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5.2 Toma de decisiones

Muchas de las decisiones que tendrán que tomar sus hijos e hijas les podrán colocar en situaciones de riesgo o vulnerabilidad, además de traer consigo consecuencias de salud, sociales y económicas. Estas situaciones de conflicto, si se abordan de forma adecuada, pueden ser oportunidades para que el o la adolescente desarrolle sus habilidades para enfrentar los riesgos, así como una ocasión para aprender sobre las consecuencias de sus actos, mejorar la comunicación y la empatía, además de resolver pequeños conflictos y asumir responsabilidades acordes a su edad, las cual sentarán las bases de la vida adulta. Es en el desarrollo de estas bases donde es tan importante la guía y el apoyo de la familia.

Es necesario considerar que posiblemente cuando nuestras hijas e hijos tengan que tomar las decisiones más importantes en su vida, no estaremos ahí para acompañarles. Por ese motivo, es de vital importancia darles los elementos que requieran para que tomen las mejores decisiones de acuerdo con sus deseos, emociones, valores y al contexto.

Las personas adolescentes dependen de su familia, su comunidad, su escuela, sus servicios de salud y su lugar de trabajo para adquirir toda una serie de competencias importantes que les ayuden a hacer frente a las presiones que experimentan, así como hacer una transición satisfactoria de la infancia a la edad adulta. Las madres, los padres y las personas adultas encargadas de su cuidado, los miembros de la comunidad así como los proveedores de servicios y las instituciones sociales tienen la responsabilidad de promover el desarrollo y la adaptación de las/os adolescentes e intervenir eficazmente cuando surjan problemas (OMS, 2017).

Por otra parte, las y los adolescentes experimentan cambios físicos y emocionales importantes, por lo que pueden sentirse identificados con las y los pares que enfrentan transformaciones similares. Durante esta etapa también buscan su identidad, lo que hace que cuestionen los valores que aprendieron durante la infancia, como una manera de encontrar los propios. Esto conduce a que desafíen las normas de los adultos y la autoridad de los padres.

¿Qué herramientas puede otorgarle a su hija o hijo?

1. Responsabilidad

La responsabilidad es la habilidad para responder. Se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Una respuesta se considera efectiva cuando permite al adolescente conseguir sus objetivos, lo que reforzará sus sentimientos de autoestima. La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal, que implican tener seguridad y confianza en uno mismo (Álvarez et al., 2016).

Enseñar sobre responsabilidad hará personas más hábiles para:

  • Enfrentar y resolver algún problema, lo que facilita la toma de decisiones
  • Encontrar soluciones diversas
  • Valorar las opciones que se tienen para decidir
  • Estar consciente de las consecuencias de cada decisión

2. Identificar factores de riesgo y protección

Conocer los factores de protección y de riesgo nos sitúa en un panorama realista, en el que podemos observar y actuar con responsabilidad si el o la adolescente corre o no peligro.

Los factores de protección son las circunstancias, las características, las condiciones y los atributos que facilitan al individuo lograr una salud integral, lo cuales suelen provenir de la familia, como la confianza para preguntar, la capacidad de tomar decisiones, establecer relaciones sexuales protegidas e informadas, etc.

Los factores de riesgo son las características de un contexto, un sujeto o una comunidad que se conjugan para instaurar una situación que puede causar daño a la salud de las personas (Rojas, 2001). Por ejemplo, el uso y abuso de drogas, alcohol, tabaco, las relaciones sexuales desprotegidas, la deserción escolar, la delincuencia o los factores biológicos.

3. Comunicación

Hablábamos antes de lo importante que es la comunicación asertiva y, por supuesto, su aplicación a las hijas y los hijos para enseñarles a ser personas asertivas, lo que les ayudará en su toma de decisiones.

4. Brindarles una educación integral en sexualidad

Hablar de sexualidad es lamentablemente uno de los temas en los que existe aún resistencia y mala información. Conocer sobre nuestra sexualidad incrementa nuestra autoestima, mejora nuestro autoconcepto, nos empodera, nos hace responsables y nos ayuda en la toma de decisiones (UNESCO et al., 2018).

Según el informe más reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2024):

  • La edad promedio de inicio de vida sexual en la región de las Américas es 16.5 años
  • El 40% de los adolescentes reportan haber iniciado su vida sexual antes de los 15 años
  • Solo el 38% reporta haber usado protección en su primera relación sexual

Según el UNFPA (2023), América Latina y el Caribe mantiene la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes a nivel mundial:

  • La tasa regional es de 61 nacimientos por cada 1,000 adolescentes entre 15-19 años
  • Cerca del 18% de todos los nacimientos en la región corresponden a madres adolescentes

Estas cifras son alarmantes, sin contar las adolescentes que sufren abusos sexuales de los cuales puede surgir un embarazo no deseado, entre otras problemáticas. Una vez más, hablar de sexualidad con hijas e hijos se vuelve una tarea fundamental e imperativa no solo en «estos tiempos», sino siempre. Si observamos con atención, las cifras disminuyen levemente, lo que es un gran avance, gracias a la educación integral en sexualidad.

¿Cómo hablar de estos temas?

1. Honestidad: No responda si no conoce la respuesta correcta y adecuada. Se puede informar pidiéndole ayuda a un especialista en sexualidad. Lo importante es no cortar el vínculo y la confianza que el adolescente tiene hacia usted, a quien le pregunta sobre los temas relacionados con la sexualidad.

