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4.2 ¡Di No! La integridad y la privacidad son tu derecho

Decir que NO está cargado de una connotación negativa. A menudo nos cuesta trabajo decirle NO a actividades y personas, debido a que sentimos timidez, vergüenza o  miedo al compromiso. Es importante saber que NO es una palabra muy útil y que tenemos derecho a usarla para hacer valer nuestros derechos. A nuestros hijos e hijas les ayudará para poner límites a otras personas y preservar sus derechos. Quitarle la carga negativa será de mucha utilidad como factor protector contra las violencias.

Para garantizar nuestros derechos y acompañar a nuestras hijas e hijos en el ejercicio de los suyos, debemos poner en marcha aquellos mecanismos que nos permitan lograr la igualdad, guiándolos en el aprendizaje sobre la manera adecuada de ejercer su consentimiento para proteger su privacidad y su integridad física. Debemos ayudar a las niñas, niños y adolescentes a hacer conciencia de que:

  • Las niñas y los niños también pueden decidir con quién comparten contacto, como abrazos y besos al saludar.
  • Enseñarles que su cuerpo solo es de ello/as y que otras personas no pueden tocarlo si ella o él no lo desean o sienten incomodidad, así como él o ella no deben tampoco tocar otros cuerpos sin consentimiento, que existen partes del cuerpo que son privadas y nadie más puede verlas o tocarlas, así como nadie debe pedirle que vea o toque partes de otros cuerpos.
  • Que existen caricias como los abrazos, y que si él o ella lo desea, puede permitirlos, pero que también existen caricias que, si le hacen sentir incómodos o incómodas no tienen por qué aceptarlas (esas caricias se definen como atención sexual no deseada). En esos casos deben decir fuerte que NO y buscar la ayuda de una persona adulta de confianza que les apoye. Hay secretos que lastiman y no deben ser silenciados, se deben hablar.

ATENCIÓN: Obligarles a saludar de beso o abrazo cuando ellas y ellos no lo desean les impide reconocer los límites y ponerlos en práctica. Así, se les pone en riesgo de que no identifiquen  con facilidad los límites y se conviertan en  víctimas de abuso sexual infantil y otras violencias o delitos como hostigamiento y acoso.

Enseñar a nuestros hijos e hijas de no abusar de otras personas es igual de importante que protegerlas de los abusos:

Todas y todos tenemos libertad de expresar nuestras necesidades y deseos.

Escuchar con respeto lo que nos comunican la niñez y las adolescencias, es un factor protector contra las violencias.

Poner en práctica las tres «C», procurará que se sientan seguras y seguros.

  • Confía en ellas y ellos para que hablen con libertad, evita engañarlos o acusarlos.
  • Creer y hacerles saber que siempre dicen la verdad sobre el abuso.
  • Comunicarles que no han tenido culpa de lo sucedido y asegurarles que no permitiremos que se repita, y hacer lo necesario para que así sea.

Todas y todos tenemos derecho a decir NO y que esa decisión sea respetada, así como también debemos respetar el NO de otras personas.

A esto es a lo que llamamos consentimiento, que es una manera de establecer que todo aquello que se realiza, se hace a gusto, de forma sana y consciente, además de ser un acuerdo verbal para participar en las actividades.

Con frecuencia creemos que las infancias y adolescencias no tienen la capacidad de decidir sobre sí mismas, sin embargo, respetar sus decisiones les enseñará sus límites y hacer valer sus derechos.

Todas y todos tenemos derecho a recibir ayuda en situaciones de riesgo.

Es importante entender que, en cualquier momento y etapa de vida, particularmente en la niñez y adolescencia, se está en riesgo de sufrir distintas formas de violencia sexual, lo cual puede generar miedo, dudas, confusión, ansiedad, entre otros sentimientos.

Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a que las personas adultas les escuchen, les crean y les apoyen en el acceso a la justicia.

Conocer nuestro cuerpo, nuestros derechos y estar seguras de nosotras mismas, nosotros mismos, forma parte de un proceso llamado empoderamiento.

Que es un factor protector clave para visibilizar, prevenir y atender el abuso, el cual debemos promover en las infancias y adolescencias.

ATENCIÓN: Como madres, padres y personas cuidadoras infancias y adolescencias, es importante ayudarles proporcionándoles información confiable, verídica, según su etapa de desarrollo, resolviendo sus dudas y garantizándoles un ambiente de confianza, sin juicios o represalias por expresarlos.

  • Es muy importante tener la libertad de establecer reglas en nuestras relaciones y vínculos para delimitar de forma clara el consentimiento o no consentimiento ante actividades que se piensan realizar.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) aborda los derechos sexuales y reproductivos de niñas, niños y adolescentes en varios documentos claves y se establece que:

  • Tienen derecho a decidir sobre su cuerpo y sexualidad de forma autónoma.
  • A disfrutar su vida sexual.
  • A que sea respetada su privacidad y se resguarde su información personal.
  • A decidir con quién relacionarse sexual y afectivamente.
  • A recibir información actualizada, veraz, completa, científica y laica sobre sexualidad, y que deben ser respetados por todas y todos, pero principalmente por las madres, padres y personas cuidadoras.

Si ocurre alguna transgresión a nuestros derechos o a los derechos de nuestros hijos e hijas es importante buscar apoyo, para descubrir los mecanismos que garantizan  nuestro bienestar y el acceso a la justicia a la que tenemos derecho, nosotros, ellos y ellas.

Todas las personas, incluso la niñez y la juventud, tenemos derecho a la intimidad y a la privacidad, así como el derecho a tener espacios propios para el desarrollo. Por ese motivo, revisar sus pertenencias, entrar a su cuarto sin aviso o consentimiento, elegir su forma de vestir y su corte de cabello, leer sus diarios personales, obligarles a usar el baño sin privacidad, escuchar sus conversaciones privadas, entre otros comportamientos, son formas de invadir su intimidad.

El acompañamiento de nuestras hijas e hijos en su crecimiento debe hacerse desde lo que ellas y ellos deseen compartir con nosotros, un acuerdo que se logra con diálogo y estableciendo normas que les permitan acercarse a nosotros preservando su independencia. Esto, sumado a una  educación sexual integral, nos dará la confianza con ellos y ellas para tomar decisiones con respeto a sus espacios.

Reflexiones finales

Pensemos un poco en qué sentimos nosotras, nosotros cuando decimos que sí a algo que no queremos ¿Cómo nos hubiese gustado que nos acompañaran nuestros padres y madres a conocer el mundo y relacionarnos con nosotros mismos, nosotras mismas? ¿De qué forma podemos hacer el trabajo de acompañamiento en la educación de nuestros hijos e hijas para promover comunidades y familias más seguras? ¿Pudimos observar alguna acción que ya estemos llevando a cabo? ¿Identificamos puntos en los que debemos trabajar? ¿Esto que sabemos los (y nos) protege de todos los peligros? ¿Existen formas de cuidarlos ante las interacciones en las nuevas tecnologías? Probablemente nos invaden más dudas, pero le acompañaremos a resolverlas.

Anote sus conclusiones y conversen en familia sobre qué cosas pueden hacerse para mejorar.