Si tu objetivo es obtener el certificado, te recomendamos registrarte o ingresar al comenzar. De lo contrario, el sistema no podrá registrar tu avance, y si te registras al final, tendrás que revisar nuevamente todos los temas y volver a realizar las evaluaciones, incluso si ya los completaste sin registrarte.

1.2 Amistad, amor y relaciones románticas

En el tema de las relaciones, más allá de los vínculos entre las y los integrantes de la familia, es importante hablar de aquellas que establecen las y los adolescentes, ya sean amistades, enamoramientos o noviazgos.

En la adolescencia, cuando construimos nuestra personalidad y afinamos nuestros gustos e intereses, nos relacionamos con nuestros pares, que son aquellas personas con quienes nos sentimos identificadas o identificados al compartir intereses como gustos musicales, deportivos, maneras de pensar, dentro o fuera del salón de clases.

Durante esa etapa, compartir vivencias entre pares es una experiencia esencial para el desarrollo social y psicoafectivo de cada individuo. Un grupo de pares constituye una referencia vital para el o la adolescente, pues es fuente de afecto, de simpatía y de comprensión. Es un respaldo importante para alcanzar la autonomía y la independencia con respecto a la familia.

Diversos organismos internacionales han destacado la importancia de los lazos sociales y las amistades en la adolescencia como un factor esencial para el desarrollo integral. Por ejemplo, UNICEF (2011) subraya que las amistades fortalecen la autoestima, promueven la resiliencia y brindan apoyo frente a situaciones adversas. De manera similar, la Organización Mundial de la Salud (2014) señala que las relaciones positivas entre pares protegen la salud mental y física de los adolescentes, y ayudan a prevenir conductas de riesgo.

En ocasiones, surgen sentimientos que van más allá de la amistad, especialmente durante la adolescencia, etapa en la que se comienzan a establecer vínculos afectivos distintos, como el noviazgo. Hace algunos años, estas relaciones tendían a ser más formales; sin embargo, en la actualidad, en muchos contextos, las relaciones amorosas se han vuelto más flexibles y diversas.

Por ejemplo, hoy se habla de «amigos con derechos» para referirse a una relación en la que, aunque no existe un compromiso formal, las personas involucradas pueden compartir muestras de afecto físico, como besos o caricias. También se utiliza la expresión «estar saliendo» para describir una etapa inicial de atracción e interés mutuo, en la que se pasa tiempo juntos sin que necesariamente se haya definido un vínculo de noviazgo.

Las diferencias básicas entre estas distintas relaciones consisten en que un noviazgo implica compromisos, sentimientos, deseos y ganas de compartir con la pareja de forma cotidiana, mientras que al «salir» con otra persona los sentimientos no son tan fuertes, ya que representan principalmente el placer y el disfrute de la compañía del otro u otra en ese momento dado, sin un compromiso más a largo plazo.

Enamoramiento y amor, ¿son lo mismo?

El enamoramiento y el amor, aunque relacionados, son fenómenos distintos en el ámbito emocional y neurobiológico. Según Fisher (2004), el enamoramiento representa un estado inicial de intensa atracción física y emocional, caracterizado por la idealización del otro y por la activación de sistemas cerebrales vinculados a la recompensa, como el aumento de diferentes hormonas, como la dopamina.

En contraste, el amor maduro implica un vínculo más profundo, basado en el compromiso, la confianza y el cuidado mutuo, asociado a hormonas como la oxitocina y la vasopresina, que favorecen el apego y la estabilidad (Acevedo & Aron, 2009).

Helen Fisher (2004), en sus investigaciones sobre la química del amor, señala que el estado de enamoramiento intenso tiende a mantenerse entre 12 a 18 meses aproximadamente. Después de este tiempo, la intensidad de la pasión disminuye naturalmente y puede evolucionar hacia un amor más estable o, en algunos casos, finalizar.

