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6.3 Carta a ti, querido hijo para mí un abrazo tuyo…

En los primeros dos subtemas, revisamos la importancia del cuerpo sexuado y sexual, así como su transformación a lo largo de la vida, especialmente durante la pubertad.

En este subtema, abordaremos la importancia de que las personas, especialmente nuestras hijas e hijos, aprendan a reconocer, valorar, amar y cuidar su cuerpo durante la pubertad y a lo largo de toda su vida.

Construcción social de la belleza

La percepción de lo que es atractivo varía ampliamente según las culturas y es subjetiva. Lo que se considera «belleza» depende de factores como el contexto histórico, cultural y social. Los estándares de belleza, influenciados por estructuras machistas, racistas y clasistas, cambian con el tiempo y difieren entre regiones.

Los medios de comunicación juegan un papel fundamental en este tema, ya que transmiten ideas erróneas que:

Promueven estándares físicos inalcanzables y retocados digitalmente, lo que afecta negativamente la autoestima, especialmente en las mujeres. Se hipersexualiza el cuerpo femenino, reduciendo su valor a la apariencia, mientras que se asocia la belleza con el éxito y el estatus social, privilegiando estéticas blancas y excluyendo la diversidad.

La presión constante por cumplir con ideales estéticos impuestos no solo afecta la autoestima de las mujeres, sino que también desvía su desarrollo personal, profesional y político. Esta obsesión con la apariencia física lleva a muchas a adoptar conductas dañinas, como dietas extremas o cirugías innecesarias (Wolf, 1991).

Además, los estereotipos de género influyen en cómo hombres y mujeres perciben la belleza: los hombres tienden a valorarla físicamente, mientras que las mujeres lo hacen moralmente. Esta presión mediática puede derivar en trastornos alimentarios y problemas de salud mental en ambos géneros (Wolf, 1991).

En la actualidad, nuestra cultura aún considera la delgadez y la juventud como estándares de belleza, dentro de un marco clasista, machista y racista. Estos estándares se integran en las mentes de las personas desde la niñez. «Un gran porcentaje de niñas refiere que, si engordan, se someterían a una dieta. Además, hay estudios que indican que a los 7 años inicia la insatisfacción con el cuerpo» (Esnaola, 2005).

Como hemos revisado, al llegar a la adolescencia, el cuerpo experimenta cambios hormonales que repercuten en el aspecto físico, presentando nuevos desafíos en relación a la imagen corporal, que adquiere un nuevo aspecto, sumado a su deseo natural de ser aceptados (Giménez, 2013). A esta edad, pueden surgir problemas graves como los trastornos alimentarios, que tienen un trasfondo emocional importante y deben ser tratados de manera multifactorial.

Los adolescentes tienen fácil acceso a material sexual explícito a través de medios digitales, lo que puede distorsionar su percepción de la realidad y afectar su imagen corporal y expresión erótica (UNESCO et al., 2018). Este contenido muestra cuerpos estereotipados: mujeres voluptuosas y «perfectas», y hombres musculosos con un pene grande. Es crucial desmitificar estas imágenes, ya que las personas en estos videos son actores y lo que presentan es solo actuación. Si los adolescentes basan sus expectativas en estos estándares irreales, es probable que no tengan una vida sexual satisfactoria.

Cada vez encontramos más problemas que generan graves efectos en la autoestima y en la salud, todos relacionados con la imagen corporal, tales como:

  • Falsa percepción de la autoimagen.
  • Trastornos de la alimentación.
  • Trastornos de la conducta.

Es fundamental cambiar la percepción de una belleza estereotipada a patrones de salud física, amor y aceptación. Respetar la diversidad, aceptar nuestra realidad, reconocer los diferentes tipos de belleza y asumir la responsabilidad de nuestro cuidado son tareas que podemos emprender para ser congruentes con nuestra propia imagen corporal.

Tener buenos hábitos de alimentación y ejercicio para llevar una vida sana y ver nuestro propio cuerpo con amor, aceptándolo tal como es, implica tener la capacidad de:

  • Aceptar el paso del tiempo con dignidad.
  • Reconocer qué cambios son útiles o necesarios, y cuáles deseamos realizar solo para cumplir un estereotipo o una exigencia social externa.
  • Si alguien realmente desea hacer un cambio cosmético o quirúrgico, hacerlo con total conciencia y con la ayuda de profesionales expertos.
  • Buscar ayuda psicológica cuando sea necesario.
  • De lo contrario, se puede caer en excesos y enfermedades que pueden causar serios problemas e incluso la muerte.

