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7.1 Como siento… vivo. Respuesta sexual humana

Como ya han revisado en anatomía y fisiología sexual, nuestros cuerpos tienen capacidad para generar el disfrute de la sexualidad en todas sus dimensiones. En este primer tema veremos qué es la respuesta sexual humana como ciclo, con sus fases específicas.

La definición basada en el trabajo de William Masters y Virginia Johnson en su libro “Human Sexual Response” (1966) es:

La respuesta sexual humana es el conjunto de cambios fisiológicos que ocurren en el cuerpo humano como respuesta a la estimulación sexual, siguiendo un patrón predecible dividido en cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

La investigación de Masters y Johnson (1966) fue revolucionaria porque, a diferencia de estudios anteriores, se basó en observaciones directas de comportamientos sexuales y reacciones fisiológicas en laboratorio, utilizando instrumentos de medición. Más adelante, otros autores como Helen Singer Kaplan (1979) propusieron modelos alternativos, como un modelo de tres fases: deseo, excitación y orgasmo. Kaplan incorporó el componente psicológico del deseo sexual, que Masters y Johnson habían dejado un poco de lado. Posteriormente, Juan Luis Álvarez-Gayou (2011) complementa estas fases agregando dos etapas más: el estímulo sexual efectivo y el periodo refractario. Manejaremos esta última propuesta para conocer paso a paso los cambios corporales que abrigamos durante la actividad sexual.

La respuesta sexual humana se genera en todas las personas, sin importar la orientación sexual que tenga el individuo: homosexual (lésbica o gay), bisexual, heterosexual, como tampoco su identidad sexual o genérica. También es importante comentar que la respuesta sexual humana se puede presentar de manera individual, por ejemplo, durante la masturbación y el autoerotismo, o al compartir la experiencia con otras personas en un encuentro sexual.

A continuación, vamos a explorar cada fase de la Respuesta Sexual Humana:

Empecemos por el deseo. Rosemary Basson, en su modelo de la respuesta sexual femenina (2000), explicó que el deseo sexual en los seres humanos funciona como una interacción compleja entre factores biológicos (hormonas como testosterona y dopamina), psicológicos (autoestima, experiencias pasadas) y sociales (relaciones, cultura, estrés, educación). Explicó que existen dos tipos principales de deseo sexual:

Deseo sexual espontáneo: surge de repente, sin estímulo directo.

Deseo sexual responsivo: aparece como respuesta a estímulos externos (por ejemplo, una caricia o una escena romántica).

El roce con la piel de otra persona, el aroma de un perfume o del cuerpo de otra/o, una mirada y un tono de voz pueden ser los detonantes del deseo sexual. Por supuesto, también la imaginación y los pensamientos eróticos pueden despertar esta necesidad de un encuentro sexual o de autoerotizarse.

El estímulo sexual es cualquier cosa que activa pensamientos, emociones, sensaciones físicas o deseos vinculados a la sexualidad. Puede ser:

Externo, es decir, cuando provienen de los sentidos: tacto, vista, olfato, gusto y oído (por ejemplo, ver a alguien atractivo, recibir caricias, escuchar palabras amorosas o eróticas, olor agradable, etc.).

Interno, cuando proviene de las fantasías, la imaginación y el sueño (fantasear sobre una situación sexual, recordar una experiencia erótica previa, llenado de la vejiga, etc.).

Los cuerpos de todas las personas están hechos para sentir y percibir. En general, un adulto promedio tiene alrededor de dos metros cuadrados de piel, la cual está llena de terminaciones nerviosas que nos permiten sentir el viento, el calor, el frío, un golpe, una quemadura, pero también el placer de una caricia, un beso o un abrazo. Aunque el código de expresión del afecto sea diferente para cada familia y persona, la capacidad de sentir y percibir en nuestro cuerpo es innegable. Observe por un momento cómo responden las niñas y los niños ante los abrazos y caricias agradables, cómo se adhieren y recuestan en el cuerpo de las personas por quienes se sienten amados. Son respuestas agradables que generan placer y seguridad.

