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7.3 La sexualidad en las diferentes etapas de la vida

Hemos comentado que la sexualidad es dinámica, que cambia a través del tiempo, de las épocas, las culturas y los países. Es un proceso en constante movimiento que podemos siempre mejorar. La sexualidad se vive de manera diferente en cada etapa de la vida y es distinta para cada persona.

Hoy en día, la sexualidad es un tema que no se aborda integralmente en la familia y en la escuela, lo que desarrolla falsas creencias, estereotipos y prejuicios en torno a ella, los cuales con frecuencia impiden su libre desarrollo en las diferentes etapas de la vida.

Muchas personas jóvenes llegan a la adultez con mensajes contradictorios, negativos y confusos acerca de la sexualidad. Esto se ve exacerbado con frecuencia por sentimientos de vergüenza y el silencio por parte de los adultos, incluidos padres y docentes. En muchas sociedades las actitudes y las leyes desalientan la discusión pública sobre sexualidad
y conducta sexual; y las normas sociales pueden perpetuar condiciones nocivas, como la desigualdad de género en relación con las relaciones sexuales, la planificación familiar y el uso de anticonceptivos modernos (UNESCO et al., 2018).

Un conjunto significativo de evidencias muestra que la Educación Integral en Sexualidad (ESI) hace posible que los niños y los jóvenes desarrollen: actitudes, habilidades y conocimiento preciso adecuados para cada edad; valores positivos, incluidos el respeto por los derechos humanos, la igualdad y diversidad de género, y las actitudes y habilidades para contribuir a relaciones seguras, saludables y positivas (UNESCO et al., 2018).

Revisaremos a continuación lo que sucede con la sexualidad en cada etapa de vida, poniendo el énfasis en la infancia y adolescencia, porque son las etapas donde se sientan las bases del desarrollo psicosexual que marcará la vivencia de la sexualidad en las demás etapas.

Los grupos de edad son: 0-4, 4-6, 6-9, 9-12, 12-15, y 15 o más. Han sido elegidos de conformidad con los grupos de edad de la OMS y como reflejo de las etapas de desarrollo. Sin duda, dependiendo del desarrollo individual, los niños y niñas, podrían agruparse mejor en función de otros criterios que los relativos a su edad, por lo que la agrupación ha de tomarse de manera flexible.

Sexualidad en la infancia

El desarrollo de la sexualidad de los 0 a los 3 años: descubriendo y explorando

Si bien la sexualidad está presente desde antes del nacimiento, ya que implica una serie de procesos biológicos, también hay una gran cantidad de construcciones sociales en torno a ella desde el embarazo. Por ejemplo, la futura madre y el futuro padre, así como quienes les rodean, fantasean sobre el sexo que tendrá la criatura y elaboran toda una forma de crianza en torno a ello, desde definir un nombre hasta los colores de la ropa o las actividades y educación que recibirá. Esas ideas o fantasías responden a lo esperado socialmente sobre cómo deben ser educadas/os las niñas y los niños.

Las y los bebés se focalizan primordialmente en sus sentidos: tocar, escuchar, mirar, oler y saborear. A través de sus sentidos, pueden experimentar sensaciones agradables y sentir seguridad. Los abrazos y caricias son muy importantes, ya que asientan las bases para su desarrollo social y emocional (OMS & BZgA, 2010).

De 2 a 3 años, comienzan a ser conscientes de sí mismos y de sus cuerpos. También aprenden a ver las diferencias entre las otras niñas y niños, así como con las personas adultas (desarrollan su identidad). Aprenden que son niños o niñas (desarrollan la identidad de género). Comienzan a interesarse por sus propios cuerpos y por los de las personas de su entorno. Suelen estudiar su cuerpo, sus genitales con detalle y mostrarlos a otras personas. Se tocan de manera consciente y esto les gusta (OMS & BZgA, 2010).

En esta etapa es muy importante fomentar actitudes para la autoestima (imagen positiva del cuerpo y de uno mismo),  el respeto por las diferencias y el respeto por la igualdad de género.

