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8.1 Los embarazos adolescentes y su prevención

¿Qué hacemos con los embarazos adolescentes?

Uno de los temas que nos preocupa como padres y madres de adolescentes en el ámbito de la sexualidad de nuestros hijos, es el de los embarazos. Obviamente, hay otros temas importantes a revisar en la sexualidad adolescente, como las ITS y la violencia sexual, pero en esta ocasión nos enfocaremos en los embarazos.

Desde hace ya varios años se están estudiando las causas y los efectos que tiene el embarazo en esta etapa de la vida, no solamente en la esfera de la salud, sino también desde el punto de vista social y de las expectativas de vida de las y los adolescentes.

En estos estudios se han logrado identificar algunos de los factores que inciden en el embarazo precoz, lo cuales están relacionados con las características personales de las y los jóvenes, pero también con la influencia social, la escuela, las particulares de la pareja, el grupo de amigos y las dinámicas que se dan entre las y los adolescentes y sus familias de origen.

Existen datos que nos ayudan a entender el tema de los embarazos adolescentes en la región de América Latina y el Caribe. Según el informe más reciente de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2024):

Uso de anticonceptivos (15-19 años):

  • Aproximadamente el 45% de las y los adolescentes sexualmente activas utilizan métodos anticonceptivos modernos
  • La tasa de uso es significativamente menor en comparación con mujeres adultas
  • Los métodos más utilizados en este grupo etario son: preservativos (25%), píldoras anticonceptivas (15%) y anticonceptivos inyectables (5%).
  • Existe una brecha significativa en el acceso a anticonceptivos entre zonas urbanas y rurales (diferencia del 20%)

Estas estadísticas muestran una brecha importante en el acceso y uso de anticonceptivos entre adolescentes y mujeres adultas, lo que contribuye a las altas tasas de embarazo adolescente en la región.

Inicio de vida sexual

  • La edad promedio de inicio de vida sexual en la región es 16.5 años
  • El 40% de los adolescentes reporta haber iniciado su vida sexual antes de los 15 años.
  • Solo el 38% reporta haber usado protección en su primera relación sexual.

Según el UNFPA (2023), América Latina y el Caribe mantiene la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes a nivel mundial.

  • La tasa regional es de 61 nacimientos por cada 1,000 adolescentes entre 15-19 años.
  • Cerca del 18% de todos los nacimientos en la región corresponden a madres adolescentes.
  • Los países con tasas más altas incluyen Venezuela, Nicaragua y República Dominicana.

Factores de riesgo identificados (OMS, 2023a):

  • Desigualdad socioeconómica
  • Acceso limitado a educación sexual integral
  • Barreras en el acceso a servicios de salud reproductiva
  • Patrones culturales y de género que perpetúan la vulnerabilidad

Las consecuencias de un embarazo en la adolescencia inciden en el ámbito de la salud, pero también en el aspecto económico, social y cultural, situaciones que limitan el desarrollo de las madres y los padres adolescentes. Con respecto a la salud, el nivel de mortalidad materna en el embarazo de adolescentes es significativamente más elevado que en mujeres de mayor edad, así como una alta prevalencia de aborto en condiciones inseguras.

Según la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (2023a), la mortalidad materna en adolescentes continúa siendo un desafío crítico para la salud pública en América Latina y el Caribe. Los datos revelan una preocupante disparidad: la tasa de mortalidad materna en adolescentes es dos veces superior a la observada en mujeres adultas. El análisis de las causas principales muestra que el 40% de estas muertes se debe a complicaciones durante el embarazo y parto, mientras que el 30% está relacionado con abortos inseguros. Adicionalmente, un 20% de los casos se atribuye a condiciones médicas preexistentes que se ven agravadas por el estado de gestación. Estas estadísticas subrayan la urgente necesidad de fortalecer los servicios de salud reproductiva y atención prenatal dirigidos específicamente a la población adolescente.

Los factores de riesgo específicos para adolescentes embarazadas constituyen un complejo entramado de desafíos que afectan significativamente su salud y bienestar. Un problema fundamental es el acceso limitado a la atención prenatal, que se ve agravado por la escasez de servicios de salud especializados diseñados específicamente para atender las necesidades únicas de la población adolescente. Esta situación se complica aún más cuando las condiciones socioeconómicas desfavorables limitan la capacidad de las jóvenes para buscar y mantener una atención médica adecuada. Adicionalmente, las barreras culturales y geográficas representan obstáculos significativos que dificultan el acceso a servicios de salud esenciales, creando disparidades en la atención y aumentando los riesgos asociados con el embarazo adolescente.