Para evitar caer en la manipulación, es muy importante tener una mirada crítica hacia los estereotipos de belleza corporal promovidos por la cultura machista, clasista y racista, a través de las industrias cosméticas que aún persisten en nuestro contexto. Además, es fundamental hacer un reconocimiento y una revalorización de nuestro cuerpo para aprender a amarlo y cuidarlo, como veremos a continuación.

La imagen corporal es lo que sentimos hacia nosotros o nosotras mismas, nuestros afectos hacia el propio cuerpo y cómo se representa en nuestro mundo interior. Esto se deriva del autoconcepto formado a partir de las ideas, el autoconocimiento y el aprecio hacia el propio esquema corporal.

La percepción de una persona sobre su apariencia puede diferir de cómo otras personas la perciben. A menudo, se mide la imagen corporal cuando se le pide a un individuo que califique su cuerpo actual en comparación con su cuerpo ideal, utilizando imágenes (Padrón, 2015).

Con estas definiciones, entendemos mejor que lo que ve la mente no siempre corresponde a la realidad física, ya que esta puede distorsionarla. Si una persona emite juicios de valor sobre su propio cuerpo que no se corresponden con lo real, sufre una alteración de la imagen corporal. La imagen formada en la mente no necesariamente representa al cuerpo. Cuando esta imagen no coincide con el cuerpo, podemos hablar de distorsión de la imagen corporal (Bobadilla-Suárez, 2014).

La imagen corporal también está relacionada con los sentimientos y las emociones que experimenta una persona en relación con su físico, cómo se siente con su cuerpo y dentro de su propio cuerpo. Así, se puede conformar una imagen corporal positiva o negativa, o predominantemente positiva o negativa.

En la imagen corporal positiva:

  • La persona tiene una percepción clara y real de cómo es su cuerpo.
  • Es capaz de valorar y apreciar su cuerpo, siendo consciente de que solo es una parte de su conjunto como persona, y que otros aspectos, como la personalidad, tienen un valor más importante en la definición de su identidad.
  • Se siente segura y cómoda dentro de su propio cuerpo.

En la imagen corporal negativa:

  • La persona tiene una percepción distorsionada de su cuerpo, viéndolo diferente de cómo es realmente.
  • Tiene dificultades para valorar y apreciar su cuerpo, centrándose de manera desproporcionada en determinadas características físicas.
  • Da énfasis a la percepción negativa de su propio cuerpo al definir su identidad.
  • No se siente conforme ni feliz con su cuerpo.

La autoestima es el sentido general que tiene una persona sobre su propio mérito o valor personal. Es un sentimiento hacia uno mismo, que puede ser positivo o negativo, y se construye a través de una evaluación de las propias características. En otras palabras, la autoestima es la confianza en nuestra capacidad de pensar, enfrentar los desafíos básicos de la vida, así como en nuestro derecho a triunfar y ser felices (Padrón, 2015).

Si una persona no se siente a gusto con su imagen corporal, le será difícil relacionarse con los demás, mostrando una actitud cohibida y de baja autoestima. Puede sentirse no merecedora de que alguien le preste atención o se interese por ella; pensará que la gente solo juega y perderá la confianza en sí misma y en los demás.

En el ámbito del erotismo, existe el prejuicio de que, para quitarse la ropa, se debe tener un cuerpo estereotipado, voluptuoso y perfecto en las mujeres, y musculoso con un pene grande en los hombres. Esto, se aprende, en parte, del material sexualmente explícito o pornográfico (UNESCO et al., 2018).

Durante la adolescencia pueden comenzar algunos trastornos alimenticios, así como episodios de bulimia y anorexia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la anorexia y la bulimia, reconocidas en su sistema de clasificación internacional (CIE-11), son:

Anorexia nerviosa:

  • Restricción extrema de la ingesta de alimentos.
  • Miedo intenso a ganar peso.
  • Distorsión de la imagen corporal.
  • Peso corporal significativamente bajo.

Bulimia nerviosa:

  • Episodios recurrentes de atracones (comer grandes cantidades de comida en poco tiempo).
  • Conductas compensatorias inapropiadas (vómitos autoinducidos, laxantes, ayuno o ejercicio excesivo).
  • Autoevaluación muy influida por el peso o la figura.