Cuando se habla del comportamiento sexual de niños y jóvenes, es muy importante tener en cuenta que la sexualidad es diferente para niños y adultos y que los adultos no deben examinar el comportamiento sexual de niños y jóvenes desde su propia perspectiva (OMS & BZgA, 2010). La masturbación en infancias puede generar desconcierto para algunas personas, sin embargo, no debe ser motivo de preocupación; es natural que lo hagan, ya que desde ese autorreconocimiento de su corporalidad y de las sensaciones que le generan, sientan las bases para vivir una sexualidad plena y sin limitaciones. Las sensaciones placenteras son debidas a la respuesta fisiológica del placer por la presencia de numerosas terminaciones nerviosas en las zonas erógenas. Los niños y las niñas no ponen una connotación erótica, sino que es meramente fisiológico.

Es importante aquí explicar a los y las niñas que todas las personas sentimos placer, que es natural y un derecho humano, y hablar con ellas y ellos de lo que sienten y cómo se sienten al respecto. Es importante enseñarles sobre las partes privadas, la intimidad y los lugares de privacidad, así como la higiene, de forma respetuosa y sin transmitir una visión negativa de la exploración de su sexualidad. El cuerpo de las niñas y de los niños debe ser respetado por todas las personas.

El desarrollo de la sexualidad de los 4 a los 6 años: aprendiendo reglas, jugando e iniciando amistades

Gema Ortiz (2004) nos dice que la entrada a la guardería y escuela provee a las infancias de nuevas oportunidades de exploración de sus cuerpos a través de sus pares. La curiosidad y la imitación es una forma de aprendizaje. El comportamiento sexual entre niños y jóvenes suele darse a nivel individual o entre iguales, en el contexto de juegos (juegos sexuales): jugando a “mamás y papás” o a “médicos y enfermeras”, al principio abiertamente pero más tarde en secreto porque aprenden que no está permitido estar desnudos en público (OMS & BZgA, 2010). Así es como los niños y los jóvenes descubren lo que les gusta y lo que no, cómo aprenden a enfrentarse a la intimidad y a las normas sobre cómo comportarse en situaciones sexuales. Estas experiencias también ofrecen un marco para comprender los propios sentimientos y conducta e interpretar el comportamiento de los demás. En el proceso, los niños y jóvenes también aprenden sobre los límites (OMS & BZgA, 2010).

A esta edad, empiezan a estar muy interesados en la reproducción y repiten preguntas como ¿de dónde vienen las niñas o los niños? Es importante proporcionar información adecuada sobre embarazo, parto y bebés y los conceptos básicos de la reproducción humana. También es la “fase de las palabras sucias”, niñas y niños están descubriendo sus límites. Se dan cuenta que decir ciertas palabras provoca una reacción en las personas que les rodean. Esto es excitante y divertido, así que repiten esas mismas palabras.

Pueden asociar la amistad con enamoramiento, por ejemplo, es frecuente que digan que están enamoradas o enamorados de su madre, padre, profesor o su conejo. No se asocia normalmente a sentimientos y deseos sexuales, es simplemente una forma de decir que les gusta alguien. Es importante explicarles que hay diferentes tipos de amor (por ejemplo, entre amigos, entre parejas románticas) y ese amor se expresa de diferentes maneras (Plan International, 2020).

El desarrollo de la sexualidad de los 7 a 9 años: vergüenza y primer amor

Durante esta etapa, el interés por la sexualidad y las preguntas sobre el tema son evidentes pero suelen hacer menos preguntas sobre sexualidad, porque se dan cuenta de que el sexo es un tema “problemático” y “vergonzoso” para los adultos y que no es apropiado hablar de ello en público. Aparece la sensación de culpa y vergüenza en torno a la sexualidad. Esto sucede  porque notan que las personas adultas no son tan receptivas a sus preguntas. Para saber más, suelen servirse de sus pares. La sexualidad se “adormece”, su desarrollo moral supone un aumento de la vergüenza (OMS & BZgA, 2010).

Se forman los grupos de niñas y niños “sondeando” a las otras u otros. Los niños suelen hablar de las niñas como “estupidas” e “infantiles”, mientras que las niñas tienden a pensar en los niños como “demasiado brutos” y “difíciles”. Es importante aquí educar sobre el trato a los demás con respeto, sin distinción de su sexo, género u otro aspecto de su identidad.

En esa etapa nacen las primeras relaciones románticas, muchas veces desde la fantasía, como cuando se enamoran del personal docente o de sus pares de clase. La fantasía y la realidad se suelen mezclar, pueden ser sobre el amor, por ejemplo, en algunas ocasiones imaginan que están enamoradas o enamorados de alguien de su mismo sexo (OMS & BZgA, 2010).