De acuerdo con UNFPA (2023), el embarazo en la adolescencia tiene múltiples impactos socioculturales:

  • Deserción escolar: Aproximadamente 60% de las madres adolescentes abandonan sus estudios
  • Perpetuación del ciclo de pobreza: Reducción de oportunidades laborales y económicas
  • Estigmatización social: Discriminación en entornos educativos y comunitarios
  • Impacto en relaciones familiares: Tensiones y reestructuración de dinámicas familiares
  • Matrimonio infantil forzado: En algunas comunidades, como respuesta al embarazo

De acuerdo con UNFPA (2023) y Organización Mundial de la Salud. (2023a), el embarazo en la adolescencia tiene múltiples causas socioculturales:

La falta de educación sexual integral representa una barrera significativa, donde la información inadecuada o inexacta sobre métodos anticonceptivos, combinada con el desconocimiento sobre el funcionamiento del sistema reproductivo y la persistencia de mitos sobre la sexualidad, contribuyen significativamente a esta problemática.

Los factores socioeconómicos también son determinantes cruciales. La pobreza y marginación crean un ciclo donde la dificultad para acceder a servicios de salud y la falta de recursos para adquirir métodos anticonceptivos se combinan con oportunidades educativas y laborales limitadas, perpetuando así condiciones que favorecen el embarazo adolescente.

En el ámbito cultural y social, las presiones y normas establecidas ejercen una influencia considerable. Las prácticas como el matrimonio infantil o las uniones tempranas forzadas, junto con roles de género tradicionales que limitan la autonomía femenina y las expectativas familiares y comunitarias, crean un entorno que puede propiciar embarazos tempranos.

Los aspectos psicológicos y emocionales constituyen otro factor significativo. La baja autoestima, los problemas de autoconcepto, la búsqueda constante de afecto y reconocimiento, sumados a dificultades en la comunicación familiar y la presión de grupo, pueden llevar a decisiones que resulten en embarazos no planificados.

La violencia sexual y la coerción, incluyendo el abuso sexual y las relaciones de poder desiguales, representan amenazas directas.

Acceso limitado a servicios de salud, ya sea por barreras geográficas, discriminación en los servicios, o la falta de atención especializada para adolescentes, complica aún más la prevención y atención adecuada del embarazo adolescente.

Entre los factores familiares podríamos mencionar:

  • Familias con escaso sustento afectivo. Hay adolescentes que, al no contar con el afecto necesario en el ámbito familiar, buscan sustituirlo a través de caricias y encuentros sexuales con una idea distorsionada del amor.
  • Falta de comunicación en la familia. Cuando en la familia no se abordan los temas vinculados con la sexualidad y no existen sólidos vínculos de comunicación, las hijas y los hijos carecerán de información suficiente para tomar buenas decisiones en el ámbito de su sexualidad. En ocasiones, las madres y los padres no saben cómo abordar estos temas o no tienen la información y los conocimientos suficientes para hablar del tema con sus hijas e hijos.
  • Falta de políticas públicas al respecto.

La existencia de embarazos en la adolescencia se debe a una amplia variedad de factores. La respuesta debe ser multifactorial e involucrar a las familias, las escuelas, las instituciones públicas y la sociedad en general.

Las Orientaciones técnicas internacionales sobre educación en sexualidad, publicadas en conjunto por UNESCO (2018), establecen que la Educación Integral en Sexualidad (EIS) es un elemento crucial para el desarrollo saludable de niños y jóvenes. El documento enfatiza que la EIS debe ser científicamente precisa, gradual y apropiada para cada edad, además de culturalmente relevante y fundamentada en un enfoque de derechos humanos. Su objetivo principal es promover la salud y el bienestar, fomentar relaciones sociales y sexuales respetuosas, y ayudar a los jóvenes a comprender cómo sus decisiones afectan tanto su propio bienestar como el de los demás, mientras aprenden a proteger y ejercer sus derechos.

La Educación Integral en Sexualidad (EIS) ha demostrado ser una herramienta fundamental para reducir los riesgos en la sexualidad de los jóvenes. A través de este enfoque educativo, los jóvenes no solo mejoran su conocimiento y comprensión sobre funciones corporales y reproducción, sino que también desarrollan habilidades críticas para la toma de decisiones informadas. La EIS fortalece la capacidad de negociación en relaciones interpersonales, mejora la autoestima y ayuda a resistir la presión social negativa. Los estudios han evidenciado que este tipo de educación contribuye significativamente a retrasar el inicio de las relaciones sexuales y aumentar el uso de métodos anticonceptivos, reduciendo así las conductas sexuales de riesgo (UNESCO, 2018).

