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5.1 Influencia de normas y grupos de pares en la conducta sexual

¿Recuerda si alguna vez quiso quedar bien con sus amigas o amigos, tal vez haciendo algo que no quería o que no le convencía del todo, pero prefirió hacerlo para encajar? A lo largo de la vida pasamos por distintas etapas y en cada una de ellas hay cambios importantes; sin embargo, es en la adolescencia cuando suceden los cambios fundamentales para nuestro futuro.

La adolescencia es, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), un periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se divide en tres etapas: adolescencia precoz (10 a 13 años), media (14 a 16 años) y tardía (17 a 19 años) (Organización Mundial de la Salud, 2017).

Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y cambios físicos y psicológicos, superado únicamente por el que experimentan los lactantes. Esta fase de crecimiento y desarrollo viene condicionada por diversos procesos biológicos. El proceso de cambios biológicos, que usualmente se experimentan a la par de la adolescencia, se llama la pubertad. El comienzo de la pubertad marca el pasaje de la niñez a la adultez.

Como en todo cambio, en este proceso de transformación, se viven experiencias que conllevan muchas dudas. Es una etapa de transición, donde con frecuencia las y los adolescentes se identifican más con sus pares, quienes están pasando por procesos similares. Es probable que si usted evoca su juventud, encuentre importantes recuerdos donde las influencias principales fueron sus amigas o amigos. Posiblemente, sus hijas e hijos vivan lo mismo.

¿Quiénes son los pares?

Los pares son grupos sociales que se forman por la continua interacción y afinidades encontradas en común entre los miembros, como por ejemplo:

  • Gustos musicales
  • Creencias
  • Maneras de pensar o de vestir,

que resultan trascendentales para el desarrollo social y psicoafectivo del individuo (Rivera Y Proaño, 2017)

La influencia de los pares puede ser una red de apoyo en muchos casos para las y los adolescentes, así como una gran influencia que les apoye a identificarse y reconocer sus propios valores. El grupo de pares constituye una fuente de afecto, simpatía, comprensión y orientación moral, un lugar para la experimentación y un entorno para lograr la autonomía y la independencia de sus padres (Corrales et al., 2017).

De ahí la importancia de enseñarles a nuestros hijos e hijas a reconocer aquellas formas de relación, ya sea de amistad, noviazgo o compañerismo, que favorezcan lazos positivos de apoyo, así como a identificar las que puedan no ser favorables o exponerles a situaciones de riesgo.

Favorecer la autonomía, la toma de decisiones libre y responsable desde la infancia y sobre todo durante la adolescencia y la juventud ayuda a que nuestros hijos e hijas se empoderen de sus actos y decisiones, reconociendo sus consecuencias. Esto permite que no cedan tan fácilmente a las presiones externas.

Las presiones externas están presentes a lo largo de la vida de todas y todos, las podemos sentir de distintas formas y muchas veces influyen en nuestra toma de decisiones. La rae (Real Academia Española) define la presión como fuerza moral o influencia ejercida sobre una persona para condicionar su comportamiento; resistir a las presiones sociales.

¿Cómo brindar herramientas a sus hijas o hijos para evitar que caigan en presiones externas negativas por parte de sus pares? O bien, si caen, ¿qué debemos de hacer?

Algunas herramientas necesarias para acompañar a las y los adolescentes en su desarrollo

La frase «nadie nace sabiendo ser padre o madre» tiene mucho de cierto. Estar en el aquí y el ahora significa adaptarse al contexto sociocultural en el que se vive. Lo que su madre, padre o núcleo familiar le enseñaron en su juventud, tal vez no aplique del todo hoy en día, como para replicarlo con sus hijas o hijos, ya que son personas, situaciones y contextos distintos. Por lo que se requiere aprender a cómo guiarlos en mejor medida, para evolucionar y mejorar nuestra convivencia familiar.

Al leer estas líneas, es probable que descubra que muchas de las cosas que decimos ya usted las practica, igual es importante que recapitule y analice algunos elementos que puede mejorar.

Veamos los siguientes temas paso a paso:

  1. Normas y consecuencias de las acciones
  2. Comunicación
  3. Información sexo–afectiva
  4. Autoestima

El listado anterior es para que nos adentremos punto por punto en mejorar la relación con su hijo o hija a fin de brindarle las herramientas necesarias para mejorar su capacidad de respuesta.