Como hemos mencionado anteriormente, las niñas y los niños tienen respuesta sexual ante estímulos que producen cambios en sus cuerpos, los cuales son naturales y esperados, por lo que las personas adultas no deben espantarse al verlas. Sin embargo, es fundamental diferenciarlos de aquellas conductas que revelan cambios significativos en los menores de edad y pueden sugerir distintos tipos de abuso o violencia. Durante la infancia tienen que aprender sobre privacidad e intimidad, a distinguir entre las caricias apropiadas y las que no lo son, entender que no todas las personas tienen buenas intenciones y encontrar la manera de comunicar a su madre o padre o a alguna persona de confianza cuando alguien toca sus cuerpos sin su consentimiento o de manera desagradable y les pide guardar el secreto (Ortiz, 2008).

El descubrimiento y conocimiento de sus cuerpos con los nombres apropiados les permite integrar su cuerpo de manera natural, sin dejar partes ocultas o prohibidas. El poder expresarse de forma natural sobre su cuerpo les permite identificar y nombrar lo que les es incómodo, doloroso o dañino. Sentir la confianza de que al hablarlo no serán sancionados contribuirá a poder describir con mayor precisión aquello que les daña.

Desarrollo de los 10 a los 15 años: prepubertad y pubertad

En esta etapa comienza la pubertad, con los cambios corporales que preparan el organismo para los procesos de la vida adulta, gracias a la producción de hormonas sexuales. La adolescencia es diferente de la pubertad, pero usualmente suceden a la par. La adolescencia es más extensa, es un proceso sociocultural y psicológico que va más allá del cambio físico.

La mayoría de los chicos comienzan la pubertad. Sus testículos y su pene comienzan a crecer, así como el pelo de las axilas y del pubis. Sobreviene un crecimiento acelerado. La voz comienza a ser profunda y la barba comienza a crecer. Tienen su primera eyaculación sobre los 13 años (como media) lo que significa que son sexualmente maduros y pueden ser padres (OMS & BZgA, 2010).

Las chicas también continúan su desarrollo. Ya han tenido un crecimiento importante y ahora se desarrolla el pelo de las axilas y del pubis. Tienen su primera menstruación sobre los 12 años (como media) lo que indica que ya son maduras para tener un embarazo.

La presencia de las hormonas permite que tengan un mayor interés por saber de sexualidad, especialmente de su componente erótico y de la manera como socioculturalmente se maneja. En la adolescencia puede que se adopten comportamientos variados, pasando en un instante de la risa al llanto, del enojo a la alegría, de la apatía a la euforia. Las y los adolescentes observan cómo su cuerpo crece y cambia, hasta hacerlos sentir en ocasiones que su cuerpo no es el mismo. Todo esto genera un impacto en su autopercepción y autoestima, y en su propia seguridad y confianza (Campero et al., 2013).

Además, el cuerpo cambia ante los modelos de belleza establecidos que transmiten el cine y la televisión. Son modelos de belleza exigentes y difíciles de alcanzar para la mayoría de las personas. Durante la pubertad, la identidad social es complementada con la búsqueda de su identidad sicológica. Proyectan a través de su autoimagen su espacio en el mundo. La formación de su identidad está estrechamente relacionada con su imagen (OMS & BZgA, 2010). El impacto psicoemocional que genera su imagen corporal con frecuencia es muy importante para ellas y ellos.

Debemos enseñarles a reconocer y aceptar dichos cambios para que amen y acepten su cuerpo. Fomentar el ejercicio, la buena alimentación, las actividades recreativas con la familia, sus amigas y amigos, les ayudará a transitar de mejor manera esta etapa.

Es importante educar sobre los métodos anticonceptivos, las ITS, la capacidad de dar y rechazar el consentimiento y de reconocer el consentimiento o la falta de consentimiento de otra persona, manejar las emociones y comunicarse apropiadamente sobre diferentes sentimientos sexuales, fantasías y deseos, demostrar habilidades de comunicación asertiva y de negación para rechazar comportamientos de riesgo, incluyendo la actividad sexual (Plan International, 2020).