Además, la EIS juega un papel crucial en la promoción de valores positivos, fomentando el respeto por los derechos propios y ajenos, desarrollando actitudes positivas hacia la salud sexual y reproductiva, y promoviendo la igualdad de género y el respeto a la diversidad. Esta aproximación integral no solo aborda aspectos biológicos, sino que también incorpora dimensiones sociales, emocionales y éticas, preparando a los jóvenes para tomar decisiones responsables sobre su salud sexual y reproductiva. El informe enfatiza que estos beneficios son más efectivos cuando la EIS se implementa de manera temprana, continua y culturalmente adaptada, con un enfoque basado en evidencia científica y derechos humanos (UNESCO, 2018).

Los y las adolescentes que reciben educación integral de la sexualidad suelen iniciar su vida sexual más tarde. Algunas revisiones sistemáticas demuestran que el 40% de estos programas logra retrasar el comienzo de la vida sexual y que 14 programas específicos lo hacen significativamente (Lameiras-Fernández,2021; Rodríguez-García, et al., 2025; SRHR Observatory, 2023).

Lamentablemente, todavía hay familias que se niegan a que sus hijas e hijos reciban educación sexual, con el argumento de que son los padres y las madres quienes tienen que hacerse cargo de este rubro a partir de sus propios valores y de sus propias creencias. Sin lugar a dudas las familias cumplen un rol importante en la educación sexual de las y los adolescentes, y desde luego es válido que cada familia inculque los valores morales que considere más adecuados, pero más allá de estas creencias, la educación sexual debe estar cimentada en el ejercicio profesional de especialistas y basada en evidencia científica.

Hasta el momento, ningún programa basado únicamente en la abstinencia ha demostrado contribuir a que los jóvenes retrasen el inicio de las relaciones sexuales, disminuyan el número de parejas sexuales o reduzcan conductas de riesgo (Advocates for Youth, 2009; Guttmacher, 2025; SRHR Observatory, 2023).

La EIS debe implementarse de manera integral en tres entornos clave: instituciones educativas, comunidades y familias. En el ámbito escolar, el documento enfatiza la importancia de asegurar una formación docente exhaustiva que incluya componentes científicos, pedagógicos y de derechos humanos. Los programas educativos deben estructurarse de manera gradual y apropiada para cada edad, incorporando contenidos curriculares que sean científicamente precisos y culturalmente relevantes, siempre fundamentados en un enfoque de derechos humanos (UNESCO, 2018).

En lo que toca a las instituciones públicas, es importante que amplíen los servicios que ofrecen a adolescentes y busquen incidir en las comunidades, acercándose a las y los jóvenes para que conozcan los servicios que se ofrecen en materia de salud sexual. Es fundamental que estas instituciones cuenten con un suministro suficiente de métodos anticonceptivos, inclusive la pastilla de emergencia que debe utilizarse antes de las siguientes 72 horas después del encuentro sexual no protegido, incluido en casos de violación en los que obviamente no se pudo emplear ningún anticonceptivo.

Es necesaria la planificación familiar para recibir a las hijas e hijos en el momento en el que estemos preparadas y preparados, tanto en lo individual como en pareja, ya que las hijas e hijos deben, idealmente, ser amados y deseados. Diversos especialistas han mencionado que «un bebé deseado y querido puede desarrollar con mayor facilidad su potencial creativo y su inteligencia, porque las sensaciones positivas que tal condición le ocasiona, estimulan sus conexiones neuronales» (Salinas, 2019). El amor, el cariño, los estímulos y otras sensaciones positivas y agradables favorecen que las áreas del cerebro encargadas de las emociones se activen y que el cerebro se desarrolle de manera adecuada. Las muestras de cariño de mamá y papá ayudan a la criatura a sentirse segura y protegida.

En caso de que la decisión sea llevar a término el embarazo, hay que tomar en cuenta que en la adolescencia los riesgos, para la madre y para la/el bebé, son mayores, por lo que hay que extremar los cuidados para llevar a cabo un embarazo saludable.

Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que los bebés de madres menores de 20 años se enfrentan a un riesgo un 50% superior de mortalidad prenatal o de morir en las primeras semanas de vida que los bebés de mujeres de 20 a 29 años. «Además, los recién nacidos de madres adolescentes tienen una mayor probabilidad de registrar peso bajo al nacer, con el consiguiente riesgo de efectos a largo plazo» (OMS, 2020).

Por estos motivos, lo primero que hay que hacer al enterarse de un embarazo es acudir a un médico y seguir sus recomendaciones. De acuerdo con sus indicaciones, habrá que asistir regularmente a las consultas a lo largo del embarazo. En América Latina y el Caribe, los servicios de salud tienen la obligación de atender a adolescentes embarazadas sin requerir la presencia de padres o tutores, aunque las políticas específicas varían según el país. Esta disposición se alinea con los derechos fundamentales de acceso a la salud para adolescentes (OPS, 2023).

