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2.1 Valores y sexualidad

Se dice que «las familias son la célula básica de la sociedad», por ser el grupo primordial de la organización social en el que se reproducen y «enseñan» los valores necesarios para la convivencia con el resto de la población. Esto significa una importante carga de responsabilidades en su interior.

Según Careaga (2004), la familia es:

La responsable de la satisfacción de las necesidades de la totalidad de sus integrantes, tanto en el plano individual como en el social; no solo de reproducir la especie, de su alimentación, de su educación y de prepararla para su adecuada incorporación a la sociedad, sino que se le ha depositado también la responsabilidad de responder a las necesidades todas, incluidas las afectivas y las sexuales de sus integrantes.

Las familias, que por su conformación son diversas y dinámicas, se convierten así socialmente en las responsables de lo que culturalmente se ha llamado «el buen comportamiento» de sus integrantes, ya que generalmente son el primer referente de los valores y las reglas que adquieren las y los individuos. Por ende, la familia no solo tiene la responsabilidad de velar por el bienestar de sus integrantes, sino también de transmitir aquellos valores que les permitan a sus integrantes desenvolverse de forma favorable en la sociedad a la que pertenecen (Careaga, 2004).

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) reconoce el papel fundamental de la familia en la educación sexual integral (ESI) para adolescentes, considerándola una aliada esencial en la promoción de la salud, el bienestar y los derechos sexuales y reproductivos de los jóvenes.

La ESI debe ser impartida de manera científica, gradual, adecuada a la edad y el desarrollo, basada en el currículo, integral, con un enfoque de derechos humanos, basada en la igualdad de género, culturalmente pertinente y transformadora (UNESCO, 2018). ​El UNFPA destaca que la educación sexual integral es más eficaz cuando se enseña de manera continua y adaptada a las necesidades de los jóvenes, integrando a las familias, escuelas y comunidades en el proceso. La participación activa de las familias es crucial para garantizar que los adolescentes reciban información precisa y apoyo emocional, fortaleciendo así su capacidad para tomar decisiones informadas y saludables sobre su sexualidad (UNFPA, 2020).

Las actitudes

Según Libreros et al. (2008), las actitudes son las predisposiciones a responder de una determinada manera con reacciones favorables o desfavorables hacia algo; las actitudes dirigen nuestra atención a aspectos particulares de un objeto e influyen en nuestras interpretaciones del mismo. Usted las aprendió en su familia de origen y las transmite a las y los adolescentes con los que convive.

Como mencionamos, una de las funciones de la familia es responder a las dudas e inculcar valores alrededor de los temas de la sexualidad, lo cual puede implicar un reto mayor en algunas familias donde prevalece una visión negativa y estereotipada del tema. Es necesario analizar la visión que se tiene de la educación integral en sexualidad para abrir los canales de comunicación dentro de las y los integrantes de la familia.

Es importante que usted, como madre, padre o tutor, tutora, tenga claros los mensajes que desea transmitir en torno a la sexualidad, sustentados en información científica, confiable, respetuosa y con un enfoque de género.

Para esto es esencial plantearse algunas interrogantes: ¿Qué creencias tiene acerca del ejercicio de la sexualidad de mujeres y hombres? ¿Ha considerado hablar de la importancia del placer y del respeto en el ejercicio de la sexualidad? ¿Cuáles son sus valores? ¿Qué valores transmite actualmente a sus hijas e hijos? ¿Qué valores prevalecen en torno a la sexualidad? ¿Con qué valores y creencias sobre la sexualidad le educaron? ¿Cuáles son los valores que desea transmitir a sus hijas e hijos? ¿Sus hijas e hijos tienen los mismos valores o creencias que usted?

Estas son solo algunas de las preguntas que nos tenemos que hacer para analizar el impacto que tienen los roles de género, los estereotipos y la educación en sexualidad que hemos recibido en la formación de los valores que rigen nuestra vida y que transmitimos a nuestra familia, en especial a nuestras hijas e hijos de forma cotidiana.

En sus orientaciones técnicas internacionales, la OMS enfatiza que la ESI debe abordar aspectos cognitivos, emocionales, físicos y sociales de la sexualidad. Su objetivo es dotar a niños y adolescentes de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que les permitan disfrutar de salud, bienestar y dignidad, establecer relaciones respetuosas y ser conscientes de cómo sus decisiones afectan su bienestar y el de los demás (OMS, 2019).​

Además, la OMS promueve un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad, que incluye la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coacción, discriminación y violencia. Esto implica que las familias deben fomentar actitudes abiertas y comprensivas hacia la sexualidad de sus hijos (OMS, 2017).

¿Qué son los valores?

Son principios que orientan el comportamiento de los seres humanos y que sirven de guía en el desarrollo de una organización social. Por ejemplo, una persona que le da gran importancia a tener tiempo libre y no depender de lo que quieran los demás, tendrá el valor de la libertad.

Los tipos de valores se pueden clasificar en universales, humanos, personales, familiares, socioculturales, morales, éticos, estéticos, espirituales, materiales, económicos y pragmáticos (Wetto, 2020).

En relación con los valores de la sexualidad, la OMS destaca la importancia de un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales. Esto implica la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia. Para que todas las personas alcancen y mantengan la salud sexual, es fundamental que se respeten, protejan y cumplan sus derechos sexuales (OMS, 2017).

¿Qué son exactamente los valores?

Son creencias o ideales con los que los individuos evalúan situaciones, personas, cosas, acciones o acontecimientos. A partir de esa evaluación, cada individuo decide si algo es malo o bueno, deseable o indeseable.

Los valores influyen en las decisiones y en los comportamientos que las personas asumen a lo largo de sus vidas. Son, por lo tanto, principios de actuación. Por ejemplo, si una persona valora «la amistad» (tiene el valor de la amistad), dedicará más tiempo a sus amigos y dará importancia a ello frente a otros comportamientos (Wetto, 2020).