1. Normas y consecuencias de las acciones

Cada familia tiene sus propios valores con los que educa a sus hijas e hijos. Es importante revisarlos para que reconozcan los que aún están vigentes en su familia y deben de mantenerse y cuestionar los que no lo están en el contexto actual de su familia e implementar los que antes no se consideraban necesarios y requieren estar presentes. Por ejemplo, a lo mejor en los tiempos de sus padres se consideraba como un valor importante iniciar la vida sexual después del matrimonio y se educaba a las niñas y niños en esa perspectiva, pero ahora ellas y ellos requieren una educación integral en sexualidad que les permita decidir de forma libre y responsable cuándo iniciar su vida sexual activa de acuerdo con sus valores, deseos y creencias, con un adecuado cuidado de su salud (UNESCO et al., 2018).

También es importante establecer normas claras acordadas de acuerdo a las características y necesidades familiares, aunado al hecho de definir proporcionalmente las consecuencias que puede implicar que no se cumplan, lo cual ayuda a poner límites, facilitar el diálogo y definir las responsabilidades de cada persona que integra la familia.

En algunas familias la educación está impregnada de las normas de género, que son un conjunto de «reglas» o ideas sobre cómo cada sexo debe comportarse. Dichas normas no se basan en la biología, sino que han sido determinadas por una cultura o sociedad (National Sexual Violence Resource Center, 2012).

Es esencial considerarlas y cuestionarlas, pues seguirlas al pie de la letra genera condiciones de desigualdad, injusticia y favorecen la violencia. De acuerdo con el artículo «Es hora de hablar sobre las normas de género» de la revista National Sexual Violence Resource Center de 2012, si seguimos las normas de género impuestas, ponemos en riesgo nuestra salud sexual. Algunos ejemplos:

Estilo de comunicación: se suelen enseñar diferentes estilos de comunicación para las mujeres y para los hombres. Es común que a las mujeres se les enseñe a expresar más las emociones como la ternura o el afecto y menos el enojo, mientras que a los hombres se suele enseñar a ocultar sus emociones o expresarlas a través de la violencia. Esto crea situaciones de conflicto y confusión en muchos contextos.

Imagen corporal y autoestima: las normas de género nos dicen cómo las mujeres y los hombres «deberíamos» lucir. Con suma frecuencia, las representaciones que no son realistas ni saludables. Sentirnos infelices con nuestros cuerpos puede tener un impacto en nuestro comportamiento sexual y en lo que sentimos, con respecto a las relaciones sexuales.

Cómo vemos las relaciones sexuales: las normas de género pueden darnos «mensajes mixtos», que algo está́ bien para un género, pero no para otro. Por ejemplo, es aceptable que los hombres sean muy sexuales, pero las mujeres deben ser reservadas. Esto apoya la idea de que los hombres siempre buscan relaciones sexuales y que a las mujeres les interesa menos tenerlas.

Cómo nos comportamos sexualmente: con frecuencia a los hombres se les enseña a ser agresivos, mientras que las mujeres aprenden a establecer límites cuando se trata de las relaciones sexuales. Este puede ser un factor que contribuye a la violencia sexual.

Amedrentamiento y acoso: al establecerse situaciones de desigualdad entre los géneros, teniendo el género masculino poder y control sobre el femenino, se favorecen las conductas de amedrentamiento y acoso donde las mujeres son ampliamente afectadas. De igual manera, las normas estrictas de género influyen en el hecho de que las personas que se identifican con la diversidad sexual o son percibidas como tal, se les acose y trate violentamente por no encajar con la norma.

2. Comunicación

Tener buena comunicación con los hijos o hijas es un elemento fundamental para que la relación sea positiva y poder detectar si la información es suficiente y las herramientas brindadas son las óptimas. A veces se vuelve complicado, por lo que es importante saber acerca de la comunicación asertiva.

La comunicación asertiva tiene que ver con la capacidad de expresarse desde el lenguaje verbal y no verbal (corporal, gestos, acciones, movimientos, entre otros) en forma apropiada a la cultura, a las situaciones y a los contextos que se requieren. Un comportamiento asertivo implica un conjunto de pensamientos, sentimientos y acciones que ayudan a las personas a alcanzar sus objetivos personales de forma socialmente aceptable.

La comunicación efectiva también se relaciona con la capacidad de solicitar consejo o ayuda en momentos de necesidad (Mantilla, 2002; OMS, 1999). La asertividad significa que cuando comunicamos algo a otras personas, dejemos claro lo que queremos sin afán de lastimar y sin expresarlo con enojo. Una persona que logra una comunicación asertiva tiene más facilidad para expresar con claridad lo que quiere y lo que no quiere. Esto incluye el consentimiento sexual.