Desde luego, es importante tener una buena alimentación, no fumar, no beber ni consumir drogas, y solamente ingerir los medicamentos que la médica/o prescriba o apruebe. También es esencial mantener niveles adecuados de ácido fólico, calcio y hierro (Dowshen, 2012).

Es importante también destacar que existe el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo de manera segura e informada, entendiendo que este último constituye un componente fundamental de los derechos sexuales y reproductivos. Este derecho implica que toda persona gestante, independientemente de su edad, debe tener acceso a servicios de salud de calidad, información precisa y objetiva, así como acompañamiento profesional para tomar decisiones informadas en caso de que desee interrumpir su embarazo. La implementación de este derecho requiere garantizar el acceso a procedimientos seguros en condiciones sanitarias adecuadas, y con el debido respeto a la autonomía y dignidad de la persona. Además, es esencial que se proporcione asesoramiento integral antes y después del procedimiento, incluyendo información sobre todas las opciones disponibles, posibles riesgos y cuidados posteriores, asegurando así un proceso que proteja tanto la salud física como emocional de la persona (Organización Mundial de la Salud (OMS, 2022).

En América Latina, el panorama del acceso al aborto ha experimentado cambios significativos en los últimos años, aunque persisten importantes disparidades regionales. En países donde el acceso legal al aborto está restringido, el aborto con medicamentos sigue siendo una opción segura cuando se realiza siguiendo protocolos médicos establecidos. La OMS (2022) ha confirmado que este método, cuando se administra correctamente, presenta riesgos mínimos y puede realizarse de manera efectiva incluso en entornos de recursos limitados.

Sexualidad no reproductiva, principales métodos anticonceptivos

Es un hecho que uno de los temas que mayor preocupación genera en las familias cuando hablamos de sexualidad en adolescentes, son los embarazos no deseados. Durante mucho tiempo, la estrategia fue generar mandatos sociales y religiosos rígidos, como el de la virginidad en el caso de las mujeres. El mandato histórico de la virginidad femenina ha sido un instrumento de control social que ha tenido profundas implicaciones en la sexualidad de las mujeres. Según un análisis histórico-antropológico, este mandato surge de estructuras patriarcales que buscan controlar la sexualidad y reproducción femenina (Federici, 2004). La exigencia de la virginidad antes del matrimonio ha funcionado como un mecanismo de vigilancia y control sobre los cuerpos de las mujeres, limitando su autonomía sexual y reforzando roles de género restrictivos.

Como lo recordábamos anteriormente, el ejercicio de la sexualidad es un derecho, tanto como el acceso al placer sexual. El derecho a la sexualidad autónoma e informada está consagrado en varios instrumentos internacionales, siendo uno de los más significativos la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) de 1994, celebrada en El Cairo. Este documento marcó un hito al reconocer explícitamente los derechos reproductivos como derechos humanos fundamentales. Más adelante, la Plataforma de Acción de Beijing (1995) reforzó estos derechos, estableciendo que los derechos humanos de las mujeres incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto de estas cuestiones, sin verse sujeta a la coerción, la discriminación y la violencia. Además, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979) establece en su artículo 16(e) que las mujeres tienen derecho a “decidir libre y responsablemente el número de sus hijos y el intervalo entre los nacimientos y a tener acceso a la información, la educación y los medios que les permitan ejercer estos derechos”.

Entre esos derechos sexuales y reproductivos, está el conocer los métodos anticonceptivos que están al alcance de las y los adolescentes, ya que son la mejor manera de tener relaciones sexuales en pareja evitando embarazos no deseados.

 No obstante, todavía hay sectores que defienden la abstinencia para evitar un embarazo. La abstinencia sexual, desde una perspectiva científica, se refiere a la decisión voluntaria de no participar en actividades sexuales. Los estudios médicos indican que, si bien es 100% efectiva para prevenir embarazos e ITS cuando se practica de manera consistente, los programas basados únicamente en la abstinencia no son efectivos para retrasar el inicio de la actividad sexual o reducir comportamientos sexuales de riesgo. La evidencia científica sugiere que los adolescentes que reciben educación integral en sexualidad, que incluye información sobre abstinencia junto con otros métodos de prevención, tienen más probabilidades de tomar decisiones informadas sobre su salud sexual y retrasar el inicio de las relaciones sexuales de manera voluntaria (APHA, 2024).

