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3.3 Igualdad y equidad una alternativa para construirnos

Las normas de género establecen relaciones de desigualdad que favorecen la violencia por razón de género. Las normas estrictas de género influyen en prácticas como el amedrentamiento, el acoso y otras formas de violencia (ONU Mujeres, 2023).

Estas construcciones definen y delinean los modelos de feminidad y masculinidad, estableciendo las pautas del comportamiento esperado socialmente para cada sexo. Las conductas que se salen de estas pautas son sancionadas violentamente en muchas ocasiones.

Así se construyen los prejuicios, así se transmiten y así las nuevas generaciones los aplican y perpetúan. Los prejuicios que en esta reflexión nos interesa revisar son los de género porque:

  • Atribuyen rasgos y comportamientos desfavorables acerca de los géneros.
  • Son compartidos por mucha gente.
  • Los hemos aprendido por imitación, sin cuestionarlos.
  • Se pueden transformar en «profecías autocumplidas», es decir, que si pensamos que es así, buscamos que se cumpla.
  • Conducen a la discriminación y en muchos casos a la VIOLENCIA.

Conceptualicemos lo que son las masculinidades y las feminidades para entender qué significan y cómo se expresan en nuestra cultura, de tal manera de poder modificarlas y avanzar hacia la igualdad.

Masculinidades: un conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que se suponen esenciales al varón en una cultura determinada. En cada sociedad, existe un modelo hegemónico de masculinidad definido como un esquema culturalmente construido en el que el varón es primordialmente dominante (OPS, 2019).

Algunas de las características más significativas de la masculinidad hegemónica se han sistematizado en la investigación llamada The Man Box (Heilman et al., 2017):

  • Autosuficiencia en los problemas
  • Ser fuerte ante todo
  • Competitividad y liderazgo
  • Heterosexualidad y homofobia
  • Hipersexualidad
  • Ser proveedor del hogar

Existen nuevos modelos de masculinidad que se han convertido en alternativas concretas para los hombres que desean y necesitan vivir relaciones más igualitarias. El movimiento de estas masculinidades alternativas, que provienen mucho del movimiento de la diversidad sexual inicialmente, establece:

  • El compromiso con el cambio personal (expresión de afectos, manejo de la ira y la frustración, vivencia de la sexualidad, lucha contra la discriminación por género u orientación).
  • La lucha activa contra la violencia hacia las mujeres.
  • Asumir de forma igualitaria la responsabilidad en el cuidado de las personas, como las hijas y los hijos.
  • El apoyo, el impulso y la visibilización de modelos positivos de masculinidad (hombres cuidadores, pacíficos, sensibles).
  • Establecer formas igualitarias en el ejercicio del poder.

Respecto a las feminidades, desde una visión normativa de los géneros, se entiende como una construcción social y cultural que asigna a las mujeres ciertas cualidades, comportamientos y roles considerados apropiados o deseables en una cultura y época determinadas. No se trata de una esencia natural o biológica, sino de un conjunto de normas y expectativas que varían según el contexto histórico y social.

La feminidad (al igual que la masculinidad) es performativa, es decir, se construye y reproduce a través de actos y comportamientos repetidos que responden a las normas sociales sobre el género (Butler, 1990).

Principales características de la feminidad desde la visión normativa de los géneros

Las características comúnmente asociadas a la feminidad incluyen:

  • Emotividad y sensibilidad: Se espera que las mujeres sean más emocionales y empáticas.
  • Pasividad y docilidad: Se asocia la feminidad con la sumisión y la obediencia.
  • Cuidado y maternidad: Se asigna a las mujeres el rol de cuidadoras y madres.
  • Dependencia y delicadeza: Se considera que las mujeres son más dependientes y frágiles.

Estas características no son inherentes al sexo femenino, sino que son el resultado de procesos de socialización que comienzan desde la infancia y se refuerzan a lo largo de la vida a través de la familia, la educación, los medios de comunicación y otras instituciones sociales. Los estereotipos de género, incluyendo los asociados a la feminidad, pueden limitar las oportunidades y el desarrollo personal de las mujeres.