Recuerde que la etapa de la adolescencia es la más vulnerable en lo que respecta a la imagen corporal. Los cambios que se presentan a partir de la pubertad originan una preocupación sobre cómo se ven, afectando su autoestima y provocando una continua reestructuración de su autoimagen. La preocupación por el aspecto físico tiene un impacto significativo en la vida de los adolescentes, ya que esta etapa se relaciona con múltiples cambios corporales, psicológicos, emocionales y sociales, que son cruciales para el adecuado desarrollo de la imagen corporal.

¿Cómo acompañar y apoyar a nuestros hijos e hijas adolescentes para que reconozcan y valoren su cuerpo?

Es indispensable aprender a respetarnos, amarnos y querernos como las personas adultas que somos, y aprender a respetar a los demás tal y como son. No se puede hablar de autoaceptación con nuestros hijos e hijas si no la practicamos con honestidad en nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene.

Enseñemos a niños, niñas, jóvenes e incluso a los adultos a aceptar su cuerpo tal como es, a hacer lo necesario para mantenerlo sano y a evitar posturas rígidas que lo coloquen en un lugar quizás imposible de alcanzar.

Viva con orgullo su cuerpo, conózcalo, aprenda sobre sus funciones, cuídese, vístase de una manera que le haga sentir bien. Deje de buscar reconocimiento externo y reconozca que es una persona única, especial y bella. El ejemplo es la mejor forma de enseñar.

Hable en familia sobre cómo cuestionar permanentemente los estereotipos de belleza corporal impulsados por la cultura machista, clasista y racista a través de las industrias cosméticas. Exponer cómo muchas personas, en su búsqueda por alcanzar esos estándares sociales de belleza, desarrollan enfermedades como bulimia o anorexia, o se someten a dietas estrictas, tratamientos de belleza peligrosos y ejercicios extremos que, en lugar de ayudar, perjudican su salud.

Ayude a sus hijos e hijas a darse cuenta de que muchas personas no tienen un cuerpo sano o incluso pueden tener limitaciones, pero eso no les quita el valor, la maravilla y la unicidad de su cuerpo. Si su hijo o hija no tiene dificultades con su cuerpo, enséñele a apreciarlo, y si las tiene, también que viva con orgullo en él. La forma de nuestro cuerpo no debería ser juzgada. Aprendamos a respetar y a querer lo que tenemos.

Acompáñeles a reflexionar sobre su cuerpo, que reconozcan que está diseñado para funcionar sin que tengan que pensar en ello. Deberían sentir gratitud por tener un cuerpo que respira y tiene un corazón que late por sí mismo, como una máquina perfecta. Practicar la gratitud nos ayuda a sentirnos más saludables y felices. El reconocimiento es el punto de partida para la gratitud.

Trabaje con sus hijos e hijas para que asuman la responsabilidad de cuidar su cuerpo, alimentarlo bien, hacer ejercicio, fomentar relaciones sociales y familiares sanas, y hacer lo necesario para mantenerlo en armonía y saludable. Debemos amarlo y cuidarlo, ya que será nuestro compañero toda la vida, y es mejor que se encuentre en buen estado.

Reflexiones finales

La percepción de la imagen corporal evoluciona a través del tiempo y lo ideal es que cada persona evolucione con ella. No es posible tener el mismo cuerpo, la misma piel, el mismo cabello que durante la juventud. Exigirnos más suele ser contraproducente. Aceptarnos es lo ideal para obtener una felicidad real y no solo «maquillada» por la apariencia física. Brindar una educación sobre el autocuidado y la salud desde edades tempranas previene los efectos adversos en el futuro y permite vivir felices con el cuerpo que nos ha tocado. Debemos hacer lo posible por mantenerlo en forma y sano, sin intentar aquellos estándares que quizá genéticamente son imposibles de alcanzar.

¿Cómo se siente con su cuerpo? ¿Le gusta? ¿Lo quiere? ¿Cómo se sentía con él en la pubertad?

Anote sus observaciones.

Después de reflexionar sobre ellas, piense lo valioso que es su cuerpo y lo valiosa que es su persona. Acompañe a sus hijas e hijos en el aprendizaje, para que valoren y amen sus cuerpos.