Reincidiendo en el tema de los anticonceptivos, vale la pena reiterar que ningún esfuerzo para promover su uso nunca será excesivo. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2024), el uso de métodos anticonceptivos modernos en América Latina y el Caribe ha mostrado un incremento significativo en los últimos años, aunque persisten disparidades regionales importantes (OPS, 2024):

  • La tasa de prevalencia anticonceptiva moderna en la región alcanza un promedio del 70% entre mujeres en edad reproductiva que están casadas o en unión
  • Los métodos más utilizados son: esterilización femenina (26%), píldoras anticonceptivas (18%), dispositivos intrauterinos (15%) e inyectables (12%).
  • Entre los adolescentes sexualmente activos, el uso de anticonceptivos modernos varía significativamente, desde un 35% en algunos países hasta un 70% en otros

No se puede precisar cuál es el mejor método anticonceptivo, puesto que depende de las condiciones de la pareja o de la persona que lo solicite. Existen también los encuentros sexuales fuera de una pareja constituida, lo cual no tendría que ser impedimento para utilizar un método anticonceptivo. En cualquier caso, lo recomendable es que la decisión sea consensuada y considere un acompañamiento y una asesoría por parte del personal de salud.

A reserva de que la médica o el médico les entreguen información más detallada, y de acuerdo a las condiciones de cada hombre y de cada mujer que solicite los métodos anticonceptivos, les ofrecemos las características, ventajas y desventajas de algunos de ellos.

A continuación, se presenta una breve introducción a los métodos anticonceptivos, organizados por categorías. Para obtener información más detallada y elegir el método más adecuado según sus necesidades y condiciones de salud, es fundamental consultar con una o un profesional de la salud.

Métodos de barrera

Según la OMS (2025), la efectividad del condón externo (masculino) es:

  • Con uso perfecto: 98% de efectividad
  • Con uso típico: 87% de efectividad

Esto significa que con un uso consistente y correcto, de cada 100 parejas que usan condones externos como método anticonceptivo durante un año, aproximadamente 2 experimentarán un embarazo no planificado. Sin embargo, con el uso típico (que incluye errores ocasionales o uso inconsistente), este número aumenta a 13 embarazos por cada 100 parejas al año.

Según la OMS (2025), la efectividad del condón interno (femenino) es:

  • Con uso perfecto: 95% de efectividad
  • Con uso típico: 79% de efectividad

Esto significa que con un uso consistente y correcto, de cada 100 parejas que usan condones internos como método anticonceptivo durante un año, aproximadamente 5 experimentarán un embarazo no planificado. Con el uso típico (que incluye errores ocasionales o uso inconsistente), este número aumenta a 21 embarazos por cada 100 parejas al año.

Cabe mencionar que los condones, tanto internos como externos son los únicos que, además de ayudar a proteger de un embarazo no deseado  o no planeado, también lo hacen de las its. Por eso se recomienda el uso combinado de otro método anticonceptivo, con mayor índice de eficacia. La OMS (2025) recomienda el uso combinado de condones con otros métodos anticonceptivos, una práctica conocida como “doble protección”. Esta estrategia aumenta significativamente la efectividad anticonceptiva y proporciona protección simultánea contra embarazos no planificados e ITS.

La combinación más común es el uso de condón junto con un método hormonal (píldora, inyectable o implante), lo que puede elevar la efectividad anticonceptiva a más del 99% cuando ambos métodos se usan correctamente.

Métodos mecánicos

Dispositivo intrauterino (también conocido como diu). Es un pequeño dispositivo flexible en forma de «T» que se coloca en el útero de la mujer para evitar el embarazo. Su colocación debe ser hecha por un profesional de la salud. Existe el DIU de cobre (no hormonal que actúa principalmente impidiendo la fertilización) o el DIU hormonal (combina la acción mecánica con efectos hormonales locales). Ambos tipos son considerados por la OMS como métodos seguros y altamente efectivos para prevenir embarazos no planificados.

De acuerdo con la OMS (2025), la efectividad y duración del DIU varía según el tipo:

DIU de cobre:

  • Efectividad del 99.2% al 99.4% con uso típico
  • Duración efectiva de hasta 12 años
  • Comienza a funcionar inmediatamente después de la inserción

DIU hormonal (levonorgestrel):

  • Efectividad del 99.8% con uso típico
  • Duración de 3 a 7 años, dependiendo del modelo específico
  • Efectivo 7 días después de la inserción

Estos porcentajes de efectividad hacen del DIU uno de los métodos anticonceptivos reversibles más confiables disponibles actualmente.

Espermaticidas. Tienen una efectividad del 71 %.

Métodos hormonales

Pastillas anticonceptivas. Existen dos tipos de pastillas anticonceptivas, de 28 días y de 21 días. En ambos casos, su uso debe iniciarse dentro de los primeros cinco días de haber comenzado el ciclo menstrual. Contienen hormonas similares a las que produce el cuerpo de la mujer. Estas inhiben la ovulación, cambian la consistencia de la capa interna el útero y las características del moco cervical, impidiendo de esta manera que ocurra un embarazo. Las de 28 días se toman diariamente, sin interrupción. Cuando la mujer ha terminado una caja, debe comenzar al día siguiente con la siguiente. Las de 21 días también se toman diariamente, sin interrupción, pero cuando la mujer ha terminado una caja debe esperar 7 días para empezar la caja siguiente en el octavo día. En esa semana de «descanso» es probable que aparezca la regla.