3. Información sexoafectiva

Ya que hablamos de esas respuestas que probablemente le hubiera gustado recibir cuando era joven, es el momento resolver sus dudas de cómo ayudar a su hija o hijo o a las personas que estén a su cargo a cuestionar algunos criterios establecidos, brindándoles una adecuada educación integral de la sexualidad que les entregue herramientas que les ayuden a ser seres humanos capaces de tomar decisiones que no dañen su salud sexual, además de prevenir un abuso sexual, un embarazo temprano o no planeado ni deseado, así como a prevenir una ITS, la violencia en el noviazgo y la violencia de género. Esta educación favorece el desarrollo de personas más responsables, con plena conciencia de lo que quieren y lo que no, lo que contribuirá a que disfruten de su sexualidad y la vivan placenteramente (UNESCO et al., 2018).

Sin lugar a dudas, sus hijas, hijos y las personas a su cuidado tendrán dudas a lo largo de su desarrollo. Si no tienen las respuestas adecuadas de las personas adultas que les rodean y son responsables de su bienestar, buscarán la información en otro lado y probablemente esta no será de fuentes confiables.

Por lo tanto, les invitamos a prepararse y establecer vínculos de comunicación donde puedan compartir estos aprendizajes con las personas que integran su familia.

4. Autoestima

Para la Real Academia Española (rae), la autoestima es la valoración generalmente positiva de sí. Si bien antes no se hablaba de trabajar en ella, ahora es uno de los temas que vemos, escuchamos y se tratan muy a menudo en libros, en la escuela, durante el periodo de crianza, etcétera. ¿Por qué? Porque trabajar en ella nos hace individuos más plenos y conscientes de la importancia de nuestra persona.

Lamentablemente, no siempre nos han educado para valorarnos y respetarnos a nosotros mismos, lo que ha dado lugar a que no reconozcamos lo únicas y únicos y lo valiosos o valiosas que somos. Sucede más a menudo que nos creemos las cosas negativas que nos dicen. Por esa razón, la autoestima no se debe trabajar en solitario. Es preferible acudir a un o una especialista en psicología o sexología que nos guíe para encontrar el camino hacia el amor propio. Si cree que no la tiene bien trabajada, es preferible que lo haga.  Al estar bien consigo misma/o, podrá transmitir ese bienestar a sus hijos o hijas.

¡Atención! ¡Potencie su autoestima!

Conocer a su hijo o hija y aceptar sus limitaciones y sus fortalezas, así como las suyas, le ayudará a resolver los problemas con más facilidad. Somos únicos y especiales, por lo cual debe dejar de lado las comparaciones y no proyectar en el niño o niña, ideales establecidos sobre cómo debería ser. Eso podría coartar el desarrollo de su yo auténtico y provocar sentimientos de rechazo, inseguridad, rabia o tristeza. El niño o la niña con baja autoestima es fácilmente manipulable, al ser incapaz de tomar decisiones, opinar o reaccionar de manera violenta ante rivalidades o críticas (González y Román, 2012).

Se reconoce que el desarrollo de una autoestima positiva y de comportamientos y relaciones saludables durante la adolescencia tiene repercusiones a lo largo de toda la vida. La educación sexual contribuye a sentar las bases de unas relaciones futuras sanas, así como de una buena SSR y un comportamiento de búsqueda de la salud. La ESI con adolescentes muy jóvenes entre los 10 y los 14 años es fundamental, ya que esta edad marca una transición clave entre la infancia y la adolescencia mayor y la edad adulta, «sentando las bases para futuras actitudes y comportamientos de SSR de género (UNFPA, 2015).

La crianza no es un camino fácil. Muchas veces no hemos desarrollado los canales de comunicación adecuados para hablar de sexualidad con los hijos o hijas. Abrirlos puede ser una gran experiencia que les favorezca como familia. Recuerde que no está solo en este proceso y esperamos que a lo largo de esta plataforma adquiera múltiples herramientas que le permitan lograr ese objetivo.

Reflexiones finales

En esta primera parte es importante que reflexione sobre qué cambiaría de cuando era adolescente? Puede cuestionar los conocimientos adquiridos o no hacerlo, las decisiones que tomé y sus resultados, si le hubiera gustado que fueran diferentes, etc.). Hacerse esas preguntas le ayudará a entender la etapa que está transitando su hija o hijo. ¿Se anima a recordar?

Anote sus observaciones.

Ahora reflexione qué elementos puede mejorar para brindarle a sus hijos e hijas el acompañamiento que requieren.