Como parte de reconocer sus cuerpos, la masturbación o el autoerotismo juegan un papel importante, al permitirles reconocer las sensaciones corporales y el placer sexual. Sin importar el género de las y los adolescentes, es una práctica que puede ser muy enriquecedora y una opción para disfrutar su sexualidad, postergando de esa manera el inicio de las relaciones sexuales.

En esa etapa empiezan los noviazgos, que viven intensamente y pueden derivar en sus primeras relaciones sexuales. Si la relación se termina, el dolor emocional puede ser profundo. De esa manera experimentan lo que son las relaciones de pareja, y encuentran las formas de establecer lo que serán sus vínculos afectivos en el futuro. Aunado a esto, las y los jóvenes se enfrentan a una presión social de sus pares y de los medios de comunicación para iniciar su vida sexual (Campero et al., 2013).

A esa edad inician a menudo las relaciones sexuales. Hoy en día muchos y muchas adolescentes lo hacen sin información y sin medios de prevención, tanto de embarazo como de its (Ortiz y Barrios, 2013).

Entre los 12 y 20 años, desarrollan de manera progresiva su orientación sexual, al tiempo que conforman y consolidan sus preferencias sexuales.

Desarrollo de los 16 a los 18 años: a las puertas de la adultez

Empiezan a ser más independientes, tienen menos lazos cercanos con sus madres y padres.

Saben mejor qué les gusta, y pueden tener más claridad en su preferencia y orientación sexual. Experimentan con las relaciones. Pueden ganar experiencia sexual: besan y se acarician (unos empiezan antes que otros). La progresión sexual de las y los jóvenes, de una forma habitual, podría ser así: besos, tocamientos y caricias con ropa, petting sin ropa,

penetración (vaginal o anal) y finalmente, sexo oral.  Ganan más experiencia en como relacionarse con el otro sexo: negociación, comunicación, manejando los deseos y límites y mostrando respeto por las cuestiones importantes (OMS & BZgA, 2010).

Es importante educar sobre métodos anticonceptivos (desarrollar un plan para acceder a un método preferido de anticoncepción moderna y condones para cuando los necesiten), ITS, placer, consentimiento, desigualdad entre los géneros, las normas sociales y las diferencias de poder influyen en el comportamiento sexual y pueden afectar a la capacidad de tomar decisiones seguras y actuar en consecuencia (por ejemplo, el uso de preservativos; el acceso a servicios de SDSR) y pueden aumentar el riesgo de coacción sexual, abuso y VBG (Plan International, 2020).

Pueden experimentarse violencia en el noviazgo y es crucial educar y estar a la escucha. La violencia en la pareja íntima adopta muchas formas y siempre es perjudicial; se ofrece apoyo a quienes la experimentan (Plan International, 2020).

Algunas consideraciones para educar a niñas, niños y adolescentes sobre su cuerpo y su sexualidad

La desnudez en casa como algo apropiado:

  • Autorizar la desnudez en casa les permitirá observar cómo son los cuerpos de las mujeres y los hombres, tanto en la etapa infantil como la adulta. Es importante hacerlo en los espacios en los que se da de forma natural, como por ejemplo durante el baño.
  • Esto solo debe llevarse a cabo si las personas integrantes de la familia se sienten cómodas al hacerlo, de lo contrario, el mensaje sería contraproducente.
  • Es la niña o el niño quienes van a decidir, conforme crecen, cuándo, dónde y cómo permiten que se les vea en desnudez. La familia tiene que respetar este principio (Ortiz, 2008).

Enseñar que su cuerpo es privado:

  • Nadie puede tocarlo si ellas/os no lo desean.
  • Hay que respetar el cuerpo de otras personas.
  • Deben de tener claro que en algún momento mamá o papá pueden examinarlos si es que surge alguna molestia o si son muy pequeños para limpiarse.
  • En algunas ocasiones otra persona puede revisar sus partes privadas, por ejemplo una doctora o doctor, siempre y cuando estén presentes mamá o papá y ellos estén de acuerdo.
  • Aclararles que “nadie más puede tocar ni ver tus partes privadas. Tampoco ellas o ellos las de otra persona” (Ortiz, 2008).

Mostrar cuáles son los lugares privados:

  • También es muy importante enseñarles sobre privacidad.
  • Los lugares privados son aquellos donde podemos estar en desnudez parcial o total, sin que nadie nos vea, por ejemplo el baño o nuestra habitación.
  • Es esencial enseñarles la importancia de desnudarse solo en lugares donde nadie más se encuentre o donde los puedan ver (Ortiz, 2008).