La OMS (2025) establece las siguientes tasas de efectividad para las píldoras anticonceptivas combinadas:

Con uso perfecto:

  • 99.7% de efectividad
  • Menos de 1 embarazo por cada 100 mujeres en el primer año de uso

Con uso típico:

  • 91% de efectividad
  • Aproximadamente 9 embarazos por cada 100 mujeres en el primer año de uso

La OMS (2025) enfatiza que la efectividad depende significativamente de:

  • Toma consistente y correcta de la píldora
  • No olvidar ninguna dosis
  • Tomar la píldora aproximadamente a la misma hora cada día
  • Seguir las instrucciones en caso de olvido de una dosis

Inyecciones. Según sus componentes, su efectividad puede durar uno, dos o tres meses. A las mujeres adolescentes se les recomienda el uso de las inyecciones mensuales porque tienen una dosis más baja de hormonas. Todos los tipos inyectables deben empezar su uso dentro de los primeros siete días de haberse iniciado la menstruación. En el caso de las mensuales, las siguientes aplicaciones son cada 30 días (puede ser un día antes o un día después del día 30). El día uno es el día que se coloca la inyección. Se aplica con o sin presencia de menstruación. Pasado ese tiempo, se pierde la protección contra el embarazo, por lo cual es muy importante aplicar la inyección dentro de los días señalados.

La OMS (2025) establece las siguientes tasas de efectividad para las inyecciones:

Con uso perfecto:

  • 99.7% de efectividad
  • Menos de 1 embarazo por cada 100 mujeres en el primer año de uso

Con uso típico:

  • 91% de efectividad
  • Aproximadamente 9 meses por cada 100 mujeres en el primer año de uso

Implante subdérmico. Es de plástico flexible del tamaño de un fósforo que se inserta bajo la piel, en la parte interna del brazo. Contiene hormonas similares a las que produce el cuerpo de la mujer. Inhibe la ovulación y cambia las características del moco cervical. Es un método anticonceptivo de larga duración, de tres a siete años, dependiendo del implante que se use. El efecto es reversible. Cuando el implante se retira, vuelve la fertilidad rápidamente.

De acuerdo con la OMS (2025), el implante subdérmico es uno de los métodos anticonceptivos más efectivos disponibles:

Con uso perfecto y típico:

  • 99.95% de efectividad
  • Menos de 1 embarazo por cada 100 mujeres en el primer año de uso

La alta efectividad del implante se debe a que:

  • No requiere la participación activa de la usuaria
  • Proporciona protección continua durante 3-5 años (según el tipo)
  • No está sujeto a errores de uso como olvidos

Dispositivo intrauterino hormonal. Es una pieza de plástico en forma de «I» que contiene una hormona similar a la de algunas pastillas, inyecciones e implantes. Se coloca en el útero por personal de salud y brinda protección hasta por cinco años. Puede ser retirado en cualquier momento. Tiene una efectividad del 99.98 %.

Parche. Es un pequeño cuadrado de plástico flexible que va adherido al cuerpo día y noche para evitar el embarazo. Libera hormonas similares a las que produce la mujer. Se aplica el parche en la piel de la mujer (con excepción de los senos) y debe permanecer adherido durante una semana, después de lo cual hay que retirarlo y colocar uno nuevo. En la cuarta semana, durante la menstruación, no se aplica ningún parche. Tiene una efectividad del 99 %.

Con uso perfecto:

  • 99% de efectividad
  • Menos de 1 embarazo por cada 100 mujeres en el primer año de uso

Con uso típico:

  • 91% de efectividad
  • Aproximadamente 9 meses por cada 100 mujeres en el primer año de uso
Factores que influyen en la efectividad según la OMS:
  • Cambio consistente del parche cada semana
  • Aplicación correcta en la piel
  • Reemplazo inmediato si se desprende

Anillo vaginal. Es un aro flexible, transparente y blando que mide cinco centímetros. Contiene hormonas similares a las que produce el cuerpo de la mujer. Inhibe la ovulación y cambia las características del moco cervical. Se coloca el primer día de la menstruación y se deja durante los siguientes 21 días. Tiene una efectividad del 91 %.