Violencia de género

Como hemos observado, las normas de género, los estereotipos o prejuicios basados en las concepciones de masculinidad y feminidad pueden llevar a la coerción, el abuso y la violencia de género.

Tanto hombres como mujeres pueden vivir violencia de género en todos los espacios de socialización, como la familia, el trabajo, la escuela, la comunidad o las instituciones gubernamentales. Sin embargo, es una realidad que las mujeres viven muchas más situaciones de violencia en todo el mundo.

La violencia de género se define como la violencia dirigida contra una mujer por el hecho de ser mujer o que afecta a las mujeres de manera desproporcionada. Incluye actos que infligen daño o sufrimiento físico, mental o sexual, amenazas de tales actos, coacción y otras privaciones de libertad. De hecho, el 56% de los homicidios de mujeres son cometidos por sus parejas o miembros de la familia; solo el 11% de los homicidios de hombres se producen de este modo (ONU Mujeres, 2023).

La discriminación contra la mujer y la desigualdad en la distribución del poder y los recursos entre hombres y mujeres son causas fundamentales de la violencia contra la mujer (ONU Mujeres, 2023). En América Latina, por ejemplo, los hombres ganan, en promedio, casi 20% más que las mujeres al mes y cerca del 17% más por hora trabajada (OIT, 2025)

La violencia contra mujeres y niñas en el ámbito privado puede incluir (ONU Mujeres, 2023):

Violencia económica: Consiste en lograr o intentar conseguir la dependencia financiera de otra persona, manteniendo para ello un control total sobre sus recursos financieros, impidiéndole acceder a ellos y prohibiéndole trabajar o asistir a la escuela.

Violencia psicológica: Consiste en provocar miedo a través de la intimidación; en amenazar con causar daño físico a una persona, su pareja o sus hijas o hijos, o con destruir sus mascotas y bienes; en someter a una persona a maltrato psicológico o en forzarla a aislarse de sus amistades, de su familia, de la escuela o del trabajo.

Violencia emocional: Consiste, por ejemplo, en minar la autoestima de una persona a través de críticas constantes, en infravalorar sus capacidades, insultarla o someterla a otros tipos de abuso verbal; en dañar la relación de una pareja con sus hijas o hijos; o en no permitir a la pareja ver a su familia ni a sus amistades.

Violencia física: Consiste en causar o intentar causar daño a una pareja golpeándola, propinándole patadas, quemándola, agarrándola, pellizcándola, empujándola, dándole bofetadas, tirándole del cabello, mordiéndole, denegándole atención médica u obligándola a consumir alcohol o drogas, así como empleando cualquier otro tipo de fuerza física contra ella. Puede incluir daños a la propiedad.

Violencia sexual: Conlleva obligar a una pareja a participar en un acto sexual sin su consentimiento. Véase infra para obtener más información sobre la violencia sexual.

Para constatar la magnitud de la violencia contra las mujeres, revisemos los siguientes datos:

  • 1 de cada 3 mujeres y niñas de 15 a 49 años ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja; de violencia sexual fuera de la pareja o de ambas en algún momento de su vida (ONU Mujeres, 2024).
  • Las tasas de depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y VIH son más elevadas entre las mujeres que han experimentado violencia que entre las que no la han sufrido, al igual que ocurre con muchos otros problemas de salud que pueden perdurar una vez que ha cesado la violencia (ONU Mujeres, 2024).
  • Seis de cada diez niñas y niños menores de 5 años sufren habitualmente maltrato psicológico o castigo corporal en casa (UNICEF, 2024).
  • En 2023, unas 51.100 mujeres y niñas murieron a manos de sus parejas u otros familiares en todo el mundo. Esto significa que, en promedio, 140 mujeres o niñas fueron asesinadas cada día por alguien de su propia familia (ONU Mujeres, 2024).
  • Mientras que el 60 % de los homicidios de mujeres son cometidos por sus parejas u otros miembros de la familia, solo el 12 % de los homicidios de hombres se producen en la esfera privada (ONU Mujeres, 2024).