El contacto apropiado es aquel que:

  • Les hace sentir bien y no incluye sus órganos sexuales, se lleva a cabo en un lugar público y no les agrede.

Deben aprender a reconocer la diferencia entre los secretos buenos y los secretos malos. Algunos se pueden guardar cuando no hacen daño a nadie, pero si afecta a alguna persona o a sí mismo, se debe contar al padre, madre o alguna persona muy cercana. Los secretos para dar sorpresas, por ejemplo un cumpleaños o un regalo, se pueden guardar. Por el contrario, los secretos de una conducta o contacto inapropiado que contienen un chantaje, NUNCA se deben guardar.

Los límites son como un mapa de ruta que ofrecemos a las niñas y niños. A medida que crecen, aprenden, gracias a los límites, el “sí” y el “no” y lo que significa “tú eliges”, porque hay cosas que son opcionales. Los límites no obligan a la persona, los límites marcan rutas. Son mapas y uno puede escoger una u otra ruta. Lo importante es saber que existen rutas diferentes y que esa niña o niño, de nuestra mano aprenderá a decidir, en la práctica diaria y guiado por las personas adultas que lo rodean.

Es importante que las niñas y los niños identifiquen y diferencien aquellas cosas que no les son agradables de las que sí, y a expresar de forma asertiva sus límites. Enseñarles a decir NO puede alejarles de los abusos, incluido los sexuales. Recordemos que las personas que abusan de niñas y niños en general no lo hacen con violencia, sino con manipulación.

A los padres, a las madres y a los tutores nos toca informarles de todo lo anterior en un ambiente de confianza. En ocasiones no sabemos cómo generar esa comunicación y a veces no tenemos todo el conocimiento de los temas de sexualidad. Una recomendación es informarnos previamente, comentarlo como un tema de interés en la familia, abordarlo como parte de la comunicación cotidiana donde todas y todos pueden opinar.

De igual manera, para que transiten de una manera positiva su adolescencia, debemos generar la escucha activa sin regañarles por todo, marcando límites de forma clara y acorde a la situación; respetar sus decisiones (las que no pongan en riesgo su salud y su integridad) y ayudarles a cuestionar las que les puedan dañar, e impulsarlos a que asuman con responsabilidad las consecuencias que pueden provocar sus decisiones.

Algunos factores de protección que podemos forjar en nuestras hijas e hijos para prevenir que sean abusados, son: enseñarles el conocimiento de sus cuerpos, a nombrar cada parte de él por su nombre, incluyendo los órganos sexuales; expresarse naturalmente sobre su cuerpo y sobre sus órganos sexuales, lo que les ayudará a identificar y nombrar aquello que es incómodo, doloroso o dañino; promover una comunicación basada en la confianza, con escucha activa, de manera no violenta, desde la aceptación y la credibilidad.

Es importante empoderarles desde la infancia a tomar decisiones que correspondan a su edad: qué ropa ponerse, mantener su habitación arreglada a su gusto y asumir la responsabilidad que conllevan sus actos.

Deben saber rechazar aquellos contactos que no les son agradables: besos prolongados, abrazos o estiramiento de mejillas, sin importar de quien provengan. Dejar que acepten todo tipo de contactos supone un mensaje erróneo ya que puede significar que deben aceptar sistemáticamente todos los contactos, en cuyo caso no sabrán cómo rechazar un contacto inapropiado y abusivo cuando ocurra (Ortiz, 2015).

Hay que enseñarles a poner límites. Al ser capaces de reconocer las actitudes que no les son agradables le podrán decir NO a una persona abusadora. Con frecuencia es a través de la manipulación que les abusan, no siempre desde la violencia.

Abuso sexual infantil

Se trata de un acto o comportamiento de tipo sexual ejercido sobre una niña o un niño, por el cual una persona adulta lo utiliza para estimularse sexualmente. También, cuando la persona adulta estimula sexualmente a una niña o un niño, o cuando lo utiliza para estimular sexualmente a otra persona. La violencia sexual también puede ocurrir entre un o unaa adolescente y una niña/o más pequeña/o, y ser abusivo cuando hay una significativa disparidad en la edad, el desarrollo, el tamaño o si existe un aprovechamiento intencionado de esas diferencias (UNICEF, 2020).

