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8.2 Erotismo con placer y responsabilidad

Hablar de erotismo puede ser complejo. No faltarán quienes expresen gestos de desaprobación, sobre todo si se trata del erotismo de las y los adolescentes.

Pero esa dificultad no debe ser un impedimento para hablar de ello con nuestros hijos. Es usualmente alrededor de la pubertad, el ámbito biológico de lo que social y culturalmente conocemos como adolescencia, cuando el erotismo se torna presente y puede convertirse en una experiencia gozosa y placentera, o bien, por el contrario, si no hay educación y sensibilización sobre ella, en un momento que puede generar conflictos emocionales y psicológicos.

El inadecuado o incorrecto manejo del erotismo en los y las adolescentes puede resultar en una falta de información y empoderamiento de su sexualidad lo que puede llevar a embarazos en la adolescencia o contraer Infecciones de Transmisión Sexual (ITS); experiencias traumáticas de violencia sexual, y otras problemáticas de difícil resolución, que son el resultado de la falta de un diálogo franco y abierto con nuestras hijas y nuestros hijos acerca de la sexualidad y específicamente el erotismo.

El erotismo es entendido como la dimensión de la sexualidad que abarca las sensaciones, emociones y deseos vinculados al placer sexual y la intimidad, involucrando aspectos afectivos y subjetivos más allá de la reproducción (World Health Organization, 2022).

En nuestra sociedad, hemos construido vivencias de la sexualidad diferentes si eres una mujer o un hombre (por las normas y mandatos de género). Para muchas mujeres, las prácticas eróticas están usualmente vinculadas a la necesidad de un vínculo amoroso, mientras que algunos hombres pueden ver actos eróticos como simple expresión de su masculinidad. Sin embargo, no es una regla fija: hay mujeres que disfrutan del erotismo sin necesidad de la existencia de un vínculo, y hombres que necesitan ese vínculo para un encuentro sexual. Lo fundamental es que ambas partes conozcan y acepten las intenciones mutuamente.

El placer se vive de muchas formas, no solo a través del erotismo; disfrutar una buena conversación, leer o saborear un postre son ejemplos de momentos placenteros que enriquecen la vida. Enseñar a niñas y niños a valorar estos placeres cotidianos puede protegerlos frente a la depresión, ansiedad o violencia. El placer sexual, aunque a veces ha sido estigmatizado como algo prohibido o pecaminoso, es una capacidad humana esencial. Vivido con equilibrio y responsabilidad, el placer sexual es un componente fundamental para la salud y el bienestar.

Acabamos de abordar un punto muy importante: el placer sexual. Durante mucho tiempo, y todavía hoy en ciertos sectores de la sociedad, el concepto del placer, particularmente si se trata del placer sexual, ha sido y es asociado a lo prohibido y a lo pecaminoso. Si bien en ocasiones los excesos nos pueden perjudicar, es preciso guardar un equilibrio y dejar de ver el placer sexual como la encarnación del mal. Si lo vivimos plenamente y con responsabilidad, el placer se convierte en un ingrediente fundamental para nuestra salud.

En el XXIV Congreso Mundial de Salud Sexual, que se llevó a cabo en 2019 en la Ciudad de México, se emitió la Declaración Sobre el Placer Sexual. En ella se reconoce que el placer sexual es la satisfacción y disfrute físico o psicológico derivados de experiencias eróticas compartidas o solitarias, incluidos pensamientos, fantasías, sueños, emociones y sentimientos (FEMESS, 2019).

Se declara, entre otras cosas, que «la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras libres de discriminación, coerción y violencia es parte fundamental de la salud sexual y el bienestar de todas las personas […] el placer sexual es una parte fundamental de los derechos sexuales considerados como derechos humanos».

Priorizar el placer, en lugar de enfocarse únicamente en peligros o enfermedades, aumenta considerablemente la probabilidad de prácticas sexuales más seguras. Incluir el placer en las estrategias de salud sexual promueve una mayor seguridad, consentimiento y satisfacción en las relaciones íntimas.

¿Cómo ejercer el placer de forma segura?

Ejercer el placer implica una combinación de conocimiento, consentimiento y autocuidado:

Educación integral con enfoque en el placer

Una educación sexual integral que no solo enseñe sobre anatomía o prevención, sino también sobre:

  • Cómo se experimenta el placer en distintos cuerpos
  • El derecho a decir «sí» y «no»
  • La diversidad de deseos y orientaciones
  • Las emociones asociadas a la intimidad

Comunicación abierta y consentimiento activo

Usar preguntas abiertas como:

«¿Qué te gusta?», «¿Está bien si hacemos esto?», «¿Te sientes cómodo/a con esto?»
La práctica del consentimiento no se limita a evitar abusos, sino que enriquece el placer al construir confianza y respeto mutuo.

Uso de barreras sin sacrificar el erotismo

Promueven herramientas para integrar el uso de condones, lubricantes y otros métodos de protección de manera que no interrumpan el goce, sino que incluso lo potencialicen. Por ejemplo:

  • Usar lubricantes para aumentar la comodidad y la sensibilidad.
  • Jugar eróticamente con la colocación del condón.
  • Explorar prácticas seguras como el sexo oral con barreras dentales u otras formas no penetrativas de intimidad.

Ambientes seguros y libres de juicio

Las personas deben poder explorar su sexualidad en entornos donde no sean discriminadas por su género, orientación sexual, cuerpo, edad o discapacidad. La seguridad emocional y social es tan importante como la física para que el placer sea saludable.