Igualdad y equidad

Como podemos ver, la magnitud del problema es grave, por eso tenemos que erradicar la violencia de nuestra vida. Para ello, además de las leyes que buscan proteger y garantizar el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia, cada una o uno de nosotros debe hacer algo para cambiar ese orden de cosas, empezando por tomar conciencia de que tal vez ejercemos algún tipo de violencia o hemos sido receptores/as de violencia de género.

Existen alternativas positivas para la construcción de mujeres y hombres, las cuales parten de dos conceptos: la igualdad y la equidad de género, que son la base de dichas alternativas. Definamos cada una.

La igualdad de género promueve la toma de decisiones libres e igualitarias en las mujeres y los hombres acerca de la conducta sexual y los planes de vida. Implica que nos relacionemos sexualmente con quien lo deseemos en igualdad de condiciones, sin intervención de los mitos genéricos en el ejercicio del erotismo y con la misma capacidad de amar sin limitaciones o diferencias por ser mujeres u hombres, decidiendo voluntaria y responsablemente ser madres  o padres y participando activamente en la crianza de las y los hijos y expresando nuestras emociones y sentimientos sin miedos ni tabúes, sin violencia ni discriminación. Si mujeres y hombres tenemos roles más igualitarios y equitativos, tendremos relaciones eróticas o sexuales más saludables, con un alto grado de placer.

La discriminación de género tiene que ser contrarrestada en múltiples frentes: en el lenguaje que usamos a diario, en las ideas que compartimos y promovemos, en nuestros comportamientos, en las leyes, en las prácticas institucionales, en los sistemas de justicia, en los medios de comunicación, entre otros (UNICEF, 2023).

Lo que podemos hacer para cultivar la equidad y la igualdad:

  • Cuestionar las normas de género, o sea aquellos roles y estereotipos que hemos aprendido y que pueden dañarnos o dañar a otras personas.
  • Además de obtener información adecuada, debemos entender cómo impactan estas prácticas en nuestra vida y cambiar aquellas concepciones erróneas que nos dañen.
  • Reconocer que todas las personas somos garantes de derechos, incluyendo el derecho a tener una vida libre de violencia, y asumir que es nuestra obligación respetar ese derecho.
  • Conocer y respetar las legislaciones que luchan contra la violencia de género.
  • Conocer los espacios de atención para obtener mayor información y pedir apoyo si lo necesitamos.

Hoy existen diversas instituciones y organizaciones en casi todos los países del mundo que tienen como objetivo ayudar a las víctimas de violencia. También existen organizaciones que apoyan a los hombres violentos que desean dejar de serlo.

Finalmente, desde la maternidad y la paternidad, promovamos en nuestras hijas el empoderamiento y la libertad para decidir sobre sus vidas, sin aceptar ninguna forma de violencia. En nuestros hijos, fomentemos el amor propio, la expresión emocional, la ternura y la fortaleza interior. Así, hijas e hijos podrán vivir su sexualidad de forma libre, responsable, respetuosa y plena, eligiendo a quién amar sin prejuicios ni temor, y persiguiendo sus sueños con confianza y libertad.

La evidencia indica que lo que hacen las personas adultas es lo que más influye en cómo se

forman las actitudes sobre los roles de género en la infancia. Si queremos que vean que todas las personas pueden ser fuertes y sensibles, inteligentes y creativas, independientemente de su género, debemos mostrarles ese ejemplo.

Las funciones parentales equitativas y no discriminatorias tienen también consecuencias muy positivas en el bienestar de las personas adultas. (UNICEF, 2023).

Reflexiones finales

Ahora le invitamos a la reflexión: ¿Qué tan cercana ha estado la violencia de género en su vida? ¿Cómo se siente con eso? ¿Cómo considera que ha educado a sus hijas e hijos en relación con la violencia de género? ¿Qué le gustaría hacer de diferente?

Por favor, escriba sus reflexiones.