Hay zonas de nuestro cuerpo que generan sensaciones agradables, más intensas que otras. Estas son las que se consideran zonas erógenas, es decir, áreas del cuerpo con alta sensibilidad táctil o emocional, cuya estimulación puede inducir placer y excitación sexual. Esas áreas son, por ejemplo, la boca y labios, cuello y nuca, orejas, pezones y pecho, la parte baja del abdomen, la ingle, la entrepierna, pies y manos, entre otras. Además, tenemos órganos sexuales, el clítoris y el glande del pene, en los cuales las sensaciones pueden intensificarse todavía más. El contacto con ellos puede ser ampliamente placentero si es consensuado y deseado. Es importante entender que las zonas erógenas no son fijas ni universales: pueden variar entre personas y entre momentos vitales.

Los estímulos sexuales, cuando resultan adecuados y efectivos, son aquellos que llevan a la excitación sexual.

La excitación es la etapa en la que en la mujer se produce la lubricación vaginal y en el hombre la erección del pene. En la cabeza o glande del pene se encuentra la uretra, desde donde en esta fase se puede observar que sale un líquido transparente y pegajoso, que son gotas del líquido preeyaculatorio que sale de las glándulas de Cowper cuya función es limpiar la uretra de lo ácido de la orina. Generalmente, contiene espermatozoides y definitivamente existe la posibilidad de un embarazo.

En esta etapa, en ambos géneros, se acelera el ritmo cardíaco, la respiración y la presión sanguínea, al tiempo que los músculos se tensionan. En la mujer se agrandan los pechos y los pezones se ponen erectos, se hincha levemente el clítoris y los labios interiores de la vulva se separan, mientras se aplanan los labios exteriores al tiempo que la vagina comienza a humedecerse y el útero se eleva un poco con relación a su posición habitual. En el hombre también los pezones se ponen erectos y se endurece el pene, se engrosa el escroto y se elevan los testículos.

En la fase siguiente, la meseta, si la excitación se mantiene por los estímulos efectivos, se mantienen las sensaciones placenteras hasta llegar al punto máximo. Es una fase de transición que permite llegar al orgasmo, durante la cual se presentan cambios en todo el cuerpo: el ritmo cardíaco, la respiración y la presión sanguínea se aceleran aún más, al igual que la tensión muscular. En la mujer se incrementa la lubricación vaginal, se agranda la areola de los pezones, el clítoris se esconde bajo el capuchón, el cual está formado por los dos labios menores que se conectan. En el hombre también se humedece el pene con las gotas preeyaculatorias y se agrandan el glande y los testículos (Masters & Johnson, 1966).

El orgasmo es el momento culminante de la RSH, pues toda la tensión muscular y sexual acumuladas en la fase de meseta se libera. Tiene una duración de unos segundos, que pueden ser intensamente placenteros. La intensidad y la duración pueden variar de persona a persona. Es el momento en que el ritmo cardíaco, la respiración y la presión sanguínea alcanzan su máxima aceleración y se producen intensas contracciones musculares en todo el cuerpo, especialmente en la zona de la pelvis. En las mujeres sucede en la tercera parte externa vagina (plataforma orgásmica), en el útero, en el esfínter anal y en los músculos pélvicos, mientras que en el hombre sucede en la uretra y en el esfínter anal, además de la próstata, músculos pélvicos y las vesículas seminales para inducir la eyaculación (Masters & Johnson, 1966). 

El orgasmo no es un fenómeno uniforme, sino que depende del contexto emocional de la persona y de la interacción entre su sistema de excitación y de inhibición sexual. Cada cuerpo reacciona de manera distinta, por lo que es normal que el deseo y el orgasmo no siempre se presenten de forma sincronizada. La ausencia de orgasmo no debe entenderse como un problema, sino como una manifestación natural de la variabilidad sexual humana (Nagoski, 2015).

Asimismo, los estudios sobre sexualidad han demostrado que muchas mujeres no alcanzan el orgasmo exclusivamente a través de la penetración vaginal y que el clítoris cumple un rol central en el placer sexual femenino. Esta evidencia cuestiona la creencia tradicional que otorgaba superioridad al orgasmo vaginal, reafirmando que todas las formas de alcanzar el orgasmo son válidas y que la diversidad de experiencias sexuales es completamente normal (Hite, 1976).

