mujeres que para los hombres, porque ha logrado, a través de los relatos, seducirlas con la idea de que lograr el amor de un hombre es el único modo de alcanzar la felicidad. En muchos casos, el amor romántico es la base de relaciones dependientes, inequitativas, de control y violencia en las cuales se cree que «el amor vencerá» cualquier obstáculo y que «el verdadero amor» lo perdona todo.

Las relaciones románticas pueden ser influidas negativamente por los papeles de género y los estereotipos de género, ya que enseñan a las mujeres a amar a los hombres de una manera sacrificada y riesgosa. Por otro lado, se enseña a los hombres a amar a las mujeres como las «princesas» que deben rescatar, proteger y guiar.

Algunos ejemplos de mitos del amor romántico según Herrera (2010):

La complementariedad: La frase «media naranja» es una forma de explicar este mito, entendido como la creencia de que necesitamos del amor de pareja para sentirnos completos o completas.

La perdurabilidad: La creencia de que el amor es para siempre.

Exclusividad: La creencia equivocada de que «solo se quiere de verdad una vez» y nunca más podremos tener la capacidad de amar a otra persona.

Matrimonio: La creencia de que el fin último del amor es el matrimonio, cuando en realidad las personas que se aman pueden elegir vivir en pareja sin casarse, mientras otras pueden elegir seguir su relación sin vivir juntas.

Omnipotencia: Creer que el amor lo puede todo, que si hay verdadero amor los obstáculos se superan, aun cuando sea en contra del bienestar de una o uno de los integrantes de la pareja.

Estos mitos del amor romántico y de los estereotipos de género los aprendemos en el seno familiar, pero también de las ya mencionadas normas sociales, culturales y de las creencias religiosas que persisten en nuestra cultura. Como padres o madres, al estar en una relación de pareja, modelamos, con nuestro ejemplo, a nuestras hijas e hijos, con nuestra manera de relacionarnos como pareja. En ese sentido, es importante analizar y reflexionar sobre cómo es nuestra relación amorosa y de pareja, y cuáles son los posibles estereotipos de género que repetimos.

Otros aspectos en los que se crean estereotipos de género que afectan negativamente a mujeres y hombres son:

En comunicación: nos han enseñado que las mujeres son chismosas y que los hombres no hablan de sus emociones. Esto afecta las relaciones de pareja.

En la toma de riesgos: a los hombres se les ha enseñado a demostrar su masculinidad a través de prácticas de riesgo, lo que los expone a mayor mortalidad por accidentes viales o violencia.

En el amor: nos han enseñado que los celos son una forma de expresar amor, y se acepta y justifica la violencia ligada a los celos como parte del amor romántico.

En cómo vivimos las relaciones sexuales: se ha establecido que los hombres deben tomar la iniciativa, ser hipersexuales y estar dispuestos en todo momento al sexo, mientras que a las mujeres se les exige castidad, inocencia, objeto de deseo y se les limita el número de parejas.

Pero el amor realista se construye día a día, con acciones y actitudes basadas en el respeto, la confianza, la comunicación y la intimidad. Más que una meta a la que llegar, es un proceso que se vive en el presente, que se nutre con nuestra creatividad, generosidad, capacidad de empatía y de disfrute. Es importante tener presente que el amor existe mientras dure, es decir, mientras la pareja se ame y ambas partes sientan que vale la pena trabajar en el avance de la relación.

Como ya se mencionó, los roles de género son construcciones sociales que se aprenden, por lo que también pueden transformarse hacia formas más igualitarias y respetuosas. La familia es un espacio clave para fomentar estos cambios. Asignar tareas del hogar de forma equitativa, permitir la libre expresión emocional en niñas y niños, y apoyar juegos sin estereotipos —como que los niños cuiden muñecas— contribuye a formar personas empáticas y cuidadoras.

A medida que crecen, es esencial enseñarles que el amor no debe implicar control ni sufrimiento, y que las decisiones pueden tomarse en conjunto. Expresar afecto entre la pareja frente a los hijos, hablar sobre relaciones saludables y cuestionar las desigualdades son pasos importantes hacia una convivencia más justa y equitativa.

Reflexiones finales

Hasta ahora hemos tenido un breve acercamiento sobre lo que es la sexualidad y en especial el género. Con base en los temas vistos, ¿cómo considera que influyen los estereotipos de género en su vida? ¿Qué sueños y deseos tenía en la adolescencia o en su juventud que los estereotipos de género limitaron? ¿Cómo le gustaría que vivieran sus hijas e hijos los roles de género? Por favor, escriba sus reflexiones.