Se considera siempre un sometimiento. Existe violencia sexual cuando hay coacción (presión, amenazas, manipulación, engaño, uso de fuerza, obligación de guardar secreto) o cuando existe una asimetría de poder, de conocimiento o de gratificación en la relación entre la niña o el niño víctima y el abusador (UNICEF, 2020).

Existen diversas formas de ejercer violencia sexual contra niñas y niños. Se trata de agresiones que pueden ocurrir con o sin contacto físico, con o sin violencia física, con o sin experimentación de dolor, con o sin excitación corporal de la niña o el niño, con o sin contacto directo. Las manifestaciones más frecuentes son: tocamientos, caricias o frotamientos inapropiados; besos con la boca abierta, la penetración o su intento, el sexo oral, el coito, el exhibicionismo, espiar a una o un niño desnudo, en la ducha o cambiándose; hacerle comentarios lascivos e indagaciones inapropiadas acerca de la intimidad sexual, sacarle fotografías de genitales o en poses sexualizadas, exponerlo a pornografía o fotografiarlo y filmarlo para la producción de pornografía, contactarlo por internet con fines sexuales, estimularlo a tener sexo entre sí, explotación sexual comercial y trata con fines de explotación sexual (UNICEF, 2020).

Puede ocurrir como un hecho aislado, por una única vez, o de forma continuada, durante un período de tiempo. La gran mayoría de las veces sucede en el ámbito familiar o cercano. También puede ocurrir en instituciones, en escuelas, en el ámbito comunitario o por internet (UNICEF, 2020).

La educación integral de la sexualidad permite que las niñas y los niños adquieran las herramientas necesarias para reconocer y denunciar el abuso a sus madres, padres o a las personas cercanas.

Debemos enseñarles a identificar las sensaciones agradables y las desagradables, saber decir no, y que los niños y las niñas que han sufrido abuso siempre son las víctimas frente al agresor. Muchas veces ocurre que son sorprendidos, confundidos y engañados, ya que los abusos sexuales se dan en una forma progresiva en el contexto de una relación de afecto cimentada previamente. El agresor sexual suele emplear atenciones especiales, demostraciones de afecto, juegos y regalos para lograr su confianza (Berlinerblau, 2016).

Al ser en muchos casos el agresor una persona cercana, de confianza o quien se supone que debería protegerla/o, y cuando las niñas o niños no tienen un referente de los contactos que son adecuados de los que no, aún más si implica sensaciones placenteras, puede ser difícil que identifiquen y denuncien estos tipos de violencia (Berlinerblau, 2016)

La importancia de escuchar al niño cuando toma la palabra radica en que su descripción frecuentemente es la más importante, poderosa y, en muchas ocasiones, la única evidencia del abuso cometido en su contra. Por ese motivo, es imprescindible prestarles atención, privacidad y escucharlos sin juzgarlos.

En la mayoría de los casos detectados no suele haber lesiones físicas que funcionen como indicios para determinar quién fue el agresor ni hay una conducta específica o prototípica que los niños víctimas presenten. Tampoco suele haber testigos, ya que quien comete un abuso sexual suele hacerlo a escondidas. Todos estos factores, sumados a mitos enraizados y prejuicios culturales que operan en detrimento de los niños cuando toman la palabra para develar sus padeceres, hacen que el diagnóstico y posterior denuncia sean una tarea compleja. También opera una premisa falsa que sostiene que “si no hay lesión, no hubo abuso”. Esto agrava la situación porque sin detección los niños no reciben tratamiento, ni protección ni justicia (Berlinerblau, 2016).

Analicemos y reflexionemos sobre lo siguiente

  • ¿Ha otorgado a sus hijas e hijos educación sexual?
  • ¿Ha tratado algún tema de los expuestos en este módulo con ellos o ellas?
  • ¿Cómo se siente respecto a lo anterior?
  • ¿Está dispuesto o dispuesta a darles educación sexual?
  • ¿De qué manera le puede servir esta metodología?

Sexualidad en la vida adulta

Esta etapa se caracteriza por la madurez cerebral alcanzada por hombres y mujeres. En ella se toman múltiples decisiones relacionadas con la planificación de su vida como personas autónomas, en las cuales se consideran aspectos profesionales y/o laborales, de elección de una pareja para formar una familia y la adquisición de bienes materiales, entre otros aspectos. A esa edad la mayoría de las personas ya han tenido experiencias eróticas en soledad o en compañía.

