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8.4 Diversidad sexual

La sexualidad es una dimensión esencial del ser humano que se manifiesta en nuestras emociones, vínculos y relación con el propio cuerpo. Como madres y padres, es natural tener dudas al abordar este tema con hijas e hijos, sin importar su edad. Es clave reconocer que no hay una única forma de vivir la sexualidad: cada persona la experimenta de manera única, diversa y en constante cambio. Acompañar este proceso con respeto, información y apertura es fundamental.

Gran parte de lo que sabemos sobre sexualidad lo aprendemos en la familia y la sociedad, lo cual influye en nuestras creencias y comportamientos. Sin embargo, muchos de estos aprendizajes se basan en mitos o prejuicios sobre el género y la diversidad sexual. Si no reflexionamos críticamente sobre nuestra propia sexualidad ni estamos abiertos a comprender la de los demás, corremos el riesgo de juzgar o querer controlar, especialmente la de nuestras hijas e hijos.

Hablar y reconocer la diversidad como algo positivo nos permite crecer y desarrollarnos como personas. En todas las sociedades, incluidas nuestras propias familias, existe diversidad en género, identidad, expresión y orientación sexual. Ampliar nuestra mirada y respetar esa diversidad, siempre que no cause daño, es clave para garantizar los derechos de todas las personas y fortalecer el apoyo familiar, que puede marcar una gran diferencia.

Diversidad sexual

Según la OMS, la salud sexual implica «un estado de bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad», y esto incluye el respeto por la diversidad sexual en todas sus formas. La ONU ha promovido la aceptación de la diversidad sexual de las personas LGBTIQ+, subrayando la importancia de aceptar las identidades sexuales diversas y garantizar la protección de los derechos humanos para todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género (ACNUDH, 2015).

La diversidad sexual es el término que reconoce y respeta la amplia gama de orientaciones sexuales, identidades de género y expresiones de la sexualidad que existen, reconociendo la libertad de cada individuo para vivir su sexualidad de manera auténtica y libre de discriminación o violencia.

La igualdad de derechos de las personas LGBTI se basa en los principios de igualdad y no discriminación consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 1), y desarrollados como normas internacionales en diferentes tratados internacionales como:

  • El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;
  • El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;
  • La Convención Internacional sobre la Eliminaciónde todas las Formas de Discriminación Racial;
  • La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer;
  • La Convención sobre los Derechos del Niño;
  • La Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares
  • La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

En el caso de la diversidad humana, reconocemos que cada persona es única y que todos somos el resultado de diferentes aspectos como el género, la orientación sexual, la identidad de género, la edad, la raza, la etnia, el nivel socioeconómico, la escolaridad, las habilidades físicas y las creencias religiosas, políticas e ideologías. Con respecto a la sexualidad, cada persona la vive de una manera particular, diferente y única. Los conocimientos que adquirimos y las experiencias que vivimos influyen en nuestra manera de pensar y sentir. No hay un modelo exclusivo o universal de cómo vivir la sexualidad, pues todas y todos somos diferentes, diversos y cambiantes.

Sin embargo, a lo largo de la historia de la humanidad, las creencias, normas sociales, culturales y religiosas han impuesto formas o patrones de cómo debemos vivir nuestra sexualidad, estableciendo parámetros rígidos considerados como normales. Ser normal se impone como lo único y deseable, como sinónimo de «saludable», «correcto», «lo adecuado», «lo que debe ser». Este estándar de normalidad lo empezaron a aplicar a mediados del siglo XIX a la sexualidad imponiendo la heterosexualidad y reproducción como fin único de la sexualidad entre personas (Foucault, 1978).

No obstante, el concepto «normal» no fue creado para expresar valores o aspectos adecuados, correctos o buenos, en el ámbito de la sexualidad. El término fue creado para describir la frecuencia en que ocurre un evento objetivo y cuantitativo, por ejemplo la temperatura humana, el tamaño o peso medio. La normalidad es un parámetro útil para valorar aspectos cuantitativos, pero no se debe aplicar para medir aspectos cualitativos y subjetivos, como la sexualidad, el amor, los pensamientos o la atracción.