La OMS (2025) indica las siguientes tasas de efectividad para el anillo vaginal anticonceptivo:

Con uso perfecto:

  • 99% de efectividad
  • Menos de 1 embarazo por cada 100 mujeres en el primer año de uso

Con uso típico:

  • 91% de efectividad
  • Aproximadamente 9 meses por cada 100 mujeres en el primer año de uso
Factores que influyen en la efectividad según la OMS:
  • Inserción y extracción en las fechas correctas
  • Mantener el anillo en su lugar durante tres semanas consecutivas
  • Reinserción de un nuevo anillo después de la semana de descanso

De modo general, la recomendación durante la lactancia es evitar los anticonceptivos hormonales combinados (que llevan estrógenos y progesterona en su composición), ya que el componente estrogénico puede afectar a la calidad y cantidad de la leche. Por ello, durante la lactancia la mujer puede optar por los anticonceptivos hormonales que solo contienen progesterona, en el caso de elegir un anticonceptivo hormonal (Barranquero y Azaña, 2025).

Métodos permanentes

Obstrucción Tubaria Bilateral (OTB), también conocida como esterilización femenina o ligadura de trompas, es un método anticonceptivo permanente. Son métodos definitivos de planificación familiar. Una vez realizada la cirugía, tiene efectividad toda la vida. La cirugía consiste en una incisión en la pared abdominal con anestesia general, regional o local. Se localizan las trompas uterinas y se ligan o cortan fragmentos de dos a tres centímetros en cada una. Con esto quedan bloqueadas las trompas para impedir la fecundación. No afecta la producción hormonal ni el ciclo menstrual y es efectivo inmediatamente después de la cirugía. No protege contra infecciones de transmisión sexual.

Después de la operación se requiere reposo. Es posible realizar actividades normales a los dos días, pero se deben evitar los esfuerzos. Es importante ir a revisión médica luego de unos días de la cirugía para vigilar que no existan complicaciones como infección en la herida.  Tiene una efectividad del 99.5% (OMS, 2025).

Vasectomía o esterilización masculina, es un método anticonceptivo permanente que se realiza en el cuerpo del hombre. Es un procedimiento quirúrgico ambulatorio y permanente. Bajo anestesia local, el o la profesional de la salud hace una mínima incisión para acceder a los conductos deferentes, que son los tubos que transportan los espermatozoides. Estos conductos se seccionan y se sellan para impedir el paso de espermatozoides. Es importante mencionar que este proceso no afecta la producción de espermatozoides; simplemente, al no tener una vía de salida, el cuerpo los reabsorbe naturalmente sin causar ningún efecto adverso en la salud del hombre. No afecta la producción de hormonas ni el desempeño sexual. Se pueden presentar ligeras molestias después de la intervención, pero estas son pasajeras. No es efectivo inmediatamente, por lo cual los hombres deben usar condón durante tres meses o durante veinticinco eyaculaciones posteriores a la vasectomía para asegurarse de que ya no haya espermatozoides. Tiene una efectividad del 98.85%  (OMS, 2025).

Los métodos permanentes generalmente se recomiendan a hombres y mujeres que ya tienen hijas o hijos, sin embargo, es importante recordar que es un derecho de cada persona decidir si quiere o no tener hijos e hijas, por lo tanto, recurrir a este método de ninguna manera debe estar condicionado a haber tenido hijas, hijos previamente.

Anticoncepción de emergencia (píldora del día siguiente)

Es un método ocasional que se usa en los siguientes casos:

  • Cuando la dosis diaria de píldoras anticonceptivas no se ha tomado o se ha olvidado.
  • Después de tener relaciones sexuales no protegidas.
  • Cuando falla el método anticonceptivo habitual (por ejemplo, se rompe el condón).
  • Posterior a una agresión sexual.

Existen cuatro métodos de anticoncepción de emergencia (OMS, 2021):

Píldoras con levonorgestrel en una dosis única de 1.5 mg o dos dosis de 0.75 mg separadas por 12 horas. Deben tomarse preferentemente dentro de las primeras 12 horas y hasta 72 horas después de la relación sexual no protegida.
Píldoras anticonceptivas orales combinadas de etinilestradiol y levonorgestrel en dos tomas separadas por 12 horas (método Yuzpe).
Píldora con acetato de ulipristal en una sola dosis de 30 mg. Se debe tomar lo antes posible después de haber mantenido relaciones sexuales, y como máximo dentro de los 5 días (120 horas) siguientes. Puede requerir receta médica.
Dispositivo intrauterino de cobre, que es el método anticonceptivo de emergencia de más efectividad. Se coloca en los 5 días posteriores a la relación sexual sin protección. Es especialmente apropiado para quienes desean comenzar a usar un método anticonceptivo de larga duración, reversible y eficaz.

Las píldoras anticonceptivas de emergencia funcionan, principalmente, al retrasar o prevenir la liberación de un óvulo de los ovarios (ovulación). No interrumpen un embarazo que ya ha iniciado.