El erotismo se puede vivir de forma más plena en pareja. En ella, siempre y cuando no haya violencia de ningún tipo, se fomenta el placer y el contacto íntimo como formas integrantes de su salud sexual. No obstante, el autoerotismo también forma parte de la vida adulta como una actividad sexual individual o compartida, altamente placentera, que complementa su actividad sexual.

Gema Ortiz (2004) afirma que, en su expresión saludable, las personas experimentan un crecimiento en su desarrollo erótico, con mayor capacidad de intimar; viven sin culpas o prejuicios la respuesta sexual humana; conocen su cuerpo y cómo siente; pueden hablar sobre las relaciones sexuales sin conflictos, hacer acuerdos y explicitar sus deseos; comprenden la diferencia entre fantasía y realidad; son responsables del cuidado de su cuerpo y apoyan el cuidado de su pareja; pueden tener conductas autoeróticas y relaciones sexuales; utilizan una variedad de posiciones sexuales que identifican como preferidas; pueden pedir caricias específicas y negarse a las no deseadas y convierten el encuentro erótico en un momento de crecimiento personal.

Sin embargo, no siempre es así. Lo que plantea Gema Ortiz no es una regla para todas las personas adultas, ya que la vivencia de la sexualidad es una experiencia personal, la cual se ve con frecuencia limitada por aprendizajes previos, prejuicios, estereotipos, miedos, culpas, entre otros factores.

Idealmente, los acuerdos de pareja deben ser hablados y actualizados conforme se presentan situaciones que no se tenían contempladas, ya que con el paso del tiempo las relaciones cambian. Las responsabilidades y los compromisos al vivir en pareja facilitan que las situaciones que al inicio se viven con ilusión y fantasía, evolucionen naturalmente y sin conflicto hacia lo que en realidad son.

Hoy en día prevalece el modelo de pareja que se une en matrimonio, pues es el que la sociedad legitima (Oliveira, 1998). Sin embargo, cada día son más las y los jóvenes que deciden vivir con otras formas de convivencia. Muchos de ellos reflexionan sobre lo que significa estar en pareja desde una perspectiva diferente a la tradicional. Hoy se dan muchas uniones distintas y también muchas separaciones de parejas.

Otra elección que se vive en la vida adulta es la que concierne a la maternidad y la paternidad, considerando por supuesto el trabajo, los cuidados y el gasto que implica la crianza de un nuevo ser, cuyo bienestar dependerá de los adultos a su cargo. Esto también requerirá adaptarse a los cambios que se generan con el nacimiento de las y los hijos.

Recuerde cómo cambió su vida de pareja cuando nacieron sus hijas o hijos, la satisfacción de tenerles, pero también las preocupaciones por el futuro de ellos, que siempre tengan lo necesario para salir adelante.

Si bien hay parejas que deciden tener hijas o hijos, existen parejas que no desean reproducirse y se someten a diferentes procedimientos para ello.

La decisión de la maternidad y la paternidad debe ser una elección libre, como parte de los derechos sexuales y reproductivos, sin importar la raza, el género, la identidad o la orientación que se tenga. Lo importante es que las personas que deseen ejercerla tengan las posibilidades de brindar una crianza saludable y amorosa.

Históricamente han existido múltiples tipos de familias, pero se han invisibilizado muchas de ellas al pretender establecer un único modelo de familia tradicional nuclear. Afortunadamente empiezan a cambiar las cosas al visibilizarse la diversidad de familias, reconociendo que todas las personas somos únicas y nos vinculamos de diferentes maneras, lo que da lugar a que cada familia se estructure y relacione de manera diferente. Por eso tenemos que hablar de los distintos tipos de familias que existen (homoparentales, madre con hijos e hijas, padre con hijos e hijas, etcétera) y no solo del único tipo de familia tradicional. De igual manera, se debe reconocer que todas las familias son valiosas y merecen respeto.

Sexualidad en la vejez

Dependiendo de cada persona, hombres y mujeres experimentan cambios corporales y psicológicos propios de la edad, como modificaciones en la energía corporal y transformaciones en la producción hormonal que repercutan en la autoimagen, en las actividades comunes y la vida erótica de los individuos. Este fenomeno se llama el climaterio. Hay climaterio femenino (mujeres) y climaterio masculino (hombres).