Durante la adolescencia, sus hijos e hijas se transforman en los seres que deciden ser. Parte de este proceso es cuestionar los valores que han aprendido en el núcleo familiar y social. Este proceso confronta con frecuencia las creencias entre las diferentes generaciones, propiciando, en ocasiones, situaciones de conflicto que requieren abordarse a través de la comunicación para entender el contexto de cada quien (Berríos, 2013).

En materia de sexualidad, la OMS subraya la necesidad de promover actitudes y valores que favorezcan el respeto, la seguridad, la libertad frente a la discriminación y la violencia, así como el reconocimiento de la diversidad en las formas de expresión sexual. La OMS enfatiza que la salud sexual es pertinente a todo el ciclo vital de las personas, sean jóvenes o mayores, y no solo en los años de edad fecunda (OMS, 2017).

Ante esta realidad, es importante recordar ¿cómo era usted de adolescente? ¿Qué le preocupaba? ¿En qué creía? ¿Cuáles eran sus principios? ¿Qué le daba sentido a su existencia? ¿Qué pensaba su madre o padre de eso en lo que usted creía o le daba sentido a su existencia? Es probable que al realizar este breve recordatorio, observe que existen diferencias entre los contextos y los valores que usted vive y los que vivieron en su familia. Estas diferencias son inevitables, ya que su historia de vida es diferente y las necesidades y experiencias que ha tenido que enfrentar también lo son.

Ahora considere, ¿qué valores tienen sus hijas o hijos?, ¿cuál o cuáles son las situaciones que tendrán que enfrentar?

Seguramente varios de los valores que usted inculcó desde el seno familiar siguen presentes. ¡Sí! Los aprendieron de usted, de su familia o de las personas más cercanas, pues es y ha sido siempre ese el modelo a imitar. Sin embargo, como parte de la transformación que implica crecer para convertirse en las personas que desean ser, con frecuencia adquirirán valores diferentes a los de usted.

Es importante recordar que todas las familias se conforman de diferentes maneras, unidas por lazos de consentimiento mutuo, con responsabilidades distintas, y son generalmente el primer contacto en el desarrollo de cada ser humano y por ende la primera fuente de aprendizaje en los valores. Pero no están solas en este trabajo, ya que existe la influencia de otras instituciones como la escuela, el sector salud, el gobierno, los medios de comunicación, entre otros, donde también existe una vigilancia y un reforzamiento de los valores y actitudes deseadas en las y los individuos (Careaga, 2004).

Como verá, es esencial conversar «sobre esos temas» y poner sobre la mesa los valores, mencionarlos, enumerarlos y vincularlos con la sexualidad.

Lea los siguientes valores:

  1. Amor.
  2. Dignidad.
  3. Honestidad.
  4. Igualdad.
  5. Libertad.
  6. Respeto.
  7. Responsabilidad.
  8. Solidaridad.

Los anteriores son algunos de los valores universales, los cuales probablemente ha enseñado a sus hijas o hijos a través del ejemplo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los valores sexuales que deben promoverse están alineados con una visión positiva, respetuosa y basada en derechos humanos de la sexualidad (OMS, 2017 & 2018). Aunque la OMS no establece una lista cerrada de «valores sexuales», sí identifica principios y actitudes clave que deben estar presentes en una educación y vivencia saludable de la sexualidad. Estos valores incluyen:

  1. Respeto
  2. Equidad e igualdad de género
  3. Autonomía y responsabilidad
  4. Consentimiento
  5. Libertad y dignidad
  6. Diversidad y no discriminación
  7. Bienestar y placer

Es aconsejable que en esta conversación usted tenga apertura al intercambio y al diálogo. Puede ser que encuentre coincidencias, tal vez no, pero hay que escuchar y acompañar en las creencias y decisiones en torno a la sexualidad de cada una de sus hijas o hijos.

El aprendizaje de los valores ocurre mayormente de forma informal, a través de comentarios y acciones cotidianas en el hogar, así como por la imitación. Sin embargo, en ocasiones es necesario hablar de manera directa y clara sobre cómo esos valores impactan a los demás.

Cuando existan desacuerdos por diferencias en experiencias, intereses o contextos, es importante negociar, buscar puntos en común, ceder cuando sea necesario y practicar la empatía.

Cuando los adultos significativos conversan con adolescentes sobre estos temas, pueden surgir diversas reacciones; aunque generalmente se mejora la comunicación, también puede aparecer vergüenza o resistencia, especialmente si no hay canales previos abiertos. En esos casos, es clave mantener la puerta abierta, asegurando que estarán disponibles para dialogar cuando el joven se sienta preparado.

Reflexiones finales

Sin duda, actualmente se viven tiempos diferentes a los de nuestra adolescencia. El contexto es otro. Sin embargo, es importante destacar que los valores que usted ha inculcado están ahí, solo que sus hijas o hijos los experimentan de una manera particular, a la vez que adquieren nuevos valores y reestructuran los aprendidos.

Confíe en su trabajo como madre o padre y no deje de manifestarle cariño, expresarle que le quiere, disfrutarle y admirar cómo ese ser se convierte en un ser humano con cualidades y virtudes que lo hacen único, única. Su trabajo es procurar que su hogar sea un ambiente seguro y armonioso. Recuerde que no hay mejor manera de enseñar los valores que usted desea transmitir, que con el ejemplo. Si usted ejerce los valores que proclama, al ser respetuosa o respetuoso de la personalidad de su hija o hijo, eso será lo que ellas y ellos aprendan.

Anote las reflexiones a las que llegó, con las preguntas que se le plantearon a lo largo del texto.