Posteriormente, al orgasmo, viene la etapa de la resolución, en la que todos los cambios sanguíneos, respiratorios y cardiacos regresan a su estado de normalidad. Los órganos genitales del hombre y de la mujer recuperan su normalidad (Masters & Johnson, 1966).

Por último, tenemos que hablar del periodo refractario, que es el tiempo que requiere el organismo para recuperarse antes de un nuevo encuentro sexual. Este período cambia a lo largo de la vida. Durante la adolescencia puede ser muy corto, luego se va alargando con los años, hasta requerir varios días en la vejez. Estos cambios se observan de forma diferente en cada persona, ya que son el resultado de la forma en que cada quien vive su sexualidad en cada etapa de la vida (Álvarez-Gayou, 2011).

Lo anteriormente escrito responde a la parte biológica de los cuerpos.

Esta respuesta se presenta de forma natural durante toda la vida, pero es a partir de la pubertad cuando cambia la intencionalidad, que va acompañada de sensaciones y expresiones corporales que antes no se encontraban. Diversos estudios en sexualidad han demostrado que existen componentes de respuesta similares en todas las personas. Por eso se llama respuesta sexual humana.

Esta respuesta puede verse afectada por muchos elementos:

  • Físicos, como enfermedades, vejez, uso de medicamentos, cansancio, uso de sustancias.
  • Psicológicos, como enojo, estrés, apatía, introyectos, eventos traumáticos, culpas, miedo.
  • Culturales, como creencias, mitos, religión, aprendizajes.
  • De pareja, como la falta de comunicación, infidelidad, discusiones.

Estos elementos pueden presentarse de forma eventual, como también causar una disfunción de la vida sexual cuando se presentan de forma continua por más de seis meses, lo cual requiere de atención especializada para su manejo (Álvarez-Gayou, 2011).

Es importante resaltar que también se presentan cambios emocionales, a veces provocados por las mismas sustancias producidas en el cerebro durante el evento, como también por emociones involucradas, como el amor, el cariño, la atracción, la ternura, la entrega y la pasión, las cuales favorecen la respuesta. Esto dota a la respuesta sexual de ingredientes placenteros y eróticos en el momento en que las personas las realizan. Vale la pena aclarar que esta respuesta se da ante cualquier estímulo sexual, no siendo necesario que exista la penetración para que se desarrolle. La penetración es una caricia más de todo el acto sexual, y puede no presentarse.

Durante mucho tiempo se ha considerado que la finalidad de la respuesta sexual es el orgasmo, al considerar que si este no se da, la respuesta sexual no es placentera. Esta creencia minimiza la importancia del placer que se genera a lo largo de toda la respuesta sexual. Pongamos una analogía: el orgasmo es como la cereza del pastel, puede ser muy rica y complementar el sabor, pero no es lo único, ya que todo el pastel puede ser rico y placentero. Es importante que nos detengamos a cuestionar esta idea, porque muchas personas, en la exigente búsqueda del orgasmo, para ellos o para la pareja, dejan de disfrutar la actividad sexual.

¿Y las fantasías? ¿Son válidas o no?

Una fantasía sexual es la capacidad de la mente de recrear eventos eróticos, que puede involucrar cualquier tipo de contacto, persona, circunstancia, lugar, momento, situación y generar excitación, placer e incluso orgasmo

Las fantasías y los deseos sexuales se presentan de manera natural, no ocasionan daño a las personas, aunque a veces pueden producir cierto malestar cuando se salen de los roles tradicionales, ya que a muchas personas les han enseñado a vivir la sexualidad y el placer como algo negativo.

Las fantasías incluso ayudan a tener una mejor actividad sexual y son inofensivas, ya que se quedan en nuestra mente. Por eso se denominan fantasías.

Otro elemento importante para muchas personas es el amor, incluso llaman a las relaciones sexuales “hacer el amor”, lo cual le da un matiz diferente a la respuesta sexual, hasta parecerles más placentera.

Reflexiones finales

¿Cómo ha vivido su erotismo?  ¿Cómo experimenta su erotismo? ¿Ha podido identificar los cambios que se presentan en su respuesta sexual? ¿Ha tenido dificultades en alguna fase de su respuesta sexual? ¿Cómo podría explicar a niñas, niños y adolescentes la respuesta sexual humana?

Anote sus observaciones.