El climaterio femenino es el periodo de transición de la vida de la mujer, que se sitúa entre la etapa reproductiva y la no reproductiva, que se caracteriza por el descenso lento y gradual de los mecanismos hormonales del ciclo ovárico. Es un síndrome psicosomático y sociocultural, que varía según el modo de vida de cada mujer, es decir, que sus repercusiones serán diferentes dependiendo de su salud física, psíquica, ocupación, etc. En mujeres la premenopausia puede empezar alrededor de los 35-45 años y la menoapausia entre los 46 y 55 años.

El climaterio masculino, que es una disminución en la producción de testosterona, lo cual genera cambios de forma paulatina en su organismo (Herrera, 2003). En los hombres no hay una caída severa de los niveles de hormona como en las mujeres.

Estos cambios biológicos también se observan en los intereses y en la relación con las demás personas. La experiencia de la vida se encuentra acumulada en esta edad y pueden persistir los mitos y los prejuicios, aunque algunos son cuestionados.

Respecto a la sexualidad, también se presentan cambios. Los cambios biológicos que se dan en esta edad modifican varios aspectos, entre los cuales la respuesta sexual, aunque pueden ejercer su sexualidad y vivir su erotismo con placer a pesar de los cambios en sus organismos.

En los hombres los principales cambios en la RSH son:

  • Un lapso de tiempo mayor entre los estímulos sexuales y la aparición de la erección
  • Erecciones menos firmes
  • Disminución del volumen e intensidad de la eyaculación
  • Incremento de la duración del periodo refractario

En las mujeres los principales cambios en la RSH son:

  • Un lapso de tiempo más grande entre los estimulos y la excitación
  • Hipolubricación
  • La vasocongestión es más lenta pero más consistente
  • Pérdida de elasticidad del tejido
  • Menor potencia y duración en las contracciones musculares del orgasmo

A pesar de estos cambios, durante la vejez también se puede tener penetración y disfrutar de estos encuentros de manera positiva, simplemente de forma diferente y a un ritmo más lento. Las ventajas son que usualmente existen menos preocupaciones de cuando se era joven (menos presión al rendimiento, no hay miedo de embarazo, procesos de excitación más lentos que favorece el erotismo y la creatividad).

Hay personas que llegan a esta edad en buenas condiciones físicas y mentales, es decir con cuerpos sanos y cuidados, cuya respuesta sexual no cambia mayormente y logran disfrutar pero de forma diferente.

Pero la vejez no es igual para todas las personas. Mucha/os llegan con problemas de salud importantes, como hipertensión arterial, diabetes, problemas cardiacos o renales, y tienen que consumir medicamentos que en ocasiones afectan la respuesta sexual, lo cual hace creer a hombres y mujeres que no pueden sostener un encuentro erótico. Es importante desmitificar esta idea, ya que el erotismo no está limitado a la penetración ni tener un pene erecto.

Reconocer el erotismo de manera global, como lo afirma Fina Sanz (2016) y no de manera focalizada en un pene erecto, permite reconocer otras posibilidades de disfrutar el placer con todo el cuerpo y descubrir todas las posibilidades del erotismo.

Es trascendental identificar los mitos y las creencias alrededor de la sexualidad en la vejez que interfieren en la vida sexual de las y los mayores. La idea de que las personas son poco atractivas a una edad avanzada y que el erotismo solo corresponde a las y los jóvenes es una creencia falsa. Cada persona vive su erotismo y su derecho al placer sexual en cada etapa de vida.

Al considerar a las personas adultas mayores como asexuadas se invisibiliza el hecho de que también presentan problemas relacionados con la sexualidad, como las its, por lo que con frecuencia no se hace un diagnóstico oportuno de dichas infecciones, o se les niega el tratamiento adecuado, por lo que es muy importante hacer énfasis en el uso del condón también en este sector de la población.

Reflexiones finales

Deténgase por un momento para preguntarse:

  • ¿Cómo ha vivido su etapa de adultez?
  • ¿Se siente satisfecho sobre cómo ha ejercido su vida en esta etapa?

Anote  sus reflexiones.

No olvide la importancia de buscar espacios para hablar sobre sexualidad con las y los integrantes de su familia.