Varias autoras de la teoría feminista y queer nos explican en diferentes ensayos, como por ejemplo en «El género en disputa» de Judith Butler, que nuestra cultura está marcada por una concepción binaria que restringe las opciones de identidad y sexualidad a dos categorías estrictas: ser mujer u hombre. Esta visión normativa asume que la identidad de una persona debe corresponder al sexo biológico asignado al nacer, y que los deseos y afectos deben alinearse con un modelo rígido de lo femenino y lo masculino, centrado en la reproducción. De acuerdo con este sistema, una persona con vulva será mujer y se espera que le gusten los hombres, mientras que una persona con pene y testículos será hombre y deberá sentirse atraída por mujeres. Aquellos que se desvían de esta norma, como lesbianas, gays, personas transgénero y transexuales, enfrentan discriminación, invisibilidad y persecución, lo que los coloca en situaciones de vulnerabilidad.

Cuatro elementos claves de la sexualidad para entender la diversidad sexual

En la sexualidad existen cuatro elementos fundamentales que son importantes de entender ya que nos permite tener un mejor entendimiento y aceptación de la diversidad en las sexualidades de las personas:

El primer componente es el sexo biológico, que se refiere a las características físicas, cromosómicas y reproductivas que distinguen a los individuos como masculinos o femeninos. Estas características incluyen los cromosomas sexuales (XX o XY), los órganos reproductivos (ovarios o testículos) y las características sexuales secundarias (como el vello facial, la distribución de grasa corporal y el tamaño de los genitales), que generalmente se desarrollan durante la pubertad. Hay personas intersexuales en que estos conjuntos de características biológicas no son excluyentes entre sí, ya que pueden poseer características combinadas de ambos conjuntos.

El segundo componente es la identidad de género, que se refiere a la vivencia interna e individual del género tal como lo experimenta cada persona, que puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer. Esta identidad puede ser masculina, femenina, o puede incluir otras identidades no binarias. Se enfatiza que la identidad de género es una experiencia profundamente personal y que debe ser respetada (Comité de Derechos Humanos de la ONU, 2007).

El tercer elemento es la expresión de género, se refiere a la forma en que las personas representan externamente su género, a través de sus acciones y su apariencia, como, por ejemplo, con su vestimenta, el habla y gestos. Algunos términos para describir la expresión de género son «masculino», «femenino» y «andrógino». Para muchas personas, su expresión de género coincide con las ideas que nuestras sociedades consideran adecuadas para su género. Para otras personas no es así. La expresión de género de una persona puede variar y es distinta de su identidad de género, orientación sexual y características sexuales.

El cuarto componente es la orientación sexual, que son los sentimientos o atracción romántica, emocional o física de una persona hacia personas del mismo, distinto o más de un sexo. Esto abarca la heterosexualidad, la homosexualidad, la bisexualidad, la pansexualidad, la asexualidad y una amplia gama de otras expresiones de la orientación sexual. Todos tenemos una orientación sexual o preferencia sexual.

Es importante mencionar que estos cuatro componentes de la sexualidad están relacionados entre sí, sin embargo, no tienen necesariamente una concordancia o dependencia en todas las personas.

Por ejemplo, una persona con sexo biológico femenino puede identificarse con el género mujer, expresar su género de forma masculina y tener una orientación sexual heterosexual. Este ejemplo muestra que el sexo biológico, la identidad de género y la orientación sexual son dimensiones independientes y no siempre coinciden.

En este amplio espectro existen múltiples combinaciones posibles de relaciones afectivas y eróticas. Es fundamental entender que, independientemente de la identidad, la orientación o la forma en que una persona expresa su género —ya sea de manera pública o privada—no se trata de una confusión ni de una enfermedad, sino de una manifestación natural de la diversidad humana.