2. Claridad: A veces queremos dar una información muy explícita y rebuscada, cuando en realidad las y los adolescentes quieren respuestas puntuales y precisas.

3. Información: Es importante informarse antes de responder una pregunta de la que no se tiene completamente clara la respuesta, pues esto puede generar más confusión. En esos casos, lo mejor es referirse a los libros, a las fuentes oficiales en Internet o acercarse a un especialista en el área.

Recuerde que no está sola o solo. La educación integral de la sexualidad la brindamos todas y todos: gobierno, organizaciones de la sociedad civil, profesionales de la salud, docentes, instituciones y, por supuesto, usted.

5. Prevención de la violencia

En América Latina, la violencia impacta fuertemente a niños, niñas y adolescentes como grupo en situación de vulnerabilidad, así como a las mujeres, lo cual se expresa en las siguientes estadísticas:

  • 1 de cada 3 mujeres y niñas de 15 a 49 años ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja; de violencia sexual fuera de la pareja o de ambas en algún momento de su vida (ONU Mujeres, 2024).
  • Seis de cada diez niñas y niños menores de 5 años sufren habitualmente maltrato psicológico o castigo corporal en casa (UNICEF, 2024).
  • 25% de las mujeres y niñas en las Américas han reportado violencia de pareja, física o sexual en algún momento de su vida (OPS, 2024).
  • 12% de mujeres y niñas mayores de 15 años en las Américas han reportado violencia sexual por parte de una persona, excluyendo a la pareja (OPS, 2024).

Brindar información a las y los adolescentes puede evitar un abuso sexual. La educación integral en sexualidad puede reducir la violencia sexual y el abuso al empoderar a niñas, niños y adolescentes con conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para identificar situaciones de riesgo y buscar ayuda (UNESCO et al., 2018).

En este apartado hablaremos de consentimiento.

Consentimiento sexual

Significa estar activamente de acuerdo con realizar actividades de índole sexual con una persona. El consentimiento le indica a la otra persona que deseamos tener relaciones sexuales. La actividad sexual sin consentimiento es una violación o una agresión sexual.

Consentimiento (dar permiso) es cuando una persona acepta hacer algo libremente. Cuando se trata de sexo, el consentimiento es obligatorio, todas y cada una de las veces. El consentimiento es cuando una persona está de acuerdo (da permiso) en hacer algo sexual contigo, ya sea besarse, tocarse o tener sexo oral, sexo vaginal, sexo anal, etc. Antes de hacer cualquiera de estas cosas, necesita quedar bien claro que las dos personas desean hacerlo.

El consentimiento:

Se da con libertad: no se debe presionar, engañar o amenazar a alguien para que diga «sí», y no puede dar consentimiento si ha tomado mucho alcohol, si ha consumido drogas o si está inconsciente.

Es reversible: se puede cambiar de opinión. Está bien decir «sí» y luego cambiar de parecer, ¡en cualquier momento! Aun si lo ha hecho antes, aun si ya se está en la cama sin ropa.

Requiere que estés informado o informada: solo puede dar su consentimiento para algo cuando sabe todo lo que implica. Por ejemplo, si alguien le dice que va a usar un condón, pero luego no lo hace, entonces el consentimiento no es completo.

Se da con entusiasmo: cuando de sexo se trata, tiene que hacer lo que usted QUIERA hacer, no lo que la otra gente esperai. Si la persona no parece estar entusiasmada (contenta, emocionada o con energía), deténgase y pregunte qué pasa.

Es específico: decir que sí a una cosa (como ir a la habitación a tocarse y besarse) no quiere decir que está diciendo que sí a otras (como tener sexo).

NO puede consentir a tener sexo una persona que: 

  • está borracha o drogada
  • está dormida o desmayada
  • no tiene la edad legal para dar su consentimiento o es mucho más joven que tú
  • tiene alguna discapacidad que afecte su capacidad de entender lo que le dices

Si la otra persona está en cualquiera de estas situaciones, entonces no puede dar su consentimiento, y no está bien que hagas algo sexual con ella.

Si comparte esto con su hija o hijo, les brinda una gran herramienta para que viva una sexualidad plena y evite abusos sexuales. También los ayudará a detectar focos rojos en aquellas personas que no respeten su «no». Debemos enseñarles a respetar cuando otra persona no quiere algo y no quiere decir por qué no quiere, pues está en todo su derecho.

Tomar decisiones no es tarea sencilla y la adolescencia es una etapa compleja. Su hija o hijo pasan por ella igual como pasó usted, así que relájese y no sea dura o duro consigo misma/o, tampoco con él o ella. Crecer es un proceso, y crecer como madre y padre también lo es. Tenemos que aprender a brindarles herramientas para que puedan elegir incluso cuando no estemos, pues eso también va a suceder.

Reflexiones finales

Reflexione acerca de estas preguntas y piense si sus hijos o hijas deben pasar por lo mismo.

¿Recuerda alguna decisión que le haya sido difícil de tomar? ¿En ese momento pensó en las consecuencias? ¿Cómo influiría esta decisión en sus seres queridos? O ¿cómo impactaría en su plan de vida?

Anote sus observaciones.