Nos parece importante también señalar que en las relaciones sexuales el coito no es la única experiencia erótica que podemos disfrutar. El autoerotismo, la masturbación, también es una importante fuente de placer sexual, que brinda a la persona numerosos beneficios.

Antiguamente, circulaban muchas falacias en torno a la masturbación. Se decía que provocaba esterilidad o ceguera e incluso que saldrían pelos en la mano. Nada de eso es cierto. El autoerotismo es una fuente de placer y de bienestar individual. Además, alivia el estrés, la tensión sexual y proporciona placer sexual e intimidad antes de que la pareja esté lista para las relaciones sexuales con coito. En el caso de las y los jóvenes, la masturbación les permite conocer su cuerpo, explorar su sexualidad y saber cuáles son las zonas de mayor excitación, lo que en un futuro favorecerá relaciones sexuales placenteras (Kaestle y Allen, 2011).

Hay que agregar que cuando pensamos en masturbación, nos viene a la mente la imagen de una persona en solitario que se estimula sexualmente. Hay también parejas que disfrutan la masturbación mutua, incluso mirándose mientras se autoerotizan o se masturban. Esta es una práctica sexual segura (también conocido como sexo seguro), sin riesgos de embarazos ni de ITS, que puede ser el inicio de la actividad sexual en pareja antes de llegar al coito.

Al reconocer el derecho que tenemos a ejercer nuestra sexualidad de forma libre y placentera, es primordial entender que las otras personas también tienen este derecho. Cada una y cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de cuidar y buscar un desempeño saludable de nuestra sexualidad, pero también de respetar la sexualidad de los demás.

En este contexto, debemos apuntar a que todos los encuentros sexuales, ya sean con la persona a la que se ama o en un encuentro casual, cubran ciertos parámetros para vivirlos plenamente. Debemos buscar que sean:

SEGUROS: se refiere a desarrollar y adquirir el conocimiento necesario para prevenir y minimizar riesgos en las relaciones sexuales, lo que implica leer, informarse, preguntar y aprender de fuentes confiables sobre aquellas prácticas que le interese conocer, de tal manera que si decide realizarlas esté preparada/o ante cualquier eventualidad.

SENSATO: implica la capacidad de cada persona para tomar decisiones (sin sustancias que puedan alterar su capacidad de decisión), basándose en sus valores y creencias. Se requiere, por lo tanto, tener un conocimiento previo que le permita decidir qué prácticas son adecuadas y cuáles no. Una condición necesaria para que las relaciones sexuales sean sensatas es que no se tomen decisiones bajo la influencia del alcohol o las drogas, ya que estos inhiben la capacidad de tomar decisiones adecuadas.

CONSENSUADO: es el acuerdo al que llegan dos o más personas en cuanto a las prácticas y actividades que se realizarán dentro de la relación. Es una autorización explícita de aquellas prácticas que deseamos y aceptamos realizar, e incluye, por supuesto, que esos acuerdos tienen un límite de tiempo. El hecho de aceptar algunas prácticas, no implica que aceptemos todo.

PLACENTERO: es decir, que las relaciones sexuales deben realizarse para disfrutar. Si alguien no está a gusto, no quiere, le es doloroso, siente culpas, vergüenza, miedo o alguna otra situación que le impida disfrutarlo, tiene derecho a pedir que se detenga la práctica. Esto se debe atender y respetar.

PROTEGIDO: todas las relaciones sexuales en las que exista contacto con mucosas o secreciones deben contar con un mecanismo de barrera (condón) que evite el contacto con ellas de tal manera de favorecer una relación libre de ITS. La protección no se limita a las prácticas con penetración, sino a todas aquellas donde exista un contacto de riesgo.

Otro factor a considerar es la importancia de la responsabilidad emocional, lo que implica relacionarnos de forma saludable, hablando de forma clara, estableciendo pactos de salud con la pareja y evitando hacer cosas que afecten a nuestra pareja o a nuestra persona, estableciendo y respetando los límites de la pareja.

Reclamar estos parámetros en todas las personas con quienes nos relacionamos erótica y afectivamente permite relaciones armoniosas y de crecimiento.

Reflexiones finales

El erotismo como un componente intrínseco del placer corporal es parte fundamental de la sexualidad humana, y es precisamente en la adolescencia cuando emerge con mayor fuerza, generando confusión en las y los propios adolescentes, además de diversos temores en las familias. Todavía hay madres y padres que consideran que a las y los adolescentes no se les debe hablar de estos temas, ya que ello promueve el ejercicio de su sexualidad. Debemos, sin embargo, tomar en consideración que la sexualidad la van a vivir de cualquier manera y buscarán información donde suponen que la pueden encontrar, muchas veces, por desgracia, en la pornografía, donde está particularmente distorsionada. De ahí la importancia de una educación integral de la sexualidad, que debe iniciarse desde la infancia y acompañar a las y los jóvenes a lo largo de su formación académica, ojalá reforzada desde casa, siempre y cuando existan sólidos vínculos de confianza.

Se ha preguntado ¿qué significa para usted el placer? ¿Qué opina de que sus hijas e hijos tengan derecho al placer? ¿Cuáles cree que sean las condiciones óptimas para disfrutar de una sexualidad placentera y responsable? ¿Cómo podría hablar con sus hijos e hijas sobre estos temas?

Anote sus reflexiones.