Los principales grupos en la diversidad sexual suelen incluir:

Personas homosexuales (gays, lesbianas). Personas que sienten atracción hacia personas de su mismo género.

Personas bisexuales (bisexualidad). Quienes sienten atracción hacia más de un género.

Personas trans (transexualidad). Aquellas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer.

Personas queer. Término amplio y autodefinido que abarca diversas identidades sexuales y de género no normativas.

Personas intersexuales (intersexualidad). Personas que nacen con características sexuales (genitales, gónadas, cromosomas) que no encajan en las definiciones típicas de masculino o femenino.

Personas asexuales (asexualidad). Quienes experimentan poca o ninguna atracción sexual hacia otros.

Personas pansexuales (pansexualidad). Aquellas que sienten sin importar el género o identidad de la otra persona.

Aunque la aceptación de la diversidad sexual se ha incrementado en las últimas décadas, en muchos países de América Latina, esta sigue siendo baja (un promedio de 5 en una escala del 1 al 10). El acoso escolar, la hostilidad en el trabajo y la violencia en los espacios públicos demuestran que el estigma hacia la población LGBTI+ son problemas vigentes (Barrientos y Bahamondes, 2022).

Tomémonos un tiempo para pensar qué pasaría si en nuestra familia alguno de sus integrantes comentara que su orientación sexual no es heterosexual o que su identidad de género no coincide con su sexo biológico (transexual), o que su expresión de género es no binaria ¿cuál sería nuestra reacción? ¿Le apoyaríamos o le rechazaríamos?

Aceptar y acompañar a hijas e hijos en su proceso de expresión de identidad u orientación sexual puede generar dudas o temores en madres y padres. Sin embargo, si se prioriza su bienestar emocional, lo más importante es escucharles con empatía y estar presentes. Cuando una persona joven comunica que es gay, lesbiana, trans o no binaria, está compartiendo una vivencia profunda y auténtica, no una moda ni un intento de llamar la atención. Lo que más necesitan es comprensión, no juicio. Rechazarles puede generar graves consecuencias emocionales, mientras que el apoyo familiar mejora significativamente su salud mental y calidad de vida (ACNUDH, 2015).

Por otra parte, los ambientes donde prevalecen la homofobia y la transfobia constituyen contextos de vulneración de derechos humanos para las personas LGBTIQ+. Esta discriminación sistemática puede provocar graves consecuencias en la salud mental de quienes la sufren, incluyendo depresión, ansiedad, baja autoestima e incluso conductas suicidas. Diversos informes internacionales destacan que el estigma y la exclusión social aumentan significativamente los riesgos psicosociales y limitan el acceso a servicios básicos, como salud, educación y empleo (ACNUDH, 2015). La familia es en esas circunstancias uno de los núcleos donde se requiere mayor apoyo, amor y acompañamiento para enfrentar esos momentos difíciles. También es fundamental que si no logran asimilarlo, acudan a grupos de apoyo e instituciones de salud donde encontrarán ayuda y asesoría.