Debemos saber distinguir también entre atracción y enamoramiento. La atracción es simplemente el hecho de que nos guste una persona, básicamente por su aspecto físico y quizá por algunos rasgos de su personalidad, pero aquello no significa necesariamente que estamos enamorados. La atracción puede ser pasajera, aunque también, conforme conozcamos mejor a la persona, puede ser el inicio de una relación más seria.

En todo caso, antes de empezar una relación de noviazgo, es importante tener claro que el amor hacia otra persona ha de empezar por el amor a nosotros o nosotras mismas, lo que se conoce como amor propio.

El amor propio, así como la autoestima, depende en buena medida del cariño que hemos recibido en la familia y del reconocimiento de nuestro valor como personas, pero también es algo que construimos todos los días. Este amor propio es necesario para relacionarnos con otras personas. Lo ideal será, por lo tanto, vincularnos con alguien que también se quiera a sí mismo. De esa manera, la relación se dará en un plano de igualdad. No esperaremos así ser el complemento de nadie ni que nadie venga a llenar nuestros vacíos emocionales.

Mitos del amor romántico

Aquí es necesario hacer un alto para quitarnos algunas ideas que hemos recibido desde siempre a través de películas, canciones, telenovelas y hasta cuentos infantiles. Nos referimos a lo que se conoce como «amor romántico» y que ha sido estudiado por especialistas como Coral Herrera, quien señala que los dos principales mitos del amor romántico son el príncipe azul y la princesa maravillosa, basados en una rígida división de los roles sexuales: él es el salvador, ella es el descanso del guerrero. Así como en los estereotipos de género mitificados, donde él es valiente y ella la miedosa; él es fuerte y ella vulnerable; él es varonil, ella es dulce; él es dominador, ella es sumisa (Herrera, 2010).

Otros mitos sobre el amor romántico, de acuerdo con Herrera, son:

  • La idea de la media naranja: la creencia de que somos seres incompletos y necesitamos una pareja para estar completos o completas.
  • La perdurabilidad: la creencia de que el amor es para siempre.
  • La exclusividad en el amor: la creencia de que el amor solo se puede sentir por una persona.

Posiblemente, antes de ser mamá o papá tuviste más de un amor, o conoces personas que se casaron y después, por alguna razón, terminaron esa relación y se volvieron a casar. Estos son ejemplos claros de que como personas tenemos la capacidad de amar más de una vez en la vida a diferentes personas.

¿Y si vivo violencia en mi relación? ¿Si se rompe la confianza? ¿Y si desaparece la intimidad física y emocional? La realidad es que a veces el amor de pareja concluye. Como adultas y adultos lo entendemos. Sin embargo, si evocamos nuestra adolescencia, es posible que recordemos que el primer amor lo vivimos como «el gran amor», pensando que sería perfecto y para siempre.

El matrimonio: la creencia de que el fin último del amor es el matrimonio

Muchas personas, cuando aman a la pareja con la que están, deciden casarse con ella. Otras deciden vivir en pareja, sin casarse. Algunas optan por estar en pareja sin vivir juntos. Todas las alternativas son válidas y valiosas cuando las personas involucradas están de acuerdo y sienten que esa forma de establecer la relación es lo mejor para ellas.

La omnipotencia: la creencia de que el amor lo puede todo

Esta falsa idea del amor puede llevar a sufrir violencia en la pareja, cuando alguien se queda en una relación por pensar que con amor las cosas cambiarán. En las relaciones donde se vive algún tipo de violencia, generalmente esta es ejercida por parte del hombre hacia la mujer. Desde el machismo, muchos hombres creen que les corresponde tener el control y el poder en la pareja. En esas circunstancias se niegan a establecer relaciones equitativas, donde ambas partes tengan los mismos derechos y las mismas responsabilidades.

Hay especialistas que se refieren a la espiral de la violencia, en la que se genera un ciclo que se repite y a cada vuelta la violencia se incrementa. La creadora de esta teoría, la psicóloga Leonore Walker (1979), menciona tres fases:

1. FASE DE TENSIÓN: se caracteriza por una escalada gradual de la fricción y los conflictos en la pareja, donde el hombre aún no muestra una hostilidad severa y la mujer trata de mantener controlada la situación.