Métodos naturales o de conocimiento de la fertilidad

Los métodos naturales o de conocimiento de la fertilidad consisten en detectar qué día es más probable que ocurra un embarazo (días fértiles). Esta información permite aumentar la probabilidad de que un embarazo ocurra o se evite. Estos métodos dependen de la abstinencia sexual durante los días fértiles; existen varios tipos, como el método del calendario (conocimiento del ciclo menstrual para evitar los días fértiles), el método del moco cervical (basado en la observación de las secreciones vaginales o moco cervical) y el método sintotérmico (una combinación de la observación de la temperatura corporal en reposo, el moco cervical y el calendario).

El porcentaje de embarazos que ocurren con el uso habitual de cualquiera de estos métodos es elevado; por lo tanto, no se recomiendan para quienes desean evitarlo a toda costa (Casey, 2023).

Hay quienes recurren a lo que se conoce como «coitus interruptus» o coito interrumpido, que consiste en retirar el pene de la vagina segundos antes de la eyaculación, ya que al no entrar el semen no hay espermatozoides capaces de fecundar al óvulo de la mujer. Tampoco es recomendable, ya que el riesgo de que al hombre no le dé tiempo de retirarse es muy alto. Además, aun en el caso de que lo lograra, no hay que olvidar que el líquido preeyaculatorio que sale por la punta del pene durante la excitación a manera de lubricante puede contener espermatozoides, en cuyo caso, aun sin eyaculación puede haber esperma al interior del conducto vaginal al haber penetración.

Estos últimos métodos, que son considerados métodos naturales por no utilizar ninguna sustancia extraña al organismo o ningún dispositivo, por sí solos son poco eficaces. Aumentan su seguridad si se usan en apoyo a otros métodos, como los de barrera o en combinación con aquellos de mayor seguridad, como:

Condón + método hormonal + ritmo.

Condón + DIU + temperatura basal.

Finalmente, es importante que nuestras hijas e hijos aprendan a utilizar correctamente el condón y, desde luego, el método anticonceptivo que elijan. Cabe subrayar el tema del condón, porque a veces afirman conocer su uso correcto, pero al momento de hacerlo cometen errores que se pueden traducir en embarazos no deseados o en ITS.

Hay especialistas que recomiendan a los hombres que antes de tener un encuentro sexual en pareja usen el condón para masturbarse, dado que los errores que pudiesen cometer al ponérselo durante la masturbación no tendrían consecuencia, pero, encambio, llegarán al coito con una mayor experiencia en la práctica. Otra opción es que los primeros encuentros sexuales de la pareja no terminen en el coito, sino en la masturbación mutua, en que la pareja le pone el condón al hombre o a la mujer, según sea el tipo de condón que decidan usar. Además de divertido y placentero, será un entrenamiento útil para que, llegado el momento, lo coloquen correctamente.

Reflexiones finales

El embarazo en la adolescencia es un problema de salud pública, que no solamente expone a las futuras madres a vivir embarazos de alto riesgo, sino que genera una serie de problemáticas para las jóvenes parejas, que en muchos casos deben abandonar los estudios y truncar sus proyectos de vida. También es fundamental el apoyo que deben brindar las instituciones educativas y las familias para enfrentar esta problemática de la mejor manera.

Hay que tomar en cuenta, además, que no todas las parejas desean tener hijas e hijos y esa es una decisión tan respetable como la de querer tenerlos en el momento que consideren más adecuado. Las decisiones en torno a la maternidad y la paternidad son de suma trascendencia para el desarrollo y el plan de vida de las personas.

Hoy en día existen numerosos métodos anticonceptivos que utilizados de la manera adecuada permiten a las parejas jóvenes, y de todas las edades, disfrutar del placer sexual sin el riesgo de un embarazo no deseado o no planeado. Pero no es suficiente la existencia de numerosos métodos anticonceptivos. Hay que conocer las ventajas y desventajas de cada uno, la manera adecuada de usarlos y ser capaces de hablar del tema con la pareja para elegir las mejores opciones. En el caso específico de las y los adolescentes, es importante que en las familias se establezcan canales de comunicación para hablar con confianza de estos temas, que en otro tiempo fueron tabú. Hacerlo será una ayuda invaluable para que las y los jóvenes vivan su sexualidad de la mejor manera.

¿Qué recomendaciones le podría dar a sus hijas e hijos al momento de elegir algún método anticonceptivo? ¿Alguna vez ha pensado en la importancia de acercar a sus hijas e hijos a los servicios de salud? ¿Alguna vez ha considerado la responsabilidad que les corresponde a los hombres en la prevención de embarazos e ITS?

Anote sus reflexiones.