Bullying homofóbico y discriminación a la población LGBTI+

  • Un análisis de UNESCO realizado en siete países de América (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) constató que entre el 47% y el 81% de los estudiantes LGBTI+ dijo sentirse inseguro en la escuela debido a su orientación sexual y entre el 32% y el 63% por su expresión de género (Kosciw y Zongrone, 2019; UNESCO, 2023)
  • Específicamente, el informe de UNESCO (2023) encontró que cuatro de cada cinco estudiantes LGBTI+ en Chile no se sienten segures en la escuela; en Colombia, el 15% de los y las estudiantes había sido víctima de violencia escolar debido a su orientación sexual; en el Perú, alrededor del 17% de los estudiantes LGBTI+ denunciaron agresiones físicas en el año anterior, y en México, el 75% del estudiantado LGBTI+ experimentó acoso verbal e insultos en la escuela y el 66% de los estudiantes transgénero reportaron haber sufrido acoso escolar.
  • La mayoría de los estudiantes LGBTI+ fue objeto de actitudes negativas de parte del personal docente y solo 2 de cada 3 de ellos señaló que algún maestro intervino ante el uso de lenguaje homofóbico en la escuela.
  • 6 de cada 10 estudiantes LGBTI+ ha vivido acoso verbal en la escuela y 12% ha sufrido alguna agresión física por su orientación sexual o expresión de género.
  • 30% de los estudiantes LGBTI+ reportó haber faltado a clases al menos un día en el último mes por haberse sentido inseguro.
  • Este estudio encontró que el acoso homofóbico que viven los adolescentes está relacionado con una baja autoestima y mayor depresión.
  • En América Latina, los jóvenes de la población LGBTI+ experimentan altos niveles de victimización por su orientación o preferencia sexual, y tienen, al menos, el doble de probabilidades de no asistir a la escuela y de presentar altos niveles de depresión.

El Proyecto Aceptación Familiar, que publica sus investigaciones en las principales revistas de salud de EEUU, muestra que el rechazo de los hijos e hijas por su orientación sexual, identidad o expresión de género, está relacionado con hasta ocho veces más posibilidad de suicidio, niveles seis veces más altos de depresión y 3.5 veces más posibilidad de consumo de sustancias y de prácticas sexuales no protegidas.

La igualdad de derechos de las personas LGBTI+ se basa en los principios de igualdad y no discriminación consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 1), y desarrollados como normas internacionales en diferentes tratados internacionales como:

  • El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;
  • El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;
  • La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial;
  • La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer;
  • La Convención sobre los Derechos del Niño;
  • La Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares
  • La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Los siguientes son los derechos de las personas de la diversidad sexual:

  • En principio tienen los mismos derechos que todas y todos los demás, sin importar su orientación sexual, su identidad de género, su atuendo o sus características físicas diversas.
  • Tienen derecho a la educación, sin importar su orientación sexual, su aspecto físico, su manera de vestir o comportarse de acuerdo con su identidad de género.
  • Tienen derecho a la protección y acceso a la salud
  • Tienen derechos sexuales y reproductivos como todas las personas.
  • Tienen derecho a trabajar en un entorno laboral favorable, sin importar su manera de vestir o comportarse de acuerdo con su identidad de género.
  • Tienen derecho a que sus documentos de identificación estipulen su identidad de género.
  • Tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad, sin coerción de ninguna especie.
  • Tienen derecho al matrimonio, sin restricción respecto del sexo o género de sus parejas.
  • Tienen derecho a ser madres o padres, sin importar su sexo, identidad de género u orientación sexual.
  • Tienen derecho a vivir libres del acoso policiaco debido a su orientación sexual, su identidad de género o su apariencia.
  • Tienen derecho a vivir una vida libre de cualquier acto discriminatorio.
  • En caso de fallecimiento, tienen derecho a servicios funerarios dignos.

Reconocer que nuestras hijas y nuestros hijos o personas a nuestro cargo tienen el derecho a vivir y disfrutar su sexualidad plenamente es un derecho humano fundamental. Debemos respetarlo. Lo importante es enseñarles a vivir una sexualidad placentera y responsable, que no les dañe ni dañe a otras personas. Recuerde que desde la aceptación, el amor y el respeto pueden construir relaciones familiares saludables y de crecimiento.

Todas las personas somos únicas y vivimos de manera diferente nuestra sexualidad. Es esencial reconocer en esta diversidad la posibilidad de relacionarnos desde el amor, el cariño y el respeto.

Reflexiones finales

¿En su familia se promueve el respeto por las diversidades sexuales? ¿Cómo le gustaría promover un ambiente de confianza y aceptación en su familia? Por favor, escriba sus reflexiones.