2. FASE DE AGRESIÓN: es cuando se hace visible la violencia y la mujer a menudo no la denuncia porque el miedo le impide hacerlo.

3. 3. FASE DE RECONCILIACIÓN O LUNA DE MIEL: el hombre violento suele mostrar arrepentimiento y pedir perdón, hace promesas de cambio y muestra afecto exacerbado. Tras el cambio aparente, la mujer justifica a su pareja y permanece a su lado, pasando por alto el episodio violento.

Los ciclos se repiten, pero los episodios violentos son cada vez más severos, razón por la cual es fundamental poner un alto en cuanto se presentan estos episodios.

Relación de los estereotipos de género con los mitos del amor romántico

No podemos pensar que los estereotipos de género afectan únicamente a las mujeres en una relación amorosa, también para los hombres existe una serie de mandatos que los limitan y les impiden vivir en plenitud sus emociones y sentimientos.

La construcción social de la masculinidad impone a los hombres una serie de mandatos que regulan su comportamiento y su forma de expresarse en la sociedad. Entre los principales mandatos se encuentra la necesidad de mostrar fortaleza emocional, reprimir sentimientos de vulnerabilidad, ejercer dominio y agresividad, y asumir el rol de proveedor económico y protector. Además, se exige la afirmación constante de la heterosexualidad y el rechazo de comportamientos asociados a lo femenino, como la ternura o el cuidado doméstico. Estos mandatos configuran lo que se denomina «masculinidad hegemónica», un modelo que no solo limita la expresión individual de los hombres, sino que también contribuye a perpetuar desigualdades de género.

Además de lo anterior, una idea que tienen muchas y muchos adolescentes es que si ya tuvieron relaciones sexuales con su novio o novia, deben continuar la relación, aunque no quieran. Aun cuando las relaciones sexuales resulten saludables y placenteras, no son un requisito obligatorio. Toda práctica sexual debe ser consensuada, sin violencia y de común acuerdo, con especial cuidado en la salud sexual y reproductiva, tomando, por ejemplo, las precauciones necesarias para evitar embarazos e ITS.

Como podemos observar, las relaciones de pareja pueden verse afectadas por la desigualdad y las diferencias de poder que suelen profundizarse cuando caemos en los estereotipos de género que otorgan un mayor poder a los hombres y colocan a las mujeres en condiciones de subordinación. Esto puede derivar en violencia y en relaciones sexuales no saludables, ya sea porque no son consensuadas o son ejercidas a través del chantaje y la intimidación.

Como madres y padres, puede ser útil que recordemos cómo vivimos nuestras relaciones de noviazgo, para que desde nuestra experiencia identifiquemos cómo nos gustaría que vivieran nuestras hijas e hijos sus relaciones amorosas y qué preferiríamos que evitaran repetir para establecer relaciones saludables. Este ejercicio nos ayudará a tener un mayor acercamiento con nuestras hijas e hijos, al mostrar nuestra empatía, incluso en temas que pueden resultarnos difíciles, como las relaciones sexuales.

Reflexiones finales

No hay duda de que el tema de las relaciones y los vínculos afectivos son de suma importancia para las y los adolescentes, ya que forjan su personalidad y autoestima. Es necesario que como padres y madres nos acerquemos y establezcamos relaciones de confianza con nuestras hijas y nuestros hijos, sin imponer y sin descalificar.

Sabemos que a muchas y muchos adolescentes no les gusta compartir con sus padres y madres algunos aspectos que tienen que ver con sus relaciones amorosas. Si bien hay que respetar esa intimidad, también debemos ganarnos su confianza y propiciar la comunicación que les permita acercarse a nosotros y a nosotras en caso de vivir algún conflicto.

Finalmente, nos queda, como madres y padres hacernos la siguiente pregunta: ¿qué podemos hacer para favorecer que nuestras hijas e hijos vivan relaciones de pareja más saludables, sin imponer y sin invadir su privacidad?

Por favor, anote sus reflexiones.